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Voto de OsitoF:
4
Voto de OsitoF:
4
5,2
3.119
Drama. Thriller
En un futuro cercano, dos hermanas adolescentes que viven en un bosque de Carolina del Norte a varios kilómetros del vecino más cercano. Tras un apagón de energía total, los problemas no tardarán en llegar cuando la civilización tal y como la conocemos se colapse, con fuertes rumores de una posible guerra, pero lo que a ellas les preocupa es saber cuándo van a recibir de nuevo gas y electricidad, algo esencial para su peculiar modo de vida. (FILMAFFINITY) [+]
18 de abril de 2024
18 de abril de 2024
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Oyendo el otro día las desafortunadas manifestaciones de ese genio del humor que es Joaquín Reyes acerca de que la cultura de la cancelación no existe, se me vinieron a la cabeza una oleada de reflexiones sobre cómo hemos llegado a este mundo de wokismo, censura selectiva y pavor a ofender a este o a aquel. Al final llegué a una conclusión preliminar de que todo se empezó a ir a la mierda en el momento en el que las discusiones estúpidas dejaron de ser zanjables con esas dos decisivas palabras que tantos problemas han ahorrado a la humanidad: «eres subnormal».
Bastaba con utilizar esa fórmula para dar a entender que no estabas dispuesto a debatir de nada con nadie que no aceptara que dos y dos son cuatro. Pero claro, los mediocres encontraron su antídoto en la victimización e iniciaron una siniestra campaña disfrazada de buenismo para que usar esa frase fuese insultar a la pobre gente con síndrome de Down, de modo que, usando a discapacitados como escudos humanos, todo pasó a ser opinable y respetable. Dos y dos ya no eran cuatro «sólo porque lo dijeras tú». Para llegar al meollo de las cuestiones había que refutar primero que dos y dos no eran siete, doce o veinticinco. No hay más que ver cómo las discusiones serias han desaparecido del espacio mediático y político por el agotamiento y desgaste mentales que supone tener que decir que estás de acuerdo en veinte obviedades antes de poder sostener algo polémico: la gente con low IQ se ha venido muy arriba y domina las estructuras de opinión.
Bastaba con utilizar esa fórmula para dar a entender que no estabas dispuesto a debatir de nada con nadie que no aceptara que dos y dos son cuatro. Pero claro, los mediocres encontraron su antídoto en la victimización e iniciaron una siniestra campaña disfrazada de buenismo para que usar esa frase fuese insultar a la pobre gente con síndrome de Down, de modo que, usando a discapacitados como escudos humanos, todo pasó a ser opinable y respetable. Dos y dos ya no eran cuatro «sólo porque lo dijeras tú». Para llegar al meollo de las cuestiones había que refutar primero que dos y dos no eran siete, doce o veinticinco. No hay más que ver cómo las discusiones serias han desaparecido del espacio mediático y político por el agotamiento y desgaste mentales que supone tener que decir que estás de acuerdo en veinte obviedades antes de poder sostener algo polémico: la gente con low IQ se ha venido muy arriba y domina las estructuras de opinión.

Evan Rachel Wood & Ellen Page
También tengo claro cuándo se llegó al final de ese camino y se pudo decir abiertamente que los mediocres habían ganado. Llo dataría de cuando las grandes compañías de contenido cultural y artístico (Disney, Santillana…) crearon departamentos para valorar si los productos eran satisfactorios desde todos los ángulos sociales, es decir, no que los productos no ofendieran explícitamente a tal o cual minoría (que ya es cenusra) sino que no los ofendieran implícitamente por omisión («pues aquí falta una gitana lesbiana o un profesor de gimnasia pakistaní y vegano») . Eso sí, el camino no estuvo exento de señales. Los semáforos inclusivos, el «todos y todas», el que los niños no se puedan disfrazar de cosas violentas… o el Test de Bechdel. Para el que no lo sepa, el test de Bechdel ‘mide’ cómo de representadas están las mujeres en las películas y se considera que una película lo cumple cuando hay, al menos, dos personajes femeninos (lo que por aquel entonces se consideraban mujeres, hoy ya no sé cómo se definiría este criterio), con nombres propios (es decir que no sean figurantes) y que tengan una conversación (sin definir muy bien lo que es eso) en la que las dos personas femeninas no hablen de un hombre (masculino, se entiende).

