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Críticas 9
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
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31 de marzo de 2019
109 de 151 usuarios han encontrado esta crítica útil
Almodóvar... o la banalidad cinematográfica
Hay preguntas que nos acompañan y acompañarán siempre, interrogantes que por más que pasen los años, por más sabiduría que acumulemos, por más experiencia... nunca seremos capaces de responder. Cómo flota un barco, cómo vuela un avión, cómo las ondas hertzianas viajan a través del espacio y el tiempo para transformarse en sonidos inteligibles que escuhamos en un transistor; por qué la Santísima Trinidad es el dogma central sobre la naturaleza de Dios que lo hace existir en tres personas distintas... Podría seguir enumerando un sinfín de interrogantes sin respuesta que por más que la ciencia, la religión, etc. se empeñen en explicarnos, nunca nos sacarán de la ignorancia. Uno de esos interrogantes que seguramente me llevaré conmigo a la tumba es: ¿qué tiene Almodóvar que ve todo el mundo ve y que yo jamás he sido capaz de ver?
Incapaz de responder a tamaño enigma, hace años que decidí -dada mi ignorancia- no acudir más a ninguno de los estrenos del director manchego. Creo recordar que la puntilla final la dejé en “Volver”, y ha llovido desde entonces. Hoy, dejándome llevar por las entusiastas valoraciones de prensa y público, por esos elogios al que la crítica nos tiene acostumbrados... “el mejor Almódovar sin duda de...”; por listas y puntuaciones que hablan poco menos que de obra maestra “un giro impecable en la trayectoria invernal del director manchego”... y vulgaridades de este nivel...he vuelto a sucumbir!. Y... la verdad...tendría que detenerme aquí, pero voy a seguir: pocas veces la banalidad tiene una forma visual tan egocéntrica, insulsa y desmedida como en esta nueva película de Almodóvar. He de reconocer que si en esta ocasión la tentación ha podido conmigo ha sido por el tema elegido: un creador en el epílogo de su carrera, aquejado de múltiples dolencias que observa su vida y repasa sus éxitos, fracasos, luces y sombras. El argumento, aunque fuera por única vez, conectaba con mis inquietudes. No voy a caer en arrogancia cinematográfica, ni me compete, ni seguramente estoy a la altura; pero dado el tema escogido, no estaría nada mal que Almodóvar se diese una vuelta por “Las Fresas Salvajes” de Ingmar Bergman, o el “Ocho y medio” de Federico Felini... O por citar algo más reciente “Synecdoche, New York” de Charlie Kaufman, y un largo etcétera, de películas cuya única ambición no ha sido otra que la de visualizar la crisis de sujetos abocados a la parálisis creativa, haciéndolo de una manera reflexiva, trascendente, introspectiva, delicada... y por consiguiente universal. Pero en “Dolor y Gloria” no hay por dónde empezar. Ya la arrogancia del título se las trae, pero la banalidad de su planteamiento cinematográfico es de tal magnitud, que hay fragmentos supuestamente emotivos que mueven a la carcajada, dramas de celofán que ni empatizan ni conectan... Y esa habiual y magnificada tragedia de sus personajes que nos debiera incumbir y llevar a la compasión... que es de salir huyendo
Antonio Banderas & Leonardo Sbaraglia
Hay no obstante algo que me preocupa más. Almodóvar es libre de caer reiteradamente en sus errores, en su falta de conexión, en su impericia cinematográfica... allá él. Lo que sigo sin entender y que me llevaré conmigo al más allà es qué mano negra se esconde detrás de medios, prensa, festivales de prestigio, revistas especializadas, etc... para considerar casi únanimemente cada obra de Almodóvar como la enésima reencarnación del bien y del mal, como la definitiva obra maestra de nuestro director más internacional...buf... Que Dios nos pille confesados... aunque esto de Dios y la confesión -tan almodovariano- es otra de esas cuestiones para las que tampoco...
