Canciones del segundo piso
27 de julio de 2009
27 de julio de 2009
63 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con "Canciones del segundo piso" nos encontramos frente a una película en primer lugar, extraña.
¿Extraña en el buen sentido de la palabra? Sí. En todas las escenas, mientras ocurre algo en primer plano, está sucediendo algo de fondo. Ese "esfuerzo" que tiene que hacer el espectador para no perdérselo, me pareció un recurso excelente muy pocas veces visto. La fotografía de la película es increíble también; una calle larguísima azul y completamente vacía, una ciudad en la que durante toda la película hay un embotellamiento, un basurero lleno de crucifijos, entre otras.
Por otra parte (y esto creo que tiene un gran peso), acerca a uno a la sociedad sueca y le rompe completamente la visión de "país perfecto en el cual todo funciona bien".
Según mi opinión, se merece un gran 10 porque tiene todo a su favor; situaciones absurdas que tienen un fondo de gran crítica social, muy buena fotografía, excelentes simbolismos y diálogos.
¿Extraña en el buen sentido de la palabra? Sí. En todas las escenas, mientras ocurre algo en primer plano, está sucediendo algo de fondo. Ese "esfuerzo" que tiene que hacer el espectador para no perdérselo, me pareció un recurso excelente muy pocas veces visto. La fotografía de la película es increíble también; una calle larguísima azul y completamente vacía, una ciudad en la que durante toda la película hay un embotellamiento, un basurero lleno de crucifijos, entre otras.
Por otra parte (y esto creo que tiene un gran peso), acerca a uno a la sociedad sueca y le rompe completamente la visión de "país perfecto en el cual todo funciona bien".
Según mi opinión, se merece un gran 10 porque tiene todo a su favor; situaciones absurdas que tienen un fondo de gran crítica social, muy buena fotografía, excelentes simbolismos y diálogos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Críticas sociales: xenofobia, capitalismo, indiferencia general, incomprensión, locura y desesperación, nazismo, egoísmo.
Situaciones absurdas increíbles; un mago en un acto de magia que, en el típico truco de cortar al medio a un voluntario del público, fracasa y casi lo mata. Un taxista sensible que no tolera que sus pasajeros le cuenten sus dramas. Un basurero lleno de crucifijos, porque no fueron una buena inversión ni un buen negocio y entonces, se tiran. Un empleado al que lo echan sin previo aviso a pesar de haber trabajado durante 30 años, se arrastra por el piso agarrado de la pierna de su jefe. En una hospital psiquátrico, un paciente se viste de médico (esto ocurre en un segundo plano) hasta que es despojado de la bata blanca. Un grupo de supuestos "expertos" en una mesa larguísima, consultan a la bola de cristal la solución para los problemas financieros y el posterior sacrificio de una niña. Un fantasma ruso que busca a su hermana. Un hombre que se volvió loco "por escribir poemas". Estas son solo algunas de las tantas escenas que sorprenden a uno y logran alejarlo del cine comercial para demostrar que no es todo lo mismo, que en el fondo de tanta absurdez se encuentra una película inteligente, interesante, fuera de lo común y que por ello se destaca.
Situaciones absurdas increíbles; un mago en un acto de magia que, en el típico truco de cortar al medio a un voluntario del público, fracasa y casi lo mata. Un taxista sensible que no tolera que sus pasajeros le cuenten sus dramas. Un basurero lleno de crucifijos, porque no fueron una buena inversión ni un buen negocio y entonces, se tiran. Un empleado al que lo echan sin previo aviso a pesar de haber trabajado durante 30 años, se arrastra por el piso agarrado de la pierna de su jefe. En una hospital psiquátrico, un paciente se viste de médico (esto ocurre en un segundo plano) hasta que es despojado de la bata blanca. Un grupo de supuestos "expertos" en una mesa larguísima, consultan a la bola de cristal la solución para los problemas financieros y el posterior sacrificio de una niña. Un fantasma ruso que busca a su hermana. Un hombre que se volvió loco "por escribir poemas". Estas son solo algunas de las tantas escenas que sorprenden a uno y logran alejarlo del cine comercial para demostrar que no es todo lo mismo, que en el fondo de tanta absurdez se encuentra una película inteligente, interesante, fuera de lo común y que por ello se destaca.
9 de diciembre de 2010
9 de diciembre de 2010
41 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película extraña y complicada de ver que se quedará grabada en la memoria de aquél que se atreva a verla entera. No estamos ante una película pensada para divertir, ni siquiera para llegar a entretener durante su corta duración, más bien busca la reflexión y el despertar algo distinto en el espectador.
