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7
3 de enero de 2026
3 de enero de 2026
95 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil
Impresión inicial
Si no has leído nada antes, la película te lo pone fácil: en unos 15–20 minutos ya estás dentro. La presentación de personajes está medida con inteligencia: pequeñas escenas, gestos, silencios y roces cotidianos que te permiten “radiografiar” a casi toda la gente del pueblo. Y entonces ocurre lo importante: dejas de mirar una historia y empiezas a vivirla.
Fotografía, escenografía y ritmo
Aquí no hay fuegos artificiales: hay oficio. La luz, los tonos y la atmósfera generada por el propio pueblo son un decorado perfecto. Rincones, escaleras, interiores humildes, calles que guardan memoria… Todo se siente usado, real, que no se fabrica en estudio. El ritmo es medido, sin prisas, pero sin pausa; drama, tristeza y humor aparecen en su momento, y la música tradicional entra y sale como una marea que sube y baja.
Actuaciones y personajes
María Vázquez y Javier Gutiérrez sostienen la historia desde un lugar muy humano: no “empujan ni agobian”. La emoción la dejan aparecer. Y lo mejor es que el reparto acompaña: cada uno encaja con su papel, como si realmente fueran tus amigos o tus vecinos, a quienes conoces aunque no sepas su apellido.
Si no has leído nada antes, la película te lo pone fácil: en unos 15–20 minutos ya estás dentro. La presentación de personajes está medida con inteligencia: pequeñas escenas, gestos, silencios y roces cotidianos que te permiten “radiografiar” a casi toda la gente del pueblo. Y entonces ocurre lo importante: dejas de mirar una historia y empiezas a vivirla.
Fotografía, escenografía y ritmo
Aquí no hay fuegos artificiales: hay oficio. La luz, los tonos y la atmósfera generada por el propio pueblo son un decorado perfecto. Rincones, escaleras, interiores humildes, calles que guardan memoria… Todo se siente usado, real, que no se fabrica en estudio. El ritmo es medido, sin prisas, pero sin pausa; drama, tristeza y humor aparecen en su momento, y la música tradicional entra y sale como una marea que sube y baja.
Actuaciones y personajes
María Vázquez y Javier Gutiérrez sostienen la historia desde un lugar muy humano: no “empujan ni agobian”. La emoción la dejan aparecer. Y lo mejor es que el reparto acompaña: cada uno encaja con su papel, como si realmente fueran tus amigos o tus vecinos, a quienes conoces aunque no sepas su apellido.

Daniel Sánchez Arévalo & Judith Fernández
Hubo un momento en el que dudé hacia dónde quería llevarme la película… y esa duda, lejos de sacarme, me hizo pensar: cuando la vida parece resuelta, a veces llega una noticia y te reordena. No por crueldad, sino porque el tiempo no negocia: simplemente pasa, avanza y recuerda.
Recomendación final
La recomiendo sin dudar. No es “super cartelera” en el sentido ruidoso, pero sí es de esas películas que te devuelven algo: te recuerdan que una tradición —una banda, un ensayo, un objetivo compartido— puede convertirse en un refugio y una brújula. Porque cuando un grupo de personas decide caminar a la vez, aunque sea durante un rato, pasan dos cosas: se sostienen y se transforman. Y eso, en el fondo, es lo más humano que tenemos.
Reflexión final
Me quedo con lo que ocurre cuando todo parece encarrilado y, de repente, el tiempo gira la ruleta. El pueblo —que para mí es un símil de la vida— aprende que no existe “final cerrado”, solo continuidad. En el budismo se habla de “anicca”, la impermanencia: nada permanece igual, ni lo bueno ni lo malo. Como en el “kintsugi”, esa forma de reparar la cerámica rota con oro. No se borra la grieta: se la reconoce, se la honra, y se sigue viviendo.
Recomendación final
La recomiendo sin dudar. No es “super cartelera” en el sentido ruidoso, pero sí es de esas películas que te devuelven algo: te recuerdan que una tradición —una banda, un ensayo, un objetivo compartido— puede convertirse en un refugio y una brújula. Porque cuando un grupo de personas decide caminar a la vez, aunque sea durante un rato, pasan dos cosas: se sostienen y se transforman. Y eso, en el fondo, es lo más humano que tenemos.