National Gallery
Documental
Reino Unido2014
7,2
714
Documental
10
15 de mayo de 2015 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los tiempos en los que el vértigo contemporáneo somete la observación alejándola del goce y el detenimiento, este cautivador documental vuelve a poner sobre la mesa aquel debate abierto por Walter Benjamin en "La obra de Arte en la época de su reproductibilidad técnica", que giraba alrededor del aura de las obras de arte. Creo que hasta el momento pocos documentales como éste permiten que lo retratado respire, que el espectador aliente, que la mirada se recree... y algo más: que el discurso verbal penetre como un mantra hipnótico en la mente del que observa y escucha. Tan importante es la imagen, como la palabra; esa oratoria apasionada y dirigida de los guías que a modo de salmodia penetra en los pliegues de cada obra de arte y de cada espectador; esa pedagogía del restaurador que muestra los detalles de cada una de las telas restauradas vertebrando un rítmico y cadencioso discurso gracias al cual entendemos algo más de esta disciplina...
Hay algo de litúrgico en este documental difícilmente descriptible; hay un respeto por lo registrado y filmado inusual en el documental contemporáneo...
Frederick Wiseman escondiendo la técnica manteniene la distancia necesaria con la que poder acariar el aura de las obras filmadas, pero se acerca con sigilo cuando de lo que se trata es de asitir a esa cautivadora letanía de los que hablan...
Tres horas de maravillosa hipnosis.
12 de septiembre de 2025 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Carla Simon, pero...
Me gusta el cine de Carla Simon; no me perdería nunca una película de esta autora, pero tengo que reconocer que casi siempre me deja frío. Y me he preguntado muchas veces por qué.
Desde que empecé con su ensayo documental “Correspondencia “ (Filmin), no he dejado de acudir a sus estrenos: "Verano del 93" (2017), "Alcarràs" (2022)....
Me interesan mucho sus reflexiones alrededor del cine, su cuestionamiento de los procesos actuales de producción jerarquizada y su apuesta por una producción más horizontal y colaborativa que incorpore la duda y el error en sus formas de creación.
Me interesan igualmente -y mucho- su estética visual híbrida, su experimentación formal donde combina fragmentos de video amateur con otros fragmentos visualmente más definidos. Me interesan -y mucho-
sus historias siempre autoreferenciales; la investigación de los espacios vacíos de su vida que han quedado cubiertos de interrogantes y que sus películas intentan tímidamente abordar; las dudas de una existencia arraigada en un pasado que su cámara explora con cautela para poderlos entender o cuando menos acercarse... Pero algo me deja siempre frío, y no sé qué es.
Carla Simón
He visto “Romería” y he salido con la misma sensación, me gusta la película, me encanta su exploración visual, pero... Hay secuencias prescindibles (la última), hay detalles que no me gustan, que me dejan indiferente... Hay escenas que encuentro ingeniosas, divertidas, pero no inteligentes.. Creo igualmente que hay un error de cásting (por qué Tristan Ulloa?)... En fin, no dejaré de ver nunca una película de Carla Simon, a pesar de que siempre...
10 de octubre de 2019
7 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amenábar nunca ha mostrado voluntad de hacer un cine de autor. Nunca ha escondido su apuesta por un modelo académico de generosas cifras de producción y público mayoritario. Nos guste o no, la franqueza siempre se agradece.
Los códigos intelectuales de acceso a sus películas nunca han sido demasiado exigentes ni excluyentes. Siempre ha demostrado tener un gran oficio, reconocible estilo y un buen conocimiento de los géneros cinematográficos a la hora de adentrarse en el terror, el thriller, cine histórico, etc. Si es cierto que las temáticas de sus obras no han sido de "blockbuster", no es menos cierto que siempre han gozado de buena aceptación por parte de crítica y público.
Pero todo esto, lejos de ser un problema, en su caso ha sido una virtud: con honestidad y un cierto alejamiento de los círculos mediáticos ha logrado construir obras cinematográficas de envergadura y solidez con las que ha atraído un gran número de público, lo cual -viendo el panorama actual- no es nada fácil.
