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Relámpago sobre aguaDocumental

Relámpago sobre agua
1980 Alemania del Oeste (RFA)
Documental, Intervenciones de: Nicholas Ray, Wim Wenders, Susan Ray ...
6.7
1,121
Documental Película documental sobre los últimos días del gran director de cine americano Nicholas Ray, conocido por films como "Rebelde sin Causa" o "Johnny Guitar". Cuando se estaba muriendo de cáncer, Ray se negó a ir a a un hospital y prefirió quedarse en su loft de Nueva York, rodeado de sus mejores amigos. Wim Wenders conoció a Nicholas Ray en 1976 durante el rodaje de "El Amigo Americano". "Sabía que quería trabajar y morir trabajando" dice ... [+]
Críticas 11
Críticas ordenadas por utilidad
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4
29 de enero de 2012
51 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quien ha pasado alguna vez por el trance de ver morir a un ser querido tras una larga enfermedad sabe que lo peor en estos casos no suele llegar en el momento de su muerte, sino mucho antes, cuando aquella persona empieza a dejar de ser quien fue y se va convirtiendo en alguien completamente distinto, cuando la enfermedad le consume y desfigura hasta el punto de borrar la imagen que de él teníamos y pretendíamos conservar. La muerte, cuando llega, es más un alivio que una tragedia, y viene muchas veces demasiado tarde, cuando la imagen de aquel a quien conocimos un día ha sido ya suplantada por la máscara del moribundo, ese impostor recién llegado a quien acabamos deseando no haber conocido jamás.

De hacer caso a lo que el propio Ray dice en una escena de esta película, “Relámpago sobre agua” vendría a hablar de un hombre que quiere encontrarse a sí mismo antes de morir. Roído por un cáncer de pulmón que lo estaba llevando al galope a la tumba, Ray habría aceptado exhibir públicamente la miseria física de su agonía ante una cámara, con la intención de fundir, en un último gesto de creador comprometido con su arte, su propia vida y el oficio que le había convertido en uno de los directores de Hollywood más admirados en Europa.

Ésta no es, sin embargo, sino una más de las muchas leyendas cursis que rodean el mundo del arte. Lo que hay aquí es una peli técnicamente pedestre, muy cercana en espíritu a la casquería con ínfulas de “Holocausto caníbal” y rematada con un asqueante cruce entre cine-club y guateque, en el que el equipo técnico de la película, entre risas y chascarrillos, se casca unos lingotazos a la salud de su ombligo en presencia de las cenizas aún calientes de Ray. Todo es jolgorio y cachondeo. Todos tienen a punto una frase digna de ser grabada en mármol. Que si actuar todo el rato le había mantenido con vida. Que si habría muerto antes de no ser por la película. Que si su muerte había sido su último trabajo como director. Qué coño, brindemos por él. Lo felices que están porque el fiambre les había durado lo suficiente para sacar unos buenos metros de celuloide. Qué chollazo el abuelete este, vienen a decir, y qué grandes artistas somos nosotros, que estábamos allí para sacar petróleo de sus células podridas.

Escuchad las patéticas autojustificaciones edípicas de Wenders y sus gimoteos de plañidera. Vedle cerrar los ojos ante un estertor de Ray. Vedle cotilleando sus diarios o paseando a su mona esposa para que se eche unos gallos. Aguantad esos ocho minutos en primer plano y a cámara fija en los que un anciano moribundo es espoleado a hablar entre esputos, toses, espasmos y canturreos enajenados. Recordad quién montó la película, contraviniendo la idea original de Ray, y se reservó el papel de narrador y coprotagonista, esto es, de heredero del legado del muerto. Entonces sabréis, sin ningún género de dudas, cuál es la auténtica máscara que muestra la película y quién el impostor que hay detrás de ella.
8
6 de septiembre de 2005
48 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil
Le he dado un 8, pero bien podía haberle puesto un 10 o un 2. Esta peli hace que esta web parezca estúpida.
4
20 de agosto de 2010
27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Wim Wenders estaba al tanto del magnetismo de Nick, testimonio de ello son las secuencias de Ray grabadas por el director, desolado por el cáncer, viejo como nunca y triste como un niño, Nick sigue siendo un enfant terrible. Pero además Wenders está también al tanto del encanto de la estética negativa, sabe muy bien que el jarrón más bello puede ser el que está roto y que la enfermedad y la nostalgia son muchas veces fotogénicas. Wim Wenders ha sido un mal novio, se ha casado con Ray sólo porque sabe que es guapo, porque su estirada silueta encorvándose involuntariamente quedará estupenda en algunos planos. Ay mi madre, de verdad, ¿Nicholas Ray como mujer florero? Esto no tiene perdón.