Reflexión final
Me quedo con lo que ocurre cuando todo parece encarrilado y, de repente, el tiempo gira la ruleta. El pueblo —que para mí es un símil de la vida— aprende que no existe “final cerrado”, solo continuidad. En el budismo se habla de “anicca”, la impermanencia: nada permanece igual, ni lo bueno ni lo malo. Como en el “kintsugi”, esa forma de reparar la cerámica rota con oro. No se borra la grieta: se la reconoce, se la honra, y se sigue viviendo.

Tamar Novas & Carlos Blanco
Quizá la esperanza de Rondallas no esté en que el dolor desaparezca, sino en algo más realista y más bello: que el dolor se integra.
Al final, el tiempo no es juez ni verdugo: es maestro. Te quita cosas, sí… pero también te devuelve otras: el pulso, la risa, la música, el nosotros. Y te recuerda algo simple: lo que pasó, ya pasó; lo que tienes, sucede ahora. Si el pueblo puede levantarse y afinar otra vez, quizá nosotros también.
Al final, el tiempo no es juez ni verdugo: es maestro. Te quita cosas, sí… pero también te devuelve otras: el pulso, la risa, la música, el nosotros. Y te recuerda algo simple: lo que pasó, ya pasó; lo que tienes, sucede ahora. Si el pueblo puede levantarse y afinar otra vez, quizá nosotros también.
3
6 de septiembre de 2025
6 de septiembre de 2025
50 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
Personalmente, no me ha enganchado. Es posible que la intención de la película fuera ofrecer una narración íntima, profunda y real, pero, a excepción de algunas secuencias con cierta intención, la planitud de la cinta, su serenidad y linealidad resultan aburridas.
Creo que un largometraje con una duración más corta y con más fuerza interpretativa podría haberme atrapado mejor. Sin embargo, esto es solo una opinión, y las sensaciones sobre el cine son tan diversas como los espectadores que lo ven.
La cinematografía tampoco me ha cautivado; la noté básica, contextual y natural, sin grandes efectos de luz, planos o secuencias que acompañen la interpretación. Sin embargo, debo admitir que, quizás debido a la simplicidad de la película, esos elementos no habrían encajado adecuadamente.
En resumen, no la recomendaría. No veo un mensaje claro más allá de la tragedia que la droga causa en una pareja joven y el enfrentamiento a un matriarcado exigente, inmerso en el "qué dirán" de la sociedad de esa época.
Creo que un largometraje con una duración más corta y con más fuerza interpretativa podría haberme atrapado mejor. Sin embargo, esto es solo una opinión, y las sensaciones sobre el cine son tan diversas como los espectadores que lo ven.
La cinematografía tampoco me ha cautivado; la noté básica, contextual y natural, sin grandes efectos de luz, planos o secuencias que acompañen la interpretación. Sin embargo, debo admitir que, quizás debido a la simplicidad de la película, esos elementos no habrían encajado adecuadamente.
En resumen, no la recomendaría. No veo un mensaje claro más allá de la tragedia que la droga causa en una pareja joven y el enfrentamiento a un matriarcado exigente, inmerso en el "qué dirán" de la sociedad de esa época.
Considero que la película es ligera en cuanto a su contenido, como si careciera de un equipaje narrativo más robusto.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En "Romería", dirigida por Carla Simón, seguimos a Marina, quien emprende una búsqueda profunda de su identidad. La trama se centra en su incertidumbre sobre si fue adoptada o abandonada, lo que la motiva a explorar su pasado y descubrir qué sucedió en su infancia. A lo largo de su viaje, Marina se encuentra con sus abuelos y tíos, quienes han construido una familia enraizada en una sociedad marcada por el "qué dirán".
La película presenta un retrato vívido de las dinámicas familiares y las expectativas sociales que influyen en la vida de Marina. A medida que avanza la historia, se revelan detalles sobre la trayectoria de sus padres, lo que aporta un contexto emocional y dramático a su búsqueda.
Aunque el filme no concluye con una respuesta clara sobre el futuro de Marina, sí ofrece un mensaje directo, atrevido y realista sobre las complejidades de la identidad y las relaciones familiares. La narrativa es tan auténtica que podría considerarse un reflejo de la vida real, como la historia que podría contar cualquier hijo o hija con una inquietud genuina por conocer sus raíces.
