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Cesária ÉvoraDocumental

Cesária Évora
2022 Portugal
Documental, Intervenciones de: Cesária Évora
6.9
73
Documental La cantante de renombre mundial ganadora del premio Grammy Cesária Évora de Cabo Verde en un documental nuevo e íntimo. Con imágenes inéditas e información sobre la vida de la cantante, la película sigue las luchas y el éxito de la diva descalza.
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6 de junio de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno no puede realizar una crítica fílmica de una vida. Una biografía es la que es y no se trata de un guion cinematográfico, pero uno sí puede, en cambio, realizar una valoración de cómo está planteada la película de Fonseca y algún comentario acerca de la cantante caboverdiana, original de Mindelo, en la isla de São Vicente, una mujer que llevaba el cielo y el infierno dentro de sí: el cielo de una voz y una sensibilidad prodigiosa, que elevaron la morna a lo que hoy es, es decir, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, tammbién llevaba el infierno de sus orígenes humildes en una isla árida y desolada, pero sobre todo las enfermedades mentales que padeció: síndrome maníaco depresivo y trastorno bipolar.
Con todo eso, así como con un cuerpo maltratado y unos pies llenos de verrugas, que le impedían ponerse zapatos y de ahí que cantara descalza, pudo Cesária convertirse en una diosa mundial y es lo que vemos en el documental que nos ocupa, que empieza con una entrevista a la cantante en una radio de São Vicente en 1991, cuando Cesária acababa de cumplir cincuenta años y grabado uno de sus grandes álbumes: Mar azul. Pero en aquel momento la cantante caboverdiana vivía en la más absoluta miseria y la industria discográfica le cerraba las puertas por no ajustarse a los cánones de belleza estándares: rubia con ojos azules, ebúrneos pechos y grandes piernas.
Fue a partir de 1993, con Cesária ya entrada en la cincuentena y dio su primer concierto en Francia, donde la apodaron como la diva de los pies descalzos, aupada, sin duda por la enorme apreciación que por entonces gozaban las músicas del mundo, cuando despegó su carrera artística hasta llegar a lo que todos conocemos, incluyendo giras por todo el mundo. Giras agotadoras.
Pero el filme de Fonseca, que incluye grabaciones inéditas, no hace un recorrido cronológico riguroso sobre la vida y la carrera de Cesária Évora, sino que se construye fundamentalmente sobre las voces de quienes la conocieron y son entrevistados en la película, o algún momento, no muchos, en que se entrevista directamente a la cantante.
Especialmente interesante se me antoja constatar que las voces de las personas entrevistadas se montan sobre imágenes de la isla de São Vicente en las que se ve el entorno natural desértico y las menesterosas condiciones de vida de los caboverdianos, con dificultades, incluso, para conseguir agua.
Una de las coordenadas, pues, sobre las que se construye Cesária Évora son los testimonios de quienes conocieron a la cantante, entre los que destacan los de José da Sosa, que fue su representante desde que se conocieron en Lisboa, cuando Cesária comenzaba su carrera, y Janete Évora, nieta de la artista. Juntos, José y Janete, intentan mantener vivo el legado de la artista, una mujer que no recibió ningún tipo de entrenamiento técnico para mejorar su voz, sino que nació con ese don, de tal modo que, mezclando lo religioso con lo proverbial, diríamos que Dios o la naturaleza o quienquiera que consideremos que tiene el poder para ello no le dio el pescado sino una caña bien pertrechada, que ella pudo utilizar.
El otro eje sobre el que se monta este documental son las grabaciones familiares en el entorno de Cesária y que, a pesar de que no se pensaron para ello, son muy útiles para mejor conocer la semblanza de esta admirable mujer. Sabemos así que la primera vez que se le planteó la posibilidad de un concierto ella sola, le espantaba la idea de estar cantando durante una hora o más, pues a lo que estaba acostumbrada era a los clubes nocturnos, donde cada veinte minutos o así se relevan unos cantantes por otros. De ahí que Cesária necesitara una mesa con bebidas y una silla para descansar de vez en cuando en el escenario y dar paso a temas instrumentales.
La bebida y el tabaco son otras de las cuestiones que se plantean en el filme, donde se defiende que Cesária no era en realidad bebedora, pero necesitaba esos dos estimulantes cuando se acercaba la fecha de un concierto. Sabemos también que su objetivo en la vida no era la abundancia, sino tener una casa, algo que la obsesionaba desde niña, pues había vivido en condiciones muy precarias: la casa de sus padres, por ejemplo, acabó cayéndose, de lo que ella se enteró durante una gira. Y de su gran corazón: en su círculo familiar más íntimo la llamaban la doctora, pues la sala de espera siempre estaba llena, aunque no de enfermos, sino de gente que iba a pedirle dinero.
Y sabemos de sus profundas depresiones, cambios bruscos de humor y episodios de agresividad, síntomas característicos de los melancólicos agudos, y que en una ocasión, más o menos cuando Cabo Verde alcanzó su independencia, ella se quedó encerrada en su casa durante once años.
Mucha melancolía había en Cesária, melancolía en sus ojos, melancolía en sus canciones, melancolía en sus movimientos torpes y melancolía en la que es quizá la más conocida de sus canciones «Sodade», ‘saudade, nostalgia’, un tema donde se aúnan las penas personales con las nacionales, pues a mediados del siglo XX, aunque parezca increíble, los caboverdianos padecieron un episodio de esclavitud cuando muchos de ellos fueron obligados a trabajar en el cacao en São Tomé. Melancolía de la persona y melancolía del pueblo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Césaria Évora, nacida en una isla, era la voz que surgía de la tierra, subiendo desde los pies descalzos hasta su boca. Tierra y agua unidas, pues, en una mujer que fue la primera africana en hacer carrera musical internacional para mayor gloria suya y de su Cabo Verde natal.
La vida que triunfa contra todas las dificultades y que logró con ella un magnífico ejemplo de superación y afianzamiento personal. Una mujer negra físicamente muy poco agraciada, que nació durante el colonialismo en una isla desértica cuya posición exacta en el mapa nadie conoce; que se crio en un orfanato; que nunca quiso casarse e incluso ocultó a sus hijos quién era su padre; una mujer cuya vida fue un rosario de dificultades, con enfermedades mentales importantes y una cierta dependencia del alcohol y el tabaco, pero que llegó hasta donde llegó, venerada en el mundo entero, y esperemos que no sea un caso aislado, sino que personifique un resquicio en la mole granítica que aplasta África, una grieta por la que pueda abrirse camino un continente que todavía no ha escrito su historia y ya va tocando. Ojalá que así sea y que algún día podamos recordar a Cesária Évora como icono de un cambio de rumbo en el devenir de nuestros vecinos más próximos.
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