La ilusión rota
1948 

6.8
68
22 de noviembre de 2013
22 de noviembre de 2013
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Neorrealismo italiano de rostro amable. No estamos ante Ladron de Bicicletas ni otras memorables. Pero Camerini cuenta una historia donde la miseria y el hambre llevan a un buen hombre a cometer un delito. El film está bien contado, pero sobre todo y por encima de todo, está al servicio de esa inmensa actriz que fue Anna Magnani. Capaz de dar lo mejor de lo mejor en todos los registros: ya sea en lo cómico o en lo dramático. Sólo por verla a ella merece la pena este nostálgico film.
26 de octubre de 2025
26 de octubre de 2025
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El gusto de Mario Camerini por la comedia (él fue uno de los principales exponentes de las llamadas "de teléfono blanco" antes de la guerra), se hace notar en lo que por otra parte podría haber sido un potente drama social de fuertes raíces neorrealistas, precisamente el año en que tal movimiento probablemente alcanzó sus más elevadas cotas.
Y es que la película, que transcurre en apenas 24 horas, tras un primer tercio en que sigue firmemente tal camino, empieza a partir de entonces, y durante el tercio central, a repartir su tiempo entre los fundamentos de la historia de esa familia atrapada en las garras de la pobreza y las privaciones, y un subplot en donde se dejan caer aquí y allá (incluyendo también algunas salidas festivas de la esposa) tiras de confeti, al modo de alivio cómico para que el espectador no se deje llevar demasiado por la depre, para converger de nuevo en el último tercio ambas aproximaciones a su punto de partida temático original.
El caso es que, en otras manos menos expertas, semejante tratamiento de la trama probablemente habría significado el naufragio de toda la pieza, pero Camerini aquí sale airoso del envite y se muestra perfectamente capaz de manejar diestramente ambos géneros, cual hábil malabarista que va alternando en el aire sus mazas sin que nunca se le lleguen a escapar de las manos.
La Magnani está aquí en su salsa como la sufrida esposa del obrero desempleado y sin la menor perspectiva, la prototípica mamma pobre pero honrada, entregada a muerte a los suyos y a la vez celosa de las apariencias. El problema con su personaje es que se muestra casi enfermizamente agitado y vociferante, en una postura de permanente algarabía que no ayuda en nada a mejorar la situación de la familia y que no puede por menos que provocar en el espectador una lástima adicional hacia su marido (encarnado por un Massimo Girotti en el otro extremo de la escala emocional y más bien plúmbeo), como si el pobre hombre no tuviera ya bastante con lo suyo.
Igualmente Nino Rota, en uno de sus productos más flojos, se pasa de rosca con una banda sonora siempre animada, hasta cuando no toca, que es la mayor parte del tiempo: resulta irritante escuchar ese tipo de notas en situaciones de gran carga dramática, es incompresible. Pero pese a sus diversos defectillos, la película, aunque no alcanza todo el potencial que se anuncia en la primera media hora, mantiene bastante bien el tipo, está narrada con pericia y soltura y resulta tan interesante como conmovedora. Recomendada.
Y es que la película, que transcurre en apenas 24 horas, tras un primer tercio en que sigue firmemente tal camino, empieza a partir de entonces, y durante el tercio central, a repartir su tiempo entre los fundamentos de la historia de esa familia atrapada en las garras de la pobreza y las privaciones, y un subplot en donde se dejan caer aquí y allá (incluyendo también algunas salidas festivas de la esposa) tiras de confeti, al modo de alivio cómico para que el espectador no se deje llevar demasiado por la depre, para converger de nuevo en el último tercio ambas aproximaciones a su punto de partida temático original.
El caso es que, en otras manos menos expertas, semejante tratamiento de la trama probablemente habría significado el naufragio de toda la pieza, pero Camerini aquí sale airoso del envite y se muestra perfectamente capaz de manejar diestramente ambos géneros, cual hábil malabarista que va alternando en el aire sus mazas sin que nunca se le lleguen a escapar de las manos.
La Magnani está aquí en su salsa como la sufrida esposa del obrero desempleado y sin la menor perspectiva, la prototípica mamma pobre pero honrada, entregada a muerte a los suyos y a la vez celosa de las apariencias. El problema con su personaje es que se muestra casi enfermizamente agitado y vociferante, en una postura de permanente algarabía que no ayuda en nada a mejorar la situación de la familia y que no puede por menos que provocar en el espectador una lástima adicional hacia su marido (encarnado por un Massimo Girotti en el otro extremo de la escala emocional y más bien plúmbeo), como si el pobre hombre no tuviera ya bastante con lo suyo.
Igualmente Nino Rota, en uno de sus productos más flojos, se pasa de rosca con una banda sonora siempre animada, hasta cuando no toca, que es la mayor parte del tiempo: resulta irritante escuchar ese tipo de notas en situaciones de gran carga dramática, es incompresible. Pero pese a sus diversos defectillos, la película, aunque no alcanza todo el potencial que se anuncia en la primera media hora, mantiene bastante bien el tipo, está narrada con pericia y soltura y resulta tan interesante como conmovedora. Recomendada.
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