La película presenta un retrato vívido de las dinámicas familiares y las expectativas sociales que influyen en la vida de Marina. A medida que avanza la historia, se revelan detalles sobre la trayectoria de sus padres, lo que aporta un contexto emocional y dramático a su búsqueda.
Aunque el filme no concluye con una respuesta clara sobre el futuro de Marina, sí ofrece un mensaje directo, atrevido y realista sobre las complejidades de la identidad y las relaciones familiares. La narrativa es tan auténtica que podría considerarse un reflejo de la vida real, como la historia que podría contar cualquier hijo o hija con una inquietud genuina por conocer sus raíces.
24 de diciembre de 2025
24 de diciembre de 2025
30 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Impresión inicial
Keeper se presenta como una incógnita: lenta, suave, casi hipnótica. Al principio no deja ver su verdadera esencia y, desde luego, no parece un drama… todavía. Hay un “feeling” extraño, como si la película hablara entre líneas, a base de miradas y encuadres, preparando el terreno para un estallido visual que llega más adelante.
Fotografía, escenografía y ritmo
Su fotografía es atípica y deliberadamente incómoda: planos cortos, fragmentados, torcidos, reflejados, invertidos, sobreexpuestos y con dobles exposiciones. Es casi un catálogo de recursos controvertidos, sostenido por una música que los empuja y les da sentido. De pronto, silencio sepulcral… y vuelta al caos visual. Si hablamos de ritmo, esto no es un vals: es rock, con golpes, pausas y acelerones. Incluso los efectos (o “maquillajes” visuales) juegan a alterar lo cotidiano: lo familiar se transforma en algo viscoso, raro, como si la realidad estuviera ligeramente “contaminada”.
Keeper se presenta como una incógnita: lenta, suave, casi hipnótica. Al principio no deja ver su verdadera esencia y, desde luego, no parece un drama… todavía. Hay un “feeling” extraño, como si la película hablara entre líneas, a base de miradas y encuadres, preparando el terreno para un estallido visual que llega más adelante.
Fotografía, escenografía y ritmo
Su fotografía es atípica y deliberadamente incómoda: planos cortos, fragmentados, torcidos, reflejados, invertidos, sobreexpuestos y con dobles exposiciones. Es casi un catálogo de recursos controvertidos, sostenido por una música que los empuja y les da sentido. De pronto, silencio sepulcral… y vuelta al caos visual. Si hablamos de ritmo, esto no es un vals: es rock, con golpes, pausas y acelerones. Incluso los efectos (o “maquillajes” visuales) juegan a alterar lo cotidiano: lo familiar se transforma en algo viscoso, raro, como si la realidad estuviera ligeramente “contaminada”.

Actuaciones y personajes
El reparto es mínimo (apenas unos pocos actores en toda la película) y las actuaciones son contenidas, casi planas a propósito. Hay un romanticismo que se intuye más que se siente; la interacción parece escrita, medida, como si el director quisiera que notáramos la construcción. Eso puede desconcertar: a ratos no sabes si estás viendo una historia “real” o un experimento narrativo. Y ahí está su apuesta: más que buscar empatía inmediata, busca inquietud.
Recomendación
Si te gusta lo raro y te sobra tiempo, adelante. Pero si estás pensando en pagar por verla, yo me lo ahorraría: Keeper se queda en pose. Está prácticamente encerrada en un espacio mínimo (parece rodada en 300 metros cuadrados) y, más que claustrofobia narrativa, transmite falta de recorrido. Los personajes no generan empatía, las relaciones se sienten mecánicas y la película no te da un anclaje emocional ni intelectual que compense el experimento. Al final sales igual que entras, pero con la sensación de haber invertido dos horas en un “ejercicio de estilo” que no termina de justificar su existencia. No la recomiendo.
El reparto es mínimo (apenas unos pocos actores en toda la película) y las actuaciones son contenidas, casi planas a propósito. Hay un romanticismo que se intuye más que se siente; la interacción parece escrita, medida, como si el director quisiera que notáramos la construcción. Eso puede desconcertar: a ratos no sabes si estás viendo una historia “real” o un experimento narrativo. Y ahí está su apuesta: más que buscar empatía inmediata, busca inquietud.
