Lenny
7.3
4,669
Drama
Lenny Bruce es un cáustico humorista que trabaja en locales nocturnos de poca categoría. Poco después de conocer a Honey, una exuberante bailarina de strip-tease, se casa con ella. Durante años mantienen una relación tumultuosa que incluye drogas y sexo poco convencional, pero acaban separándose. La fama de Lenny como showman va en aumento, pero también las denuncias y juicios que debe afrontar debido al carácter subversivo de su humor. (FILMAFFINITY) [+]
18 de febrero de 2008
18 de febrero de 2008
60 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lenny Bruce era un genio. Un pionero adelantado a su tiempo que tuvo que sufrir en sus carnes la imbecilidad e incomprensión de una sociedad americana que no estaba preparada para ver retratadas su miseria moral e intelectual de una manera tan explícita. Ni tan divertida. Si, divertida, porque Lenny era gracioso, un cómico excelente, que manejaba los mecanismos del stand up de una manera majestuosa.
Lenny entregaba su arte de una manera muy característica. A media voz, con movimientos suaves, sin gesticular mucho, sin histrionismos, y sonriendo, con sonrisa de colegial travieso. Sus actuaciones, con ese ritmo tan peculiar, destilaban verdad a chorros, transmitiendo aún sin querer la finura de la línea que separaba persona y personaje.
Y en estas llega Dustin Hoffman y lo clava. Nailed, así de fácil. El mejor trabajo de caracterización que se haya visto en la historia del cine. Así de simple. Hacer de rey, reina, Capote, Capone, César o Napoleón es una cosa. Impersonar a alguien como Lenny Bruce sin caricaturizarlo es otra sólo al alcance de actores en divino estado de gracia.
Por ello, en cada entrega de los Oscars, deberían darle uno a Hoffman, hasta que se muera. Y después de muerto, también. Así en cada gala año tras año ad infínitum, en solemne conmemoración del momento en el que un actor alcanzó la auténtica perfección.
Lenny entregaba su arte de una manera muy característica. A media voz, con movimientos suaves, sin gesticular mucho, sin histrionismos, y sonriendo, con sonrisa de colegial travieso. Sus actuaciones, con ese ritmo tan peculiar, destilaban verdad a chorros, transmitiendo aún sin querer la finura de la línea que separaba persona y personaje.
Y en estas llega Dustin Hoffman y lo clava. Nailed, así de fácil. El mejor trabajo de caracterización que se haya visto en la historia del cine. Así de simple. Hacer de rey, reina, Capote, Capone, César o Napoleón es una cosa. Impersonar a alguien como Lenny Bruce sin caricaturizarlo es otra sólo al alcance de actores en divino estado de gracia.
Por ello, en cada entrega de los Oscars, deberían darle uno a Hoffman, hasta que se muera. Y después de muerto, también. Así en cada gala año tras año ad infínitum, en solemne conmemoración del momento en el que un actor alcanzó la auténtica perfección.
15 de abril de 2006
15 de abril de 2006
41 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
Destacable biografía, a medio camino entre el documental y la ficción, que retrata con mucha fidelidad la vida de Lenny Bruce, un hombre sin demasiada gracia pero que revolucionó el panorama del "stand up comedy" con unos monólogos adelantados a su tiempo en los que hacía ver las incoherencias de la hipócrita sociedad. Naturalmente, se ganó muchos enemigos, y esta publicidad fue precisamente lo que le encumbró.
Es además muy interesante la descarnada descripción del mundo de las drogas: sin moralina pero mostrando las verdaderas consecuencias.
El montaje es magnífico, y las interpretaciones de Hoffman y Perrine, portentosas.
Es además muy interesante la descarnada descripción del mundo de las drogas: sin moralina pero mostrando las verdaderas consecuencias.
El montaje es magnífico, y las interpretaciones de Hoffman y Perrine, portentosas.
25 de marzo de 2010
25 de marzo de 2010
37 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
En 1.974 el cineasta y coreógrafo Bob Fosse llevaba a la gran pantalla la vida del cómico norteamericano Lenny Bruce en un biopic que supone una de las dos incursiones en el cine no musical en la carrera del director. Lenny, que por momentos adopta la forma de un falso documental, llega los cines rodeada de una encendida controversia acorde con la personalidad de su protagonista.
