Patty Hearst
1988 

5,6
258
Drama
Berkeley, año 1974. Patty, hija del magnate Randolph A. Hearst, es una joven estudiante de 19 años que está a punto de casarse. Pero, una noche, es secuestrada en su apartamento por unos desconocidos que se presentan como miembros del Ejército Simbiótico de Liberación. Como rescate piden la liberación de dos camaradas y el reparto de comida entre las clases más desfavorecidas. Después de un penoso cautiverio de dos meses, Patty empieza ... [+]
3 de septiembre de 2022
3 de septiembre de 2022
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Patty Hearst es una película que se basa en lo ocurrido tras el 4 de febrero de 1974. La estudiante de Berkeley y nieta del magnate William Randolph Hearst fue secuestrada por el Ejército Simbiótico de Liberación, grupo organizado radical en el que ella misma se alistaría con el paso de las semanas.
Estos hechos son más que suficientes para suscitar interés en el público. Sin embargo, no puedo evitar plasmar mi decepción en este escrito tras el visionado de la cinta. La vida de Patty daba para mucho más que esto y el principal culpable no es la actriz protagonista, Natasha Richardson, que realiza una actuación impecable y nos hace reflexionar sobre el difícil dilema de Patty. ¿Se convirtió Patty en parte de este grupo organizado de manera voluntaria, por convicción, o simplemente estaba tratando de salvar su vida? En ese momento, nada importaba puesto que no había diferencia.
El principal problema de la película lleva el nombre y apellido del director, Paul Schrader, que narra la historia de forma plomiza e insulsa, con un guión que cae en lo absurdo e incluso muestra unos ideales revolucionarios que son bastante cuestionables. No se puede construir nada sobre una profunda inconsistencia. Esto entristece especialmente si tenemos en cuenta el potencial de esta historia porque, realmente, la vida de Patty Hearst era otra cosa.
Estos hechos son más que suficientes para suscitar interés en el público. Sin embargo, no puedo evitar plasmar mi decepción en este escrito tras el visionado de la cinta. La vida de Patty daba para mucho más que esto y el principal culpable no es la actriz protagonista, Natasha Richardson, que realiza una actuación impecable y nos hace reflexionar sobre el difícil dilema de Patty. ¿Se convirtió Patty en parte de este grupo organizado de manera voluntaria, por convicción, o simplemente estaba tratando de salvar su vida? En ese momento, nada importaba puesto que no había diferencia.
El principal problema de la película lleva el nombre y apellido del director, Paul Schrader, que narra la historia de forma plomiza e insulsa, con un guión que cae en lo absurdo e incluso muestra unos ideales revolucionarios que son bastante cuestionables. No se puede construir nada sobre una profunda inconsistencia. Esto entristece especialmente si tenemos en cuenta el potencial de esta historia porque, realmente, la vida de Patty Hearst era otra cosa.
24 de marzo de 2022
24 de marzo de 2022
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La historia de Patty es rocambolesca y jugosa:
Nieta del magnate que trató de arruinar la vida de Orson Welles y hacer desaparecer "Ciudadano Kane" por verse reflejado.
En 1974 fue secuestrada por el ejército simbionés de liberación, es decir unos macarras pirados, que apenas duraron 2 años y que se hicieron famosos, precisamente por secuestrar a Patty Hearst.
A los pocos meses de su secuestro, la dulce Patty es vista y grabada asaltando un banco en compañía de sus captores, se habla de síndrome de Estocolmo exacerbado.
Unos meses después es detenida y juzgada, su sentencia es reducida por el entonces presidente Jimmy Carter.
Don dinero para que te quiero, indultada después por Clinton.
La buena de Patty se convierte en actriz, hoy aún vive a sus 68 años en California.
Esta película nos habla de algunas cosas, pero está tan mal filmada y narrada, que recomiendo leer el libro en que se basa, escrita por un periodista y firmado por él y la inefable Patty Hearst.
Desde luego la carrera tras la cámara de Paul Schrader es mediocre, poco que ver con su faceta de guionista, autor de entre otros "Taxi driver" "Toro salvaje" "La última tentación de cristo" o "Yakuza" a medias con su hermano Leonard.
