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La caza

Drama Tres amigos van de caza a un coto que fue escenario de una batalla durante la Guerra Civil. Todos ellos están pasando por momentos difíciles, separaciones, problemas con el alcohol, de modo que lo que iba a ser una tranquila jornada de caza se convierte en un enfrentamiento entre los tres. (FILMAFFINITY)
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Críticas 74
Críticas ordenadas por utilidad
14 de abril de 2008
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Carlos Saura coescribe, coproduce (tras ser rechazado el proyecto por varias productoras) junto a Elías Querejeta –aunque solo aparezca el vasco en los créditos- , y dirige en 1965 una de las películas más prodigiosas del cine español por varios motivos: el marco histórico represivo en el que se realiza la cinta, introduciendo secundariamente el tema de la Guerra Civil Española durante la dictadura franquista, pero a su vez estando presente en todo momento con la lucha interna que viven los personajes; su bajo presupuesto (dos millones de pesetas) y su (prácticamente) único escenario le dan un aire austero y teatral a la cinta. Los personajes, sudorosos en todo momento (el sudor es de verdad, según cuentan no hubo maquillaje), van sufriendo una evolución más que aparente a lo largo de la película, están enfrentados, agitados y dan sensación de agobio al espectador. La fotografía es sensacional, los movimientos de cámara son magistrales. Es, sin duda, una película imprescindible dentro de la filmografía española.
hpbordon
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17 de febrero de 2013
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los fantasmas de la Guerra Civil se huelen en un caluroso día de fin de semana cuando tres amigos se reúnen en el coto propiedad de uno de ellos. Cada uno tiene sus problemas: José (Ismael Merlo) se ha separado y está cargado de deudas y aprovecha invitarle a cazar a Paco (Alfredo Mayo) de ideas fijas y con el orgullo marcado en su frente para pedirle dinero; por otra parte está el más intelectual Luis (José María Prada), aficionado al alcohol y a la lectura de novelas de Ciencia-Ficción, más alejado de la realidad de sus compañeros. En la cacería les acompaña el joven (Emilio Gutiérrez Caba), el vigilante del coto Juan (Fernando Sánchez Polack) y una sobrina suya, Carmen (Violeta García).

Enfrentarse a antiguas rencillas, a un compañero desaparecido en la guerra mientras están cazando al conejo mediante perros, hurones y bajo un justiciero Sol que les atrae a sus impulsos más violentos, el tercer film de Saura es un repaso a los restos de un pasado que no se puede olvidar y que se traduce en la rabia y el remordimiento que resurge cuando tres amigos son incapaces de ayudarse entre ellos y convierten en una cacería en su trampa personal.

Tercer film de Carlos Saura tras “Los Golfos” (1959) y “Llanto por un Bandido” (1964), en que demostró, sin que la censura le acosara, los malos recuerdos acechados de un pasado llevados a la actualidad del momento, en plena etapa franquista (en la etapa conocida como el Desarrollismo). Notable fotografía en blanco y negro de Luis Cuadrado.
Natxo Borràs
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12 de septiembre de 2014
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Saura fue uno de los representantes del nuevo cine español de principios de los sesenta. “La caza” es una película emblemática de su época, cargada de ira y violencia, que pone de manifiesto las contradicciones de los vencedores de la Guerra Civil, a través de sus ambiciones y diferencias. En el fondo, todos los traumas y obsesiones de la sociedad franquista: no sólo la patética prepotencia de las viejas generaciones, sino también los servilismos y miserias provocados por un cuerpo social en continuo deterioro, e incluso la desazón y el desconcierto de los jóvenes, todo ello filmado en paisajes fantasmagóricos e hiperrealistas.

En otras palabras, una situación en principio banal y cotidiana convertida en una parábola simbólica sobre la España de la época, un material de base marcadamente naturalista. En este sentido, la apariencia engañosamente documental de las imágenes esconde en su interior todo un itinerario de sugerencias y alusiones. Cada una de las tomas es de una rotunda carnalidad, puntillosamente subrayada por la excepcional fotografía de Luis Cuadrado. Pero esa inmediatez en seguida deviene inquietud, y otorga a los personajes una fisicidad tan extrema que parece arrancarlos del mundo real para insertarlos en un escenario abstracto y onírico.

Cuatro amigos se reúnen durante una cacería en un día caluroso. José (Ismael Merlo) – que se encuentra en una situación económica precaria – la ha organizado. Su intención es pedirle dinero a su amigo Paco (Alfredo Mayo). Éste está en buena posición y sospecha de las intenciones de José. Luis (José Mª Prada) tiene un carácter sumiso, por lo que es fácilmente influenciable. Los tres combatieron en la Guerra Civil española. En cambio, Enrique (Emilio G. caba), cuñado de Paco, es el más joven, ya que pertenece a la generación de la postguerra. Poco a poco la tensión irá en aumento debido a una serie de reproches.

