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Hunger

Drama Crónica de la vida en la Maze Prison, una cárcel de máxima seguridad de Irlanda del Norte, a través de los emotivos acontecimientos que tuvieron lugar en 1981 con motivo de la huelga de hambre del IRA, liderada por Bobby Sands. La película describe lo que ocurre cuando se obliga al cuerpo y a la mente a ir más allá de sus límites. Celebrada ópera prima del director y guionista Steve McQueen. Obtuvo el Premio Cámara de Oro en el certamen ... [+]
Críticas 68
Críticas ordenadas por utilidad
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9
12 de febrero de 2009
100 de 108 usuarios han encontrado esta crítica útil
Abrumadora.
Creo que úL dejó caer por aquí una opinión más bien tibia, respecto a sus expectativas. Bien, las mías las ha colmado por completo. Todas las alabanzas que había leído están más que justificadas.
Uno de los mejores y más contundentes debuts de esta década, en mi modesta opinión. Steve McQueen, curioso nombre para un primo de Carlton, es el responsable de este obús directo a las entrañas que ayer me dejó sin aliento. Haciendo gala de un estilo visual y un sentido de la estética poderosísimos, un guión sin fisuras y una narrativa tremendamente personal, sin apenas diálogo, concediendo a la imagen todo el protagonismo. La estructura del film, además, con esa velada división en tres actos, me fascinó. Esa crudeza a la hora de rodar la violencia. El modo en que la que la película avanza sin diálogos, sin apenas interacción entre personajes me atrapó por completo. No me esperaba algo así, me pillo totalmente a contrapié. El referente más claro que me vino a la mente fue el Bresson de Un Condenado A Muerte Se Ha Escapado, por motivos obvios. Y después está el impactante trabajo de Michael Fassbender, el tipo que la protagoniza que, al igual que el Bale de El Maquinista, pone en riesgo su salud para dar vida al personaje. Pero McQueen es el nombre que a uno se le queda clavado en la mente cuando desfilan los créditos, un tipo con mucho que decir.
Abrumadora.
7
15 de noviembre de 2009
114 de 143 usuarios han encontrado esta crítica útil
La huelga sucia
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Dura aproximadamente la mitad de la película. Narra la vida de los miembros del IRA y los funcionarios de la cárcel durante el período en que los primeros iniciaron una huelga para solicitar status de presos políticos. No aceptaban los uniformes carcelarios e iban desnudos, y ensuciaban sus celdas con mierda. No hay mucho diálogo, es más bien una narración visual. Es cierto que, como bien dice Peter Gabriel 77, bebe bastante de "Un condenado a muerte se ha escapado", de Bresson. Aunque aquí hay también retrato de los carceleros y no toma tanto partido como cabría imaginar. Naturalmente no es neutral, eso no existe.

La huelga de cámara
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Aquí McQueen da la vuelta a la tortilla y prácticamente sólo hay diálogo. Entre Bobby Sands, que antes apenas tenía protagonismo, y un sacerdote. La verdad es que hay que ser muy bueno para mantener el interés en una escena en la que durante quince minutos la cámara ni se mueve.
Liam McMahon
La huelga de hambre
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Los diálogos vuelven a desaparecer, y el director cede el protagonismo al actor que encarna a Bobby Sands, Michael Fassbender. Hay que estar muy tarado para hacer esa dieta sólo para hacer creíble el papel, pero bueno allá él. La película vuelve a ser física y visual, con el final que todo el mundo conoce.

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En resumen, un ejercicio de estilo del debutante Steve McQueen, que al que busque propuestas nuevas supongo que le encandilará. Yo apenas la encuentro meritoria y algo más que interesante. O sea, que seguramente será la leche y no me he enterado.
8
22 de septiembre de 2008
63 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil
Técnicamente sublime, de una dura belleza y con una fotografía que roza la perfección, es una película que puede resultar infumable para el espectador palomitero, pero indispensable para todo aquel que valore el arte a pantalla grande. El montaje es espeso lo que resta dinamismo a la historia, pero al mismo tiempo aumenta la potencialidad de cada plano. Con una batuta dramática McQueen dirige a los actores y sumerge al espectador desde la primera escena en una la realidad política que gracias al diálogo se ha hecho menos latente en Irlanda y hace posible que se rueden con tal crudeza este tipo de hechos.
7
2 de mayo de 2011
38 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde la presentación de los personajes en cadena hasta no tener pelos en la lengua para retratar las vejaciones que sufren los presos y cómo los verdugos se convierten también en víctimas. Es interesante esa percepción que abre el filme de Steve McQueen, que no tiene nada que ver con el Steve McQueen que ya conocíamos, plantee cierta división entre el hambre de cine. Dos puntos de vista para diseccionar la tragedia y lo absurdo de la violencia. No es que pretenda construir una “En el nombre del hijo” con tintes oníricos sino en plantear los sucesos de la huelga de hambre de 1981 desde otra perspectiva. La voz en off de Margaret Thatcher dramatiza los planos ante la inflexibilidad para negociar con terroristas. Sin nadie cede todos pierden, parece una dura moraleja para construir mártires del martirio y víctimas asesinadas olvidadas.