Nacido Leonard Albert Schneider, Bruce vino al mundo en Nueva York en 1.925, hijo de Sally Marr, una actriz de vaudevill de tercera que fue precisamente quien le introdujo en el mundo del espectáculo. Poco podía imaginar entonces Sally que su hijo acabaría convirtiéndose en un icono de la cultura estadounidense del siglo XX renovando el género del sohw bussines. Lenny inventó el concepto de la "stand up comedy" y fue el precursor de la hoy archiconocida figura del monologuista. Nacía una nueva raza de humoristas que ya no se limitan a contar chistes más o menos malos a su auditorio, sino que se convierten en agudos observadores de la realidad capaces de diseccionarla desde un prisma irreverente e irónico.
Los monólogos de los sesenta no tienen el sentido trivial que puedan tener los monólogos del XXI. En boca de una nueva generación de cómicos la palabra adquiere un carácter de dardo envenenado contra el poder establecido llegando a trasnformarse en auténtico instrumento de agitación social. Así, Lenny Bruce hablaba a sus espectadores de temas tan espinosos en la época como el aborto, Vietnam, el Ku-Kus Klan, las drogas… Todo ello acabaría costándole demasiado caro.
En 1.961, Lenny, que ya en 1.951 había tenido que vérselas con la Justicia por problemas con el fisco, fue arrestado y juzgado por emplear un lenguaje obsceno en sus shows, en concreto por repetir 101 veces la palabra cocksucker (chupapollas) en uno de ellos. En aquella ocasión. el cómico fue absuelto, pero ése sería el principio del fin.
A partir de entonces, los juicios se suceden uno tras otro, siendo especialmente famoso el que padeció en 1.964 en el que testificaron a su favor personajes como Alan Ginsberg o Woody Allen. Precisamente éste último rinde homenaje al cómico en la magistral Manhattan donde Lenny es uno de los miembros del Museo de Artistas Sobrevalorados de la snob Diane Keaton.
Y mientras el cerco de la ley se cernía sobre el humorista, el público se rendía a sus pies.
Nacido Leonard Albert Schneider, Bruce vino al mundo en Nueva York en 1.925, hijo de Sally Marr, una actriz de vaudevill de tercera que fue precisamente quien le introdujo en el mundo del espectáculo. Poco podía imaginar entonces Sally que su hijo acabaría convirtiéndose en un icono de la cultura estadounidense del siglo XX renovando el género del sohw bussines. Lenny inventó el concepto de la "stand up comedy" y fue el precursor de la hoy archiconocida figura del monologuista. Nacía una nueva raza de humoristas que ya no se limitan a contar chistes más o menos malos a su auditorio, sino que se convierten en agudos observadores de la realidad capaces de diseccionarla desde un prisma irreverente e irónico.
Los monólogos de los sesenta no tienen el sentido trivial que puedan tener los monólogos del XXI. En boca de una nueva generación de cómicos la palabra adquiere un carácter de dardo envenenado contra el poder establecido llegando a trasnformarse en auténtico instrumento de agitación social. Así, Lenny Bruce hablaba a sus espectadores de temas tan espinosos en la época como el aborto, Vietnam, el Ku-Kus Klan, las drogas… Todo ello acabaría costándole demasiado caro.
En 1.961, Lenny, que ya en 1.951 había tenido que vérselas con la Justicia por problemas con el fisco, fue arrestado y juzgado por emplear un lenguaje obsceno en sus shows, en concreto por repetir 101 veces la palabra cocksucker (chupapollas) en uno de ellos. En aquella ocasión. el cómico fue absuelto, pero ése sería el principio del fin.
A partir de entonces, los juicios se suceden uno tras otro, siendo especialmente famoso el que padeció en 1.964 en el que testificaron a su favor personajes como Alan Ginsberg o Woody Allen. Precisamente éste último rinde homenaje al cómico en la magistral Manhattan donde Lenny es uno de los miembros del Museo de Artistas Sobrevalorados de la snob Diane Keaton.
