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Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera

Drama Dos monjes viven en un monasterio aislado. Bajo la atenta mirada del más viejo, el más joven ve pasar las estaciones de la vida. Primavera: un niño monje se ríe de una rana que intenta librarse de una piedra que tiene en la espalda. Verano: un monje adolescente conoce el amor. Otoño: un monje de treinta años intenta hacer algo que va contra su naturaleza. Invierno: el monje está próximo a la vejez y alguien llega al monasterio. ... [+]
Críticas 89
Críticas ordenadas por utilidad
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10
26 de diciembre de 2006
239 de 272 usuarios han encontrado esta crítica útil
En un escenario simple y bello se presenta de manera simbólica el desarrollo de la conciencia, desde su nacimiento en forma de conciencia social o colectiva que aparece en la primavera, a partir los primeros días de la infancia, hasta el descubrimiento de la conciencia individual en los días de la madurez humana, representados por el invierno, cuando los egos y las vanidades de la vida se congelan. Cuando esto se aprovecha bien, se da el nacimiento a una nueva vida más gozosa en una nueva primavera.
Aunque no sea muy claro para cualquiera, muy en el fondo todos sabemos que el ser humano es un compuesto de CUERPO o mundo exterior, ESPÍRITU o mundo interior, y MENTE, que es el puente que une a los dos anteriores. La experiencia nos muestra que mientras no se alcance un sano equilibrio entre los tres, el ser humano no logrará realizarse plenamente. Felizmente, como lo muestra la película con bellos símbolos, eso sí es posible cuando aprendemos a aquietar la mente, mirando hacia nuestro interior en estados de meditación que nos ayudan a deshacernos de los egos y de las cargas y sufrimientos del pasado.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En el mundo interior, representado por una pequeña isla en medio de un lago, el individuo aparece como un discípulo rodeado por sus instintos, pero también por sus condicionamientos sociales y religiosos, los que son personificados por un maestro que es su guía; a pesar de eso, el individuo aprende a eludirlo, y en la medida en que va viviendo se va creando dificultades y problemas que lo hacen regresar a someterse a los castigos del maestro. Finalmente logra convertirse él mismo en su propio maestro.
En el mundo exterior, cuya entrada está representada por una puerta frente a un embarcadero, está la realidad de la vida, la cuál está conectada con el mundo interior por una barca que cruza el lago, o espacio mental que todos poseemos. A continuación presento una serie de símbolos que ayudan a tener una mejor comprensión del bello mensaje presentado:

Símbolos utilizados:
PRIMAVERA: La inocencia y el despertar de la conciencia colectiva.
VERANO: El despertar de las pasiones y la lucha con la conciencia colectiva.
Oh Young-soo
OTOÑO: El abandono de la conciencia colectiva: los problemas de la vida. La conciencia vuelve con los remordimientos. El castigo de la conciencia colectiva. La lucha interior para encontrarse a sí mismo y abandonar la conciencia colectiva.
INVIERNO: El despertar de la conciencia individual. El aquietamiento de la mente y el descubrimiento de la meditación para alcanzar la iluminación en el mundo real, comenzando los preparativos en el mundo espiritual y terminando con una visión unificada de los dos: el estado de Buda.
Y PRIMAVERA...: El nuevo renacer en el mundo interior.
TEMPLO EN EL LAGO: El mundo interior
AGUA: La mente, sus ideas y sus egos.
PUERTA EN EMBARCADERO: Entrada al mundo real
MAESTRO: La conciencia colectiva que todos llevamos por dentro.
LEÓN DE PIEDRA FRENTE AL TEMPLO: Las represiones religiosas.
MUJER JOVEN: La sensualidad.
PEZ: Las ilusiones
SERPIENTE: La energía interior
RANA: la energía vital
PERRO: Los juegos de infancia
GALLO: La sexualidad
GATO: La serenidad de la vida adulta
CISNES: El amor
BUDA DE PIEDRA: La religión
BUDA DE BRONCE O TALLADO EN HIELO: La religiosidad
POLICÍAS: La culpa
BOTE: El puente entre los mundos exterior e interior.
ASCENSO A LA MONTAÑA: El camino de la meditación.
PIEDRAS: Las cargas de la vida, originadas por la mente y los egos.
Jak
10
11 de julio de 2006
69 de 87 usuarios han encontrado esta crítica útil
La califico como bella y exacta, por el excelente manejo de la metáfora a través de las estaciones del año, con las etapas de la vida, un filme sin muchos diálogos y dónde las acciones absorben importancia y las explicaciones sobran. La enseñanza y el aprendizaje presentes a diario durante nuestra existencia, la primera a cargo del viejo (lo tangible) y de las situaciones (lo intangible), la segunda del joven o del inexperto, el cuál colocará las piezas del rompecabezas de acuerdo a las experiencias y a lo comprendido en etapas anteriores.