Recomendación
Si te gusta lo raro y te sobra tiempo, adelante. Pero si estás pensando en pagar por verla, yo me lo ahorraría: Keeper se queda en pose. Está prácticamente encerrada en un espacio mínimo (parece rodada en 300 metros cuadrados) y, más que claustrofobia narrativa, transmite falta de recorrido. Los personajes no generan empatía, las relaciones se sienten mecánicas y la película no te da un anclaje emocional ni intelectual que compense el experimento. Al final sales igual que entras, pero con la sensación de haber invertido dos horas en un “ejercicio de estilo” que no termina de justificar su existencia. No la recomiendo.

Reflexión final
Keeper deja más preguntas que respuestas: inquietudes, deseos de encontrar el reflejo de la realidad, un “súper yo” llamando a la puerta y un cierto derroche de estilo. Al final, la sensación es esa: aquí lo importante no es tanto “qué pasa”, sino cómo te lo hacen mirar.
Keeper deja más preguntas que respuestas: inquietudes, deseos de encontrar el reflejo de la realidad, un “súper yo” llamando a la puerta y un cierto derroche de estilo. Al final, la sensación es esa: aquí lo importante no es tanto “qué pasa”, sino cómo te lo hacen mirar.
2 de mayo de 2025
2 de mayo de 2025
31 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Demasiado lenta, tranquila y pausada, quizás “La buena letra” sea un sinónimo de “Como Dios manda”. La historia de Tomás (Roger Casamayor) y Antonio (Enric Auquer) es una analogía perfecta para dividir dos caras de una misma moneda; podríamos ser del grupo de la Opción A: Tomases-Anas o de los de la Opción B: Antonios-Isabeles.
Dos hermanos que nacen y crecen en un mismo entorno, pero con inquietudes completamente diferentes. Me recordaba la parábola de los talentos (moneda romana), en la que un padre entrega uno a cada uno de sus hijos y, pasado un tiempo, les pide cuentas de lo que hicieron con ellos.
En la época a la que se refiere la historia, como hoy mismo, hay Tomases y Antonios. Los de la Opción A son los que hacen lo que Dios manda, sin salirse de un esquema impuesto. Uso el término “opción” porque muchas veces, no todas, es eso, una opción.
En la Opción A, se vive la vida con un orden y una estructura que dictan incluso lo que tienes o no tienes que pensar, decir o hacer. A veces no lo sabes o no te lo planteas; todo es, como crees que tiene que ser, "la buena letra".
Dos hermanos que nacen y crecen en un mismo entorno, pero con inquietudes completamente diferentes. Me recordaba la parábola de los talentos (moneda romana), en la que un padre entrega uno a cada uno de sus hijos y, pasado un tiempo, les pide cuentas de lo que hicieron con ellos.
En la época a la que se refiere la historia, como hoy mismo, hay Tomases y Antonios. Los de la Opción A son los que hacen lo que Dios manda, sin salirse de un esquema impuesto. Uso el término “opción” porque muchas veces, no todas, es eso, una opción.
En la Opción A, se vive la vida con un orden y una estructura que dictan incluso lo que tienes o no tienes que pensar, decir o hacer. A veces no lo sabes o no te lo planteas; todo es, como crees que tiene que ser, "la buena letra".

Pero siempre podría estar la Opción B, que rara vez coincide con lo que “debería”.
Las actuaciones transmiten perfectamente lo que se busca destacar, contar o, mejor dicho, hacer pensar, reflexionar
Ana (Loreto Mauleón) presenta una interpretación exagerada para su grupo Opción A: muy seria, distante y fría, casi como un robot, creación de IA. Pero, lo hace muy bien, sigue el guion al detalle, creo que deberían haberla humanizado un poco más; responsabilidad del director, no de la actriz. El único atisbo de felicidad que podemos intuir es unas pequeñas muecas, escasas, que se asemejan a una sonrisa, tiene miedo a reir, podría ser pecado.
La iluminación de la cinta me ha gustado; es casi monocromática, con unas notas de color asociadas al grupo Opción B, que quedan perfectas, pero sin pasarse, siguiendo ese concepto de binomio luz-color estable y ordenado.
Es una película para reflexionar sobre ideas como: oportunistas, oportunidades, resignaciones, sueños, frustraciones, prohibiciones, valentías... y quizás lo más importante: ¿qué haces con los “talentos que te dieron”?
