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Escalofrío 2

Terror Después de la terrible tragedia en las montañas noruegas, la joven Jannicke es encontrada en medio del frío. La muchacha ingrsa en el hospital cubierta de sangre, helada y muy débil, pero cuando poco a poco se despierta, se encuentra rodeada de silencio y oscuridad. No hay nadie en el hospital, los pasillos están vacíos y Jannicke sabe que hay algo que no ha terminado. Secuela de "Cold Prey", un popular slasher noruego estrenado en 2006. (FILMAFFINITY) [+]
Críticas 10
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6
19 de marzo de 2009
26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Soy fan, desde ya, de esta sencillota, elegante y bien cuajada saga con matarife a lo Michael Myers perdido entre las nieves. La primera parte me puso un poco nervioso con los tópicos y los personajes imbéciles, pero en general dejaba un grato sabor de boca. Con esta rápida secuela se palian algunos de los errores de la primera parte (va más al grano y mantiene los niveles de idiocia bajos hasta la llegada del tramo final) al tiempo que aporta cosas nuevas que afianzan el interés del espectador respecto al personaje y respecto a la historia: se ofrecen datos que aumentan la dimensión mítica del psycho (y que justifican su resurrección de entre los muertos) y se acierta al plantear la trama de supervivencia en un escenario nuevo, ese hospital semiabandonado que recuerda un poco al de Frágiles, perfecto terreno de cultivo de un terror forjado entre sombras, ruiditos y estudiados golpes de efecto (algunos los llaman sustos de manual).

Evidentemente, no hay nada nuevo bajo el sol. El enigmático asesino volverá a hacer de las suyas por puro capricho y a los demás les tocará sobrevivir. De nuevo se reivindica la figura de la mujer (en este caso mujeres), las únicas capaces de hacer frente al montañero, y de nuevo se cuida muchísimo el tema de la puesta en escena y la escenificación de los crímenes (con mención especial para cierto descoyuntamiento en la escalera). Hay un punto de inflexión en la película, prácticamente al final, que casi manda todo al garete: ocurre cuando director y guionistas pretenden emular la extraña relación de odio y fascinación que mantenían el alien y la teniente Ripley en la famosa saga iniciada por Ridley Scott. Mira, Mats, no pega. No pega porque el comportamiento de la protagonista no se lo cree nadie.

Dejando a un lado esta fantasmada que cierra la película, el resto es entretenimiento digno, con buen ritmo dramático, acertado manejo del suspense, pequeñas dosis de comedia (la anciana) y, en general, un reconfortante aroma a slasher de toda la vida azotado por el frío: cocina congelada, sí, pero que te deja más o menos satisfecho.

Lo mejor: es concisa y no aburre.
Lo peor: un tramo final bastante desnortado.
8
20 de agosto de 2010
9 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Incluso mejor que la primera parte. No hay cabo suelto, ahonda en los porqués del asesino, perfila las personalidades de los protagonistas más allá de la simple acción. Tan importantes como los efectos de cámara son los de la banda sonora, y aún más los actores. No voy a decir que sea un peliculón, porque no lo es, pero da gusto ver una película de este corte en la que se cuide hasta el mínimo detalle.
Deseando ver la tercera parte.
7
10 de febrero de 2025 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Max Stenberg le toma el relevo a Roar Utaugh, en esta trilogía nórdica, amalgamando elementos folclóricos del imaginario patrio, que quedan bajo una capa profunda del subtexto narrativo, con algunos de los iconos más consagrados del terror de los setenta y los ochenta, que nos tuvieron aterrorizados a base de cuchillazos, hachazos y «motoserrazos». Tal como si los pescadores noruegos los hubiesen traído faenando entre salmones, atunes y bacalaos.

En el obrador se incrustaron los grandes caretos de finales del siglo XX: Michael Myers, Jason, Leatherface... y también los escenarios y los contextos, como el maldito hotel «Overlook» en «The Shining», cuyo paralelismo con la guarida del malote de nuestro film ha suscitado no pocos comentarios y comparaciones de la primera entrega.

