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Pablo, apóstol de Cristo

Drama Esta es la historia de dos hombres. Lucas, quien, como amigo y médico, arriesga su vida al entrar a Roma para visitar a Pablo, que está preso en la celda más oscura y sombría de la prisión del Emperador Nerón, decidido a terminar con los cristianos. Antes de que se promulgue la sentencia de muerte de Pablo, Lucas decide escribir otro libro, uno que detalla los comienzos de "El Camino" y el nacimiento de lo que se conocerá después como ... [+]
Críticas 19
Críticas ordenadas por utilidad
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8
26 de marzo de 2018
57 de 79 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película es estéticamente notable y los personajes con una muy buena interpretación y adaptación del texto bíblico.

Esta es la típica película que despierta la animadversión de cierto sector de la sociedad progre y burgués muy común entre los cinéfilos.
Las críticas de los críticos oficiales de los panfletos periodísticos hablan de "maniqueismo" por presentar a los romanos como malvados imperialistas, pero deberían tener en cuenta que en estas películas hay un rigor que se basa en los textos en los que están basadas, en este caso la Bíblia y los Evangelios, pero no, hay que sacar pegas y prejuicios". Esta gente nunca hablará del maniqueísmo panfletario de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre propaganda rebozada con aspecto de cine.
8
2 de noviembre de 2020
19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Andrew Hyatt ya había dirigido en 2015 Llena de gracia (Full of Grace), película centrada en los últimos días de María, la madre de Jesús, y del apóstol Pedro, donde se articulaba un discurso teológico sereno sobre los orígenes del cristianismo y el rumbo que debía tomar el mensaje apostólico tras la muerte del Mesías.

En Pablo, el apóstol de Cristo (2018), Hyatt propone un planteamiento similar, pero esta vez desde la figura de Pablo de Tarso, el gran arquitecto del cristianismo primitivo y principal responsable de la universalización del mensaje evangélico más allá del mundo judío.

La narración se sitúa en los últimos días de Pablo en la prisión mamertina de Roma, donde espera su ejecución, y se articula a través de su relación con Lucas, su discípulo y futuro evangelista. En ese espacio cerrado, marcado por la persecución y el martirio de los primeros cristianos bajo el imperio de Nerón, el film reflexiona sobre la transmisión del legado espiritual, la fe puesta a prueba y el sentido último del sacrificio.
Jim Caviezel
Lucas está encarnado con sobriedad y convicción por Jim Caviezel, quien ya había interpretado a Jesucristo en La pasión de Cristo (2004) de Mel Gibson. Su presencia aporta una resonancia simbólica evidente, reforzando la idea de continuidad entre el mensaje de Cristo y la labor de quienes lo perpetuaron.

El film puede resultar exigente para espectadores poco familiarizados con la teología cristiana, pero expone sus conceptos con una claridad accesible, insistiendo en la idea central del cristianismo primitivo: entender la vida como un acto de amor, incluso —y sobre todo— en un contexto de violencia, persecución y muerte.

Esta aproximación encuentra un interesante contrapunto en el telefilm San Paolo (2000), dirigido por Robert Young para la colección La Biblia. Aquella producción optaba por una estructura más clásica y biográfica, recorriendo la vida de Pablo desde su conversión hasta su labor misionera, con una vocación didáctica y narrativa más amplia. Frente a esa visión panorámica, Pablo, el apóstol de Cristo elige la introspección y el cierre vital: no le interesa tanto el recorrido histórico como el sentido último de la fe cuando todo parece perdido.
Ambas obras, lejos de contradecirse, se complementan. San Paolo explica al apóstol; Hyatt, en cambio, lo despide. Y en esa despedida íntima y austera, el film de 2018 encuentra su mayor fuerza espiritual y humana.
9
26 de marzo de 2018
22 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vibrante obra de Andrew Hyatt, escrita, dirigida y producida por él, que pretende arrojar luz acerca de la escritura del Libro de los Hechos de los Apóstoles por parte del evangelista Lucas acerca de la vida de Pablo, el hombre que abandera el último rescoldo de la fe cristiana en una Roma devastada por la continua persecución a que el tirano Nerón somete a los cristianos.
El reparto es excelente, comenzando por un Jim Caviezel que pone en este personaje toda la pasión y fe que siente abiertamente en su vida real y pública, y James Faulkner, quien deja de lado un tiempo los personajes más sombríos para hacerse cargo de dar la vida a Pablo, que desde su celda nos ofrece todo un mundo contando su vida lleno de miedo, errores, torturas, guerras, dolor, muerte y redención.
En dos horas no solo Hyatt consigue sumergirnos en este casi desconocido mundo de los cristianos de la terrible época neroriana, y de los últimos bastiones de una fe que iba in crescendo, sino que también vemos una historia en el más puro estilo inspirador para estos días de Pascua.
Olivier Martinez es aquel que porta la historia verdaderamente humana, en medio de tantos recuerdos lejanos. La historia con su hija es lo que imprime más valor humano a la película, incluso más que los recuerdos y los en ocasiones largos discursos de Pablo.
Quien soporta todo el peso de la cinta es Jim Caviezel, quien como pez en el agua en su género favorito nos libra del aburrimiento y nos hace reflexionar sobre el mundo de la fe más que con una de sus largas charlas religiosas, con su trabajo una vez más.