Las actuaciones transmiten perfectamente lo que se busca destacar, contar o, mejor dicho, hacer pensar, reflexionar
Ana (Loreto Mauleón) presenta una interpretación exagerada para su grupo Opción A: muy seria, distante y fría, casi como un robot, creación de IA. Pero, lo hace muy bien, sigue el guion al detalle, creo que deberían haberla humanizado un poco más; responsabilidad del director, no de la actriz. El único atisbo de felicidad que podemos intuir es unas pequeñas muecas, escasas, que se asemejan a una sonrisa, tiene miedo a reir, podría ser pecado.
La iluminación de la cinta me ha gustado; es casi monocromática, con unas notas de color asociadas al grupo Opción B, que quedan perfectas, pero sin pasarse, siguiendo ese concepto de binomio luz-color estable y ordenado.
Es una película para reflexionar sobre ideas como: oportunistas, oportunidades, resignaciones, sueños, frustraciones, prohibiciones, valentías... y quizás lo más importante: ¿qué haces con los “talentos que te dieron”?
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En un pueblo cualquiera, un matrimonio con una hija y la abuela que vive con ellos llevan una vida esquemática y sencilla.
Ana trabaja haciendo arreglos de costura, mientras que Tomás es un jornalero. La película cuenta la historia de esta familia en el entorno de la posguerra civil, en la que el hermano de Tomás, Antonio, parece haber sido encarcelado y todos lo daban por muerto.
Para calmar la agonía de su madre por su hermano, Tomás se le ocurre pedirle a Ana, su esposa, que imite la letra de Antonio y simule que ha llegado una carta para su madre, en la que Antonio le dice que está bien y que está viajando por el mundo.
Sin embargo, la aparición repentina de Antonio altera la estructura “perfecta” de la familia. A diferencia de su hermano, él es una antítesis de Tomás: un personaje vividor que no tiene otra intención que disfrutar de la vida, ganar dinero y vivir sin someterse demasiado a normas y restricciones.
Pone frente a frente dos personalidades, la del trabajador como Dios manda frente al controvertido, rebelde, transgresor con visiones muy diferentes, la sangre les une pero la mente no.
Ana trabaja haciendo arreglos de costura, mientras que Tomás es un jornalero. La película cuenta la historia de esta familia en el entorno de la posguerra civil, en la que el hermano de Tomás, Antonio, parece haber sido encarcelado y todos lo daban por muerto.
Para calmar la agonía de su madre por su hermano, Tomás se le ocurre pedirle a Ana, su esposa, que imite la letra de Antonio y simule que ha llegado una carta para su madre, en la que Antonio le dice que está bien y que está viajando por el mundo.
Sin embargo, la aparición repentina de Antonio altera la estructura “perfecta” de la familia. A diferencia de su hermano, él es una antítesis de Tomás: un personaje vividor que no tiene otra intención que disfrutar de la vida, ganar dinero y vivir sin someterse demasiado a normas y restricciones.
Pone frente a frente dos personalidades, la del trabajador como Dios manda frente al controvertido, rebelde, transgresor con visiones muy diferentes, la sangre les une pero la mente no.
10 de mayo de 2025
10 de mayo de 2025
24 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rencor, odio, desazón, frustración, miedo, dolor, rabia... podríamos seguir y seguir enumerando palabras que describen emociones que otras personas nos hacen sentir. La esencia de esta película radica en eso.
No es una película convencional; está perfectamente enfocada en un gran mensaje del cual todos podríamos aprender.
Cuando el maestro aparece, tienes dos opciones: aprender la lección o repetirla y volver a pasar por ella.
Es una película rompedora, lejos del típico Hollywood de superhéroes. Aquí no los hay, o quizás deberíamos decir que sí, sí los hay, pero son de carne y hueso.
En esta película, si estás tanto, en un proceso de crecimiento personal o no, contrastarás posibles ventajas de aprender, incluso de tu enemigo más cruel y como hasta eso te puede hacer crecer. También entenderás que todos libran nuestras propias batallas y que lo que se asoma en la fachada puede ser muy diferente de lo que hay en el verdadero fondo, donde existe un abismo.
No es una película convencional; está perfectamente enfocada en un gran mensaje del cual todos podríamos aprender.