Con este calco atmosférico (también con la imagen del híbrido entre un «Jotnar» y Jack Nicholson enloquecido con un hacha y un pasado traumático), en esta segunda parte no podemos por menos que destacar la semejanza entre el «indestructible» asesino, con Michael Myers, concretamente el de las entregas 2 y 4. La 2, porque ya veremos que mantiene muchísimas similitudes; y la 4, porque nos recuerda en su inicio ese mismo proceso de «revivificación» de la criatura maligna, aparentemente destruida, que despierta dentro de una bolsa de plástico, inicialmente dada por muerta, pero con ganas de dar más guerra que Rambo.

Un reflejo entre ambas sagas es el escenario: un hospital al que se ha traído una protagonista, hecha un trapo por el tute que se ha pegado con el villano en la primera peli. Un hospital que acabará siendo la ratonera ideal. Sin embargo, la trampa no es tan perfecta. Si bien es la casa de muñecas en la que el matarife tendrá corriendo a sus víctimas, jugando con ellas y después despachándolas como buen depredador, el exterior, aunque oscuro y frío, al ser una población, deja esa puerta abierta a la esperanza del socorro.

Pero director y guionistas se las apañan para que esta vía de escape no sea más que un engañabobos. Saben inmergir al espectador en el espacio del hospital rural, con pocos currantes por falta de recursos. El pánico es más efectivo, el círculo más cerrado, y las posibilidades de salir indemne de ahí, mucho más reducidas.

Destaca el contraste entre la iluminación y el ciclo circadiano, que marcan el ritmo emocional de la historia. Las escenas diurnas transmiten calma, descanso y una sensación momentánea de alivio, mientras que el terror y sus momentos más intensos se desatan en plena oscuridad, cuando la noche envuelve el hospital. La negrura exterior, visible a través de los cristales, borra cualquier atisbo de esperanza, sumergiendo a personajes y espectadores en una angustia claustrofóbica, como si el mundo más allá de esas paredes simplemente no existiera.

Con la iluminación, algo parecido ocurre: la claridad brillante potenciada por la nieve cuando es de día, y los tonos azulados que inspiran sosiego en el interior del centro sanitario, contrastan con los colores más cálidos y penumbrosos de los momentos en los que las víctimas son sacrificadas. Dice mucho de Anders Flatland, que sabe jugar con el cromatismo. En todo momento, una saturación moderada, junto al ligero grano de la película, contribuye a darle un tono más auténtico al asunto.

El «set» mantiene su epicentro con saltos a los centros operativos de los maderos: ya sea donde hallan los cadáveres, o en la oficina del jefe de la policía. Allí se desvela el origen germinal del asesino. Pero estos «flashes» tienen doble filo. Pues si dan la sensación de que los polis pueden ser el «Dr.Loomis» de la historia, en sus secuencias nos desvelan el peligro al que, sin saberlo al principio, están expuestos todos.

La banda sonora, más a tono en esta entrega que en el cóctel de la anterior, refuerza con sus temas, tanto a nivel de instrumentación, como melódico y rítmico. Sin ser nada extraordinario, ni que destaque en originalidad ni calidad, Magnus Beite hace un trabajo más competente, aunque los editores dan la nota (nunca mejor dicho), con esa injerencia «roquera» del final, rompiendo el clima generado con la música sinfónica.

Los efectos prácticos son muy logrados y creíbles, especialmente la sangre, cuando se derrama sobre la nieve: tiene que estar perfecta en textura y color. En ambientes nevados, el rojo siempre es un plus de efectismo garantizado. El trabajo de los maquilladores consigue un resultado que nada tiene que envidiar a los mejores y más renombrados. La Bolsø Berdal está más que fantástica. Veremos sus debilidades: su momento para el recuerdo de sus amigos, sus lágrimas y sus miedos estarán presentes. Pero con una sobriedad excepcional. Tiene que plantarle cara al señor ese del pico, y decide que «ni hablar de chillidos, esperando a que alguien venga al rescate. Los potingues administrados vía oral, intravenosa y por donde más sea, hacen su efecto, y la pava se empodera por segundos.
Ya podemos imaginar cómo les va a los doctores y al resto de personal sanitario. En otras cintas pares, apenas se rasca la superficialidad de sus caretos. Pero Stenberg les concede desarrollar un poco sus personalidades, lo mínimo para alimentar el ansia del público... igual como se engorda a los pollos.

