Arrástrame al infierno
5,7
23.501
Terror. Thriller
La joven Christine Brown (Alison Lohman) trabaja en un banco de Los Ángeles concediendo préstamos hipotecarios. Un día la señora Ganush, una misteriosa anciana (Lorna Raver), va al banco para pedirle una moratoria, pero Christine se la niega, y la señora Ganush pierde su casa. La anciana decide entonces vengarse lanzándole una maldición que convierte su vida en un infierno. Ante la incomprensión de su escéptico novio Clay Dalton (Justin ... [+]
10 de noviembre de 2025
10 de noviembre de 2025
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
'Arrástrame al infierno' es de esas películas que provocan una relación de amor-odio inmediata: sabes que tiene más debilidades que virtudes, pero aun así no puedes dejar de disfrutarla. Sam Raimi intenta recapturar esa magia grotesca y exagerada que tan bien le funcionó en Posesión infernal, aunque aquí el resultado no termina de ser del todo redondo.
Uno de los principales problemas de la película son sus efectos especiales. Incluso comparando con los años 80, cuando el cine de terror buscaba impresionar con trucos prácticos, los efectos de Arrástrame al infierno se sienten un poco forzados, un intento evidente de realismo que a veces provoca más risa que miedo. Aun así, hay un encanto en esa imperfección: se percibe el esfuerzo detrás de cada escena, y en ciertos momentos, funcionan.
La trama sigue los cánones clásicos del terror: maldiciones, brujas, posesiones y la lucha de la protagonista por lidiar con un enemigo implacable que no deja respiro. Sin embargo, la película se centra tanto en la acción sobrenatural que olvida profundizar en la mitología del demonio que la acecha. Conocer un poco más de su historia, de su existencia o de su propósito habría dado mucho más peso a la narrativa.
Uno de los principales problemas de la película son sus efectos especiales. Incluso comparando con los años 80, cuando el cine de terror buscaba impresionar con trucos prácticos, los efectos de Arrástrame al infierno se sienten un poco forzados, un intento evidente de realismo que a veces provoca más risa que miedo. Aun así, hay un encanto en esa imperfección: se percibe el esfuerzo detrás de cada escena, y en ciertos momentos, funcionan.
La trama sigue los cánones clásicos del terror: maldiciones, brujas, posesiones y la lucha de la protagonista por lidiar con un enemigo implacable que no deja respiro. Sin embargo, la película se centra tanto en la acción sobrenatural que olvida profundizar en la mitología del demonio que la acecha. Conocer un poco más de su historia, de su existencia o de su propósito habría dado mucho más peso a la narrativa.

Alison Lohman se lleva gran parte del mérito: su interpretación es convincente, creíble y llena de fuerza frente a la cámara. El resto del elenco cumple su función como soporte de la historia, pero está claro que la película gira en torno a ella.
Hay escenas memorables que rozan lo ridículo –la del yunque es un ejemplo– y que rompen la tensión con un humor involuntario, casi recordándote a una parodia a lo 'Scary Movie', aunque como comedia de terror, funciona bastante bien. No obstante, lejos de arruinar la experiencia, contribuyen a ese sabor agridulce que hace que quieras volver a verla.
En definitiva, 'Arrástrame al infierno' no es perfecta y difícilmente será tu película de terror favorita, pero es de esas que hay que experimentar al menos una vez. Tiene momentos de terror genuino, actuación sólida y un estilo muy particular que solo Sam Raimi sabe imprimir: exagerado, divertido y un poco caótico.
Hay escenas memorables que rozan lo ridículo –la del yunque es un ejemplo– y que rompen la tensión con un humor involuntario, casi recordándote a una parodia a lo 'Scary Movie', aunque como comedia de terror, funciona bastante bien. No obstante, lejos de arruinar la experiencia, contribuyen a ese sabor agridulce que hace que quieras volver a verla.
En definitiva, 'Arrástrame al infierno' no es perfecta y difícilmente será tu película de terror favorita, pero es de esas que hay que experimentar al menos una vez. Tiene momentos de terror genuino, actuación sólida y un estilo muy particular que solo Sam Raimi sabe imprimir: exagerado, divertido y un poco caótico.