La cinta nos muestra todos los tipos de fe y de pérdida de ella que pueden existir de la mano de distintios personajes, que aunque fugaces, hacen un gran trabajo.
Es mucho mejor que "María Magdalena" todavía.
8
17 de mayo de 2018
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Terminando de ver “Paul, Apostle of Christ” (2018) de Andrew Hyatt con Jim Caviezel, James Faulkner, Olivier Martínez, Joanne Whalley-Kilmer, John Lynch, Antonia Campbell-Hughes, entre otros. Drama sobre los últimos días del Apóstol Pablo, una de las personalidades señeras del cristianismo primitivo; quien fuera conocido como un implacable perseguidor de cristianos, antes de su conversión al cristianismo; al tiempo que El Prefecto sigue las directrices del Imperio; y Lucas, el evangelista, a raíz de sus entrevistas en la prisión con Pablo, escribe Los Hechos de Los Apóstoles. El director hace una producción moderna del llamado “cine religioso”, dirigido obviamente a los creyentes cristianos, y a todo aquel que curiosamente se acerque, y con suerte, provoque un cambio de mentalidad, que a ninguno defraudará, primero porque es un drama de actores, con gran ambientación y fluidez, sin grandes efectos visuales ni escenarios, donde el diálogo, la actuación y las situaciones, por muy conocidas que sean, son edificantes y valiosas; y de esa manera se puede decir que la película da una lección moral simple y redundante, sin sentimentalismos, que no es necesariamente religiosa, y ese es el punto más fuerte de la propuesta; donde los temas principales son EL AMOR, EL PERDÓN y LA REDENCIÓN, conceptos que hoy se necesitan desesperadamente. Y por ello se nos muestra una Roma violenta, cruel y sangrienta, que continuó en La Historia reciente como el Nazismo, o en el peor de los casos, AHORA en nuestra familia, y en el propio vecindario. Con todo, para causar dramatismo e impacto, solo facturo las escenas de alta crueldad como la quema de cristianos como antorchas humanas en las calles, o el asesinato de niños... Es un filme en que cada diálogo debe ser GRITADO, de acatamiento OBLIGATORIO, pues los actores, todos en un gran nivel, especialmente el trío Caviezel, Martínez, y sobre todo Faulkner, grandioso; miran a la cámara en señal de reclamo, que nos hemos apartado de lo más básico, y todos debemos MEJORAR porque “donde el pecado prevalece, la gracia abunda más”
RECOMENDADA.
NO tendrá nota en Lecturas Cinematográficas
http://lecturascinematograficas.blogspot.com/
5
1 de abril de 2018
10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Pablo, el apóstol de Cristo” tiene muchos y variados defectos y limitaciones, y seguramente podrían añadirse aún más a los que yo sea capaz de desgranar en esta breve reseña (argumento simple y previsible, guión reiterativo y poco original, pobreza de medios o de imaginación, sensación de dejá vu, falta de ritmo, …). Desde luego, no es ni mucho menos la mejor película que uno se podía imaginar sobre Saulo de Tarso.
Es verdad que puede decirse que pocas películas de contenido “cristiano” alcanzan la excelencia -como arte cinematográfico-, sin traicionar la esencia del mensaje religioso (sólo recuerdo ahora a “Thérèse” de Alain Cavalier, y “La Pasión” de Mel Gibson); quizá eso demuestre lo difícil que resulta conciliar con un mínimo de dignidad ambas cosas.
Se comprende que los más críticos aprecien en esta película exceso de sentimentalismo (si bien, en otras no religiosas eso -el sentimiento- no se suele tomar tan a pecho) y maniqueísmo; realmente tales atributos recuerdan muy mucho al cine religioso del Hollywood de los 50 y 60, con lo cual se ve que por parte del director A. Hyatt se sigue bastante aquella escuela (sin ir más lejos, “Ben-Hur”- aunque para muchos, no para mí, ésta sea una película más de aventuras que religiosa, y en gran parte ahí radicó su éxito-).
Abreviando: Que “Pablo, ...” presenta bastantes, muchas, sombras. Lo que no quiere decir que no proyecte alguna luz. Ocurre que, aunque oscurecida por la torpeza humana, al menos esa Luz, que es realmente lo más válido y auténtico, a mi parecer se consigue mostrar en algunos momentos en los ojos y palabras de los protagonistas, sobre todo, en las escenas en la celda, y se vislumbra igualmente -como esperanza- en las escenas casi finales. Sólo por apreciar y disfrutar de un reflejo de esa luz, ya pienso que no perdí la tarde yendo al cine.
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