Recuerdo que la primera vez que oí hablar del tema, me pareció una estupidez peligrosa. En sí mismo, el test era inofensivo porque cualquiera con dos luces de frente se tiene que dar cuenta de que se trata de una valoración totalmente disociada de la calidad de la película: una película buena no tiene por qué cumplir el test y cumplir el test no convierte en buena una película. Pero ya empecé a intuir que terminaría siendo utilizado, como así ha sido, de manera torticera para terminar midiendo y etiquetando las películas en feministas o no feministas y, por tanto, influyendo en la creatividad: «faltan más superheroínas en Marvel y chicas desembarcando el día D en Omaha» o en el acceso a subvenciones y premios. Pero claro, no se pudo tachar al dichoso Test con la palabra que empieza por S y que en inglés se traduce como retarded, y poco ha poco hemos llegado hasta donde estamos,
Lo mejor que se me ocurre decir sobre “En el bosque” es que cada quince minutos cumple tres o cuatro veces con el Test de Bechdel. Lo hace, además, casi de manera extrema e inmersiva, como una masterclass Bechdel de cien minutos en la que dos protagonistas femeninas atrapadas en un bosque tras un apocalipsis tecnológico luchan por sobrevivir en un mundo hostil en el que lo que queda de la humanidad, como suele pasar en estos casos, es el mayor de los peligros. Sin más ley que la de la selva, sin orden y sin estructuras sociales ni económicas, todo es un sálvese quien pueda en el que por la vida de la protagonistas sólo pasarán tres personas y todas hombres, todos tóxicos a su manera: un padre que muere en circunstancias forzadamente estúpidas sin prepararla para vivir solas, un novio que amenaza el vínculo fratenal (sororo, sería quizá más correcto) con la idea preconciliar de querer iniciar una vida marital con una de ellas y un agresor sexual.
Probablemente, el mensaje subyacente es absolutamente sesgado, meramente activista, indignante y muy victimista pero es que la película es tan espesa y tan lenta que no dan ganas ni de indignarse ni de contestar ni de pensar si está insultando al género masculino, al capitalismo o a la tecnodependencia. Fuera de su mensaje, no hay ningún intento de crear una trama de interés o de dibujar algo parecido a un aventura en un contexto que, de por sí, tiene cierto interés. Todo es cháchara e insinuaciones en una película para listos, para inteligentes que valoran intangibles e intenciones. Imprescindible en el catálogo de HBO.
Lo mejor que se me ocurre decir sobre “En el bosque” es que cada quince minutos cumple tres o cuatro veces con el Test de Bechdel. Lo hace, además, casi de manera extrema e inmersiva, como una masterclass Bechdel de cien minutos en la que dos protagonistas femeninas atrapadas en un bosque tras un apocalipsis tecnológico luchan por sobrevivir en un mundo hostil en el que lo que queda de la humanidad, como suele pasar en estos casos, es el mayor de los peligros. Sin más ley que la de la selva, sin orden y sin estructuras sociales ni económicas, todo es un sálvese quien pueda en el que por la vida de la protagonistas sólo pasarán tres personas y todas hombres, todos tóxicos a su manera: un padre que muere en circunstancias forzadamente estúpidas sin prepararla para vivir solas, un novio que amenaza el vínculo fratenal (sororo, sería quizá más correcto) con la idea preconciliar de querer iniciar una vida marital con una de ellas y un agresor sexual.
Probablemente, el mensaje subyacente es absolutamente sesgado, meramente activista, indignante y muy victimista pero es que la película es tan espesa y tan lenta que no dan ganas ni de indignarse ni de contestar ni de pensar si está insultando al género masculino, al capitalismo o a la tecnodependencia. Fuera de su mensaje, no hay ningún intento de crear una trama de interés o de dibujar algo parecido a un aventura en un contexto que, de por sí, tiene cierto interés. Todo es cháchara e insinuaciones en una película para listos, para inteligentes que valoran intangibles e intenciones. Imprescindible en el catálogo de HBO.
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