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Serie
2008Natxo del Agua (Creador), Rubén Ontiveros (Creador)
10
25 de abril de 2010
25 de abril de 2010
53 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace algunos años, la Consejería de Asuntos Sociales del Gobierno vasco encargó un estudio sobre la juventud de Euskadi. Este estudio, llevado a cabo en varios municipios, Basauri incluido, concluyó que la juventud vasca, con muy notables excepciones, se independiza tarde, se casa tarde, tiene hijos tarde, comienza a trabajar tarde, tiene sexo tarde, etc. Y de todos esos pueblos, Basauri descollaba por ser el de juventud más parada, más adolescente, que se independizaba más tarde, que apenas tenía relaciones sexuales...
Borja: "¡Tengo 30 años! ¡No puedo ser padre! ¡Soy muy joven aún!"
Todos los basauritarras entre los 20 y los 40 años saben que esto, convertido en una comedia muy divertida, es la triste y alineante verdad de nuestro pueblo, de nuestra comunidad y de todo el país. Y tiene mucho mérito que de ese triste entorno de jóvenes sentados en el sofá, jugando al Supermario con la cabeza entornada hacia la nada y la boca abierta, en expresión de vacío personal, sentimental, emocional, salga una visión acertada de lo que nos pasa, de lo que nos debería doler un poco más.
Cuánta razón tienen quienes dicen que viajar al extranjero cura ese mal llamado nacionalismo y ombliguismo colectivo. Conocer la realidad de países como Honduras, donde la gente con 20 años está casada, tiene casa e hijos, trabaja o estudia, o ambas cosas a la vez, es un shock que se acrecienta al ver cómo la gente de Europa, la sana y aislada gente de Europa, no sabe de qué va este mundo lleno de problemas. Es como ir a EEUU por primera vez y asombrarse de la cantidad de obesos mórbidos que hay en ese país. Llama la atención por comparación con lo nuestro, y estremece aún más que una sociedad avanzada se pueda esconder en su concha y pretender no ver lo exterior. Eso es el principio del fin de las civilizaciones.
Por eso destaco el valor de Ontiveros, Pérez y Caballero: han hecho un producto serio, riguroso y coherente, a partir de lo que tienen alrededor, del mismo modo que Joseph Conrad escribía de barcos o Isaac Asimov de ciencia. Todo ello con apenas cuatro duros, surgiendo de la nada y llegando muy alto. Auguro que dentro de cien, doscientos, trescientos años Qué Vida Más Triste será objeto de estudio para quienes quieran explicar la situación de esta sociedad consumista, apoltronada y estúpida, incapaz de hacer nada mientras agoniza.
Todos somos de Basauri, todos tenemos un padre tornero, todos estamos en el paro, todos somos hijos de la inmigración, todos vivimos con nuestros padres en un piso de protección construido en los años cincuenta. Qué vida más triste.
Borja: "¡Tengo 30 años! ¡No puedo ser padre! ¡Soy muy joven aún!"
Todos los basauritarras entre los 20 y los 40 años saben que esto, convertido en una comedia muy divertida, es la triste y alineante verdad de nuestro pueblo, de nuestra comunidad y de todo el país. Y tiene mucho mérito que de ese triste entorno de jóvenes sentados en el sofá, jugando al Supermario con la cabeza entornada hacia la nada y la boca abierta, en expresión de vacío personal, sentimental, emocional, salga una visión acertada de lo que nos pasa, de lo que nos debería doler un poco más.
Cuánta razón tienen quienes dicen que viajar al extranjero cura ese mal llamado nacionalismo y ombliguismo colectivo. Conocer la realidad de países como Honduras, donde la gente con 20 años está casada, tiene casa e hijos, trabaja o estudia, o ambas cosas a la vez, es un shock que se acrecienta al ver cómo la gente de Europa, la sana y aislada gente de Europa, no sabe de qué va este mundo lleno de problemas. Es como ir a EEUU por primera vez y asombrarse de la cantidad de obesos mórbidos que hay en ese país. Llama la atención por comparación con lo nuestro, y estremece aún más que una sociedad avanzada se pueda esconder en su concha y pretender no ver lo exterior. Eso es el principio del fin de las civilizaciones.
Por eso destaco el valor de Ontiveros, Pérez y Caballero: han hecho un producto serio, riguroso y coherente, a partir de lo que tienen alrededor, del mismo modo que Joseph Conrad escribía de barcos o Isaac Asimov de ciencia. Todo ello con apenas cuatro duros, surgiendo de la nada y llegando muy alto. Auguro que dentro de cien, doscientos, trescientos años Qué Vida Más Triste será objeto de estudio para quienes quieran explicar la situación de esta sociedad consumista, apoltronada y estúpida, incapaz de hacer nada mientras agoniza.
