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Críticas 145
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
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3 de abril de 2012
29 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
El mensaje de la película es claro, cristalino, diría yo: Hay que leer tebeos de Dick Tracy y novelitas sencillas. Si acaso, eventualmente, algún periódico, pero sin exagerar, porque la prensa oficial sólo servirá para alejaros de la realidad. No lo dudeis, amigos. Así, no sólo podréis trabajar para la inteligencia americana, llegando a la oficina a la hora que os salga del pijo, y ronear en los bares de vuestra vasta cultura, ya que sabréis de la precocidad de Mozart o del escaso éxito en vida de Van Gogh, si no que además, si por un casual entran en el curro mientras bajáis a por la comida, y matan a todos vuestros compañeros, estaréis preparados para sobrevivir a la maquinaria del estado, puesta en marcha a su más alto nivel para eliminaros, porque vuestra sabiduría les resultará incomoda. Pero no temáis, porque los conocimientos adquiridos con la lectura de esta literatura fácil, os permitirán sobreponeros a la situación, para desenmascarar una conspiración que encierra una trama dentro de una intriga, mientras enamoráis, con la sensibilidad de la que os empapará esos libritos, a cualquier fémina que se cruce en vuestro camino, pasando, gracias a vuestro encanto, de asustado rehén a comprometido cómplice de vuestras aventuras... que os vais a hartar de follar, vamos. ¡Y no sólo eso! ¡Leed comics criaturas! Sólo así podréis vencer en lucha sin igual a agentes especializados armados con ametralladoras, con la única ayuda de un palo de los de menear la candela, y el flas de la cámara de fotos. Y podréis entrar en las mansiones de los jefazos que mueven el cotarro, por la patilla. Y lo mejor de todo, ¡podréis caminar bajo la lluvia, no chiribiri finito, sino goterones gordos de los de Gene Kelly, sin mojaros! ¿A que mola?
Pues no lo dudéis, amigos. A comprar el último de Dick Tracy. Si no, seréis unos mediocres, incapaces ni siquiera de seguir la trama de una película como ésta.
15 de enero de 2020
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
No usa ceñidas y elásticas prendas de licra, diseñadas para cincelar un cuerpo artificial, más apropiadas para la seducción que para el combate. Viste más bien de Decathlon; las botas altas con tacones valen para una pasarela, pero no son apropiadas para huir campo a través. No lanza rayos láser por los ojos, ni viene de otro planeta. No es de la Márvel, ni de la DC, y se agradece, porque empezamos a estar ya un poco hasta los kriptones de tanta supermana...pero es una superhéroe. Lucha sola contra un enemigo despiadado y poderoso que quiere destruir a la humanidad, y la propia Tierra, a la que defiende y ama, es la que le cede parte de su fuerza, dándole poder y protección. Es la Mujer de la Montaña.
Como le ocurre a la mujer actual, le resulta difícil conciliar su vocación profesional con su otra pasión, que es ser madre. El egocéntrico bátman, el narcisista superman o el pedante spiderman se enfrentarán continuamente a poderosos y maléficos archienemigos, pero nunca a una decisión que, por otra parte, es la que afrontan nuestras mujeres de a pie en su día a día. Es difícil conciliar la vida familiar y la laboral cuando quieres salvar la tierra.
22 de enero de 2012
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kenneth Branagh nos presentó hace ya más de una década una revisión de la novela romántica Frankenstein, de Mary Shelley que, gracias a la magnífica labor cultural que está desarrollando en torno al séptimo arte una cadena televisiva, pudimos ver hace unos días.
La película es mala, muy mala. Personajes mal trazados, giros emocionales inverosímiles, interpretaciones ofensivas al mínimo buen gusto, diálogos pueriles...son algunos de los defectos de la cinta. A mí me ha parecido más parecida a la película de culto, por patética, "plan 9 del espacio exterior", que a la novela decimonónica. "Descargas eléctricas en la pituitaria, así resucitaremos a los muertos...", decía el personaje creado por Ed Wood. Y es que, como abandoné la difícil tarea de tragarme tal pestiño a mitad de faena, no pude ver los títulos de crédito, pero tengo entendido que el asesoramiento científico estuvo a cargo de la pitonisa Lola.
Con todo, no son todos estos errores lo peor de la película, lo más criticable, siquiera porque son tristemente comunes en muchas de las superproducciones de nuestra época. Lo más censurable, en mi opinión, y es lo que justifica mi calificación, es que se haga tan flaco homenaje a lo que el tiempo ha convertido en uno de los iconos artísticos de nuestro siglo. Que se utilice un personaje universal, como Frankenstein, para elaborar un producto de consumo rápido en el que no se atisba el más mínimo gusto estético. Que un director con aires de grandeza desprecie una fuente inacabable de análisis de valores y contravalores humanos (la ambición desmedida, la autoconciencia del mal, el odio implícito a la masa humana, la mezcla de sentimientos opuestos que embargan a la criatura frente a su creador...), como es el mito del moderno Prometeo.
Kenneth Branagh
Hace unos días cerraron una conocida página que gestionaba el intercambio libre de archivos desde la red. Dicen que el creador de esta Web se ha enriquecido a costa de la imagen, las ideas y el trabajo ajeno...Pero otros personajes, como Keneth Branagh, también se han hecho de oro atrayendo a incautos como yo, tras apoderarse de algo que no le pertenece, para denigrarlo. Porque, en mi opinión, Frankenstein no es de Mary Shelley. Ni siquiera es de Whale. Y nunca será del ínclito Sr. Branagh. Frankenstein, como el Quijote, La Alhambra o la Venus de Milo es patrimonio de todos y cada uno de nosotros.
23 de mayo de 2016
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tarde o temprano, tenía que pasar. En este autoimpuesto compromiso de compartir mis reflexiones de cine con esta virtual audiencia, llegaría el momento de enfrentarse a una obra de tal magnitud, que siento que mis dedos se entumecen ante la tecla. La misma impotencia que pudiera sentir un egiptólogo que ama su profesión si le piden que describa las pirámides de Guiza, es la que siento cuando me enfrento al ordenata para hablar de otra de las máximas expresiones de la grandeza de la humanidad que es El Apartamento.