Lightning over water debía ser una película hecha mano a mano entre Wenders y Ray. Susan Schwartz explica cómo esta película se concibió primeramente en base a la recuperación del negativo del anterior film, We can't go home again. Por eso el título inicial era Nick's Name con la intención del director de hacer las paces con su filmografía.

Pero el film acabó en una versión light y salvando las distancias de lo que sería el Truman Capote de Eugene Hickock, Wenders se aprovechó igualmente de la debilidad de Ray. Impuso su voz en el film y justificó el proyecto a partir de la enfermedad y cansancio de Nicholas. Roman Gubern equiparó Relámpago sobre el agua con el snuff, testimoniando que con ambas la cámara deja de ser la máquina para rehacer la vida, y pasa a ser la máquina para robar la vida.

No contento con fastidiarle a Ray su última película, el tipo se cargó el montaje original del film hecho por Przygodda. Wenders dijo que cuando vio la película terminada en el Festival de Cannes no le gustó nada que estuviera rodada en tercera persona que no le parecía honesta. Así que la volvió a montar él solito y se puso de narrador, aumentando su presencia en el film y su pusilánime voz durante hora y media. Pocas cosas más patéticas debe haber en la historia del cine que este pequeño alemán leyendo con voz que se pretende profunda el diario de Ray. Y eso que las palabras de Ray son difícilmente rimbonbantes y da muy buenas razones para no querer morir, dice "quiero vivir porque echaría de menos el aire. Debe ser muy incómodo. Me pongo furioso si no puedo respirar, saborear y saludar" ¿cómo es posible que suene a filosofía barata en la boca de Wenders? Tiene ese talento, convierte en autoayuda pensamientos de lo más parcos.

En algún lugar leí que esta era una obra de amor al cine, se equivocaban. Wenders sí, ama el cine, pero el suyo sobre todas las cosas. Su mayor ídolo es él mismo y el resultado de algo así sólo puede ser una mala película.

Lo mejor: la canción de los títulos cantada por la entonces esposa de Wim Wenders, Ronee Backley y el cambio de texturas en la película, del 35 mm cinematográfico al video.

Lo peor: además de todo lo dicho anterioremente, la panda de buitres que brindan por Ray a su muerte.
7
8 de febrero de 2008
13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
En La imagen pornográfica (y otras perversiones ópticas) se puede leer:

"(...) con la película de Win Wenders (Relámpago sobre agua) y con el snuff la cámara deja de ser la máquina para rehacer la vida, como quería Marcel L’Herbier, y pasa a ser la máquina para robar la vida".

Sólo por eso merece un 7.

... Eso sí, tanto un 10 como un 2 no dejarían de ser justos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El final en el barco no me gusta nada, parece que estén todos fumados descojonándose de los últimos estertores de Nicholas Ray... igual lo entendí mal pero me pareció un poco una falta de respeto, y para mí le quita muchos puntos y mucha sobriedad al conjunto.
8
11 de julio de 2009
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es difícil asistir a un documental como éste, donde se relatan los últimos lastimosos meses de vida del gran Nicholas Ray, enfermo terminal de cáncer. Es tan intencionadamente artificioso, pero de una honestidad tan directa pero tan ambigua, que confunde y enfurece, que maravilla y avergüenza. Una especie de pornografía emocional de un ventajismo funesto. Uno puede entender el germen de la idea, y también que sería una insensatez desperdiciar parte del material que contiene, pero alimenta el mito con veneno, aunque puede que no se difuminen las fronteras del respeto, sí lo hace las de la ética. Desde luego remueve entrañas, afecta y disgusta. Y cuando el propio Ray y su retórica sin artificios se erigen en protagonistas de la función el resultado es fascinante y la autenticidad, la crudeza y la veracidad le parten a uno el alma en dos. Y de hecho, si Nicholas Ray se prestó y, como parece, incluso ideó, algunas de las secuencias del documental, uno se plantea hasta qué punto fue Wenders el manipulado, y no al revés, aunque es difícil acabar el visionado sin odiar a este último y a todo su equipo de filmación. En fin, sólo por la manera que tiene de someterlo a uno a todas estas divagaciones y por gran parte de las secuencias, merece la pena. Y diría más, se me antoja imprescindible. Pero ya digo, duele, y bastante, sobre todo ese epílogo horrible y más que reprobable, que pone una guinda de estiércol a una obra ciertamente difícil pero fascinante.
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