Son muchos los aciertos del film: la magnífica descripción del clima de violencia latente, la perfecta progresión dramática, la expresiva utilización de los objetos, tomados en primerísimos planos, lo que se convertirá en uno de sus recursos fundamentales. Sin duda, “La caza” representa el primer logro total de Carlos Saura y el encuentro con un equipo de trabajo decisivo para su futuro, Elías Querejeta (productor), Luis Cuadrado (cámara), Luis de Pablo (música), Pablo Gª. Del Amo (montaje), serán a partir de este momento nombres habituales en los créditos de sus películas, evidenciando su homogeneidad, tanto temática como técnica.
Antonio Morales
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16 de mayo de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La caza de Carlos Saura, es un drama basado en tres amigos que van de caza a un campo que fue testigo de un gran batalla en la guerra civil, y lo que parece que será un día de diversión, acabará siendo una pesadilla para los tres. Dirigida con un ritmo tranquilo y pausado, y de manera subjetiva y particular, muestra una obra personal y admirable de gran estilo visual y narrativo, que es muy inteligente al mostrar la conveniencia y el egoísmo de la clase alta y pudiente. Realizada de modo impecable y magistral, tiene un resultado lúcido y excepcional que merece la pena descubrir y hace disfrutar.
La fotografía en blanco y negro, es alusiva a los campos y rica en matices bien estudiados, que son estéticamente sugerentes y de corte hermoso y espléndido siendo uno de los principales atractivos del film. La música, es inquietante en las escenas de acción, estimulando e intrigando gracias a sus sonidos hipnóticos y penetrantes que turban al espectador con intensidad, resaltando también los sonidos de la naturaleza que les rodea. Y los planos y movimientos de cámara, son rápidos y dinámicos, con gran uso de los primeros planos, reconocimiento, cámara en mano, panorámicos, circulares y detalle en un soberbio trabajo técnico.
Las actuaciones, son profundas y creíbles. Contando con las íntegras y naturales interpretaciones de Ismael Merlo, Alfredo Mayo, José María Prada, Emilio Gutiérrez Caba, Violeta García, Fernando Sánchez Polack y María Sánchez Aroca. Empleando para estos, unos vestuarios y caracterizaciones sugestivos a las ropas de cazadores de clase alta, y humildes y carentes para el servicio, mostrando la diferencias sociales en una buena dirección artística.
El guion, escrito por el mismo director junto con Angelino Fons, es recóndito y pernicioso en una trama que se va calentando a medida que avanza, con un argumento sorprendente y amenazador, que está lleno de insidias que estremecen y absorben a un espectador expectante y entregado, siendo en definitiva excepcional. Y que esta llevado a cabo, con una narrativa curiosa en la cual los protagonistas miran a la cámara explicando sus impresiones al espectador, y el resto con voz en off por parte de todos de manera que se va descubriendo sus paranoias y sentimientos ocultos.
En conclusión, la considero una obra indeleble e insustituible del director y del cine español, ya que brilla con apasionamiento y cautiva en su escalofriante historia, que va de menos a más hasta alcanzar un final magnífico e implacable. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, planos, movimientos de cámara, vestuarios y narrativa que convierten a La caza, en una cinta a tener en cuenta dentro de los mejores dramas, que gustará a todos los buscadores de películas sobrecogedoras pero bien trabajadas de principio a fin.
Elcinederamon
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13 de enero de 2015
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mientras veía La caza (Carlos Saura, 1965) no dejaba de ver claras referencias al cine de Sam Peckinpah: el calor, reflejado como pocas veces se ha manifestado en una película que no sea La ventana indiscreta; la tensión en espacios abiertos, la violencia contenida a la espera de un subterfugio, el crepúsculo vital y el rosario de la aurora concluyente. Después de compensar mi falta y ver semejante peliculón, llegué a casa para informarme un poco más del contexto de la obra. Y sorpresón. En una entrevista al propio Saura —aunque hay bastantes más referencias—, éste comenta: “Al final, Polanski se llevó el Oso de Oro, pero Pasolini, que era del jurado, nos dijo: «Una injusticia. Su película es mejor». Luego se estrenó en EE.UU., la crítica la incluyó entre las mejores de la época, se la comparó con las vanguardias del momento; nouvelle vague, free cinema, cine independiente; y Sam Peckinpah dijo que cambió su vida.”. ¡Claro! todas las películas del realizador norteamericano en las que yo pensaba están realizadas después de La caza. Ahora resulta que no vi mucho de Peckinpah en Saura, sino que, cada vez que vuelva a ver Grupo Salvaje o Perros de paja, me daré cuenta de que estoy viendo claras referencias al cine de Carlos Saura.

Tres antiguos amigos y socios, junto con el joven cuñado de uno de ellos, vuelven a juntarse años después para ir a cazar. Una reunión, con la excusa de disfrutar del tiro al conejo, que en realidad tiene otros motivos. Con una diegética banda sonora interpretada por la Filarmónica de chicharras de Seseña (Toledo), un escenario que fue antiguo campo de batalla y donde los agujeros de mortero se mezclan con las madrigueras, un calor con nada de postproducción, pues se rodó en pleno mes de agosto, y unos magníficos diálogos repletos de intención, La caza se lanza con puntos suspensivos en cada escena hacia su impactante punto final. Un film in crescendo con composición de celos, envidias, prepotencia, lujuria, infidelidades, alcoholismo, suicidios pretéritos, locura y una caza real de liebres. Buñuel comentó tras su visionado que le hubiera gustado hacer la película, sin la salvaje matanza de conejos. Increíble secuencia que, por otra parte, es una perfecta definición de personajes sin necesidad de palabra alguna. Brutal.

Primicia y descubrimiento de un nuevo cine que ni Peckinpah ni la cinematografía nacional de la época ni yo conocíamos. Secuencias sin desperdicio ninguno, junto a pláticas llenas de dobles sentidos sobre la raza humana, la postguerra y la nueva sociedad. “Llegará un día en que los conejos se coman al género humano. Nos invadirán y formarán una nueva civilización y, como son más pequeños que nosotros, habrá lugar para todos y la lucha de clases desaparecerá y no habrá mas envidia y así se arreglará el mundo. Pero antes, sostendrán una gran guerra con las ratas”. Cazado.

www.apositivar.com
A POSITIVAR
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