Y mientras el cerco de la ley se cernía sobre el humorista, el público se rendía a sus pies.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Sin embargo, Lenny no pudo aguantar la presión y en 1.966 fue encontrado muerto en su apartamento de Nueva York víctima de una sobredosis de morfina. En 2.003, el gobernador de la ciudad, George Pataki- nada que ver con Elsa que yo sepa- le indultaba de todos sus cargos. A buenas horas.
De todo ello nos habla Bob Fosse en su película. Pese a no ser un musical, ésta se puede considerar cien por cien Fosse, a fin de cuentas no deja de estar ambientada en el mundo del espectáculo que tan bien conocía. El leif motiv del film continúa siendo el escenario y la relación de complicidad establecida entre el artista y su público.
Podemos seguir reconociendo algunos rasgos de la obra de Fosse por ejemplo en esos primerísimos planos que recogen las reacciones entre el alborozo y la sorpresa del público de Lenny – como ocurría en Cabaret- o en ese particular sentido del montaje casi etéreo con continuas idas y venidas hacia atrás en el tiempo. Tampoco es difícil deducir que el personaje que años más tarde interpreta Roy Scheider en la memorable All that Jazz aunque inspirado en la figura del propio Fosse le debe mucho a Lenny Bruce.
En uno de los momentos más dulces de su carrera, Dustin Hoffman asumió el reto de dar vida a Lenny Bruce. Y digo bien, dar vida, porque Dustin no interpreta a Lenny, ES Lenny. Dustin se mete hasta lo más profundo del personaje y aporta desde ese punto de vista toda la credibilidad. El actor consiguió una nueva nominación al Oscar gracias a una interpretación sencillamente apabullante ante la cual solo cabe quitarse el sombrero.
Como artista poco convencional que fue, Bob Fosse se valió del personaje de Lenny Bruce para defender un determinado estilo de vida y arremeter contra su contrario. Conceptual y estructuralmente su película se acerca a la más reciente en el tiempo El escándalo de Larry Flint de Milos Forman. Ambas cargan contra el hoy manido concepto de lo políticamente correcto y condenan la doble moral y las dos varas de medir existentes- aún hoy todavía- en la sociedad estadounidense. Porque resulta pornográfico censurar el "caca-pedo-culo-pis" mientras de forma impúdica se vuelve la cara – o lo que es peor se reserva para el prime time-a otro tipo de realidades bastante más obscenas. En este sentido, el mensaje de Lenny continúa en la actualidad más vigente que nunca.
De todo ello nos habla Bob Fosse en su película. Pese a no ser un musical, ésta se puede considerar cien por cien Fosse, a fin de cuentas no deja de estar ambientada en el mundo del espectáculo que tan bien conocía. El leif motiv del film continúa siendo el escenario y la relación de complicidad establecida entre el artista y su público.
Podemos seguir reconociendo algunos rasgos de la obra de Fosse por ejemplo en esos primerísimos planos que recogen las reacciones entre el alborozo y la sorpresa del público de Lenny – como ocurría en Cabaret- o en ese particular sentido del montaje casi etéreo con continuas idas y venidas hacia atrás en el tiempo. Tampoco es difícil deducir que el personaje que años más tarde interpreta Roy Scheider en la memorable All that Jazz aunque inspirado en la figura del propio Fosse le debe mucho a Lenny Bruce.
En uno de los momentos más dulces de su carrera, Dustin Hoffman asumió el reto de dar vida a Lenny Bruce. Y digo bien, dar vida, porque Dustin no interpreta a Lenny, ES Lenny. Dustin se mete hasta lo más profundo del personaje y aporta desde ese punto de vista toda la credibilidad. El actor consiguió una nueva nominación al Oscar gracias a una interpretación sencillamente apabullante ante la cual solo cabe quitarse el sombrero.
Como artista poco convencional que fue, Bob Fosse se valió del personaje de Lenny Bruce para defender un determinado estilo de vida y arremeter contra su contrario. Conceptual y estructuralmente su película se acerca a la más reciente en el tiempo El escándalo de Larry Flint de Milos Forman. Ambas cargan contra el hoy manido concepto de lo políticamente correcto y condenan la doble moral y las dos varas de medir existentes- aún hoy todavía- en la sociedad estadounidense. Porque resulta pornográfico censurar el "caca-pedo-culo-pis" mientras de forma impúdica se vuelve la cara – o lo que es peor se reserva para el prime time-a otro tipo de realidades bastante más obscenas. En este sentido, el mensaje de Lenny continúa en la actualidad más vigente que nunca.