Hay tres tipos de personajes: el dúo antagonista, al que el arco narrativo transforma de tándem cazador-presa, a pareja de duelistas en trepidante y salvaje pulso. Luego, los acólitos de la heroína: Camilla, la enfermera (Marthe Snorresdotter Rovik), como co-protagonista a la altura de las circunstancias; la señora mayor, paciente despistada que deambula por el hospital con el suero, con una función simbólica y casi humorística; y el pequeño renacuajo, que hace de «salvavidas», como en los juegos de correr y parar (damos por supuesto que a esta criatura inocente los guionistas no le «harán» nada, y mientras estén con él, las principales no serán lastimadas).

Finalmente, los «hombres florero».
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Según criterios de supervivencia actuales, para realzar el empoderamiento femenino, acaban siendo pasados todos por la piedra, mal nos pese a los que estábamos hechos a la figura del caballero andante. Como ya no se lleva la exclusividad del varón como portador de testosterona (la Bolsø y su compi se bastan para servirse de ella), se reserva la etiqueta de «macho alfa» al desquiciado del pico, para así «monstruosizar» lo que implica lo masculino.

Otro aspecto que vertebra la semejanza de «Fritt Vilt 2» con su gemela, «Halloween 2», es la metamorfosis del terror basado en elementos psicológicos y arquetípicos, a una progresiva montaña rusa de chillidos, correrías, degüellos, desmembramientos... A diferencia de Nick Rosenthal, Stenberg no se lanza al vacío de la piscina a fondo perdido. Con los injertos de las escenas de los polis se asegura la justificación del baño, con la revelación del pasado del asesino. Garantiza la trascendencia de la matanza gratuita.

El gradiente de tensión se construye en cuatro fases, los pilares narrativos. En primer lugar, una aparente tranquilidad en el hospital. La presentación. Se asume que algo vendrá. Es una transición de alivio que enlaza el final de la primera película con ésta. El peligro parece lejos. La prota está en manos de los médicos, y la policía investiga. Ello marca el paso al siguiente nivel: la aparición de los cadáveres de los amigos remueve a Jannicke, y al espectador lo retrotrae a los crímenes del albergue vividos.

El tercer puente, la resurrección del asesino, desata la primera oleada de violencia: el personal va cayendo a manos del carnicero, al compás de los descubrimientos de la policía: ¿la ayuda vendrá? quizá, pero puede que demasiado tarde.

En la cuarta fase aparecen los agentes y asaltan el hospital. Pero sucede algo muy diferente a lo esperado, que recrudece más la matanza: los salvadores son masacrados uno a uno, poniendo a Jannicke y a Camilla todavía más en jaque. Ya no queda nadie que las venga a rescatar. Janicke decide coger la moto de nieve e ir a por el abominable, a lo «killbill». Solucionarlo como en las del «oeste»... ¡vaya que sí! Empujones, ostias a mansalva, lanzada contra paredes y mesas de cristal... pero ella como si nada, no para hasta cargarse al salvaje con su propia medicina: el pico. Y, por si acaso, tiro descerrajado en toda la cara... ¡¡«pa que se entere»!!

Corta con la música «roquera». Una bajada de telón bastante chorra, pero eficaz y un tanto socarrona... (dejémonos de «aftermath», que esto es pa los blanditos). Lo deja bien muerto. Tan bien hecho, que no le pasará como a la Laurie, que al Michael lo abrasa, lo fusila, le hace explotar, le corta la cabeza... y el pavo revive para otra secuela, y otra... Stenberg pone punto final; firma y rúbrica.