En MIENTRAS DURE LA GUERRA el mecanismo sigue siendo el mismo, pero a diferencia de obras anteriores, el tema es, cuanto menos, más controvertido: es una película que vuelve a abrir la herida de la guerra civil, y lo hace posicionándose políticamente sin ser, insisto, un autor.
Podemos estar o no de acuerdo si la manera de acercarse al conflicto civil español es ésta o podría ser otra, podremos abominar de la música enfática de algunas de las escenas, de la simplicidad de algunos de los personajes, o del oportunismo político en tratar temas de identidad territorial, etc. Lo que no podemos es pedirle exigencias autorales que en ningún momento buscaba; tratamientos y matices en personajes que probablemente al gran público no le interesan y a él, insisto, tampoco: como he dicho antes, las fórmulas de Amenábar forman parte de un modelo de producción que es lo que es, y a pesar de la excepción temática de esta película, le funcionan.
Y funcionan porque nos permiten acercarnos a un personaje, Unamuno, convincente y a veces emotivo (bien perfilado por Karra Elejalde), desde la franqueza y desde el respeto. Dibuja un retrato coral de personajes secundarios masculinos y femeninos casi todos ellos maginíficament interpretados (inmenso Eduard Fernández, como siempre), evitando la tentadora proximidad del maniqueísmo.
Santi Prego & Eduard Fernández
No sé si es una gran película, ni me importa. Lo que sí puedo afirmar es que no es cine de cartón-piedra como algunas críticas afirman; no es una película maniquea como afirman otros; creo que es una gran producción, muy bien cuidada en en las caracterizaciones los de personajes (Franco, Millán Astray, etc), en el diseño de producción (ejemplar las ambientaciones y localitzacioms de espacios interiores: casa de Unamuno, Universidad, etc.) y que recrea con acierto un fragmento de funesta historia española a través de la mirada vacilante y próxima de Miguel de Unamuno ... y vista así, no está nada mal!
9 de febrero de 2019
5 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aún no he conseguido sobreponerme al mazazo de La casa de Jack de Lars Von Trier. Han pasado casi 24h y sigo sin quitarme de encima esta sensación entre nauseabunda y genial que la película genera. Pocas veces en la historia del cine he tenido que apartar la mirada de la pantalla, lo hice con el Saló...de Passolini, con el Funny Games de Haneke... y ahora con la casa de Jack. Me pregunto si hay necesidad de visualizar de manera tan explícita el sadismo, si hay necesidad de escupirle al espectador y retorcerle las tripas, de mantenerle con los párpados abiertos ante la violencia extrema como el personaje de Kubrick en La Naranja Mecánica... No lo sé... Pero es verdad que si el grado de tolerancia ante la violencia existe, no lo es menos que depende de nuestra proyección mental hacia el mismo, y en eso Lars Von Trier es Dios: el problema cae de nuestro lado, no del suyo. Creo que nada ni nadie debiera impedir sus excesos, al fin y al cabo la libertad de expresión es eso, y en mi haber, la capacidad de decidir si compro o no una entrada para presenciar tamaña atrocidad. Que Lars Von Trier es un psicópata, un obsesivo, un enfermizo engentro con un descomunal talento para el séptimo arte ya no lo voy a poner en duda, bendito sea. Benditas sus obras cada cual más subversiva, imperfecta, megalómana, sobrecogedora, genial; benditas sus salidas de tono, sus palabras desafortunadas, políticamente incorrectas, despreciables y abominables... todo eso es Lars Von Trier... un sujeto único, necesario, una personalidad inclasificable capaz de hacer de la casa de Jack un coágulo de sangre con el que salpica nuestra conformidad, nuestro apacible derecho a no saber decir nada porque simplemente ni tenemos el talento, ni la valentía para saltar... y que cumplas muchos más!
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