Todos somos de Basauri, todos tenemos un padre tornero, todos estamos en el paro, todos somos hijos de la inmigración, todos vivimos con nuestros padres en un piso de protección construido en los años cincuenta. Qué vida más triste.
24 de noviembre de 2010
24 de noviembre de 2010
27 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Reconozcámoslo: los españoles siempre hemos seguido con profusión las visiones noveladas que desde el extranjero han dibujado nuestra compleja forma de ser: desde los Cuentos de la Alhambra de Washington Irving hasta la afición taurómaca de Hemingway, pasando por las sanguíneas obras de Merimee o las pasiones españolas de Ava Gardner.
Nunca hemos dejado de sentir fascinación por la reproducción del tópico español, ni los extranjeros de visitar los lugares comunes de la esencia hispana.
También a este grupo de obra pertenece The Way, en la que Martin Sheen, cuyo verdadero nombre es Ramón Estévez, y su hijo Emilio Estévez homenajean a su abuelo, emigrante gallego en busca de una vida mejor allende nuestros mares. Reproducción de tópicos, sí, desde el vital y en cierto modo fanático personaje interpretado por la siempre estupenda Ángela Molina, la afición por los toros del historiador vasco, la locura de "El Ramón" (desarrollado con destreza por Eusebio Lázaro) o los gitanos de Burgos. A veces este tópico puede resultar falso, y sin embargo la fiesta gitana mostrada en la película, durante el paso de los peregrinos por Burgos, es completamente real: yo mismo he asistido a fiestas como ésta en mi pueblo, Basauri. El mapa de Euskal Herria que se puede ver en la comisaría de la Gerdarmería francesa es un toque también, que, siendo tópico, contribuye a romper la linealidad "perfecta" de la narración. A mí, al menos, me llamó la atención, y seguramente haga gracia a los abertzales que decidan ver el filme.
Esencia, además, básicamente descriptiva del camino y los lugares que cruza, con extraordinario interés en la descripción de las bellezas arquitectónicas y naturales atesoradas por nuestro camino a Santiago. Me llama la atención que debamos emocionarnos con lo nuestro cada vez que un extranjero glosa lo español, como si fuéramos en cierto modo incapaces de hacerlo por nosotros mismos. La próxima vez que vea una película española sobre el Camino o cualquier otro aspecto de nuestra cultura.
Quizá este interés descriptivo del camino reste interés a las historias personales de los personajes, que no terminan de crecer a partir de sus circunstancias iniciales. De todos modos, considero que es una pérdida aceptable, si la visión centra el enfoque en la descripción de España y su Camino de Santiago, tópico este en el que cae, quizá inconscientemente, el director Estévez al realizar la película. Responde de este modo a las pautas simples pero eficaces de autores extranjeros como Irving o Merimee. Enhorabuena, pues a Emilio Estévez y Martin Sheen. Creo que han realizado una película entretenida, aceptable, que nos divierte a los españoles por ser una visión nuestra desde fuera y a los extranjeros porque centra la película en el tópico que desean ver.
A destacar la muy buena interpretación de Martin Sheen.
Nunca hemos dejado de sentir fascinación por la reproducción del tópico español, ni los extranjeros de visitar los lugares comunes de la esencia hispana.
También a este grupo de obra pertenece The Way, en la que Martin Sheen, cuyo verdadero nombre es Ramón Estévez, y su hijo Emilio Estévez homenajean a su abuelo, emigrante gallego en busca de una vida mejor allende nuestros mares. Reproducción de tópicos, sí, desde el vital y en cierto modo fanático personaje interpretado por la siempre estupenda Ángela Molina, la afición por los toros del historiador vasco, la locura de "El Ramón" (desarrollado con destreza por Eusebio Lázaro) o los gitanos de Burgos. A veces este tópico puede resultar falso, y sin embargo la fiesta gitana mostrada en la película, durante el paso de los peregrinos por Burgos, es completamente real: yo mismo he asistido a fiestas como ésta en mi pueblo, Basauri. El mapa de Euskal Herria que se puede ver en la comisaría de la Gerdarmería francesa es un toque también, que, siendo tópico, contribuye a romper la linealidad "perfecta" de la narración. A mí, al menos, me llamó la atención, y seguramente haga gracia a los abertzales que decidan ver el filme.
Esencia, además, básicamente descriptiva del camino y los lugares que cruza, con extraordinario interés en la descripción de las bellezas arquitectónicas y naturales atesoradas por nuestro camino a Santiago. Me llama la atención que debamos emocionarnos con lo nuestro cada vez que un extranjero glosa lo español, como si fuéramos en cierto modo incapaces de hacerlo por nosotros mismos. La próxima vez que vea una película española sobre el Camino o cualquier otro aspecto de nuestra cultura.