Hay algo ritualístico en el asunto: en la guarida de la bestia, Jannicke, antes de empezar el duelo en la arena, hace su ceremonia: escribe el nombre de sus amigos en el libro de registro y.… lista para despachar su venganza. Eso sí, con la ayuda de la Camilla (que vaya nombre de colmo para una enfermera), que se presentará para expedir el certificado de muerte.

«Fritt Vilt 2» tiene este sello de subtexto casi religioso: el sacrificio final, en el altar de la nieve, donde se derrama la última sangre. ¿A quién redime? ¿A Janicke? ¿al niño atormentado que se convirtió en monstruo? ¿a todos? Por último, hay una ironía en el juego de valores morales: al principio, los médicos siguie su juramento hipocrático y aplican la RCP al asesino cuando detectan que no está muerto... acaban hechos hamburguesas. Y la ejecución perpetrada por las heroínas empoderadas, representa la solución final... Ahí cada uno tenga a bién hacer su lectura...

Hagan hervir su tarro, especulando si el éxito de esta película entre sus patrios fue «atracción fatal» por los moldes yanquis, o porque dicha atracción generó una aleación tan poderoso como el que irremediablemente une el mercurio con el oro. A saber...
7
22 de septiembre de 2013
3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Excelente secuela del Slasher noruego "Cold Prey" que tan buen éxito obtuvo en 2006. En esta ocasión, la secuela "Cold Prey 2" supera con creces y mejora los resultados de la cinta original. El film comienza donde acabó su predecesora continuando asi la historia... una historia que recuerda y toma clara referencia del film "Halloween 2" (1981) desarrollándose la acción de la trama de ambos films dentro de un hospital. "Cold Prey 2" es un buen slasher, de los mejores y más originales que vieron la luz en 2008... Algo que caracteriza ya a la saga, es que son films que estan muy bien filmados y rebosan buena calidad artística, técnica y una sensacional fotografía. Tenemos de nuevo a "Ingrid Bolso" en el papel de (Jannicke) la cual hace una actuación bastante buena. En resumen, "Cold Prey 2" ofrece más de lo mismo, pero más y mejor en cuanto a muertes, tensión e inquietud dentro de los lugúbres y oscuros pasillos del hospital se refiere. Una gran secuela y un slasher noruego cojonudo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Explicación de la resurrección de "Gunnar el abominable asesino de las nieves":
- Recordemos que en el final de la cinta original este cae por la fosa de la nieve de gran altura y se estampa contra el suelo ¿Entonces como es posible que siga vivo?... la explicación es sencilla, Gunnar el niño del refugio-hotel desaparecido en 1975 nació muerto, estuvo muerto durante 4 horas pero su corazón volvió a latir y ni siquiera lloró... eso mismo es lo que ocurre con su cuerpo en la morgue del hospital... estaba muerto y de repente volvió a la vida.

Curiosidad:
- Jannicke vuelve al refugio-hotel persiguiendo al asesino y apunta en el registro su nombre junto al de todos sus amigos muertos en la primera entrega y pone: "Estamos aquí".

Muerte del asesino:
- Después del enfrentamiento cara a cara (de nuevo en el hotel) Jannicke le atraviesa con el pico el pecho y una vez en el suelo, le vuela la cabeza con la escopeta.
5
25 de septiembre de 2015 2 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Continuación calcada de la segunda parte de la saga de Halloween. La heroína sobreviviente (que como corresponde a segundas partes ya está curtida y se planta como se ve en el afiche, al mejor estilo Teniente Ripley) se aloja en un hospital semi-desolado y cuando traen el cadáver del asesino en realidad no está muerto y los empieza a matar a todos otra vez. Llama la atención que el guión sea tan igual a la segunda parte de Halloween, al punto de que uno nota que esto es lo que se suele llamar un guiño-homenaje. Otro detalle es que la "resurrección" del asesino está explicada científicamente, verbalizando aquello que era más misterioso en Mike Myers.

La crítica especializada (incluso en esta página) dice que es mejor que la primera. No es cierto (lo único es que mejoran las muertes, un reclamo de los espectadores respecto de la primera). La primera es mucho mejor. Igual no deja de ser un entretenido slasher.

La nota es un 5.
Emi
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