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Muerte al amanecer

Intriga. Cine negro Tras la muerte en extrañas circunstancias de don Montevidei (Félix de Pomés), su hijastro Virgilio (Antonio Vilar) parece el principal sospechoso, pues tuvo una reciente discusión con el difunto. Cuando es conducido a comisaría para interrogarlo, salta del coche y emprende la huida. Las sospechas aumentan, aunque parece que tiene coartada. Por su parte, además de la policía, interviene en la investigación Doria (José María Rodero), un ... [+]
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6
El cine español trató de adaptar los códigos narrativos del cine negro desde bien poco después el final de la Guerra Civil, así que el país comenzó a despertar, poco a poco, de tan trágico suceso. Las películas policiacas barcelonesas, muchas y muy buenas, en la década de los 50 están presentes en la cuidada realización de esta versión de una novela de Mario Lacruz, El inocente, cuyo guion escribieron al alimón él y Forn. La sinfonía de puntos de vista que es la novela, amén de los flash back que la estructuran, exigen del espectador una visión atenta para no perder el hilo de una trama que sigue en lo esencial, los pasos del hijo cuyo padre adoptivo es encontrado muerto en su casa, presumiblemente asesinado.
La acción se inicia en Sitges, donde la policía encuentra al hijo del fallecido, aunque los espectadores aún no sabemos nada del caso, en un hotel, completamente desorientado, como viviendo en una nube, pálido y sin saber ni qué le ocurre ni casi quién es y mucho menos dónde está. En el fantástico trayecto a través de las cuestas del Garraf, con planos espectaculares del coche bordeando los mojones que previenen de despeñarse por los riscos de esa carretera trazada prácticamente sobre el mar, el detenido sufre la tentación de abrir la portezuela del coche de policía y lanzarse al vacío. Lo que hace, sin embargo, es, tras llegar a Barcelona, aprovechar la parada en un semáforo para abrir la puerta y escaparse del policía que, antiguo futbolista, no puede alcanzar al huido por culpa de una lesión que le impide correr, y que sus superiores ignoraban que padeciera.
José María Caffarel & Nadia Gray
A partir de ese momento, se inicia la larga huida del sospechoso de asesinato, un Antonio Vilar -actor portugués que desarrolló una prolífica carrera en España, y a quien ya vi en La calle sin sol, de Rafael Gil, un drama social ambientado en el Raval de Barcelona, una película espléndida- ajustadísimo a un papel bien curioso, porque, como confesaría Lacruz en su momento, debido a la censura de la época, la acción y los personajes, con nombres extravagantes, buscaban descontextualizar una obra en la que, sin embargo, había referencias sociales inequívocas y que en la presente película han desaparecido, como la de los maquis, por ejemplo.
El protagonista está convencido de su inocencia, pero no descarta que pueda ser también culpable y que padezca una amnesia que le impida recordar las circunstancias del asesinato que bien podría haber cometido, por las malas relaciones que tenía con su padre, quien lo visitó para pedirle mucho dinero.
Hay, en la película una insinuación evidente de una relación incestuosa entre los hermanastros, porque la hermanastra enseguida se apresura a tratar de ayudarlo, como ya hizo otras veces, como cuando fue expulsado del colegio, lo cual nos pone en antecedentes de un hijo conflictivo que choca, sin embargo, con el presente del personaje. Ese presente desorientado, como si el protagonista viviera fuera de la realidad, lo asocian los críticos, al parecer, con la confusión y la angustia vital del existencialismo entonces dominante, como corriente filosófica en el continente.
Antonio Vilar & Danielle Godet
A esta trama familiar ha de sumarse la aparición de un José María Rodero, siempre eficacísimo, que interpreta al inspector de la agencia de seguros que ha de pagar a la familia una póliza de vida bien cuantiosa, excepto que él sea capaz de «descubrir» que, frente a lo que parece presentarse como una muerte accidental, lo que en realidad ha habido es un asesinato. No tardaremos en descubrir que su interés viene alentado por el deseo de hacer méritos para ser destinado a la central suiza de la firma, razón por la que…, mejor lo dejo aquí, para no multiplicar las pistas, algo de lo que la película se encarga con profusión.
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spoiler:
El planteamiento está claro, pues, hay dos investigaciones paralelas que la trama va siguiendo con alguna pequeña confusión, como cuando se mezcla por el medio, casi con afán de despistar, una turbia relación del protagonista con lo que parecen ser hampones de cuello blanco, lo que sirve como Macguffin, ciertamente, pero complica en exceso la trama y despista lo suyo. Con todo, esa diseminación de posibles culpables se «endereza» pronto y enseguida sabemos a qué atenernos, pero, mientras tanto, la fatalidad ha jugado sus bazas y lo insospechado acaba irrumpiendo con la fuerza con que penetra lo absurdo siempre en la frágil racionalidad humana de la especie.
La realización, muy cuidada, estamos en la segunda película de Forn y tiene precedentes muy ilustres en el cine español, como Muerte de un ciclista, de J.A.Bardem, aunque Forn cuenta con menos medios de los que sabe extraer una total efectividad. Los exteriores están perfectamente seleccionados y la alternancia entre Barcelona y Tarragona en cuyo puerto, con unos espléndidos planos tiene lugar el desenlace, nos permite una variedad singular en aquellos años en que la ciudad condal era el escenario privilegiado de las mejores películas policiacas españolas. La visión que ofrece Forn de la permisiva noche barcelonesa, y de una policía poco escrupulosa en términos morales, pretende acogerse a la libertad del género negro, en el que no son infrecuentes ciertas psicologías torturadas como la que se nos muestra del protagonista, y en la que, realmente, no acaba nunca la película de «entrar» de forma convincente, aunque el protagonista sí que la interprete con total convicción.
Antonio Vilar & Nadia Gray
Incluso la banda sonora, una suerte de jazz estruendoso, con mucho metal, compuesta por un clásico de la filmografía española como el Maestro Federico Tudó, en cuyo haber hay más de 82 películas de todo tipo y condición, contribuye a esa adscripción genérica que forma parte de las aspiraciones del director, sin duda.
En conjunto, y a pesar del laberinto de pistas que se siembra en el metraje, Forn resuelve muy bien tanto el planteamiento como el desenlace, y consigue atraer la atención del espectador no solo a la trama en sí, sino, sobre todo, en este 2019 que languidece, aquella sociedad de los años 60 a punto de iniciar un proceso sociológico hacia la imposible modernidad de la que la separaban unos 20 años de distancia…
6
8 de enero de 2023 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una trama excesivamente complicada y dialogada, que parece más hecha para distraer la atención del espectador que para retenerla, junto con una resolución servida en bandeja, como si, de repente, se hubieran apiadado del público y pensaran que tenían que explicárselo hasta el último detalle, da al traste con una película que podría haber dado mucho más de sí si hubieran apostado por la sencillez y hubieran suprimido los personajes superfluos ( que los hay, y muchos).
No voy a resumir el argumento pues la sipnosis de esta página la cuenta casi en su totalidad. Tan sólo quiero destacar que tiene algunos ramalazos brillantes, casi todos a cargo del personaje de José María Rodero, cuyo magnífico papel en la trama es la que verdaderamente presta intriga y emoción. Un personaje interesantísimo y que, él sólo, debería ser la película.
Sin más que decir, se deja ver pero pretende y no llega. Lejos queda de " Los culpables", otra cinta de Forn muchísimo mejor que ésta y que recomiendo ampliamente.
Danielle Godet & Antonio Vilar
Por cierto, eso de buscar al responsable último de un crimen o de indagar en los efectos de la culpabilidad y los remordimientos parecía interesar mucho a Forn. Esta película y la anterior citada dejan caer la misma reflexión en su final.
5
28 de enero de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una adaptación del cine de una novela titulada "El inocente".

