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8
3 de junio de 2025
3 de junio de 2025
93 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil
Escribo esta crítica aún sabiendo que irá directa a la última página por ser positiva, ya que en esta red social parece que lo que gusta es leer lo malas que son las películas de los directores más reconocidos. Hay un cierto orgullo del consumidor que se siente por encima de todo, dispuesto a criticar un trabajo interesante y bien hecho, encontrando validación en las opiniones negativas de los demás. Esa satisfacción del ego colectivo parece más importante que disfrutar del cine.
Yo no me andaré por las ramas: La trama fenicia me ha gustado mucho. Diría que casi me ha encantado, y desde luego he pasado un muy buen rato. Sin ser la mejor historia ni el mejor guion de Wes Anderson —tampoco lo era El gran Hotel Budapest, película a la que por cierto me ha recordado mucho en cuanto a historia, ritmo y personajes—, La trama fenicia me ha parecido un film brillante. En su día Budapest sorprendió porque lo original aún era nuevo para muchos (poca gente conocía a Anderson). Estoy convencido de que si La trama fenicia se hubiese estrenado en 2014 en lugar de El gran Hotel Budapest, todo el mundo la habría elogiado.
Yo no me andaré por las ramas: La trama fenicia me ha gustado mucho. Diría que casi me ha encantado, y desde luego he pasado un muy buen rato. Sin ser la mejor historia ni el mejor guion de Wes Anderson —tampoco lo era El gran Hotel Budapest, película a la que por cierto me ha recordado mucho en cuanto a historia, ritmo y personajes—, La trama fenicia me ha parecido un film brillante. En su día Budapest sorprendió porque lo original aún era nuevo para muchos (poca gente conocía a Anderson). Estoy convencido de que si La trama fenicia se hubiese estrenado en 2014 en lugar de El gran Hotel Budapest, todo el mundo la habría elogiado.

Tom Hanks & Bryan Cranston
Pero claro, ahora Wes Anderson es "repetitivo", "aburrido", "pretencioso". Según muchos, debería dejar de hacer películas porque "todas son iguales y planas". Y en parte tienen razón: es repetitivo. Pero es que precisamente eso es lo que busco cuando voy a ver una película suya. Si quiero algo diferente, el catálogo de películas disponibles es inmenso. Pero para mí, que cada dos años aparezca una joyita como esta es parte de lo que mantiene vivo mi amor por el cine.
Y sí, La trama fenicia era justo lo que buscaba, incluso mejor. Tiene elementos que a mi juicio flojeaban en otras películas suyas: una trama más accesible, de tipo aventuras (más ligera y directa que la complejidad de Asteroid City), con personajes carismáticos y un trío protagonista que engancha. La relación padre-hija está muy bien construida, y tanto los secundarios como los antagonistas, aunque ultra exagerados, encajan a la perfección con la historia y el tono general del film.
Y sí, La trama fenicia era justo lo que buscaba, incluso mejor. Tiene elementos que a mi juicio flojeaban en otras películas suyas: una trama más accesible, de tipo aventuras (más ligera y directa que la complejidad de Asteroid City), con personajes carismáticos y un trío protagonista que engancha. La relación padre-hija está muy bien construida, y tanto los secundarios como los antagonistas, aunque ultra exagerados, encajan a la perfección con la historia y el tono general del film.

Además, me he encontrado con una de sus mejores direcciones y una fotografía excepcional. Es divertida sin necesidad de provocar carcajadas constantes. Cada personaje y situación me resultan hilarantes y absurdos, pero en el mejor sentido de la palabra.
Así que sí, Wes repite. ¿Y qué? Yo también, encantado. Porque la fórmula funciona, pesados, y no todo el cine tiene que ser una montaña rusa emocional o una pirueta narrativa para valer la pena. A veces disfrutar es gratis, ¿sabéis?
Críticos de sofá, relajaos.
Así que sí, Wes repite. ¿Y qué? Yo también, encantado. Porque la fórmula funciona, pesados, y no todo el cine tiene que ser una montaña rusa emocional o una pirueta narrativa para valer la pena. A veces disfrutar es gratis, ¿sabéis?
Críticos de sofá, relajaos.