La cantidad de mensajes que podemos encontrar en la película de Andersson es tan grande como la cantidad de interpretaciones que se le pueden dar a una misma escena. Canciones del segundo piso es en realidad un álbum fotográfico surrealista que invita a la libre interpretación en cada una de sus fotos. Las cámaras estáticas que muestran escenarios enormes y profundos sin cambio alguno de secuencia actúan como fotos para un álbum que bien podría servir de radiografía humana en muchos momentos.
Hay imágenes que se quedarán grabadas en más de uno gracias al excelente trabajo de fotografía. Además, Andersson consigue algo muy particular e inusual mostrando siempre en un segundo plano (muchas veces casi imperceptible) algo más interesante casi que lo que se muestra en un primer plano. Pareciera como si el director buscara un mensaje incluso también en esta forma de rodar, dando a entender que no siempre lo que se ve a simple vista es lo importante, y que quizá lo que subyace es tan o mas importante.
Pero caben tantas interpretaciones como gente puede llegar a ver esta película, y eso que ni siquiera pertenecemos a la sociedad sueca. Estoy convencido de que la película está plagada de referencias a dicha sociedad a modo de crítica que fuera de sus fronteras son difíciles de captar. Aún así, los mensajes evidentes como la pérdida de la identidad del ser humano quedan patentes. El hecho de ir hacia un sitio no determinado masivamente prueba ese sentimiento de pérdida del control, hombres trajeados que vagan por las calles en la misma dirección azotándose a ritmo de zombies, poetas que son tratados como locos y un sentimiento apocalíptico que dura toda la película. Una clara referencia al clásico "hacia dónde vamos y qué estamos haciendo con nosotros mismos".
Andersson consigue presentar su álbum fotográfico acertadamente, con un ritmo un poco lento pero que da esa sensación de sopor que el director quiere transmitir en sus cortos surrealistas. Como película es una rareza, pero como experiencia lo es aún más.
La cantidad de mensajes que podemos encontrar en la película de Andersson es tan grande como la cantidad de interpretaciones que se le pueden dar a una misma escena. Canciones del segundo piso es en realidad un álbum fotográfico surrealista que invita a la libre interpretación en cada una de sus fotos. Las cámaras estáticas que muestran escenarios enormes y profundos sin cambio alguno de secuencia actúan como fotos para un álbum que bien podría servir de radiografía humana en muchos momentos.
Hay imágenes que se quedarán grabadas en más de uno gracias al excelente trabajo de fotografía. Además, Andersson consigue algo muy particular e inusual mostrando siempre en un segundo plano (muchas veces casi imperceptible) algo más interesante casi que lo que se muestra en un primer plano. Pareciera como si el director buscara un mensaje incluso también en esta forma de rodar, dando a entender que no siempre lo que se ve a simple vista es lo importante, y que quizá lo que subyace es tan o mas importante.
Pero caben tantas interpretaciones como gente puede llegar a ver esta película, y eso que ni siquiera pertenecemos a la sociedad sueca. Estoy convencido de que la película está plagada de referencias a dicha sociedad a modo de crítica que fuera de sus fronteras son difíciles de captar. Aún así, los mensajes evidentes como la pérdida de la identidad del ser humano quedan patentes. El hecho de ir hacia un sitio no determinado masivamente prueba ese sentimiento de pérdida del control, hombres trajeados que vagan por las calles en la misma dirección azotándose a ritmo de zombies, poetas que son tratados como locos y un sentimiento apocalíptico que dura toda la película. Una clara referencia al clásico "hacia dónde vamos y qué estamos haciendo con nosotros mismos".
Andersson consigue presentar su álbum fotográfico acertadamente, con un ritmo un poco lento pero que da esa sensación de sopor que el director quiere transmitir en sus cortos surrealistas. Como película es una rareza, pero como experiencia lo es aún más.