Cuando el maestro aparece, tienes dos opciones: aprender la lección o repetirla y volver a pasar por ella.
Es una película rompedora, lejos del típico Hollywood de superhéroes. Aquí no los hay, o quizás deberíamos decir que sí, sí los hay, pero son de carne y hueso.
En esta película, si estás tanto, en un proceso de crecimiento personal o no, contrastarás posibles ventajas de aprender, incluso de tu enemigo más cruel y como hasta eso te puede hacer crecer. También entenderás que todos libran nuestras propias batallas y que lo que se asoma en la fachada puede ser muy diferente de lo que hay en el verdadero fondo, donde existe un abismo.

Cuidado con las apariencias. El enemigo te dice o hace ver dónde tienes que trabajar su interior.
El trabajo de realización es notable. Aunque puede parecer que se hizo con un presupuesto limitado, el director ha logrado exprimir su esencia. Mantiene el hilo narrativo, capta la atención del espectador y aborda temas serios llenos de mensajes constantes y profundos. Sin embargo, hay momentos en que algunas escenas se estiran y estereotipan un poco y podrían haberse acortado, pero esto forma parte del entretenimiento. En una balanza, me quedo con un gran porcentaje de buen trabajo.
Creo que las interpretaciones carecen de algunos detalles. Quiero pensar, aunque no lo sé con certeza, que el director se vio un poco sobrepasado, pero supo salir del brete, aquí hay actores que no están acostumbrados a un protagonismo tan notable.
Bien, por la forma en que se expresa la letra de las canciones, el uso de rapeo lo borda y hace que el mensaje llegue más dentro.
El trabajo de realización es notable. Aunque puede parecer que se hizo con un presupuesto limitado, el director ha logrado exprimir su esencia. Mantiene el hilo narrativo, capta la atención del espectador y aborda temas serios llenos de mensajes constantes y profundos. Sin embargo, hay momentos en que algunas escenas se estiran y estereotipan un poco y podrían haberse acortado, pero esto forma parte del entretenimiento. En una balanza, me quedo con un gran porcentaje de buen trabajo.
Creo que las interpretaciones carecen de algunos detalles. Quiero pensar, aunque no lo sé con certeza, que el director se vio un poco sobrepasado, pero supo salir del brete, aquí hay actores que no están acostumbrados a un protagonismo tan notable.
Bien, por la forma en que se expresa la letra de las canciones, el uso de rapeo lo borda y hace que el mensaje llegue más dentro.
Mucho y largo que hablar de esta película que bien merece un debate entre “amigos” ó “enemigos”.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La película cuenta la historia de unos amigos que muestran sus lados aún no sanados a lo largo de sus diferentes formas de vida. Crecen entre el odio de una familia deshecha y el amor de una familia que intenta formarse. Es la vida de dos chicos que han crecido juntos en un barrio de clase media baja, con proyectos de vida y condiciones muy diferentes en entornos totalmente opuestos.
Por un lado, está Chimo, un chico noble y trabajador, criado con todo el apoyo de su madre, quien fue abandonada por su marido y lucha por sacar adelante a sus dos hijos. Ambos adolescentes han crecido luchando por salir adelante de formas distintas.
La película narra cómo una banda de delincuentes callejeros, que no respeta a nada ni a nadie, complica la vida de los vecinos, y especialmente la de Chimo, quien se siente débil y acobardado por sus inseguridades personales y su cojera.
A medida que avanza la historia, la vida les va poniendo en su lugar, mostrando cómo la vida delictiva tiene consecuencias y cómo, al final, aquellos que nunca necesitaron nada se ven impedidos por sus propias decisiones.
Por un lado, está Chimo, un chico noble y trabajador, criado con todo el apoyo de su madre, quien fue abandonada por su marido y lucha por sacar adelante a sus dos hijos. Ambos adolescentes han crecido luchando por salir adelante de formas distintas.
La película narra cómo una banda de delincuentes callejeros, que no respeta a nada ni a nadie, complica la vida de los vecinos, y especialmente la de Chimo, quien se siente débil y acobardado por sus inseguridades personales y su cojera.
A medida que avanza la historia, la vida les va poniendo en su lugar, mostrando cómo la vida delictiva tiene consecuencias y cómo, al final, aquellos que nunca necesitaron nada se ven impedidos por sus propias decisiones.
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