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Rusia Rusia · Stalingrado
Críticas de Ferdydurke
Críticas 2,818
Críticas ordenadas por utilidad
2
7 de enero de 2016
19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con ese título, tan redundante y tentador, no me podía resistir, la carne es débil. Había que intentarlo de una vez por todas. Y no decepciona. Sí, amijos, es peor que mala, mucho peor. No se puede llegar a imaginar. Y ese es su indudable atractivo o gran virtud, descubrir sus límites, si los hubiera, hasta qué punto llega: el asombro continuo que produce cada nueva escena, cada nuevo horror. Aunque no nos engañemos: esa fascinación monstruosa pelea a muerte con el aburrimiento perfecto, ahí le anda, casi empatan.
La cosa, este engendro ignominioso va de una banda de facinerosos peludos, melenudos y barbudos (el macho alfa felón, el boxeador tapón y el ayudante de figurante, además de un nutrido grupo de ninfas que acompañan la función con fruición) que atrapan al "imbécil" (como ideal platónico o por antonomasia, non plus ultra) en una trampa que le lleva a la perdición (o eso parece, tiene todos los visos, se masca la tragedia).
Película setentera. Recién democrática y pura transición. Qué emoción.
Destape estupefaciente, jipismo trasnochado, tetas en aluvión, música narcótica y todo resuelto y bañado por el cine negro más cochambroso, lisérgico y cazurro que hayan visto los tiempos.
Es realmente penosa: horrorosos actores, deleznable guion, innombrable dirección. Un apocalipsis ya, sin perdón. Con los diálogos más atroces que se puedan concebir (los del ¡doctor Stanford! con su hijo oligofrénico son de tesis: dame cariño, papa, que me muero sin tu amor; que no solo de dinero vive el hombre, por dios).
Sensacionalismo morboso, sexo estrepitoso (violación abismal mediante) y la droga como virus alienígena que nunca muere. La película es gore, por nefanda, mal hecha y su tono de serie z castizo y aberrante. Solo salvable por la curiosidad malsana que excita, por ser tan coyuntural y abominable. Una mezcla espantosa de cine justiciero norteamericano (los rufianes parecen patrocinados por los mismos descerebrados, todos primos hermanos, hijos de la misma sangre espesa, que arrasaban las santas noches del bueno de Bronson, algo así también, por seguir con la línea genealógica, como sus hijos tontos y nunca reconocidos, solo faltaba), el pico español (sería su antecesora mutante; un horrible padre), el pandillero chapucero y el "noir verité" de la República de Kazajistán.
Ferdydurke
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8
13 de febrero de 2015
19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las vacaciones de la vegetariana o el Arte de la conversación (y la observación).
Nunca antes un evento tan normal y banal como unas vacaciones de verano dieron tanto juego. Y esa es la forma de proceder de Rohmer, coger un hecho, un sentimiento, una relación, lo que sea, y darle mil vueltas, conversarlo hasta agotarlo, zarandearlo hasta exprimirle todo el jugo, hasta que sea irreconocible, mostrarlo desde todos los puntos de vista posibles, airearlo, charlarlo hasta el delirio, sin fin, jugando, gozando con él, descubriéndolo por primera vez, todo nuevo y desconocido. Es decir, en verdad es lo contrario de lo que se suele decir, es una estrategia anti pedante, un acercamiento humilde a la cuestión de marras, a la vida; es un intento de descuartizar la realidad a través de procedimientos igualmente prosaicos, exhaustivos pero sencillos, como el diálogo (la necesidad de hablarnos; una de las características que más nos determina, diferencia y define como especie), centro e instrumento para casi todo, para el conocimiento, el esparcimiento, el contacto...; o los encuentros, las idas y venidas, los dimes y diretes del discurrir diario, sin añadidos, sin sucedidos extraordinarios ni grandes dramatismos, con sobriedad y naturalidad. Una recreación estirada, adensada, profundizada, de la zona más gris y esencial de nuestros actos, una aproximación a nuestras mentiras, deseos y confusiones, cara a cara, sin condescendencia ni juicios morales, sin adoctrinar ni satirizar, intentado comprender, con paciencia y esmero, sin prisa y con mucha curiosidad, con amor, dulce ironía y mucha sabiduría.