2
27 de febrero de 2025
27 de febrero de 2025
68 de 85 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película es muy mala, ni siquiera como comedia se puede salvar, y eso que arranca bien. Pero los últimos 20 minutos son TAN malos, pero TAN, TAN malos, que estuve a punto de levantarme y abandonar la sala de cine. Ni siquiera funciona como parodia, película absurda, comedia negra o como una historia que no se toma en serio a sí misma. Falla en todo. Desde el momento en que los niños crecen, deja de ser entretenida. Las actuaciones son horribles, no hay el más mínimo esfuerzo en construir bien los personajes, los diálogos son pésimos y la historia no tiene un solo punto interesante. Nada. Es la nada absoluta. Solo hay ejemplos de cosas mal hechas y mucha, pero muchísima, vergüenza ajena.
7
25 de noviembre de 2025
25 de noviembre de 2025
76 de 102 usuarios han encontrado esta crítica útil
Drácula de Luc Besson es una película francamente disfrutable… siempre que uno no vaya al cine con la libreta preparada para quejarse de algo que aún no ha visto. Resulta sorprendente —y un poco agotador— que todas las críticas negativas necesiten comparar la película con otras versiones, especialmente la de Coppola, o con El perfume, o incluso entrar en un listado interminable de diferencias con respecto a la novela de Bram Stoker.
¡YA BASTA! Qué pesadez.
Esta película es una obra individual, una experiencia que merece ser valorada por sí misma. Si solo disfrutamos las obras a través de lo que ya se ha filmado o escrito antes, entonces no disfrutaríamos nada. ¿De verdad es imposible juzgar la historia sin pensar constantemente en su genealogía? ¿Sin diseccionar cada decisión creativa? El director está en su derecho de contar su versión del mito, como le salga del mismísimo.
Que si se parece a la de Coppola, que si recuerda a El perfume, que si esto no está en el libro, que si aquello se lo inventa… He visto la de Coppola, me encanta, es una obra maestra del gótico. Pero esta película me ha encantado también. Cumple con creces al contar la historia de Drácula desde un punto de vista más romántico, casi un love tale, y eso funciona. Al fin y al cabo, Drácula es un personaje universal, moldeado por más de un siglo de cine, reinterpretado en mil géneros. ¿Ahora tenemos que ponernos tiquismiquis porque Luc Besson ha decidido contar su versión? Por favor.
¡YA BASTA! Qué pesadez.
Esta película es una obra individual, una experiencia que merece ser valorada por sí misma. Si solo disfrutamos las obras a través de lo que ya se ha filmado o escrito antes, entonces no disfrutaríamos nada. ¿De verdad es imposible juzgar la historia sin pensar constantemente en su genealogía? ¿Sin diseccionar cada decisión creativa? El director está en su derecho de contar su versión del mito, como le salga del mismísimo.
Que si se parece a la de Coppola, que si recuerda a El perfume, que si esto no está en el libro, que si aquello se lo inventa… He visto la de Coppola, me encanta, es una obra maestra del gótico. Pero esta película me ha encantado también. Cumple con creces al contar la historia de Drácula desde un punto de vista más romántico, casi un love tale, y eso funciona. Al fin y al cabo, Drácula es un personaje universal, moldeado por más de un siglo de cine, reinterpretado en mil géneros. ¿Ahora tenemos que ponernos tiquismiquis porque Luc Besson ha decidido contar su versión? Por favor.

Caleb Landry Jones está perfecto: tiene una apariencia que encaja con la imagen clásica del vampiro que muchos hemos tenido en la cabeza desde siempre, y borda el papel. La dirección artística es sobresaliente; las gárgolas, la atmósfera, el tono… todo transmite lo que debería transmitir una historia gótica. Y hay escenas —como la de las monjas— que serían memorables si la conversación pública no estuviera tan empeñada en tildar la película de mala. Sí, en algunos momentos el montaje tiene demasiados cortes, pero aquí lo que importa es la historia y el romanticismo, y eso lo consigue de sobra.
Y lo último que diré:
Si no existiera ninguna otra versión de Drácula —ni libros, ni películas, ni nada— y viésemos esta historia por primera vez… ¿seguirían diciendo que es una mala película?
Yo creo que no.
Y lo último que diré:
Si no existiera ninguna otra versión de Drácula —ni libros, ni películas, ni nada— y viésemos esta historia por primera vez… ¿seguirían diciendo que es una mala película?