27 de diciembre de 2006
27 de diciembre de 2006
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bob Fosse se salió por una vez del musical (pero no abandonó el mundo del espectáculo al fin y al cabo) para llevar a la pantalla la vida del cómico y showman Lenny Bruce, cómico que a través de un lenguaje atrevido, monólogos directos y chistes inventados hizo de él un personaje casi mítico en su época. Lenny Bruce era un tipo muy incómodo para el sistema, un revolucionario del humor, rasgador de tabúes (introdujo a tumba abierta el tema del sexo en toda su amplitud), de sucio y claro lenguaje e inventivo talento. Fue detenido varias veces (parece un precursor, a pequeña escala, de Larry Flynt) y acabó muy mal enmarañado en el sexo y, sobre todo, en las drogas.
Fosse opta por un estilo de ficción pero de fondo realista, una especie de reportaje periodístico/documental a través de los testimonios de las personas que lo conocieron, sobre todo a través de su mujer, personajes interpretados por actores. También emplea sus monólogos/espectáculos humorísticos en "nights-clubs" a modo de grabaciones reales, pero siendo una adaptación a la ficción de esos espectáculos.
"Lenny" muestra el sabor agridulce del espectáculo y del cómico, las cortapisas a la libertad, los peligros del abismo de ser famoso y no saber controlarse.
Dustin Hoffman hace una magnífica creación de Lenny y Valerie Perrin está guapísima y a al altura, como esposa de éste.
Fosse opta por un estilo de ficción pero de fondo realista, una especie de reportaje periodístico/documental a través de los testimonios de las personas que lo conocieron, sobre todo a través de su mujer, personajes interpretados por actores. También emplea sus monólogos/espectáculos humorísticos en "nights-clubs" a modo de grabaciones reales, pero siendo una adaptación a la ficción de esos espectáculos.
"Lenny" muestra el sabor agridulce del espectáculo y del cómico, las cortapisas a la libertad, los peligros del abismo de ser famoso y no saber controlarse.
Dustin Hoffman hace una magnífica creación de Lenny y Valerie Perrin está guapísima y a al altura, como esposa de éste.
1 de marzo de 2011
1 de marzo de 2011
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Chocante, atrayente, hiperrealista, divertida, emotiva, escandalosa... Bob Fosse se tomó una pausa entre Cabaret y All That Jazz para rodar una película que quizá hubiera merecido más atención. Lenny es la historia del cómico y monologuista Lenny Bruce, un americano de pro, judío para mas inri, que se dedicó a denunciar todo el puritanismo y la doble moral de su sociedad, y además lo hizo con humor, que es aún más difícil.
De una fuerza magnética intachable, quizá lo que más sorprende del film es su estilo formal. Rodada en un pulcrísimo blanco y negro con una gran fotografía de Bruce Surtees, y unas interpretaciones memorables de Valerie Perrine y Dustin Hoffman que realmente fueron “abducidos” por sus personajes, el hiperrealismo que impregna la película reduce Requiem por un Sueño a la categoría de spot publicitario (increíble la escena del teléfono). Pero por encima de todo, es su formato documentalista, estructurado en base a entrevistas a conocidos y amigos del personaje, y sobretodo a Honey (Perrine), la mujer de Lenny, que nos va desgranando poco a poco la vida del artista y lo que significaba estar a su lado. El tono es a la vez de confesión y de visita al psicólogo, y ahonda sin barreras en la vida liberal de los años 60. Porque un film sobre un personaje que intenta destruir los tradicionalismos sobre el racismo, el sexo, la vida en pareja, el sistema judicial, etc... no puede permitirse poner barreras, y como Lenny en si mismo, la película avanza hasta el objetivo más oscuro y recóndito, sin florituras ni concesiones, o estás con él o no estás... o blanco, o negro. Las confesiones de Honey-Perrine (indivisible unidad), nos muestran como todo lo que Lenny-Dustin era sobre el escenario también lo era en su vida... guarro, mal hablado, incisivo... pero también honesto, divertido, y luchador... coqueteó con el sexo libre y las drogas, y habla sobre ellos en sus speechs, consigue acercarse al público como nadie lo ha hecho... Y todo eso es demasiado para un establishment americano que sigue viviendo no ya en la guerra fría, sino en el puritanismo de los padres fundadores, y ¡oh, sorpresa! La ley escrita les importa poco cuando se trata de eliminar a alguien indeseable para “el buen funcionamiento y la cohesión de la sociedad”. Como un auténtico predicador en el desierto, Lenny Bruce se subía al escenario, dejaba que el foco le apuntara solamente a él, y decía unas cuantas verdades para que el resto pudiéramos disfrutarlas.
