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¿Sabes quién viene a cenar?

Drama. Comedia. Romance Una joven de familia acomodada lleva a casa, para presentárselo a sus padres, a su novio, un médico negro con el que tiene la intención de casarse. A pesar de ser personas de ideas liberales, sus padres se sienten muy confundidos, especialmente el padre, que teme que un matrimonio interracial no traiga más que problemas a su hija. (FILMAFFINITY)
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8
2 de enero de 2016 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Excelente comedia dramática del productor y director Stanley Kramer, un cineasta siempre preocupado por polémicos temas, humanos y sociales. Con “No serás un extraño” abordó el tema de la medicina, en “La herencia del viento” abordó el fanatismo y la racionalidad, con “El proceso de Nuremberg”, el tema de la justicia nazi, y aquí en tono de comedia aborda el conflicto racial en los EEUU. La película es de 1967, en pleno apogeo de los derechos civiles, un año antes del asesinato de Martin Luther King en Menphis, Tennessee. Una comedia donde las miradas apuntan más que las palabras, los gestos desmienten los hechos, que destapa la doble moral, el cinismo de predicar con ideas progresistas mientras el problema no te afecte a ti. Porque en ese caso, se derrumban tus postulados y el asunto cambia totalmente. Saliendo a flote tus prejuicios más insondables, no cabe duda que una cosa es predicar y otra muy diferente, es ser coherente con tus principios.

Rodada prácticamente en estudio, goza de una magistral fotografía de Sam Leavitt y de la portentosa actuación de la pareja Tracy-Hepburn y unos estupendos secundarios. Sería la última actuación del veterano Tracy, muriendo poco después de finalizada la película. Narra cómo la jovencísima Joanna Drayton regresa de repente a casa de sus padres, poniendo inesperadamente fin a unas vacaciones en Hawai. Llega acompañada de un eminente médico viudo de raza negra, el doctor John Prentice (un excelente Sidney Poitier), que le lleva a ella unos años. Joanna piensa contraer matrimonio con el médico. La joven ha sido educada por sus padres – un abogado progresista y una moderna galerista de arte –, de un modo liberal, por lo que cree que casarse con una persona de color no debe representar problema alguno. Su compañero, en cambio, sabe perfectamente que una relación de este tipo, a principios de los años 60 en EEUU, puede ser una fuente inagotable de conflictos.
Sidney Poitier & Katharine Houghton
El encuentro de los progenitores de ambos prometidos y la presencia del afable sacerdote, amigo del viejo abogado, hacen que todos se replanteen las profundas convicciones sociales y humanas en las que cimentan su cultura y sus creencias. El matrimonio liberal formado por los espléndidos Spencer Tracy y Katherine Hepburn ven socavados sus sentimientos más íntimos cuando su hija les comunica su decisión. Un divertido alegato contra el racismo y la hipocresía que puede llevar a una persona a ser políticamente correcta y perfectamente infeliz. Una fábula en la que pretende triunfar el amor por encima de las diferencias del color y el estatus social. Una obra divertida, emocionante y lúcida. Y es que ya lo dice el sabio refrán: “Serás esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios”.
8
24 de septiembre de 2018 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre lo digo: a las películas hay que juzgarlas con criterios de la época en que se hicieron y el entorno sociológico que había en ese momento. Y el problema racial en los EEUU de 1967 era brutal (de hecho, sigue siendo grave 50 años después). En ese contexto una película como esta, bien dirigida, con grandes actores y un guion inteligente con mensaje liberal e integrador, tuvo mucho mérito. Pero mucho.

Y es que la película es notable, empezando por esa enorme pareja de actores (y pareja también fuera de la pantalla) que fueron Katharine Hepburn y Spencer Tracy, que ya viejos bordan unos papeles escritos para ellos. De hecho, fue la despedida de Spencer Tracy, que muy enfermo, moriría sólo 17 días después de acabar el rodaje. La escena final de su monólogo fue también su despedida de Katharine Hepburn, cuya emoción y lágrimas eran absolutamente reales.

