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6,0
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Cine negro. Intriga
Una editora literaria (Audrey Totter) encarga al detective Phillip Marlowe (Robert Montgomery) encontrar a la misteriosa mujer de su jefe (Leon Ames), que supuestamente ha huido con un amante (Richard Simmons) y tal vez ha provocado una muerte. (FILMAFFINITY)
15 de enero de 2020
15 de enero de 2020
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yo no quiero ser Marlowe:
Me gustaría seguir siendo el hombre invisible que se cuela en las películas. El espectador omnipotente que todo lo controla.
Este film me hace sentir incómodo porque me clava a la butaca del cine y no me deja entrar en la pantalla para ocupar justamente el sitio donde se coloca la cámara. No consigo relajarme porque continuamente se me interpela. No puedo desconectar porque ni siquiera los actores se dirigen a mí. Conversan con un tal P. Marlowe encarnado por mí y sin mi consentimiento.
Definitivamente desaparece esa magia que consigue que el espectador vaya cambiando de plano, saltando de una escena a otra y situándose siempre en el mejor de los sitios. Ya no existe esa sensación tan agradable de divina invisibilidad. Y además, tampoco puedo besar de incógnito a la protagonista.
Ahora los actores me ven disfrazado de detective. Ya no puedo desplazarme con total impunidad de un rincón de la habitación al contrario. Ya no soy ese entrometido que se entera de toda la trama como un curioso e impertinente 'voyeur' que no deja de ser el mudo, el pasivo espectador que solo piensa en espiar y en conocer las vidas ajenas.
El plano subjetivo es un recurso cinematográfico del que se abusa hasta la exasperación en esta película. Quiero pensar que fue concebida como un experimento. Es una rareza nada propia de su época y por supuesto no es "puro cine". Es otra cosa.
Realmente me gustaría que los personajes me dejaran en paz y que no me descubriesen en mitad de mi vuelo invisible.
Me gustaría seguir siendo el hombre invisible que se cuela en las películas. El espectador omnipotente que todo lo controla.
Este film me hace sentir incómodo porque me clava a la butaca del cine y no me deja entrar en la pantalla para ocupar justamente el sitio donde se coloca la cámara. No consigo relajarme porque continuamente se me interpela. No puedo desconectar porque ni siquiera los actores se dirigen a mí. Conversan con un tal P. Marlowe encarnado por mí y sin mi consentimiento.
Definitivamente desaparece esa magia que consigue que el espectador vaya cambiando de plano, saltando de una escena a otra y situándose siempre en el mejor de los sitios. Ya no existe esa sensación tan agradable de divina invisibilidad. Y además, tampoco puedo besar de incógnito a la protagonista.
Ahora los actores me ven disfrazado de detective. Ya no puedo desplazarme con total impunidad de un rincón de la habitación al contrario. Ya no soy ese entrometido que se entera de toda la trama como un curioso e impertinente 'voyeur' que no deja de ser el mudo, el pasivo espectador que solo piensa en espiar y en conocer las vidas ajenas.
El plano subjetivo es un recurso cinematográfico del que se abusa hasta la exasperación en esta película. Quiero pensar que fue concebida como un experimento. Es una rareza nada propia de su época y por supuesto no es "puro cine". Es otra cosa.
Realmente me gustaría que los personajes me dejaran en paz y que no me descubriesen en mitad de mi vuelo invisible.
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