La defensa a ultranza por un estatus de prisioneros políticos y tener la capacidad de vestir sus propias ropas es el comienzo de un juego de poder. Realmente “Hunger” nos habla de demasiadas cosas encerradas en pequeños detalles: la introducción prorrogada del personaje principal, los detalles formales del director, la larga secuencia de la conversación entre el Padre Moran y Bobby Sands, la belleza en la escatología como adversidad al drama, la creación visual del director por recrear pequeños y milimétricos detalles y el descenso final de la cinta hacía la pérdida del cuerpo y fijación en la mente y el momento enterrado en la infancia como perpetuo recuerdo. Hay impactos en secuencias mediante el seguimiento de ese funcionario de prisiones que tiene y debe limpiar la mierda y vestir a aquellos que han provocado que esté amenazado de muerte en el exterior. Círculo vicioso y viciado de violencia de los unos frente a los otros, de poder frente a la sumisión y de la irracionalidad, al fin y al cabo, por falta de entendimiento en el mundo que vivimos.
10
13 de abril de 2010
29 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fantástico trabajo, difícilmente superable en casi todos los sentidos. Partiendo del punto de vista estético considero que el montaje es de un gran valor, llevando a cabo experimentos poco vistos antes. Una buena fotografía y unas actuaciones que sólo pueden ser tan buenas al nacer de una gran libertad de acción dejada en manos de los actores y de una excelente dirección (por supuesto ambas cosas no son contradictorias). Entre las actuaciones quisiera destacar la de Stuart Graham, quien aparece como funcionario de prisiones. Sus modales impasibles y movimientos rutinarios, su expresión fría y su dolor contenido llegan a poner los pelos de punta en varias ocasiones. Ni que decir de la conversación entre Bobby Sands (Michael Fassbender) y un párroco católico (Liam Cunningham) con 17 minutos en el mismo plano. Este es el punto cumbre del film, donde se canaliza toda la fuerza que va ganando progresivamente y desde donde llegamos al final conocido por todos, ahí está el "quid" de la cuestión. Este es uno de los puntos donde Steve McQueen se encumbra como un genial director, interesado en ir más allá (diría en la verdad, pero ésta es algo tan relativo que sería pretencioso por mi parte utilizar semejante palabra). Es un film atrevido porque, entre otras cosas, viene a desmitificar en cierto sentido la mitologizada figura de Bobby Sands. Y es que el director se niega a hablar de justicia o injusticia, más bien habla de sentimientos, miedos* y creencias**. Desde el mismo momento de su muerte Sands consiguió lo que pretendía: convertirse en un símbolo de la lucha armada, centrar la atención pública mundial, mostrar a los británicos como sádicos intransigentes y provocar una ola inmensa de alistamientos al Ejército Republicano que insufló aire durante varios años más al movimiento.
Brian Milligan & Liam McMahon
Al mismo tiempo el director muestra una imagen de los leales al Reino Unido inflexible e inquebrantable (aunque vemos un ejemplo de debilidad). Podemos llegar a entender como en un contexto de agudos marcos de referencia la misma presión social puede empujar a los individuos a actuar de un modo impensable en condiciones normales. La película contiene fragmentos de discursos de Tatcher, quien siempre actuó de un modo firme, completamente falta de compasión, transformando las llamadas a la humanidad de Sands (busca la compasión, cómo ella dice) en odio o, cuanto menos, repugnancia promoviendo la más absoluta supraindividualidad.

La película viene a intentar aportar cierta claridad sobre un tiempo muy oscuro de la historia reciente de Europa. Los individuos que vemos en el film son deudores de unos agudos marcos de referencia firmemente asentados en la mentalidad de la sociedad norirlandesa durante largo tiempo, los procesos en los que participan parecieron imparables e inevitables, tal y como quiere mostrar Sands con su determinación. Por fortuna las cosas en Irlanda del Norte son muy diferentes hoy por hoy.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
* El comienzo de la película con Stuart Graham comiéndose el breakfast preparado por su mujer antes de ir al trabajo. Éste asomándose a la calle y mirando a ambos lados mientras ella mira por la ventana, atenazada por un temor que se sabe diario, viendo como su marido comprueba los bajos del coche. Mientras tanto el cielo plomizo de Belfast lo domina todo.

** En la conversación entre el párroco y Sands podemos ver cómo el primero pone en cuestión la necesidad tanto moral como práctica de llevar a cabo la huelga, además acusa veladamente a su amigo de haber perdido el contacto con la realidad (las cosas habían cambiado mucho por aquel entonces) y de afán de protagonismo. Sin embargo el segundo se aferra a sus convicciones llevando a cabo una hermosa comparación con un hecho de su pasado (el asesinato de un pequeño potrillo agonizante): cuando ninguno se atreve a dar un paso tan drástico como necesario alguien tiene que tomar la iniciativa, pero las cosas no se pueden dejar a medias. El director muestra una imagen de Sands fanática (en referencia al inquebrantable compromiso con su sistema de ideas), como alguien que está dispuesto a llegar al final al precio que fuere (de hecho el matrimonio de Sands se rompió porque la mujer no pudo soportar el estres producido por el compromiso de su marido).
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