25 de noviembre de 2010
25 de noviembre de 2010
45 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es dificil hablar de una película tras haber curioseado lo escrito acerca de ella y constatar que la gente va muy desencaminada a la hora de identificar referentes y todavía peor cuando toca sacar conclusiones. Porque una cosa es la sarta de lugares comunes compartidos por estos hijos de Perogrullo a la hora de errar con los claros antecedentes, culpa mas que probable del hecho de ver ya no mucho o poco cine, sino siempre el mismo, y otra es lo grave del no ver por dónde van los tiros de esta obra francotiradora, disparos con una trayectoria clara y un objetivo visible hasta para un cegarruto medianamente avispado. Y ahí están, en lo cinematográfico (Bergman en su etapa sin payasos o actores, Buñuel, Godard y, sobre todo, los Monty Python mas radicales, críticos y destructores, influencia más que obvia al apreciar que la película se articula en torno a sketches sin mayor nexo que el parentesco familiar de algunos de los protagonistas de la película) y lo literario (Kafka, el teatro de Brecht y Beckett (sobre todo de este último, donde se espera a lo largo de toda la película a un Godot que no deja de ser el sentido del ¨nonsense¨ vital y que, por supuesto, jamás asomará el hocico) y la aplicación del dadaísmo a la vida occidental contemporanea, entendiendo la destrucción procedente del asco, la apatía, la derrota y la angustia del vivir como retroalimentador de dicha disciplina.
Aclarado esto, la película, ciertamente, es bastante atípica. Son una serie de tomas largas fijas que vendrían a ser sketches o lienzos en plena composición, con dos escenarios activos claramente diferenciados: el primer plano y el segundo. En el primero asistimos en todo momento a una crítica destructiva a la sociedad escandinava, aquella a la que consideramos más avanzada por resultar creadora de conceptos tan ilusorios como Sociedad del Bienestar (que derivó en España en el muy picaresco Calidad de Vida aka ¨compra todo lo que te digamos¨) y resulta estar tan capitalizada como el resto del mundo, sino más; en el 2º suelen aparecer elementos vivos de índole surrealista, pero entendiendo el surrealismo como fuente de crítica y no solo elemento plástico caprichoso (el perenne atasco que remite al famoso travelling crítico de Godard en Weekend, la masa como grupúsculo incapaz de mostrar piedad, solidaridad o cualquier bondad humana individual, las figuras casi supraterrenales que avanzan hacia el primer plano en el inquietante final). Y en casi todo momento 1er y 2º plano interactúan, ya sea para buscar un fin cómico, crítico, epatante o la combinación de ellos.
Aclarado esto, la película, ciertamente, es bastante atípica. Son una serie de tomas largas fijas que vendrían a ser sketches o lienzos en plena composición, con dos escenarios activos claramente diferenciados: el primer plano y el segundo. En el primero asistimos en todo momento a una crítica destructiva a la sociedad escandinava, aquella a la que consideramos más avanzada por resultar creadora de conceptos tan ilusorios como Sociedad del Bienestar (que derivó en España en el muy picaresco Calidad de Vida aka ¨compra todo lo que te digamos¨) y resulta estar tan capitalizada como el resto del mundo, sino más; en el 2º suelen aparecer elementos vivos de índole surrealista, pero entendiendo el surrealismo como fuente de crítica y no solo elemento plástico caprichoso (el perenne atasco que remite al famoso travelling crítico de Godard en Weekend, la masa como grupúsculo incapaz de mostrar piedad, solidaridad o cualquier bondad humana individual, las figuras casi supraterrenales que avanzan hacia el primer plano en el inquietante final). Y en casi todo momento 1er y 2º plano interactúan, ya sea para buscar un fin cómico, crítico, epatante o la combinación de ellos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Y la crítica resulta, vive Dios que si. Es lógico sabiendo que el director, Roy Andersson, filma desde la experiencia que da el tener mas de 50 años y el haber trabajado prácticamente toda su vida (salvo 3 películas repartidas a lo largo de 2 décadas) al servicio de la publicidad televisiva y los infocomerciales, uno de los empleos mas asquerosos que se le pueden pasar por la cabeza a cualquiera salvo que saques el partido que ha terminado por exprimir él. Ni a Bill Hicks ni a mí nos cabe duda alguna acerca de las 2 opciones que se pueden dar en una persona tras semejante trayectoria laboral: un cretino integral merecedor de una muerte ridícula en su WC o un ser de luz pleno de cinismo, sabiduría y, sobre todo, conmiseración. Roy es el segundo supuesto, claro.
En definitiva, una película para nada fácil, incómoda de ver tanto por su nula cadencia como por lo que propone, pero que creo necesaria para el buen gobierno de toda persona de bien, pues hace algo que pocos films hacen: cuestionar la vida. Eso, señores, es tener una lucidez acojonante.
