Umshini WamCortometraje
25 de julio de 2016
25 de julio de 2016
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
De haber vivido para ver la obra de Harmony Korine, Gilles Deleuze tendría que haber creado un tercer volumen de sus estudios sobre cine, una suerte de Imagen Random o Imagen Aleatoriedad que negase casi al completo sus anteriores Imagen Tiempo e Imagen Movimiento. Así de esquivo se muestra el californiano en toda su filmografía. Lejos de estancarse o normalizarse con la edad, cuanto más mayor se hace más experimenta: Gummo y Julien Donkey Boy, pese a lo fragmentadas que son, pasan por cine comercial al lado de Trash Humpers o la imprescindible Spring Breakers, film con una lógica más propia a una remezcla de música electrónica que a una película. Este último tiene su razón de ser en el cortometraje Umshini Wam, pieza donde a través del grupo bufo Die Antwoord –algo así como los KLF sudafricanos, más cercanos a la performance y la sátira que a una banda al uso- empieza a conocer ciertas subculturas musicales de corte electrónico y juvenil habiendo pertenecido Harmony a una generación inmediatamente anterior y más afín a derivados del rock. Con Yo Landi Visser y Ninja radicalizando estos alter egos postrándoles en sendas sillas de ruedas que ni siquiera necesitan y disfrazándoles de pokemones, Korine reitera su gusto por lo redneck, por el white trash, por la gente situada al margen -voluntaria o involuntariamente- y por lo desarrapado mientras introduce un subtexto anti-apartheid para con esta gente, ya que Umshini Wam es un himno zef popular del Congreso Nacional Africano. Y Die Antwoord lo hacen suyo mientras retoman la lucha armada en pos de nuevas sillas de ruedas que tunear, eliminando primero a un semejante –tanto en cuanto es paralítico- que les priva de unas sillas automáticas y se atreve a juzgarles por usar jerga de negros y después a un dependiente sin darle tiempo siquiera a ofenderles. Todo por poder customizar las sillas, las cuales quedan iluminadas de noche junto a sus sacos de dormir –en uno de esos planos que solo Harmony sabe componer- mientras elucubran sobre si sus recientes actos contarán con el perdón de Dios. Se escuchan dos disparos y todo se vuelve negro, salvo esas sillas que han cholado. Y ya está, con quince minutos tienes más que de sobra para contar todo esto.
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