El antagonista será interpretado por la adversidad, y el protagonista es el valor de cada quién para afrontar los problemas y asimilarlos. Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (AKA Las estaciones de la vida) de manera correcta la coloco en cine de arte, pero erróneamente se puede catalogar como una película para intelectuales, al contrario es para un público general, al que en lugar de considerarlo como inferior o masa, esta habido de una mejor apreciación del cine y que mejor ejemplar. La obra de Ki-Duk Kim no se puede ver por primera vez en casa, es una película apta para la sala de cine, en la cual los distractores están en segundo plano. No permitamos que la gente se conforme con lo brindado por la televisión y sus productos basura o todo el bombardeo de publicidad para películas olvidables y sin ningún valor.
Ha Yeo-jin & Oh Young-soo
El auge del cine surcoreano es notable y no se estanca en género alguno o temática central en sus producciones, recorre el suspenso (Two sisters), la tragedia (Old boy, Sympathy for Lady Vengeance, Bin Jip, la Samaritan Girl) el bélico (Lazos de Guerra), el thriller (Memories of Murder) o el terror (Phone, Red eye) y nos muestra una gran variedad. La curiosidad por parte del espectador en cuanto al cine surcoreano, hace salas de cine aceptablemente llenas, factor importante para las distribuidoras y la importación de cintas diferentes y de alto impacto provenientes de este país.

¿Qué sigue para el resto del 2006 y el 2007? Esperemos que siga llegando la calidad.
9
16 de octubre de 2007
52 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director coreano nos conduce por un espiritual, hermoso, sensorial y duro viaje simbólico por la vida. Un viaje fascinante que refleja el ciclo perpetuo de la naturaleza: desde el orto al ocaso, desde el despertar de un nuevo ser vivo hasta su decadencia, pasando por las diversas etapas que definen la existencia: la inquieta e irreflexiva juventud, la expiación de los errores, la resignación, la experiencia y la sabiduría, la necesidad de transmitir nuestro legado a la siguiente generación, la preparación para la muerte...

PRIMAVERA
La naturaleza despierta de su letargo invernal. Una explosión de vibrante energía recorre el bosque, cubriéndolo de brotes de intenso verdor. Las especies se reproducen, sienten la llamada de la perpetuación y crean nuevas réplicas de sí mismas. Los nuevos retoños comienzan a crecer y a dar sus primeros pasos por el camino de la existencia, un camino que es al mismo tiempo incierto e inmutable, cambiante y reiterativo.
El nuevo ser empieza su aprendizaje, que le prepara para sus andanzas por el mundo. Juega, ríe despreocupadamente, comete travesuras que le van enseñando el valor de la culpa y del respeto hacia la vida y los sentimientos ajenos. Es un potrillo jugando a descubrir las maravillas que le rodean, aventurándose, equivocándose, empapándose de vivencias y recuerdos que irán construyendo los cimientos de su personalidad.
Y, junto al pequeño cachorro, su tutor y maestro, que ha acumulado la suficiente sabiduría como para saber guiar suave y firmemente a su pupilo, mostrándole las grandes lecciones que el cachorro debe interiorizar para madurar.

VERANO
La naturaleza ha eclosionado en un estallido irreprimible y la savia corre a raudales por las venas en su plenitud.
El aprendiz se ha convertido en un joven impetuoso atormentado por sus pasiones, por las urgencias de su cuerpo joven y fogoso. Se abandona al deleite de los sentidos, a la fuerza irresistible del amor, a la inocencia de los primeros goces de la pasión.
Ciego y sordo, el joven ignora las advertencias y los consejos de la voz de la experiencia. El maestro sabe muy bien que no se puede detener con una mano un estruendoso y caudaloso torrente, y lo deja seguir su curso y cometer sus propios errores. Nadie aprende por cabeza ajena y todos tenemos derecho a meter la pata por nuestra propia iniciativa.
Sigo en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
OTOÑO
Época en la que comienza la madurez del follaje, en la que las hojas se desprenden de su fuente de vida para ir a morir sobre la tierra cansada. Todos los tonos del ocre, del amarillo y del rojo dominan el paisaje difundiendo su mensaje de digna decadencia.
Sobre el aprendiz se cierne la rabia por las decepciones padecidas, el arrepentimiento por sus errores, el sufrimiento por todas las puñaladas que la vida le ha asestado. Y se somete a un nuevo aprendizaje. El aprendizaje de la expiación de las culpas, de la resignación y la aceptación, mientras su maestro le ayuda con firmeza a atravesar por esta dura etapa.