Como director y guionista, destaca "Aflicción" y "Hardcore" de entre los casi 20 largometrajes dirigidos.
Nieta del magnate que trató de arruinar la vida de Orson Welles y hacer desaparecer "Ciudadano Kane" por verse reflejado.
En 1974 fue secuestrada por el ejército simbionés de liberación, es decir unos macarras pirados, que apenas duraron 2 años y que se hicieron famosos, precisamente por secuestrar a Patty Hearst.
A los pocos meses de su secuestro, la dulce Patty es vista y grabada asaltando un banco en compañía de sus captores, se habla de síndrome de Estocolmo exacerbado.
Unos meses después es detenida y juzgada, su sentencia es reducida por el entonces presidente Jimmy Carter.
Don dinero para que te quiero, indultada después por Clinton.
La buena de Patty se convierte en actriz, hoy aún vive a sus 68 años en California.
Esta película nos habla de algunas cosas, pero está tan mal filmada y narrada, que recomiendo leer el libro en que se basa, escrita por un periodista y firmado por él y la inefable Patty Hearst.
Desde luego la carrera tras la cámara de Paul Schrader es mediocre, poco que ver con su faceta de guionista, autor de entre otros "Taxi driver" "Toro salvaje" "La última tentación de cristo" o "Yakuza" a medias con su hermano Leonard.
Como director y guionista, destaca "Aflicción" y "Hardcore" de entre los casi 20 largometrajes dirigidos.
28 de septiembre de 2022
28 de septiembre de 2022
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que en un relato puramente ficticio podía haber devenido en un thriller melodramático se reajusta a una realidad tan extravagante como la de su protagonista, la (ahora) activista y millonaria Patricia Hearst, hijita del magnate William Randolph Hearst.
No estamos ante un relato de secuestros que sea equiparable al de cualquiera de las adaptaciones de la cautividad de John Paul Ghetty III tanto como de un retrato certero, ácido y, tal vez, tragicómico del proceso de reconversión ideológica experimentado a partir de un ejemplo (de manual) de episodio del síndrome de Estocolmo reconducido hacia un cine sociopolítico... y claro, satírico.
Ni que decir tengo que la añoradísima Natasha Richardson es tan sublime dentro del estado inicial de vulnerabilidad como después de reconvertirse en una fascinante pija ¿desequilibrada? y libertaria.
Le aguantan el pulso como buenamente pueden un atlético e irreconocible Ving Rhames, Dana Delany o Frances Fisher entre varios de los secuestradores (y violadores) del Ejército Simbiótico de Liberación (¡¡!!).
A rescatar el numerito de William Forsythe con la cara pintarrajeada de betún y dándoselas de gangsta afroamericano adelantándose dos décadas a Robert Downey Jr.
Una locura reivindicable que, una vez se ha roto el hielo entre sus personajes y va asimilando tintes cómicos, no tendría por qué disgustarle a los admiradores de la más moderna 'Four Lions' (2010, Chris Morris).
No al fascismo. No a los cerdos machistas. No al capitalismo burgués. No a tomarse en serio a quienes pasan toda su vida proclamando consignas...
¿Estás con la Revolución o no??
No estamos ante un relato de secuestros que sea equiparable al de cualquiera de las adaptaciones de la cautividad de John Paul Ghetty III tanto como de un retrato certero, ácido y, tal vez, tragicómico del proceso de reconversión ideológica experimentado a partir de un ejemplo (de manual) de episodio del síndrome de Estocolmo reconducido hacia un cine sociopolítico... y claro, satírico.
Ni que decir tengo que la añoradísima Natasha Richardson es tan sublime dentro del estado inicial de vulnerabilidad como después de reconvertirse en una fascinante pija ¿desequilibrada? y libertaria.
Le aguantan el pulso como buenamente pueden un atlético e irreconocible Ving Rhames, Dana Delany o Frances Fisher entre varios de los secuestradores (y violadores) del Ejército Simbiótico de Liberación (¡¡!!).
A rescatar el numerito de William Forsythe con la cara pintarrajeada de betún y dándoselas de gangsta afroamericano adelantándose dos décadas a Robert Downey Jr.