En definitiva, una película para nada fácil, incómoda de ver tanto por su nula cadencia como por lo que propone, pero que creo necesaria para el buen gobierno de toda persona de bien, pues hace algo que pocos films hacen: cuestionar la vida. Eso, señores, es tener una lucidez acojonante.
15 de febrero de 2010
15 de febrero de 2010
27 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película muy difícil de criticar ya que se salta todos los códigos habituales en el cine.
Me ha recordado los planteamientos que hacia Buñuel en su etapa más surrealista pero aquí la forma es sueca y no española con lo que dificulta entrar en su universo.
Para mi la fotografía tiene una belleza extraordinaria, son pinturas en acción.
La recomendaría a quien desee vivir una experiencia creativa pura, película que abre la mente como pocas. Si bien estoy seguro que muchos la odiaran desde los primeros minutos.
Me ha recordado los planteamientos que hacia Buñuel en su etapa más surrealista pero aquí la forma es sueca y no española con lo que dificulta entrar en su universo.
Para mi la fotografía tiene una belleza extraordinaria, son pinturas en acción.
La recomendaría a quien desee vivir una experiencia creativa pura, película que abre la mente como pocas. Si bien estoy seguro que muchos la odiaran desde los primeros minutos.
14 de noviembre de 2015
14 de noviembre de 2015
19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
La visión que Andersson tiene de la sociedad sueca y, por ende, de todas las que comparten el mismo sistema de vida, es lo más pesimista que uno se puede echar a la cara. No hay ni un rayito de luz. Los tonos son sucios, apagados, hospitalarios. Todos los personajes producen rechazo. Aspectos repugnantes, de cara pálida, pelo grasiento, ojos enrojecidos y grandes tripas. La mujer en camisón, en bata, medio desnuda o desnuda, pero sin erotismo. Pinta el sexo como un anestésico; no hay pasión ni calor ni amor, tan solo fornicación virulenta. Las conductas son pasivas, lastimeras, egoístas, ignorantes; todas despreciables.
El atasco infinito, la "locura" del poeta, el chico ahorcado, el despido, los Cristos que no se venden, personas azotándose por las calles, la niña sacrificada, la carrera de equipajes, el mago y el truco, el loco con bata, la pitonisa y la bola de cristal entre ejecutivos...Todas las situaciones muestran a una humanidad errática, bárbara, apática, supersticiosa y condenada a ser su propia víctima.
Porque parece que el mal no es nadie, que aparece de la nada y toca sitios; países, ciudades y personas. Como si fuera una plaga bíblica, cuando la verdadera plaga es el propio humano. El que huye de los estragos que provoca. El que hace daño, el que crea catástrofes y nunca se culpa a sí mismo.
Es irrepochable su valor crítico y su potencial expresivo; con la cámara fija en planos abiertos recuerda a una puesta en escena teatral. Pero hay que echarle paciencia y temple. No es fácil aguantar una hora y media siendo testigo de vidas tan deplorables, aunque, como decia el señor de la tripa, no es fácil ser humano.
Andersson cree que es el fin de toda esperanza. Demasiado derrotista para mi gusto, aunque hay que admitir que todos los males de "Canciones del segundo piso" recuerdan todas las taras de las sociedades modernas. Y da miedo.
El atasco infinito, la "locura" del poeta, el chico ahorcado, el despido, los Cristos que no se venden, personas azotándose por las calles, la niña sacrificada, la carrera de equipajes, el mago y el truco, el loco con bata, la pitonisa y la bola de cristal entre ejecutivos...Todas las situaciones muestran a una humanidad errática, bárbara, apática, supersticiosa y condenada a ser su propia víctima.
Porque parece que el mal no es nadie, que aparece de la nada y toca sitios; países, ciudades y personas. Como si fuera una plaga bíblica, cuando la verdadera plaga es el propio humano. El que huye de los estragos que provoca. El que hace daño, el que crea catástrofes y nunca se culpa a sí mismo.
Es irrepochable su valor crítico y su potencial expresivo; con la cámara fija en planos abiertos recuerda a una puesta en escena teatral. Pero hay que echarle paciencia y temple. No es fácil aguantar una hora y media siendo testigo de vidas tan deplorables, aunque, como decia el señor de la tripa, no es fácil ser humano.
Andersson cree que es el fin de toda esperanza. Demasiado derrotista para mi gusto, aunque hay que admitir que todos los males de "Canciones del segundo piso" recuerdan todas las taras de las sociedades modernas. Y da miedo.
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