INVIERNO
Todo el paisaje queda paralizado en una muerte de hielo, congelado en su blancura nívea que confiere una quietud casi sobrenatural.
El aprendiz se transforma a su vez en maestro. Habiendo interiorizado y canalizado los dolores sufridos, habiéndose conformado y reconciliado consigo mismo, se sumerge en su plenitud, en una madurez tocada por la contemplación, la reflexión y la compasión.
Y PRIMAVERA...
La naturaleza despierta de su letargo invernal. Una explosión de vibrante energía recorre el bosque, cubriéndolo de brotes de intenso verdor. Las especies se reproducen, sienten la llamada de la perpetuación y crean nuevas réplicas de sí mismas. Los nuevos retoños comienzan a crecer y a dar sus primeros pasos por el camino de la existencia, un camino que es al mismo tiempo incierto e inmutable, cambiante y reiterativo...
El nuevo ser empieza su aprendizaje, que le prepara para sus andanzas por el mundo. Juega, ríe despreocupadamente, comete travesuras que le van enseñando el valor de la culpa y del respeto hacia la vida y los sentimientos ajenos. Es un potrillo jugando a descubrir las maravillas que le rodean, aventurándose, equivocándose, empapándose de vivencias y recuerdos que irán construyendo los cimientos de su personalidad.
Y, junto al pequeño cachorro, su tutor y maestro, que ha acumulado la suficiente sabiduría como para saber guiar suave y firmemente a su pupilo, mostrándole las grandes lecciones que el cachorro debe interiorizar para madurar...
Vuelta a empezar.

Todo es un gran ciclo. Las estaciones. La vida y la muerte. El día y la noche. Los años.
8
13 de febrero de 2011
38 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las mayores diferencias entre el arte occidental y el oriental se aprecia en la organización de las figuras en el espacio.

El arte occidental establece jerarquía entre unas figuras, por una parte, y por otra un fondo que las realza, para que protagonicen.

En el arte oriental no existe esa jerarquía compositiva: todos los elementos se integran con el mismo valor en un todo. Humanos, árboles, animales, olas, montañas, ríos o lagos aparecen tratados con igual importancia, y todos ellos son definidos en función de amplios vacíos, porque se considera que el vacío, la ausencia de forma, es clave esencial de la composición.

En el todo de esta película también participa el Tiempo, que gira en ciclos y origina cuanto ocurre en ese lago rodeado de montañas donde flota el diminuto monasterio: la maduración del monje, que corrige a su discípulo infantil cuando maltrata a los animales del lugar; después, la agitación hormonal del discípulo adolescente cuando llega una visitante atractiva. En otra estación del ciclo, el discípulo joven se ausenta, y en otra regresa.
Oh Young-soo
No hay especial agitación ni especial psicología. En un momento, el hielo es lo principal; en otro, una estatuilla búdica; en otro, los signos caligráficos a tallar en la madera del suelo.

Las cinco estampas, filmadas con mucha materia visual y apenas diálogo, se presentan sin énfasis porque no buscan seducir al espectador ni explicarle nada. Tan sólo dejarse impregnar por ese motor invisible, y por el girar con que se manifiesta impersonal, inapelable: el Tiempo.

Vuelven las estaciones, se suceden las edades de la vida, los personajes son y no son los mismos. A la vez arquetipos e individuos, el propio Kim Ki-duk se introduce en su serena obra y encarna a uno de ellos. Que no haya gritos, carreras o crispación, que abunden silencios y vacío, no significa que falte la intensidad. El autor no puede estar más dentro de su creación, dándole pulso.
Es otra distancia, simplemente. Y otro ‘tempo’.
7
25 de marzo de 2007
42 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nadie puede negar que el nuevo cine oriental está alcanzando unas cotas estéticas altísimas en los últimos tiempos.

Pero creo que algunos también convendrán que tanta belleza formal resulta en muchos casos un envoltorio exagerado para el nimio contenido que encontramos dentro.

O bien hay poca chicha (caso de Hero, las Dagas Voladoras...) o bien hay un esfuerzo argumental que acaba resultando pobre (y aquí es donde yo encuadraría el paseo por las estaciones vitales que nos propone Kim Ki-Duk)

Aunque claro, luego también hay casos en los que la forma y el contenido se funden en algo intangible y superior (El Camino a Casa, Old Boy o Dolls), aunque no suele ser lo habitual.

En definitiva, el sabor que me deja esta película es como el de esa conocida salsa oriental: agridulce.

Bella pero inverosímil.
Lenta pero agradable.
Evocadora pero previsible.
Aleccionadora pero moralista.
Buena pero no redonda.
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