Una locura reivindicable que, una vez se ha roto el hielo entre sus personajes y va asimilando tintes cómicos, no tendría por qué disgustarle a los admiradores de la más moderna 'Four Lions' (2010, Chris Morris).
No al fascismo. No a los cerdos machistas. No al capitalismo burgués. No a tomarse en serio a quienes pasan toda su vida proclamando consignas...
¿Estás con la Revolución o no??
17 de febrero de 2025
17 de febrero de 2025
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Quisiera empezar diciendo que nunca dejo de sorprenderme con las críticas de esta página. Tras haber ojeado algunas de las críticas más destacadas entre los usuarios, me temía lo peor de esta película. Después de haber visto alguna que otra escena fuera de contexto, creí que mis peores temores se confirmarían. Sin embargo, debo decir que estaban totalmente infundados. Y es que, tras haber visto Patty Hearst, del director Paul Schrader, no me cabe en la cabeza que alguien pueda completar su visionado creyendo realmente que la intención de la película es hacer apología del descabellado grupo terrorista retratado en el filme.
Para dar algo de contexto: en 1973, Patty Hearst, una joven de 19 años, estudiante de la Universidad de Berkeley (California), es secuestrada y posteriormente adoctrinada por una suerte de mezcla entre comando terrorista y secta New Age, compuesta en su mayor parte por posadolescentes de clase media, seducidos por la imagen de sus ídolos revolucionarios, presentados como estrellas de Hollywood, y por la estetización de la violencia insurreccional.
Llevados por una ciega y superficial rebeldía contra las constricciones familiares y sociales, y ante la perspectiva de dar rienda suelta a sus bajos instintos, estos jóvenes terroristas parecen más una pantomima que una organización con un programa definido. En poco difiere el Ejército Simbiótico de Liberación (ESL) presentado en pantalla de un grupo como la familia Manson. Pronto vemos cómo este supuesto espacio de liberación se nos muestra como lo que realmente es más allá de la extravagante retórica de sus miembros: una comunidad sectaria y opresiva.
Patty Hearst es claramente una víctima. Es secuestrada, encerrada en un cuarto oscuro y abusada sexualmente; posteriormente, se le lava el cerebro y se intenta borrar todo rastro de su identidad pasada. De alguna forma, Patty Hearst jamás volverá a ser la privilegiada estudiante de Berkeley cuya vida transcurría sin demasiadas preocupaciones hasta el momento de su secuestro. Esto se nos muestra de una manera hermosa pero estremecedora a través de las visiones fugaces de sus recuerdos pasados, en los que ella tiene los ojos cubiertos por una venda oscura, similar a la que le obligan a llevar sus secuestradores del ESL.
En cuanto al ESL, cuyo nombre no puede resultar más ridículo al espectador, aún más lo es su contradictoria retórica revolucionaria y sus frustrados intentos por llevar a cabo su “revolución”, ya sea mediante atracos o simplemente desatando una violencia sin sentido. Vemos cómo los miembros de este grupo se comportan como una secta que depende de la figura mesiánica de su líder negro, una especie de reflejo invertido del racismo de la familia Manson (uno de sus miembros fantasea con ser negro durante todo el metraje). Cualquier pensamiento independiente es reprimido. Su proclamada libertad sexual no hace más que normalizar el abuso dentro del grupo, encubierto como un “deber entre camaradas”.
Cuando finalmente Patty Hearst se une al grupo, podemos observar que lo hace por pura supervivencia. A pesar de que acaba desarrollando una dependencia con el grupo, la vemos poco presente en sus celebraciones, articulando discursos sin convencimiento y contestando lo que se espera de ella. Por momentos parece más implicada, contagiada por la histeria colectiva y su hibris adolescente.
Paul Schrader hace un buen trabajo al no embellecer al ESL: no se nos presentan ni como bondadosos idealistas, ni como estrategas revolucionarios, ni siquiera como amenazadores villanos. Por el contrario, sus miembros resultan tristemente patéticos, pasivos ante su abusivo líder, atrapados por una retórica hueca y contradictoria. Tratando de pelear contra el sistema, reproducen sus propias lógicas de poder y opresión; sus motivaciones parecen absurdas y superficiales, y sus intentos por implantar su revolución, caóticos e ineficaces.