10 de junio de 2026
10 de junio de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando llegó "Arrástrame al Infierno" a las puertas del verano de 2009 fue una sorpresa para muchos. Y aunque sólo tuviera 16 años también lo fue para mí, porque sabía de dónde había venido Sam Raimi antes de dedicarse a llevar las peripecias del hombre-araña a la pantalla.
Pero no sólo había que contar ese largo lustro que estuvo empleado en Sony.
El director no se acercaba al terror desde hacía unos diecisiete años. Probó con el drama, la intriga sobrenatural más cerca de Shyamalan, incluso el "western"; mucho había llovido desde el cierre de la saga de "Posesión Infernal". El gran proyecto de "Spider-man" detuvo el guión de lo que pudo haber sido su "comeback" al género, escrito junto a su hermano Ivan, si bien, como él dijo: "Nunca se concibió como un guión, sólo se quedó escrito como un cuento corto y después de muchos años mi hermano me propuso convertirlo en un guión y hacerlo con su productora, Ghost House".
Pero no sólo había que contar ese largo lustro que estuvo empleado en Sony.
El director no se acercaba al terror desde hacía unos diecisiete años. Probó con el drama, la intriga sobrenatural más cerca de Shyamalan, incluso el "western"; mucho había llovido desde el cierre de la saga de "Posesión Infernal". El gran proyecto de "Spider-man" detuvo el guión de lo que pudo haber sido su "comeback" al género, escrito junto a su hermano Ivan, si bien, como él dijo: "Nunca se concibió como un guión, sólo se quedó escrito como un cuento corto y después de muchos años mi hermano me propuso convertirlo en un guión y hacerlo con su productora, Ghost House".

Se nota desde el principio que esto fue un descanso que estaba deseando tomarse de los grandes rodajes, los grandes equipos y las presiones en general, y volver así a sus humildes orígenes (irónicamente el presupuesto de "Arrástrame..." no tenía nada que ver con el de un film de "serie B"); desde ese inicio donde Raimi decide ir a saco, sin sutilezas que valgan. Un niño mexicano maldito, demonios, llamas del Infierno saliendo del suelo; no sé por qué todo esto me pareció más propio de Robert Rodríguez, mucho ruido y mucho caos. El problema, y esto se va a repetir hasta el final, es la manía que tiene de alargar y alargar las escenas hasta volverlas aburridas...
A Raimi le gusta regodearse en el mal gusto y lo sangriento, y lo enfoca en primer plano. Ya lo sabemos. Ya lo sabía, y aun así el delirio asquerosamente estrambótico de sus locuras de los '80 me resultaba más agradable que el que perpetúa aquí. Tal vez porque Alison Lohman, quien declaró odiar el cine de terror, no da la talla, o porque su personaje Christine se hace cansino y antipático a las primeras de cambio y te da igual lo que le pase; de hecho a partir de cierta escena (esa es otra, la crueldad animal, que detesto incluso en la ficción...) uno sólo desea que vengan los demonios y se la lleven cuanto antes.
A Raimi le gusta regodearse en el mal gusto y lo sangriento, y lo enfoca en primer plano. Ya lo sabemos. Ya lo sabía, y aun así el delirio asquerosamente estrambótico de sus locuras de los '80 me resultaba más agradable que el que perpetúa aquí. Tal vez porque Alison Lohman, quien declaró odiar el cine de terror, no da la talla, o porque su personaje Christine se hace cansino y antipático a las primeras de cambio y te da igual lo que le pase; de hecho a partir de cierta escena (esa es otra, la crueldad animal, que detesto incluso en la ficción...) uno sólo desea que vengan los demonios y se la lleven cuanto antes.

Habrá que esperar mucho para eso. La veterana actriz teatral Lorna Raver es la que da lustre a la película con su actuación desquiciada y caracterización repulsiva; su bruja gitana húngara, anciana pero implacable, merece figurar entre los mejores villanos del terror contemporáneo. El sosainas de Justin Long (este tipo sólo tiene una forma de actuar) está para estorbar un poco y nada más. El guión, entonces, es un poco el ABC de las películas de maldiciones y posesiones: la protagonista hará amistad con un médium/espiritista y juntos intentarán encontrar la solución mientras la primera es acosada por fantasmas/demonios y tendrá horrorosas alucinaciones.