Una película de cine negro, con toques "hitckonianos", pero que se pierde un poco en su propio argumento. Quizás la adaptación de la novela no está muy bien trabajada y hace que la trama sea algo espesa.

Pero es interesante, por lo que ofrece, de como se puede ver involucrado una persona en un crimen, y también como se puede manipular ciertas pruebas (aunque es un poco dudoso lo fácil que resulta hacerlo) para incriminar a alguien. El poder y el egoísmo.

El ambiente muy acertado, en blanco y negro, aunque por aquella época aún era un recurso que se utilizaba para producciones más baratas.

También muy interesante ver ciertas carreteras y ciudades de la costa catalana de aquella época.
6
7 de enero de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
El guión de esta película se basa en la novela "El inocente" (1953) de Mario Lacruz, que coescribió la adaptación cinematográfica junto al director.

La novela de Lacruz es precursora de la narrativa policiaca española y ofrece un complejo retrato de un personaje que se debate entre una culpa inconsciente y una inocencia consciente.

Escrita como una narración psicológica de "acción interior", que, en el film, se traduce en imágenes de soledad, desconcierto y de angustia del personaje.

"La solidez de su arquitectura, la precisión de su maquinaria y la correcta contención de su prosa, no es exagerado afirmar que nos hallamos ante una de las buenas novelas de la narrativa española de posguerra".

Una película bastante entretenida, bien hecha y también bastante bien interpretada. Le doy un 6,5.
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