Magnetic Fields
2021 

6.2
252
1 de junio de 2023
1 de junio de 2023
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Magnetic fields es de esas películas que pasan desapercibidas, como algunas personas. O como las películas griegas. Las personas de la película también pasan un poco desapercibidas. En realidad las personas que pasan desapercibidas son las que más necesidad tienen de atención, cariño, compañía incluso.
Ya en el título encontramos la primera clave.
Los dos protagonistas de la película se conocen por arte del azar y ya no separarán caminos. Cosas de las road movies y de los polos que en apariencia son opuestos.
Hay un posible homenaje al cartel de Drive my car, la japonesa, aunque sea involuntariamente: la griega y la japonesa datan de 2021.
Además de que es de ésas que pasa desapercibidas, la griega es de ésas que no quieren darse importancia, si se la dan, que sean otros (Grecia la eligió como candidata a entrar en el Olimpo de las nominadas a mejor película internacional en los Óscar; no lo consiguió, ya tenía un sitio en la nómina final la road movie del Japón).
La griega es una road movie intimista, optimista a su pesar, con los ingredientes de: la situación post-crisis helena del siglo XXI; la identificable manera de rodar del nuevo cine griego; dos improbables compañeros de viaje que se conocen sobre la marcha.
Pero Dos en la carretera no es.
Y tampoco Drive my car.
Es otra cosa. Una historia simplísima, que no daría para más si no fuera por lo improbable de la pareja protagonista, porque es una película griega (aunque parezca japonesa) y porque ni quiere ni debe llamar la atención. Casi casi, una de tantas.
Por cierto, hola, Yorgos Goussis, ¿te convertirás con el tiempo en el otro Yorgos del cine griego?
Sigue con las películas desapercibidas, anda.
Ya en el título encontramos la primera clave.
Los dos protagonistas de la película se conocen por arte del azar y ya no separarán caminos. Cosas de las road movies y de los polos que en apariencia son opuestos.
Hay un posible homenaje al cartel de Drive my car, la japonesa, aunque sea involuntariamente: la griega y la japonesa datan de 2021.
Además de que es de ésas que pasa desapercibidas, la griega es de ésas que no quieren darse importancia, si se la dan, que sean otros (Grecia la eligió como candidata a entrar en el Olimpo de las nominadas a mejor película internacional en los Óscar; no lo consiguió, ya tenía un sitio en la nómina final la road movie del Japón).
La griega es una road movie intimista, optimista a su pesar, con los ingredientes de: la situación post-crisis helena del siglo XXI; la identificable manera de rodar del nuevo cine griego; dos improbables compañeros de viaje que se conocen sobre la marcha.
Pero Dos en la carretera no es.
Y tampoco Drive my car.
Es otra cosa. Una historia simplísima, que no daría para más si no fuera por lo improbable de la pareja protagonista, porque es una película griega (aunque parezca japonesa) y porque ni quiere ni debe llamar la atención. Casi casi, una de tantas.
Por cierto, hola, Yorgos Goussis, ¿te convertirás con el tiempo en el otro Yorgos del cine griego?
Sigue con las películas desapercibidas, anda.
13 de marzo de 2025
13 de marzo de 2025
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Magnetic Fields es de esas películas que parecen pequeñas, casi imperceptibles, pero que, cuando menos te lo esperas, dejan una huella. Yorgos Goussis no necesita grandes artificios para contar una historia; le basta con dos personajes, una carretera y el espacio vacío entre ellos, que poco a poco se llena de algo difícil de nombrar.
No es una historia de grandes giros ni de diálogos memorables, sino de momentos que respiran, de miradas que dicen más de lo que cualquier guion podría escribir. Es pausada, íntima, de una sencillez que no busca impresionar, sino simplemente estar ahí, en su propia frecuencia.
Quizá no sea una película que cambie vidas ni que se quede flotando en la memoria para siempre, pero tiene una honestidad y una ternura que se sienten raras de encontrar. Un pequeño viaje de esos que, aunque no recuerdes cada detalle, te dejan con una sensación cálida, como si por un momento hubieras estado en el coche con ellos, compartiendo silencios.
No es una historia de grandes giros ni de diálogos memorables, sino de momentos que respiran, de miradas que dicen más de lo que cualquier guion podría escribir. Es pausada, íntima, de una sencillez que no busca impresionar, sino simplemente estar ahí, en su propia frecuencia.
Quizá no sea una película que cambie vidas ni que se quede flotando en la memoria para siempre, pero tiene una honestidad y una ternura que se sienten raras de encontrar. Un pequeño viaje de esos que, aunque no recuerdes cada detalle, te dejan con una sensación cálida, como si por un momento hubieras estado en el coche con ellos, compartiendo silencios.
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