Seguro que no intuimos que la mexicana del principio va a entrometerse en este embrollo, pero incluso sirviéndonos un enfermizo espectáculo fantasmagórico como primer clímax, a Raimi se le va mucho la cabeza y quiere meter más humor absurdo que terror auténtico, así que todo pasa a ser directamente una parodia, y no tiene ninguna gracia. Lo peor es que esto no acaba aquí, también se reserva unas cuantas sorpresas; falta hacía porque sólo llevaba una hora y cuarto de metraje y creí que eran dos horas y cuarto...es que aquí el tiempo transcurre muy despacio.
Pero es porque el director nunca tiene suficiente. Cuando una escena no puede ser más escatológica (la mosca paseándose por la cara de Christine) ni más violenta (el asalto dentro del coche) ni más ilógica (la explosión de sangre en el banco, que no tiene ni pies ni cabeza...) él se empeña en llevarlo un poco más allá. El mayor acierto de la película es que, de vez en cuando, detenga el frenesí demoníaco y se dedique a construir un poco a sus personajes, por eso toda la secuencia de la cena de Christine con los padres de su novio es lo mejor sin duda; ahí Raimi mete asquerosidades, sí, pero lo hace a través del humor negro y es ingenioso.
El festival sale regular. Demasiado excesivo, repelente, repetitivo y tonto, incluso si es de manera autoconsciente; pero adoro el hecho de que Christine, por mucho que luche, parece que no vaya a salirse con la suya. Eso sí que es mandar al Infierno un tópico del cine de terror moderno.
Lo que realmente me sorprende es que, tras su estreno, crítica y público estuvieron de acuerdo con la película: a todo el mundo pareció gustarle.
Seguro que no intuimos que la mexicana del principio va a entrometerse en este embrollo, pero incluso sirviéndonos un enfermizo espectáculo fantasmagórico como primer clímax, a Raimi se le va mucho la cabeza y quiere meter más humor absurdo que terror auténtico, así que todo pasa a ser directamente una parodia, y no tiene ninguna gracia. Lo peor es que esto no acaba aquí, también se reserva unas cuantas sorpresas; falta hacía porque sólo llevaba una hora y cuarto de metraje y creí que eran dos horas y cuarto...es que aquí el tiempo transcurre muy despacio.
Pero es porque el director nunca tiene suficiente. Cuando una escena no puede ser más escatológica (la mosca paseándose por la cara de Christine) ni más violenta (el asalto dentro del coche) ni más ilógica (la explosión de sangre en el banco, que no tiene ni pies ni cabeza...) él se empeña en llevarlo un poco más allá. El mayor acierto de la película es que, de vez en cuando, detenga el frenesí demoníaco y se dedique a construir un poco a sus personajes, por eso toda la secuencia de la cena de Christine con los padres de su novio es lo mejor sin duda; ahí Raimi mete asquerosidades, sí, pero lo hace a través del humor negro y es ingenioso.
El festival sale regular. Demasiado excesivo, repelente, repetitivo y tonto, incluso si es de manera autoconsciente; pero adoro el hecho de que Christine, por mucho que luche, parece que no vaya a salirse con la suya. Eso sí que es mandar al Infierno un tópico del cine de terror moderno.
Lo que realmente me sorprende es que, tras su estreno, crítica y público estuvieron de acuerdo con la película: a todo el mundo pareció gustarle.