Quizá este interés descriptivo del camino reste interés a las historias personales de los personajes, que no terminan de crecer a partir de sus circunstancias iniciales. De todos modos, considero que es una pérdida aceptable, si la visión centra el enfoque en la descripción de España y su Camino de Santiago, tópico este en el que cae, quizá inconscientemente, el director Estévez al realizar la película. Responde de este modo a las pautas simples pero eficaces de autores extranjeros como Irving o Merimee. Enhorabuena, pues a Emilio Estévez y Martin Sheen. Creo que han realizado una película entretenida, aceptable, que nos divierte a los españoles por ser una visión nuestra desde fuera y a los extranjeros porque centra la película en el tópico que desean ver.
A destacar la muy buena interpretación de Martin Sheen.
27 de septiembre de 2025
27 de septiembre de 2025
25 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al igual que su antecesora, 80 Egunean, Maspalomas plasma el tabú de la homosexualidad en la vejez con emoción y acierto. Toda historia que se precie debe plantear un conflicto y una evolución, y sin duda los autores lo consiguen con gran maestría y sensibilidad. En un mundo hipersexualizado que ofrece en las pantallas juventud y fuerza como requisito para hablar de sexualidad, Maspalomas nos habla de la vejez y de la dificultad para expresar la identidad propia con valentía. Para ello se vale de distintos contrastes: entre el luminoso paisaje del sur de Gran Canaria y el fresco y húmedo del cantábrico, entre la alegría de Maspalomas y la parquedad del País Vasco, entre el liberalismo de una juventud aperturista y el conservadurismo de las personas mayores en la residencia... Todo ello se engarza con habilidad para crear esta historia que espero sea justamente recompensada en los Goya. Ya que Itziar Aizpuru -por cierto, intérprete de la película con un pequeño papel- no fue nominada a los Goya, espero que Soroiz y Aranburu sí lo sean. En realidad, todos los protagonistas hacen un gran trabajo: Egileor, Errasti, Uranga... todos merecen el aplauso. Comprendo que la explicitud de las escenas es necesaria para de nuevo ofrecer otro contraste: la vida de Vicente en Canarias con la vida en Euskadi, pero personalmente me resultan un poco excesivas. Pero no las critico, entiendo su función en la historia. En cualquier caso, buena película. Espero que reciba muchos premios y haga una gran taquilla. Y por favor, si tenéis ocasión, vedla en versión original. Al igual que 80 Egunean (y Loreak, Handie, etc) el euskera es un punto a favor.
30 de abril de 2010
30 de abril de 2010
21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
El período histórico comprendido entre 1975 y 1980 fue fecundo en películas marcadamente ideológicas que, si bien no superan un análisis cinematográfico, suponen una excelente visión de los cambios vividos en España durante aquella época. Mucho se ha hablado tiempo después de la legalización del PCE, de las bandas de extrema derecha, de la "traición" de la izquierda a la República... Todo esto se recoge en películas como El Diputado (de izquierdas) o Hijos de Papá (de derechas) En ambas, por cierto, se habla del tema de la homosexualidad, dando base a la posterior aceptación social de tal condición sexual.
Resulta impresionante, si no vista como película, sí como documento un relato en el que se habla de la legalización del comunismo poco después de producirse este hecho, o del debate constitucional mientras éste se daba en el Congreso. La inocencia de una izquieda recién resurgida tras cuarenta años de dictadura es por otro lado aspecto a tener en cuenta: hoy resultaría ridículo ver un partido clamando por la justicia social, después de 35 años de régimen constitucional y la inocencia de aquella época perdida... Pero aun así es significativo de lo que somos, de lo que pudimos ser como país y de lo que aún podemos llegar a ser, si superamos problemas como los que encaró aquella generación.
La homosexualidad, tema principal del filme, es otro aspecto documental a tener en cuenta. Llama la atención que esta condición de Roberto Orbea, protagonista, pudiera ser causa de descrédito y aun de dimisión para un político. Pero así era, y está bien que se muestre como tal en la película, de tal manera que sepamos lo difícil que resultaba para los homosexuales simplemente vivir, condenados a la sordidez de los urinarios públicos, a la soledad o, peor aún, a convivir con una persona del sexo contrario.
Por mostrar todo esto y suponer un reflejo de esta época pasada, tanto El Diputado como las demás películas, de derechas e izquierdas, son importantes para nuestro país, por cuanto documento relatado suponen. Gracias a gente como Eloy de la Iglesia y Pepe Sacristán por haber sido tan valientes.
A destacar las intervenciones de Juan Antonio Bardem y de Ángel Pardo, en su primer trabajo como actor.
