Tears for Fears: ShoutVídeo musical
7 de febrero de 2026
7 de febrero de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Roland Orzabal y Curt Smith, con un peinado y una intensidad que gritan "somos intelectuales del synthpop", se sitúan en el impresionante acantilado de Durdle Door en Dorset, Inglaterra, para luego saltar a un estudio de grabación lleno de amigos, familiares y sintetizadores.
Es una combinación de opulencia natural y alienación industrial que te atrapa.
Musicalmente, es un crescendo épico que me hace temblar la silla cada vez que comienza esa batería contundente y el riff de sintetizador característico, una producción que se siente como si el futuro de la música estuviera naciendo.
¡Todo es bueno! El nivel visual es de una atmósfera inigualable; el blanco y negro alternado con color y el uso de los abrigos largos crea una estética gótica-pop inigualable.
Es un grito de liberación, un himno de protesta que se siente atemporal, logrando el equilibrio perfecto entre lo comercial y lo artístico.
Lo malo: Quizás, y siendo muy quisquilloso, la repetición exagerada del coro podría aturdir a alguien sin alma, o quizás el hecho de que su mensaje profundo sobre el grito primal (terapia de Janov) se perdiera para muchos en favor de un simple himno de estadio, pero sinceramente, esa repetición es parte de su hipnótico poder.
En definitiva, opino que es un himno atemporal indispensable; no imagino mi vida musical sin ese momento en el que el vídeo se vuelve frenético.
Frase famosa que encapsula todo: "Shout, shout, let it all out / These are the things I can do without".
Es una combinación de opulencia natural y alienación industrial que te atrapa.
Musicalmente, es un crescendo épico que me hace temblar la silla cada vez que comienza esa batería contundente y el riff de sintetizador característico, una producción que se siente como si el futuro de la música estuviera naciendo.
¡Todo es bueno! El nivel visual es de una atmósfera inigualable; el blanco y negro alternado con color y el uso de los abrigos largos crea una estética gótica-pop inigualable.
Es un grito de liberación, un himno de protesta que se siente atemporal, logrando el equilibrio perfecto entre lo comercial y lo artístico.
Lo malo: Quizás, y siendo muy quisquilloso, la repetición exagerada del coro podría aturdir a alguien sin alma, o quizás el hecho de que su mensaje profundo sobre el grito primal (terapia de Janov) se perdiera para muchos en favor de un simple himno de estadio, pero sinceramente, esa repetición es parte de su hipnótico poder.
En definitiva, opino que es un himno atemporal indispensable; no imagino mi vida musical sin ese momento en el que el vídeo se vuelve frenético.
Frase famosa que encapsula todo: "Shout, shout, let it all out / These are the things I can do without".
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