6 de agosto de 2009
6 de agosto de 2009
4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gracias Sam Raimi. Has roto el molde. Nos has traído a los fans incondicionales del terror todo un film que recupera el espíritu de la mítica trilogía de Posesión Infernal sin por ello auyentar al espectador medio que espera y merce un film de terror que le mantenga dos horas en tensión y clavado a la butaca. Pero Arrastramé al Infierno hace eso y mucho más. Nos da un film contado milimétricamente, su guión es uno de esos de la vieja escuela, que tanto echamos de menos en estos tiempos, en que nada sobra ni falta, todo está perfectamente ajustado (o exagerado en este caso, pero para bien) a favor de la historia que se cuenta y dentro del genero en el cual lo hace. Una historia que no da descanso, que te agarra (nunca mejor dicho) desde el principio y hasta el final no te suelta, las dos horas que dura parecen un suspiro, algo que es aún más perceptible en un verano lleno de ambiciosos blockbuster que epatan y aburren más que otra cosa. Arrástrame al infierno se erige como la película más divertida y emocionante del verano, y probablemente la mejor de Género en el presente año. Sam Raimi retorna a los travelings desbocados, las peleas "cartoon" entre enfurecidos espíritus desdentados y heroes que echan mano de electrodomésticos o aparatos domésticos. No tengo ídea de si piensa producir finalmente su remake de Posesión Infernal, pero para puesta al día de la brutalidad gore ochentera con una historia más contemporanea no hay nada mejor que Arrástrame al infierno. Y diré más, me da igual los Spidermans o Warcrafts que se ponga Raimi a dirigir de ahora en adelante, probablemente con el film que nos ocupa a dirigido su obra más redonda. Imprescindible.
24 de agosto de 2009
24 de agosto de 2009
3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por los trailer y los avances que había visto en TV creí que iba a ver una película de terror y de eso nada. Sam Raimi es capaz de lo mejor y de lo peor, y por mas que sus acérrimos fans lo nieguen, escriban grandes loas a su obra y le puntúen con toda una constelación, esta vez tocaba de lo peor.
Por favor, no me cuenten milongas. Si en una película de terror, la mayor parte de los “sustos” provocan carcajada, es que algo no funciona como debería. Y no, esto no es “El ejército de las Tinieblas”, donde se dejaba claro casi desde el comienzo que se trataba de un tipo de comedia. Por el contrario, “Arrástrame al infierno” no se vende como tal, y así la película se contempla con incredulidad, entre risas no buscadas (hay algunos “sustos” propios de un episodio del Coyote y el Correcaminos) y náuseas (¡que empeño en regurgitar fluidos y cosas!), resultando más patética a medida que avanza, hasta llegar al final donde decimos eso de “Si lo se, no vengo”.
Por favor, no me cuenten milongas. Si en una película de terror, la mayor parte de los “sustos” provocan carcajada, es que algo no funciona como debería. Y no, esto no es “El ejército de las Tinieblas”, donde se dejaba claro casi desde el comienzo que se trataba de un tipo de comedia. Por el contrario, “Arrástrame al infierno” no se vende como tal, y así la película se contempla con incredulidad, entre risas no buscadas (hay algunos “sustos” propios de un episodio del Coyote y el Correcaminos) y náuseas (¡que empeño en regurgitar fluidos y cosas!), resultando más patética a medida que avanza, hasta llegar al final donde decimos eso de “Si lo se, no vengo”.
11 de diciembre de 2025
11 de diciembre de 2025
3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
No debe haber f(r)icción en una correcta pronunciación. Pánico y paranoia. La mosca. La gitana. Para muestra un botón. Qué horror. Menuda sandez (a cholón).
¿Qué fue de Lohman, Alison?
Lo único bueno es ella, la en combate desparecida (se fue a por tabaco o pipas, a por uvas, la descansada vida de los que huyen del mundanal ruido y siguen la escondida senda de los pocos sabios que en el mundo han sido, seguramente de vuelta a la misma granja que citan en la película, de -no somos- nada, como dios manda, como Eva Mendes, como la Garbo de otra reseca yerma manera en su día o Cameron Díaz hace nada casi ahora, como hacen todas las estrellas con sesos o algo en la mollera, con dos dedos de frente, usar y tirar, casarse y zarpar, procrear, la huida, -la- caza y pesca, irte, tú, antes de que te echen a patadas, ellos, dejen de llamar, bravo, inteligente, además de preciosa, angelada, muñequita linda, para variar, la nena, a su manera, por petenera/s), a la que especialmente recuerdo por aquella interesante juguetona picardía (¿simpática desenfadada maravilla?) en la que hacía de baudelairiana nínfula ya crecidita del mal junto con Michelle Pfeiffer hip hip hurra, lo demás se resume en el binomio o duopolio, dicotomía cuándo serás mía poco sausseriana, silencio susto, (poco) justo, baja el volumen, súbelo, de golpe, y porrazo, tentetieso, garrote o garrotazo, vil, más dos o tres idioteces supinas esotérico infernales satánicas pandémicas atávicas y cuatro o cinco memeces chorradas amoroso profesionales de no te menees, en resumen, bostezo tras bostezo, incomodidad hormigueo en el cuerpo, sueño, hasta la muerte inevitable (del espectador, Coma), el resto qué (nos) importa para este viaje ni alforjas, mejor ciegos, sordos y mudos, desnudos como vinimos al (en er) mundo, a la mierda Edipo, o Antígona, o Johnny (Depp, de/profundis, the blue sea) cogió su fusil, o su sobre/cogedor.