Yo creo que no.
13 de junio de 2025
13 de junio de 2025
30 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sirāt es una película que juega en el límite entre lo existencial y lo político, entre el trance y el abismo. Podría verse como un viaje de huida, de pérdida, de cuerpos errantes buscando sentido en la música, en el polvo del desierto, en la nada. Pero también puede —y quizás debe— leerse como una alegoría feroz de la ceguera occidental, del privilegio que permite ignorar el contexto hasta que se vuelve mortal.
Un grupo de raveros cruza un desierto sin nombre, bajo la amenaza de una guerra mundial ambigua y remota. No saben dónde están, ni qué ocurrió allí antes, ni lo que pisan. Solo bailan, se drogan, se abrazan, se pierden. Y ahí está el gesto político más fuerte de la película: mostrar cómo una generación —o una parte del mundo— cree poder flotar por encima de la historia sin que eso tenga consecuencias.
La elección del escenario no es arbitraria. Aunque nunca se mencione, ese “desierto” es uno de los territorios más dolorosamente cargados de significado político y humano. El muro marroquí, las minas, el exilio saharaui... Todo eso está ahí, pesando en el fondo, sin subrayados. No se enuncia, pero se siente. Y eso no es negligencia: es una forma narrativa que exige al espectador un posicionamiento activo.
Un grupo de raveros cruza un desierto sin nombre, bajo la amenaza de una guerra mundial ambigua y remota. No saben dónde están, ni qué ocurrió allí antes, ni lo que pisan. Solo bailan, se drogan, se abrazan, se pierden. Y ahí está el gesto político más fuerte de la película: mostrar cómo una generación —o una parte del mundo— cree poder flotar por encima de la historia sin que eso tenga consecuencias.
La elección del escenario no es arbitraria. Aunque nunca se mencione, ese “desierto” es uno de los territorios más dolorosamente cargados de significado político y humano. El muro marroquí, las minas, el exilio saharaui... Todo eso está ahí, pesando en el fondo, sin subrayados. No se enuncia, pero se siente. Y eso no es negligencia: es una forma narrativa que exige al espectador un posicionamiento activo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Cuando los cuerpos comienzan a arder, literalmente, la película no busca el espectáculo. Busca el colapso. El punto en el que la evasión ya no funciona. En el que la fiesta se convierte en tragedia, y nadie sabe por qué. El horror no se explica: se sufre. Y en ese sufrimiento, tal vez se entienda algo. No como moraleja, sino como eco.
Sirāt es también una película sensorial, hipnótica, contradictoria. No quiere que entiendas, quiere que sientas. La música, la imagen, el calor, el polvo. Y el vacío. El mismo vacío que empuja a estos personajes a seguir avanzando hasta encontrarse, sin saberlo, con una historia que no les pertenece pero que los destruye. Porque el mundo no desaparece cuando dejamos de mirarlo.
No es un panfleto. No es un documental. Es cine. Y como tal, puede tener formas imperfectas, huecos, decisiones arriesgadas. Pero en lugar de considerar eso como fallos, prefiero verlo como parte de su apuesta: ser una experiencia que, como el propio desierto, no siempre revela sus peligros hasta que es demasiado tarde.
Sirāt es también una película sensorial, hipnótica, contradictoria. No quiere que entiendas, quiere que sientas. La música, la imagen, el calor, el polvo. Y el vacío. El mismo vacío que empuja a estos personajes a seguir avanzando hasta encontrarse, sin saberlo, con una historia que no les pertenece pero que los destruye. Porque el mundo no desaparece cuando dejamos de mirarlo.
No es un panfleto. No es un documental. Es cine. Y como tal, puede tener formas imperfectas, huecos, decisiones arriesgadas. Pero en lugar de considerar eso como fallos, prefiero verlo como parte de su apuesta: ser una experiencia que, como el propio desierto, no siempre revela sus peligros hasta que es demasiado tarde.
Sirāt es, en última instancia, una película sobre no saber. Sobre andar a ciegas. Sobre la belleza y la crueldad de ignorar. Y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa.
22 de mayo de 2026
22 de mayo de 2026
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cómo dirige Rodrigo Sorogoyen.