En este caso, tenemos a una mujer solitaria y triste. Que sufre por ser demasiado sensible y buscar algo más, por no conformarse con la tosquedad de las cosas, con la vulgaridad de la gente, por no saber fingir ni disimular, por, en definitiva, no saber jugar, no entender que la vida no hay que tomarla al pie de la letra, por no darse cuenta de que las señales no están en la luz solar o en las cartas del tarot, sino que es mejor buscarlas en las necesidades de los demás, en sus deseos, egoísmos e intereses, en sus miedos y debilidades, en sus miserias y grandezas.
Esta puede ser una versión, una opinión favorable sobre una mujer demasiado delicada y sincera, que paga por ello.
Pero también se puede ver de otra manera. Como el despedazamiento de un ser insoportable; de una egoísta intolerable e intolerante; de una mimada, una cargante y una caradura; de una persona que se pasa la vida quejándose y amargando, de paso, al resto con sus penas, que es incapaz de estar sola y que cuando alguien, por fin, le hace caso huye. Maleducada, autista y ridícula. Que dice que es abierta y escucha a la gente, pero que en realidad no escucha nunca a nadie y siempre está presta para soltar su retahíla de aburridos y absurdos lamentos. Una mujer que se pasa las vacaciones molestando a todo el mundo y colándose en las casas de todos, gorrona y pesada. Una pelma a tiempo completo. Una persona a la que no hay quien aguante y de la que es conveniente huir como alma que lleva el diablo.
Rohmer tiene la suficiente habilidad y honradez para dejar que sea el espectador el que elija la versión que más le guste; incluso las dos a la vez, o algo de una y un poco de la otra.
La película es maravillosa; por crear un personaje tan rico dentro de un contexto tan sencillo y tan auténtico; por su minuciosidad y ligereza, por su luminosidad y profundidad.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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3
12 de marzo de 2016
53 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo primero es una evidencia: se parece demasiado, la idea general, descaradamente, a la novela de Eugenides, "Las vírgenes suicidas", y a la peli de la Coppola.
Lo demás es una enorme decepción y sorpresa. Desencanto ante una obra tan floja, deslavazada y superficial. Estupor ante el éxito cosechado (¿con tan poco ya vale, es suficiente?, ¿tan mal estamos como parecemos?).
Película donde la intención (la siempre aplaudida y querida denuncia cuando esta se limita al tópico y no profundiza, explica, cuestiona o molesta a nada ni a nadie. Venga, va, que, se supone, y es mucho suponer tras lo visto, que en Turquía se está produciendo una terrible regresión que consiste en martirizar jovencitas porque... son mu malos y no les gustan na las mujeres. Déjalo así que en la Europa, más o menos, rica seguro que lo entienden perfectamente, en el primer mundo tienen más conciencia, es lo que tiene el progreso, y la compran como un producto de un feminismo estupendo y fácilmente asimilable. El patriarcado ominoso, los musulmanes malos, las madres, abuelas, tías, primas y demás parentela turca, abducidas todas, sometidas y conspirando para matar la primavera púber y virginal; conflagración pavorosa para asesinar la inocencia y se acabó, no digas más que no vaya a ser que la liemos) aplasta cualquier sentido, personaje o coherencia narrativa, donde las protagonistas aparecen y desaparecen sin previo aviso ni desarrollo mínimo y las situaciones se suceden a la carrera sin que su duración o fundamento se imbrique de forma lógica con lo que se está contando.
La arbitrariedad y un efectismo amañado, bonito, de catálogo de moda adolescente (¿es creíble o aceptable que nos muestren a esas niñas, de repente, sin contexto, evolución ni cosa parecida, como ángeles caídos del cielo o nínfulas del paraíso, que parecen recién salidas de un anuncio o cualquier delirio manufacturado por la industria del más desaprensivo entretenimiento, a cada cual más guapa y con ropa más "occidentalizada", cuando se supone que han sido educadas y criadas en una casa y un ambiente tan represivos, castradores y medievales? ¿No se corre el peligro, claramente, de hacer justo lo que se critica, es decir, utilizar esa carne joven como reclamo en lugar de como queja, como cebo estético e insinuante en lugar de como instrumento de lucha? ¿No parece evidente que se ha sacrificado la crítica en aras del negocio y que se ha utilizado a esas chicas como elemento decorativo y no como verosímiles hijas salidas de un lugar supuestamente tan nefando? ¿No parece que se ha preferido primar una fotografía publicitaria, de acuerdo a los cánones más banales, en vez de mirar la historia con mayor rigor y austeridad?) son los que mueven los hilos.
Secundarios, novios o maridos, como fantasmas utilizados sin criterio, escenas alargadas o cortadas a lo que salga, cámara mareante y obsesivamente encima de las chicas, algún diálogo escabroso metido a la buena de Dios, reacciones brutales, malo de tebeo, grotesco, buen samaritano puesto por el ayuntamiento, abuela...