¿Qué fue de Lohman, Alison?
Lo único bueno es ella, la en combate desparecida (se fue a por tabaco o pipas, a por uvas, la descansada vida de los que huyen del mundanal ruido y siguen la escondida senda de los pocos sabios que en el mundo han sido, seguramente de vuelta a la misma granja que citan en la película, de -no somos- nada, como dios manda, como Eva Mendes, como la Garbo de otra reseca yerma manera en su día o Cameron Díaz hace nada casi ahora, como hacen todas las estrellas con sesos o algo en la mollera, con dos dedos de frente, usar y tirar, casarse y zarpar, procrear, la huida, -la- caza y pesca, irte, tú, antes de que te echen a patadas, ellos, dejen de llamar, bravo, inteligente, además de preciosa, angelada, muñequita linda, para variar, la nena, a su manera, por petenera/s), a la que especialmente recuerdo por aquella interesante juguetona picardía (¿simpática desenfadada maravilla?) en la que hacía de baudelairiana nínfula ya crecidita del mal junto con Michelle Pfeiffer hip hip hurra, lo demás se resume en el binomio o duopolio, dicotomía cuándo serás mía poco sausseriana, silencio susto, (poco) justo, baja el volumen, súbelo, de golpe, y porrazo, tentetieso, garrote o garrotazo, vil, más dos o tres idioteces supinas esotérico infernales satánicas pandémicas atávicas y cuatro o cinco memeces chorradas amoroso profesionales de no te menees, en resumen, bostezo tras bostezo, incomodidad hormigueo en el cuerpo, sueño, hasta la muerte inevitable (del espectador, Coma), el resto qué (nos) importa para este viaje ni alforjas, mejor ciegos, sordos y mudos, desnudos como vinimos al (en er) mundo, a la mierda Edipo, o Antígona, o Johnny (Depp, de/profundis, the blue sea) cogió su fusil, o su sobre/cogedor.

El novio es un muermo, el adolescente, eterno, nunca debió salir, abandonar/dejar, de las películas de instituto, su nicho, su tumba, tanta, y el coro poco más o menos, el humor es, también, el cántaro y la fuente, va, tanto, tonto, bobo, y la historia, la hostia, de derribo, y acoso, pena, y asco, perezosa puramente inane, oligofrénica ostensiblemente desinteresante, estirar el chicle, estrés tres, en fin, pabernosmatao, un bodrio con todas las letras, mongolo, babeante, las babas del diablo, baboso, de babero, bochorno, incluso, hinchado, espectáculo, pavoroso, memo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Y el final como de Destino..., eso, tontísimo, como todo lo previo, cloroformo, encefalograma plano, y seguimos sumando, ni una dentro, qué hizo la pobre para merecer eso (nacer para) esto, tormento, normal que dejara la actuación para los restos, si te he visto, no me acuerdo, si lo sé, no vengo, salió corriendo, como alma que lleva el diablo, no te reconozco, me (re)niego, vergüenza al ridículo, lo/la deja, ni Cuarón, Bu, y viceversa, qué gran grupo, antaño, por cierto.
Aquí hay gato enc(t)errado, huele a muerto, y cabra, o cabrón, macho cabrío, de la legión, invencible, vomítame, tibio.
Aquí hay gato enc(t)errado, huele a muerto, y cabra, o cabrón, macho cabrío, de la legión, invencible, vomítame, tibio.
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