Resulta impresionante, si no vista como película, sí como documento un relato en el que se habla de la legalización del comunismo poco después de producirse este hecho, o del debate constitucional mientras éste se daba en el Congreso. La inocencia de una izquieda recién resurgida tras cuarenta años de dictadura es por otro lado aspecto a tener en cuenta: hoy resultaría ridículo ver un partido clamando por la justicia social, después de 35 años de régimen constitucional y la inocencia de aquella época perdida... Pero aun así es significativo de lo que somos, de lo que pudimos ser como país y de lo que aún podemos llegar a ser, si superamos problemas como los que encaró aquella generación.
La homosexualidad, tema principal del filme, es otro aspecto documental a tener en cuenta. Llama la atención que esta condición de Roberto Orbea, protagonista, pudiera ser causa de descrédito y aun de dimisión para un político. Pero así era, y está bien que se muestre como tal en la película, de tal manera que sepamos lo difícil que resultaba para los homosexuales simplemente vivir, condenados a la sordidez de los urinarios públicos, a la soledad o, peor aún, a convivir con una persona del sexo contrario.
Por mostrar todo esto y suponer un reflejo de esta época pasada, tanto El Diputado como las demás películas, de derechas e izquierdas, son importantes para nuestro país, por cuanto documento relatado suponen. Gracias a gente como Eloy de la Iglesia y Pepe Sacristán por haber sido tan valientes.
A destacar las intervenciones de Juan Antonio Bardem y de Ángel Pardo, en su primer trabajo como actor.
18 de junio de 2010
18 de junio de 2010
18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Preciosa y muy original película en la que se contraponen dos realidades en apariencia contrarias: la vejez y la homosexualidad. Es de agradecer que se filmen películas ajenas a la vorágine de sexo, dinero, belleza impostada y juventud que podemos encontrar en los abundantes block busters de nuestras carteleras. Se hace necesario ver películas así, no sólo porque supongan un ejercicio de valentía y arrojo, sino porque 80 Egunean refleja el modo de pensar de nuestros mayores, representado en el conservador modo de vida de Axun y Juan Mari, frente a la actitud liberal de su joven sobrina Garazi.
¿Cómo será el mundo cuando Garazi tenga la edad de sus tíos? Seguramente la homosexualidad no sea ya un escándalo en su futura edad madura. No podrá decir, como asegura en el filme, que no conoce a lesbianas de 70 años.
Y ese recuerdo de nuestros mayores y de nosotros debe pervivir, aun cuando nosotros nos vayamos, aun cuando los hijos de nuestros nietos se vayan, por todas las personas que no pudieron amar en su juventud, por todos los que sufrieron y padecieron al no poderse adherir a la heterosexualidad obligatoria. Con películas como 80 Egunean, esto pervivirá.
Precioso también el modo de explicar el amor y el enamoramiento de los protagonistas, de Axun, de Maite y de Juan Mari. Amor y enamoramiento tan lejanos de la juventud, pero tan necesarios, tan hermosos, porque suponen la vuelta a las necesidades afectivas de la infancia. La situación de los protagonistas duele aún más con la agresividad mostrada por su hija.
El dulce sonido del acento vasco es sumamente refrescante. Ojalá se hicieran muchas más películas en cualquiera de nuestros idiomas autonómicos, y que se vieran en el resto de España. Mención especial merecen los actores y actrices de la película. Ojalá su emocionante interpretación reciba el reconocimiento adecuado.
¿Cómo será el mundo cuando Garazi tenga la edad de sus tíos? Seguramente la homosexualidad no sea ya un escándalo en su futura edad madura. No podrá decir, como asegura en el filme, que no conoce a lesbianas de 70 años.
Y ese recuerdo de nuestros mayores y de nosotros debe pervivir, aun cuando nosotros nos vayamos, aun cuando los hijos de nuestros nietos se vayan, por todas las personas que no pudieron amar en su juventud, por todos los que sufrieron y padecieron al no poderse adherir a la heterosexualidad obligatoria. Con películas como 80 Egunean, esto pervivirá.
Precioso también el modo de explicar el amor y el enamoramiento de los protagonistas, de Axun, de Maite y de Juan Mari. Amor y enamoramiento tan lejanos de la juventud, pero tan necesarios, tan hermosos, porque suponen la vuelta a las necesidades afectivas de la infancia. La situación de los protagonistas duele aún más con la agresividad mostrada por su hija.
El dulce sonido del acento vasco es sumamente refrescante. Ojalá se hicieran muchas más películas en cualquiera de nuestros idiomas autonómicos, y que se vieran en el resto de España. Mención especial merecen los actores y actrices de la película. Ojalá su emocionante interpretación reciba el reconocimiento adecuado.
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