De una fuerza magnética intachable, quizá lo que más sorprende del film es su estilo formal. Rodada en un pulcrísimo blanco y negro con una gran fotografía de Bruce Surtees, y unas interpretaciones memorables de Valerie Perrine y Dustin Hoffman que realmente fueron “abducidos” por sus personajes, el hiperrealismo que impregna la película reduce Requiem por un Sueño a la categoría de spot publicitario (increíble la escena del teléfono). Pero por encima de todo, es su formato documentalista, estructurado en base a entrevistas a conocidos y amigos del personaje, y sobretodo a Honey (Perrine), la mujer de Lenny, que nos va desgranando poco a poco la vida del artista y lo que significaba estar a su lado. El tono es a la vez de confesión y de visita al psicólogo, y ahonda sin barreras en la vida liberal de los años 60. Porque un film sobre un personaje que intenta destruir los tradicionalismos sobre el racismo, el sexo, la vida en pareja, el sistema judicial, etc... no puede permitirse poner barreras, y como Lenny en si mismo, la película avanza hasta el objetivo más oscuro y recóndito, sin florituras ni concesiones, o estás con él o no estás... o blanco, o negro. Las confesiones de Honey-Perrine (indivisible unidad), nos muestran como todo lo que Lenny-Dustin era sobre el escenario también lo era en su vida... guarro, mal hablado, incisivo... pero también honesto, divertido, y luchador... coqueteó con el sexo libre y las drogas, y habla sobre ellos en sus speechs, consigue acercarse al público como nadie lo ha hecho... Y todo eso es demasiado para un establishment americano que sigue viviendo no ya en la guerra fría, sino en el puritanismo de los padres fundadores, y ¡oh, sorpresa! La ley escrita les importa poco cuando se trata de eliminar a alguien indeseable para “el buen funcionamiento y la cohesión de la sociedad”. Como un auténtico predicador en el desierto, Lenny Bruce se subía al escenario, dejaba que el foco le apuntara solamente a él, y decía unas cuantas verdades para que el resto pudiéramos disfrutarlas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Respecto a esto, dejadme comentar un aspecto estilístico que encuentro memorable. En el film, las confesiones de Honey van acompañadas de un flashback que nos muestra lo que dice: es destacable que estas confesiones se realicen en una privacidad hermética y con pudor, ya que ni Honey puede seguir el ritmo de la transgresión continua de Lenny. Pero aún más allá, intercalados entre estos dos tiempos fílmicos, vemos a Lenny en sus monólogos, haciendo referencia a lo que se nos ha contado y haciendo avanzar la narración. Pero estos insertos de espectáculo, en los que Lenny está solo, con el foco apuntándolo y aislándolo en un fondo de negrura, donde muchas veces no se nos muestra siquiera un público, tienen algo de esotérico. Es un limbo. No está ubicado en ningún espacio ni en ningún tiempo. Es como si Lenny nos hablara desde otro sitio, o desde un rincón de nuestra cabeza, y ciertamente tiene algo de inquietante, de voz interior... Pues bien, lo que hace Bob Fosse en este tipo de escena es para quitarse tres sombreros, pues subliminalmente nos va plantando lo que pasará al final. Lenny muere. Lenny ha estado muerto durante todo la película, pero hemos tenido el privilegio de escucharlo aún así, desde esta especie de más allá, de conciencia si gustáis, y su mensaje sigue totalmente vivo, y quedó vivo para las generaciones futuras, ya que la muerte de Lenny, quizá, abrió un camino hacía un poco más de libertad. Un camino que habrá que ir cuidando, manteniendo, y protegiendo, y que honre a personajes como Lenny Bruce que lucharon por él.
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