Confesiones de una modelo
1970 

6.3
118
7 de febrero de 2013
7 de febrero de 2013
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lou Andreas, nombre o sobrenombre significativo, una ex modelo perturbada, explica o, mejor divaga, oscilando entre la verdad y la mentira (imaginaciones delirantes), retazos, un "puzzle", de su apogeo y decadencia profesional y personal a un amigo. Vive sola y, en su aspecto desastrado, oculta lo que en los "flasbacks" se evidencia (no es para menos con el -dicen- extremo ego y divismo de la actriz): la magnífica ( y verdadera) belleza y espléndido porte de una joven Dunaway (asimismo ex-modelo); y al mismo tiempo su "caída" en la oscura confusión de la locura. Shatzberg, afamado fotógrafo de moda (en Vogue o Esquire) o de portadas de LP (la famosísima de "Blonde of Blonde" de Bob Dyland, por ejemplo), debuta como director en esta más que interesante película, infravalorada en su momento. Por supuesto, paga la "novatada" con ciertos errores técnicos, pero los compensa (o disimula) con su estructura fragmentaria, parcial (y subjetiva), fundamentada en el discurso, a veces inconexo de Lou. En este sentido le sirve mucho su experiencia (a Dunaway también), su conocimiento de los entresijos sinuosos del mundo de la moda. Me impactó mucho la primera vez que la vi, un poco menos la segunda y tercera, que hice forzosamente vía internet, cuando capté los errores; pero nunca dejó de fascinarme el diseño, el "glamour" del vestuario y de la fantástica fotografía ni de atraparme la historia del derrumbe de la desgraciada y vulnerable "chica" del título, metida en un ambiente de falsedad y competencia brutal, como es el de la moda (y que el documental sobre Anne Winthour y Vogue edulcora bastante). Hay una escena magnífica que ejemplifica perfectamente mi afirmación. Se trata de la preparación de una portada para, creo, precisamente Vogue (o un sucedáneo ficticio); Lou está maquillada y vestida excelentemente (bellísima). Debe sostener y lo hace con temor, como en una sesión de cetrería, a un halcón encadenado y encapuchado, bajo la dirección y las órdenes -gritos histéricos, mejor- de la bruja, encarnada como siempre magistralmente por la añorada Viveca Lindford (verdadera "alma matter" del "Actors studio" de entonces). Cuando, después de una sesión agotadora de la que sale la foto elegida por su perfección, después de una una elipsis, al ver la portada, descubrimos el cinismo por el que, recorte mediante, la imagen ha quedado reducida a un brazo anónimo, enguantado de negro hasta el codo, sosteniendo con una cadenilla al ave. Nada de la sofisticación ni de la esforzada individualidad de la modelo; sólo crueldad y ficción. Una anulación que prefigura la fragmentación de la identidad y su brote psicótico. Un film muy recomendable por su valores (aunque incluyan torpezas) y por su retrato de esta joven destrozada que elabora con cuidado un Schatzberg que, tres años después, lograría la Palma en Cannes a la mejor película; aunque la mejora de su talento ya quedaría demostrada en 1972 con "Panic in neddle park", hago a "Puzzle...", por el esfuerzo y el feroz retrato un mundo banal, merecedora de mi calificación.
6 de octubre de 2024
6 de octubre de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lou Andrea Sands, una modelo exitosa en la década de los cincuenta, vive ahora retirada de la vida pública en una solitaria cabaña en la playa dispuesta a analizar un pasado glamouroso y artificioso. Aaron, su amigo y fotógrafo que le ayudó a encumbrar su carrera, escarba en sus recuerdos para grabarlos en una cinta. Estos recuerdos, con sus revelaciones y sus contradicciones, y en su relación con el presente, son la esencia de la película.
Desde el inicio, nos encontramos a una mujer desaliñada y perturbada que divaga entre la realidad y sus propios delirios para expresar retazos de una vida desgastada que habla más de corazón que de intenciones: su apogeo y decadencia profesional en un puzzle lleno de piezas imposibles de encajar. Este relato impreciso e inconexo, que se desarrolla mediante una técnica narrativa no lineal, dibuja la imagen que la protagonista mantiene de si misma y, a su vez, refleja su propio estado mental.
Faye Dunaway, realmente bella cuando aparece ataviada con un lápiz labial rojo y pestañas postizas, crea un personaje con una lucidez encantadora, desnuda sus emociones y se derrumba ante la cámara sin reparos cuando interpreta cada fase de su vida. Cabe destacar que la historia está inspirada en la vida real de Anne St. Marie, una afamada modelo que enloqueció. El director, Jerry Schatzberg, grabó conversaciones con la modelo estadounidense que utilizaría como marco para la historia, lo que es un trabajo de campo que se debe valorar positivamente. En efecto, a lo largo de la historia, se observa claramente que el director conoce de primera mano los entresijos crueles y sinuosos del mundo de la moda.
Schatzberg, que fue fotógrafo para revistas de moda de prestigio, parece reconocer que su oficio es la cámara más que los personajes y combina esta historia discordante con espléndidos fotogramas. Su increíble ojo para el color y la composición nos permite deleitarnos con imágenes que hablan por sí solas. Así, el director abarca una maravillosa cantidad de estilo y narrativa que nos deja en un torbellino de temas, casi perdidos en el aturdimiento y la fragmentación, pero nunca incomprensibles para la historia. Su tacto visual se impone y asegura que “Confesiones de una modelo” valore sus misterios y no pretenda resolverlos. Ahí es, verdaderamente, donde radica la belleza de esta obra.
Desde el inicio, nos encontramos a una mujer desaliñada y perturbada que divaga entre la realidad y sus propios delirios para expresar retazos de una vida desgastada que habla más de corazón que de intenciones: su apogeo y decadencia profesional en un puzzle lleno de piezas imposibles de encajar. Este relato impreciso e inconexo, que se desarrolla mediante una técnica narrativa no lineal, dibuja la imagen que la protagonista mantiene de si misma y, a su vez, refleja su propio estado mental.
Faye Dunaway, realmente bella cuando aparece ataviada con un lápiz labial rojo y pestañas postizas, crea un personaje con una lucidez encantadora, desnuda sus emociones y se derrumba ante la cámara sin reparos cuando interpreta cada fase de su vida. Cabe destacar que la historia está inspirada en la vida real de Anne St. Marie, una afamada modelo que enloqueció. El director, Jerry Schatzberg, grabó conversaciones con la modelo estadounidense que utilizaría como marco para la historia, lo que es un trabajo de campo que se debe valorar positivamente. En efecto, a lo largo de la historia, se observa claramente que el director conoce de primera mano los entresijos crueles y sinuosos del mundo de la moda.
Schatzberg, que fue fotógrafo para revistas de moda de prestigio, parece reconocer que su oficio es la cámara más que los personajes y combina esta historia discordante con espléndidos fotogramas. Su increíble ojo para el color y la composición nos permite deleitarnos con imágenes que hablan por sí solas. Así, el director abarca una maravillosa cantidad de estilo y narrativa que nos deja en un torbellino de temas, casi perdidos en el aturdimiento y la fragmentación, pero nunca incomprensibles para la historia. Su tacto visual se impone y asegura que “Confesiones de una modelo” valore sus misterios y no pretenda resolverlos. Ahí es, verdaderamente, donde radica la belleza de esta obra.
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