Sidney Poitier también realiza una buena interpretación, aunque con algún tic de sobreactuación típico en él. Los secundarios sobresalientes, destacando Katharine Houghton como la hija de la Hepburn (en la vida real era su sobrina, por cierto).
Katharine Hepburn, Sidney Poitier & Katharine Houghton
El guion es entre divertido y dramático, más lo segundo que lo primero a mi entender, con diálogos muy inteligentes y mensaje de libertad, igualdad y tolerancia (EEUU en 1967, no lo olvidemos). Stanley Kramer firma su mejor película, con una dirección casi teatral, pero muy efectiva, ritmo adecuado y buen manejo de los planos.

En resumen, notable película, uno de esos clásicos que para mí nunca pasan de moda, que me gusta volver a ver de vez en cuando y que siempre disfruto igual.
4
2 de julio de 2008
66 de 128 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues parece ser que hubo una época en que los negros no estaban muy bien vistos en general y la gente de bien tenía sus prejuicios contra ellos, lógico por otra parte, el color negro de su piel no puede indicar nada bueno. Aunque siempre hay gente tolerante, sin prejuicios y que le gusta ver en la Mtv a MC Hammer contoneándose al ritmo de u can't touch this, como la protagonista que en una de sus múltiples escapadas para agenciarse la dosis semanal de crack, se enamora de su camello y se van juntos a un concierto de Vainilla Ice.
En pleno ciego y en éxtasis a ver a su ídolo interpretando su gran "ice ice baby", decide presentarle el novio a los padres (niños, no fuméis crack ni vayáis a conciertos de rap).
Le compra un traje Emidio Tucci, le coloca la gorra recta, cambia las Air Jordan por unos zapatos de piel de lagartijo y se disponen a asistir a una agradable velada, aunque en el fondo ella tiene miedo, porque aunque no ha visto a sus padres con capucha blanca y una túnica con tres k, ella sospecha que los negros no le caen muy bien a sus padres.
Spencer Tracy & Sidney Poitier
Llega la gran noche y al abrir la puerta el padre y resistir el primer impulso de llamar a la policía, consiente sentarlo en su mesa y darle una oportunidad de explicar al jodido negro que cojones hace con su hija.

Él le explica que es medico (aun no quiere confesar que es camello, teme que la opinión sobre las drogas de los padres sea un tanto conservadora), que se lava más de una vez por semana, que vota Republicano, que asiste al rodeo todos los sábados, que guarda un rifle bajo el colchón, que siempre bebe Coca Cola y que una vez vio un comunista y le escupió en el ojo.

Entonces el padre, con lágrimas en los ojos y mirando a la feliz pareja exclama..hijo, tu no eres negro, tu eres Afroamericano! Mientras a la madre por la emoción se le cae al suelo la cubertería de plata que ya estaba escondiendo en la caja fuerte.
4
28 de julio de 2012
30 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mucha gente la ensalza.

Es verdad: Katharine Hepburn fue una actriz genial; Spencer Tracy tiene gracia siempre.

Pero la película, a día de hoy, está más pasada que un sándwich de cangrejo de hace tres años.

Rancia, anquilosada casi en su época, mal envejecida. Quiere tener mensaje social chupi, y al mismo tiempo hacer reír con ¡esa locura de que un negro se case con una blanca! ¡Repámpanos! ¡Qué tema inmortal! ¿Cómo es que Shakespeare no escribió una comedia con semejante asunto? ¿O Aristófanes?

Nada, nada: humor bobo, rollo social caduco, y totalmente fuera de lugar en nuestros días.

Y si una película no aguanta el paso del tiempo, no hay vuelta de hoja: es mala.

Hace unos días me volví a ver Lo que el viento se llevó, y ahí aguanta fresca como una jodida lechuga. Es un ejemplo de cine que soporta los años: los hay a millares. No es el caso.
7
1 de agosto de 2011
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
La verdadera discriminación no tiene que ver con el color de la piel, las creencias religiosas, las ideas políticas, la procedencia geográfica, la actitud ante la vida...
Es mucho más sencillo.
El racismo verdadero, el que separa las dos únicas razas del planeta Tierra (que se supone el único habitado), de un modo irreconciliable se llama DINERO.
RICOS y POBRES. No hay más razas.
En la película, queda claro que Sidney y la chica son de la misma raza.
Así todo es más fácil.

(El siete es porque Katharine Hepburn y Spencer Tracy son grandiosos).
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