Dinero, mujeres y armas
5,5
137
Western
Un veterano buscador de oro es asesinado por tres bandidos tras hacer un impresionante hallazgo. No obstante, antes de morir se las ingenia para acabar con la vida de dos de los atacantes y para dejar un mensaje escrito en el suelo, su última voluntad. Meses después, el jefe Silver Ward Hogan investiga el suceso intentando localizar a los herederos legítimos del viejo. (FILMAFFINITY)
31 de enero de 2016
31 de enero de 2016
13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muy curioso western, de genuina serie B, pero beneficiado por un meticuloso guión, bien escrito por Montgomery Pittman y trasladado a la pantalla con mucha dignidad.
Su desarrollo se torna interesante ya que la dirección de Richar H. Bartlett es convincente y nada rutinaria. Y es que contiene estimables diálogos y felices situaciones llenas de ironía, humor y también acción, como corresponde en una peli del far west.
El tono general es festivo, aunque se dan momentos de gran intensidad emocional, como el capítulo dedicado al ex-convicto regenerado a duras penas por una buena mujer. Son momentos donde el destino juega sus cartas, yendo por delante de los deseos humanos. Lo cierto es que no deja indiferente e invita a la reflexión.
Tampoco es moco de pavo el capítulo dedicado a los dos amigos de toda la vida, ya casi en la etapa final de sus existencias, que hace sonreír invitando al optimismo. Un canto a la amistad, más allá de la ambición y la traición.
En suma, una cinta amena y bastante entretenida que la verdad es que deja un buen sabor de boca, sobre todo si se ve en el formato original, con un precioso Cinemascope a todo color.
Gusta, por modesta que sea.
http://filmsencajatonta.blogspot.com.es
Su desarrollo se torna interesante ya que la dirección de Richar H. Bartlett es convincente y nada rutinaria. Y es que contiene estimables diálogos y felices situaciones llenas de ironía, humor y también acción, como corresponde en una peli del far west.
El tono general es festivo, aunque se dan momentos de gran intensidad emocional, como el capítulo dedicado al ex-convicto regenerado a duras penas por una buena mujer. Son momentos donde el destino juega sus cartas, yendo por delante de los deseos humanos. Lo cierto es que no deja indiferente e invita a la reflexión.
Tampoco es moco de pavo el capítulo dedicado a los dos amigos de toda la vida, ya casi en la etapa final de sus existencias, que hace sonreír invitando al optimismo. Un canto a la amistad, más allá de la ambición y la traición.
En suma, una cinta amena y bastante entretenida que la verdad es que deja un buen sabor de boca, sobre todo si se ve en el formato original, con un precioso Cinemascope a todo color.
Gusta, por modesta que sea.
http://filmsencajatonta.blogspot.com.es
6 de septiembre de 2020
6 de septiembre de 2020
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Eso, salud, dinero y amor, aunque sea ordenados como en el título de la cinta cuya contemplación resulta bastante pasable. Y lo sería más si el galán protagonista, nada menos que el célebre detective Silver Ward Hogan (Mahoney) cuyas aventuras contaban los tebeos que leían los niños de su época, no fuera vestido como un pincel con sus presillas y remaches plateados. Y ya, puestos a pedir, si consiguiera andar con un poco de naturalidad y sin tanto contoneo de caderas. Del doblaje tan malo no decimos nada.
En lo positivo la actuación de los secundarios, excelente por lo dramático la del matrimonio entre el ex convicto y la muchacha ¿tísica? que vive en una cabaña continuamente azotada por el viento y cuyo frasco de jarabe se ha terminado, o la interminable y entrañable amistad entre los dos viejos mineros que viven en el fuerte abandonado. Además de alguna que otra frase feliz: "¿Conoce a alguien llamado Judas? -Solo al de la Biblia". ¡Olé!
En lo positivo la actuación de los secundarios, excelente por lo dramático la del matrimonio entre el ex convicto y la muchacha ¿tísica? que vive en una cabaña continuamente azotada por el viento y cuyo frasco de jarabe se ha terminado, o la interminable y entrañable amistad entre los dos viejos mineros que viven en el fuerte abandonado. Además de alguna que otra frase feliz: "¿Conoce a alguien llamado Judas? -Solo al de la Biblia". ¡Olé!
24 de marzo de 2026
24 de marzo de 2026
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Curiosa historia, ambientada en el Oeste, en la que un detective privado debe resolver el misterio que rodea al testamento de un minero. Antes de morir asesinado, escribió en un papel una serie de nombres, inconexos entre sí. El famoso Silver Ward Hogan es contratado para localizar a esas personas, como potenciales herederos, y aprovechar para determinar si alguna de ellas cometió el crimen.