Muy precipitada, abrupta y cortante.
La fórmula es sencilla: juventud lozana, unas pizcas de tragedia, otra de comedia, un poquito de morbo y un algo de reivindicación y... a gozar que son dos días.
¿Quién no se va a identificar con las pobres huerfanitas, con esos seres tan bellos, delicados, puros y vitales? ¿Quién será tan duro de corazón como para no emocionarse y rezar por unas almas tan injustamente dañadas?
Nadie es tan malo, eso tenlo por seguro.
Ferdydurke
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3
4 de octubre de 2016
36 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Buenas ideas visuales y narrativas ("Atrapado en el tiempo") tiene, un gusto por la aventura y la maravilla, también, pero cuánto dura, qué larga se hace, qué innecesarias tantas explicaciones y redundancias, tantas transiciones agotadoras, qué desafuero extenuado, agonístico, que no termina nunca y sigue y se eterniza y me abure y me mata y no acaba, nunca jamás.
Si le hubieran quitado treinta o cuarenta minutos de vellón. Claro. Y si Dios existiera. Y si los malos monstruos no dirigiesen el mundo. Sí. Sí. Así quedó esta película del buen Burton y ya no se puede hacer nada, hay que apechugar con ella, con esa, finalmente, papilla densa y grumosa.
Imaginación, humor y amor. Viaje en el tiempo, guerras y Gales (el rap de los chavales es simpático, taberna, cura, paro...). Florida (el infierno), familias y ojos. Diluvio de ocurrencias y oportunidades, mil cuentos en uno. Pero, mucho me temo, que todo nos dejó a medias, ciegos y cojos, quedó muy superficialmente mostrado, limado en sus aspectos más sugerentes, inquietantes o sórdidos, infantilizado en el peor de los sentidos, en la convención, el amaño y la tibieza, cuando debería ser justo lo contrario, todavía mucho más delirio, riesgo y disparate.
Ya digo, no escatima ni es rácana en cuanto a méritos y virtudes, la pena es que la sensación general, a pesar de su estructura de hierro y su final obligado, o justo también por eso, deviene amorfa y fofa, deslavazada maleza de melaza.
Ni los inmensos ojos claros de Miss Green ni el veterano Stamp o esos mamarrachos tan bonitos que devoran ojos (brillante y siniestra idea) y el Jackson haciendo el majadero, ni por esas, todos arremolinados, deglutidos por la misma inercia perezosa y rutinaria.
Ferdydurke
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4
30 de noviembre de 2014
20 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Psicoanálisis de casi tres horas. Dos egos hinchados hasta el infinito y explayándose a gusto; revirados y reconcentrados en sus minucias más raquíticas.
Te odio, te amo, te odio, te amo... Te pego, te follo... Eres lo peor, me das asco, eres estupendo, mi salvación...
La revuelta constante, el sí pero no arrebatado y enfermo.
Comienza con una cena estupenda que anuncia la marejada que vendrá. Antes, habíamos visto la foto de la familia perfecta. Después, llegará la caída. El roer y roer la relación hasta pulverizarla. Ya no veremos a nadie más. Serán sus cuitas y delirios; sus dimes y diretes constantes.
Hay inteligencia y se sabe de lo que se habla. Pero cansa, y mucho. Se impone la sensación de futilidad; de convertir cosas comunes en enormidades infladas; de la obsesión por transformar asuntos simples en carroña sobreactuada, en pasto de cliché psiquiátrico. Impostura y esforzada mirada sobre una pareja.
La cosa sería sencilla: matrimonio burgués que lo tiene todo acaba ahogado; tanto compromiso y orden matan el amor. A partir de ahí, irán y vendrán. Vale. Más o menos lo que le pasa a todo el mundo; la diferencia es que la mayoría de la gente tiene menos dinero y tiempo para mirarse al espejo y contemplar extasiada su ombligo.
Bergman aplasta a sus personajes, les somete y encorseta en una especie de obra de teatro más coyuntural de lo que le gustaría; un contenido que opta por lo extremo, que repite sin cesar la misma cantinela y que se agota en su autorreferencia cargante, en su ensimismamiento pedante y endogámico, en un vacío fofo e insufrible.
Mucho primer plano. Todo muy recargado y asfixiante.
Un bluff. Con clase y detenimiento, pero enmarcado en su autobombo de lujo. Capricho prescindible.
Ferdydurke
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