El apartamento es cine puro, es Jack Lemmon reflejado en el espejo roto de Fran. Es Shirley MacLaine corriendo desesperada y llena de esperanza al apartamento de Woody.

El apartamento es el consejo de un sabio, que nos recuerda que la bondad no está reñida con el respeto a uno mismo.

El apartamento es Billy Wilder, es un guión perfecto, y es un personaje que enamora con su grandeza humana.

El apartamento es una raqueta para escurrir los espaguetis, y es el maletín de un doctor y es la mujer de un jockey que está preso en Cuba, y es un Daikiri helado, y es una partida de Ramiro.
El apartamento es un tratado de sociología, que retrata una sociedad vertical con ascensores que suben y bajan, un edificio impersonal lleno de gente que escupe hacia abajo mientras adula a los de arriba.

El apartamento es optimismo y crudeza, es una historia de aprovechados y de víctimas, es la mejor historia de amor que podamos imaginar, es simple y compleja, es amor y humor, es poesía.

El apartamento es...perfecto
3 de abril de 2012
9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace unas semanas pude disfrutar de una gran película de John Ford, "El joven Lincoln", cinta que me ayudó a confirmar la opinión de que el estadounidense es uno de los creadores de belleza más importante del pasado siglo. Ahora, que acabo de ver "Dos cabalgan juntos", esta impresión está, si cabe, más afianzada aún en mi alma cinéfila: John Ford es un genio.

El título de la película se refiere a la relación que reemprenden dos viejos conocidos, cuando se reencuentran para afrontar juntos una misión diplomática encaminada a negociar con una tribu india la liberación de familiares de colonos, que fueron tomados como rehenes años atrás. Este argumento es la base que usa John Ford para invitarnos a reflexionar sobre aspectos tan presentes entonces como hoy, como son el racismo y la xenofobia, la fuerza de la cultura como elemento modulador de nuestra identidad, el autoengaño al que recurrimos para intentar endulzar una existencia amarga, el peso de los recuerdos de nuestra infancia, o el idealismo como actitud sólo entendible en quien aún no conoce la auténtica naturaleza egoista y caprichosa del pueblo. Y todo ello en una atmósfera de fino humor, contado de una manera sencilla, que contrasta con la riqueza del mensaje, con su infinidad de matices, tan característica del estilo del director norteamericano. El único punto débil que encuentro en la película es que este fondo de gracia inunda espacios de profunda carga dramática, restando credibilidad a alguna escena concreta, aunque, en general, el humor esté perfectamente integrado con el mensaje profundamente pesimista del film.
Richard Widmark & James Stewart
El peso de la historia, de tintes quijotescos, recae sobre los dos protagonistas, en los que queda perfectamente reflejada desde el primer momento la naturaleza pragmática, cínica y acomodada del uno, en contraste con el carácter idealista, responsable y abnegado del otro. Unas botas lustradas apoyadas en la baranda del porche de un bar, frente a un sucio uniforme, deslucido prematuramente por el polvo seco del desierto. Estas personalidades tan dispares presentan sin embargo un nexo común, que el desarrollo de los acontecimientos irá haciendo cada vez más presente, de manera que, finalmente, descubrimos en ambos personajes una misma condición de amor a las causas justas. Como si Don Quijote y Sancho dejaran por un momento las cercanas tierras manchegas para adentrarse en las extensas llanuras del oeste americano.

En definitiva, un relato profundo en su sencillez, bien presentado y mejor contado, que sólo puede aflorar de un admirable maestro al que, como buscadores de belleza, admiramos sinceramente. Un genio como John Ford.
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