Es que he flipado con absolutamente todas las escenas de la película, y eso que venía de ver As bestas y tenía el listón muy alto. Solo la primera escena ya es una masterclass, con esos planos que se cierran cada vez más según aumenta la tensión de la conversación. Una conversación normal en un bar que, por el enorme peso que llevan los protagonistas, el guion y la dirección, hace que se borre todo lo de alrededor y que tu atención esté puesta en ellos al 100%.
Javier Bardem y Victoria Luengo están soberbios, hasta en el más mínimo gesto o detalle. Si no se lo llevan todo por estas interpretaciones, dejo de creer en el criterio de quienes valoran estas cosas.
Podría decir tantas cosas más… esos juegos de planos, texturas y formatos, el manejo de la cámara —OMG— y el montaje, que acentúan la ansiedad en los momentos clave de la película. Y ESA escena, que además de ser un pequeño alivio cómico, hace que Bardem DEVORE la pantalla.
Es que he flipado con absolutamente todas las escenas de la película, y eso que venía de ver As bestas y tenía el listón muy alto. Solo la primera escena ya es una masterclass, con esos planos que se cierran cada vez más según aumenta la tensión de la conversación. Una conversación normal en un bar que, por el enorme peso que llevan los protagonistas, el guion y la dirección, hace que se borre todo lo de alrededor y que tu atención esté puesta en ellos al 100%.
Javier Bardem y Victoria Luengo están soberbios, hasta en el más mínimo gesto o detalle. Si no se lo llevan todo por estas interpretaciones, dejo de creer en el criterio de quienes valoran estas cosas.
Podría decir tantas cosas más… esos juegos de planos, texturas y formatos, el manejo de la cámara —OMG— y el montaje, que acentúan la ansiedad en los momentos clave de la película. Y ESA escena, que además de ser un pequeño alivio cómico, hace que Bardem DEVORE la pantalla.

De verdad, hay un montón de detalles de producción y de montaje, hasta en el más mínimo gesto, que son una locura (la escena que están rodando y cómo, cuando retiran el micro, el sonido se mutea para luego revelarse como una toma que están viendo en la pantalla de un ordenador, o cuando el personaje de Bardem, completamente fuera de plano, abre la puerta del camerino, entra la luz y la exposición de la cámara se dispara… qué fantasía). Por otro lado, el guion está muy cuidado, tejido de una manera que te permite conocer a los personajes hasta un punto en el que crees que son reales. Es un trabajazo inmenso en su construcción.
Sorogoyen se atreve, se atreve a lo que nadie más. No tardarán en aparecer quienes tachen la película de pretenciosa y a Sorogoyen de flipado. Y es verdad que, si no sabes entrar en ella, si no sabes dejarte seducir por las “florituras” que acompañan la narración, puede parecerte que se está sobrando. Reconozco que hubo un momento que para mí fue desconcertante al principio, porque no me esperaba un cambio de formato a blanco y negro tan repentino. Pero después, cuando se suceden más y más cambios de formato, está todo tan meticulosamente seleccionado y montado que enseguida entras en la dinámica. Porque como ya he dicho, acompañan con una precisión quirúrgica a la narración, al ritmo y a la intensidad de cada momento. En un punto, funcionan de manera tan potente, que son capaces de transmitir emociones y sensaciones con la misma fuerza que los propios actores.
Sorogoyen se atreve, se atreve a lo que nadie más. No tardarán en aparecer quienes tachen la película de pretenciosa y a Sorogoyen de flipado. Y es verdad que, si no sabes entrar en ella, si no sabes dejarte seducir por las “florituras” que acompañan la narración, puede parecerte que se está sobrando. Reconozco que hubo un momento que para mí fue desconcertante al principio, porque no me esperaba un cambio de formato a blanco y negro tan repentino. Pero después, cuando se suceden más y más cambios de formato, está todo tan meticulosamente seleccionado y montado que enseguida entras en la dinámica. Porque como ya he dicho, acompañan con una precisión quirúrgica a la narración, al ritmo y a la intensidad de cada momento. En un punto, funcionan de manera tan potente, que son capaces de transmitir emociones y sensaciones con la misma fuerza que los propios actores.
Después de 2 horas de este festival de combos de dirección y montaje, sales de la sala con la sensación de haber visto a alguien llevar el lenguaje cinematográfico al límite.
Más sobre rulando
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