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Voto de Cronocrímenes:
8
Voto de Cronocrímenes:
8
7,2
50.601
Drama
Historia dramática que recorre 12 años (2002-2013) de la vida de Mason (Ellar Coltrane) de los seis a los dieciocho. Durante este periodo, se producen todo tipo de cambios, mudanzas y controversias, relaciones que se tambalean, bodas, diferentes colegios, primeros amores, desilusiones y momentos maravillosos. Un viaje íntimo y basado en la euforia de la niñez, los sísmicos cambios de una familia moderna y el paso del tiempo. (FILMAFFINITY) [+]
13 de septiembre de 2014
13 de septiembre de 2014
23 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película se abre con el protagonista mirando las nubes, siempre cambiantes y siempre las mismas, y es que en Boyhood el tiempo pasa y esa frase se materializa en la película con una plasticidad y una textura física y corporal tan tangible que se puede sentir cómo el tiempo fluye y se escapa entre los dedos de un espectador que asiste al paso de la piel de niño del protagonista a la plagada por el acné durante su adolescencia, al aumento de las arrugas de Ethan Hawke y de los kilos de más de Patricia Arquette.
Boyhood es una película de aprendizaje pero también de pérdida, de la pérdida de un paraíso infantil en donde todos son seguridades hacia un mundo en la que ya no hay certidumbres excepto la de ser lanzados al vacío. En otra narración sobre la pérdida, Tokio Blues de Murakami, hay una lírica estampa en la que el protagonista deja escapar una luciérnaga que le han regalado una noche de verano y deja marchar con ella una etapa de su vida. Porque, al fin y al cabo, somos seres moldeados por el cincel del tiempo y es que en el fondo la vida es un ir despacio hacia la muerte, palabra que no se menciona en Boyhood y que sin embargo la sentimos siempre presente más allá del final de la película.
Boyhood es una película de aprendizaje pero también de pérdida, de la pérdida de un paraíso infantil en donde todos son seguridades hacia un mundo en la que ya no hay certidumbres excepto la de ser lanzados al vacío. En otra narración sobre la pérdida, Tokio Blues de Murakami, hay una lírica estampa en la que el protagonista deja escapar una luciérnaga que le han regalado una noche de verano y deja marchar con ella una etapa de su vida. Porque, al fin y al cabo, somos seres moldeados por el cincel del tiempo y es que en el fondo la vida es un ir despacio hacia la muerte, palabra que no se menciona en Boyhood y que sin embargo la sentimos siempre presente más allá del final de la película.

Patricia Arquette, Ellar Coltrane
Boyhood es una película de una deliciosa y lírica cotidianeidad, de espacios urbanos alternados con espacios naturales, película de aulas de instituto, apartamentos, chalés adosados, parques infantiles, acampadas en el bosque, excursiones y carreras en bicicleta. Es una película de diálogos sencillos, de unas vidas que van discurriendo. Nos enseña que vivir es ver pasar, es decir adiós a los que amamos, es acumular objetos que tiramos una vez que pierden su significado, que crecer es doloroso y que la vida te hace más sabio pero a la vez más precavido y que muchas veces hay que tirar algunos sueños por la borda para alcanzar otros.
Dicen que Ethan Hawke lloró al ver la película puesto que tomó conciencia de los doce años pasados durante el rodaje. En el pasillo de mi casa hay fotos familiares que, no sé si por azar o por un exceso organizativo por parte de mi madre, están ordenadas cronológicamente. Después de ver Boyhood, las contemplé y yo también me eché a llorar.
Dicen que Ethan Hawke lloró al ver la película puesto que tomó conciencia de los doce años pasados durante el rodaje. En el pasillo de mi casa hay fotos familiares que, no sé si por azar o por un exceso organizativo por parte de mi madre, están ordenadas cronológicamente. Después de ver Boyhood, las contemplé y yo también me eché a llorar.
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