Teniendo un punto de partida teóricamente atractivo, se ve menoscabado por lo inverosímil de su presentación. El minero tiroteado busca lápiz y papel para, agonizando, dejar un mensaje críptico con nombres con apenas relación cercana con él, en vez de señalar claramente al responsable de su muerte. Obviamente, propiciado así por el guionista para fertilizar sus propios intereses y crear un enigma a resolver.
El detective Hogan (Jock Mahoney) es toda una celebridad. Su fama le precede, y ha protagonizado incluso historietas en las que se ensalzan sus virtudes resolviendo misterios. Su figura nos resulta un tanto extraña, comparada con la versión clásica del vaquero, bordeando lo ridículo. Viste como si fuera un personaje de comic, al estilo de El llanero solitario, y sus andares y poses son artificiosos, como si se estuviera luciendo.
No es que sea precisamente expresivo, por lo que el interés principal del argumento recae en esas otras historias que se entrecruzan en la investigación principal. Conocemos en su transcurrir a variopintos personajes, a los que tiene que ir visitando, al estar enumerados en el testamento improvisado.
El guionista intenta sorprender con los motivos por los que el minero incluyó a cada una de esas personas como beneficiarias de su dinero, teniendo algunas una explicación poco natural, y hasta pedante, que las hace caer en el artificio.
Salvan la función las pequeñas historias, como la de Clinton Gunston (William Campbell) y su enfermiza mujer Sally (Judi Meredith), que luchan por prosperar en un terreno inhóspito y árido, aferrándose al amor por su mujer para no volver a empuñar un arma y delinquir. O la de los veteranos Henry Devers (James Gleason) y Art Birdwell (Lon Chaney Jr.), que juegan a las cartas, dos veces por semana, para matar el sopor de una vida infructuosa como buscadores de oro.
Salvando esos momentos de acierto, otros son bastantes previsibles (el cortejo a la viuda Mary Johnston Kingman (Kim Hunter)) o rebuscado (el motivo por el que el niño Davy Kingman (Tim Hovey) aparece en la lista).
Una historia que no termina de cuajar, y que no da lo que promete, teniendo en cuenta las posibilidades de su peculiar personaje principal y su trama supuestamente original. Y por una vez que traducen el título literal, poco tienen que ver las mujeres y las armas con lo que ocurre.
Teniendo un punto de partida teóricamente atractivo, se ve menoscabado por lo inverosímil de su presentación. El minero tiroteado busca lápiz y papel para, agonizando, dejar un mensaje críptico con nombres con apenas relación cercana con él, en vez de señalar claramente al responsable de su muerte. Obviamente, propiciado así por el guionista para fertilizar sus propios intereses y crear un enigma a resolver.
El detective Hogan (Jock Mahoney) es toda una celebridad. Su fama le precede, y ha protagonizado incluso historietas en las que se ensalzan sus virtudes resolviendo misterios. Su figura nos resulta un tanto extraña, comparada con la versión clásica del vaquero, bordeando lo ridículo. Viste como si fuera un personaje de comic, al estilo de El llanero solitario, y sus andares y poses son artificiosos, como si se estuviera luciendo.
No es que sea precisamente expresivo, por lo que el interés principal del argumento recae en esas otras historias que se entrecruzan en la investigación principal. Conocemos en su transcurrir a variopintos personajes, a los que tiene que ir visitando, al estar enumerados en el testamento improvisado.
El guionista intenta sorprender con los motivos por los que el minero incluyó a cada una de esas personas como beneficiarias de su dinero, teniendo algunas una explicación poco natural, y hasta pedante, que las hace caer en el artificio.
Salvan la función las pequeñas historias, como la de Clinton Gunston (William Campbell) y su enfermiza mujer Sally (Judi Meredith), que luchan por prosperar en un terreno inhóspito y árido, aferrándose al amor por su mujer para no volver a empuñar un arma y delinquir. O la de los veteranos Henry Devers (James Gleason) y Art Birdwell (Lon Chaney Jr.), que juegan a las cartas, dos veces por semana, para matar el sopor de una vida infructuosa como buscadores de oro.
Salvando esos momentos de acierto, otros son bastantes previsibles (el cortejo a la viuda Mary Johnston Kingman (Kim Hunter)) o rebuscado (el motivo por el que el niño Davy Kingman (Tim Hovey) aparece en la lista).
Una historia que no termina de cuajar, y que no da lo que promete, teniendo en cuenta las posibilidades de su peculiar personaje principal y su trama supuestamente original. Y por una vez que traducen el título literal, poco tienen que ver las mujeres y las armas con lo que ocurre.
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