Creo que Schrader nos muestra su desencanto con la juventud de los setenta. Estos jóvenes universitarios, atrapados en esta representación esperpéntica y autoparódica de los grupos terroristas que abundaban en la época, son el retrato del fracaso de la contracultura de los sesenta. Entregada a la superficialidad del hedonismo despreocupado, a la espectacularización de la violencia y a la mitificación de líderes revolucionarios como el Che Guevara, esta juventud se nos muestra incapaz de realizar una verdadera transformación. Y Patty Hearst aparece como una trágica figura atrapada en medio de esta absurda vorágine.
Para mí, la película ofrece también una interesante reflexión sobre la construcción de la identidad. Patty es incapaz de liberarse de las experiencias que vivió y que la transformaron. A pesar de haber estado sometida a circunstancias extremas, creo que su historia es un buen reflejo de cómo funcionan los condicionamientos sociales en circunstancias ordinarias.
¿Cuánto de lo que damos por correcto y que cimienta nuestra sociedad puede ser fruto de la presión del grupo y de la propia crianza? Como destaca el crítico Roger Ebert, para Patty, adoptar su nueva personalidad podría no ser más que un acto de "buenos modales".
¿Hasta qué punto las relaciones sociales no se sostienen sobre el conformismo y la resignación hacia el statu quo? ¿Hasta qué punto los—y que se me perdone la expresión—instintos sociales de Patty, que tanto habían facilitado su felicidad pasada, burdamente manipulados por la secta, la predispusieron para asumir su nueva identidad en el ESL?
Puede que las formas de condicionamiento habituales nos resulten más veladas o sutiles que las empleadas por los miembros del ESL, pero no por ello son menos efectivas. Al fin y al cabo, el instinto social más poderoso es el de supervivencia.
Miguel Otero Albor
Febrero de 2025
Para dar algo de contexto: en 1973, Patty Hearst, una joven de 19 años, estudiante de la Universidad de Berkeley (California), es secuestrada y posteriormente adoctrinada por una suerte de mezcla entre comando terrorista y secta New Age, compuesta en su mayor parte por posadolescentes de clase media, seducidos por la imagen de sus ídolos revolucionarios, presentados como estrellas de Hollywood, y por la estetización de la violencia insurreccional.
Llevados por una ciega y superficial rebeldía contra las constricciones familiares y sociales, y ante la perspectiva de dar rienda suelta a sus bajos instintos, estos jóvenes terroristas parecen más una pantomima que una organización con un programa definido. En poco difiere el Ejército Simbiótico de Liberación (ESL) presentado en pantalla de un grupo como la familia Manson. Pronto vemos cómo este supuesto espacio de liberación se nos muestra como lo que realmente es más allá de la extravagante retórica de sus miembros: una comunidad sectaria y opresiva.
Patty Hearst es claramente una víctima. Es secuestrada, encerrada en un cuarto oscuro y abusada sexualmente; posteriormente, se le lava el cerebro y se intenta borrar todo rastro de su identidad pasada. De alguna forma, Patty Hearst jamás volverá a ser la privilegiada estudiante de Berkeley cuya vida transcurría sin demasiadas preocupaciones hasta el momento de su secuestro. Esto se nos muestra de una manera hermosa pero estremecedora a través de las visiones fugaces de sus recuerdos pasados, en los que ella tiene los ojos cubiertos por una venda oscura, similar a la que le obligan a llevar sus secuestradores del ESL.
En cuanto al ESL, cuyo nombre no puede resultar más ridículo al espectador, aún más lo es su contradictoria retórica revolucionaria y sus frustrados intentos por llevar a cabo su “revolución”, ya sea mediante atracos o simplemente desatando una violencia sin sentido. Vemos cómo los miembros de este grupo se comportan como una secta que depende de la figura mesiánica de su líder negro, una especie de reflejo invertido del racismo de la familia Manson (uno de sus miembros fantasea con ser negro durante todo el metraje). Cualquier pensamiento independiente es reprimido. Su proclamada libertad sexual no hace más que normalizar el abuso dentro del grupo, encubierto como un “deber entre camaradas”.
Cuando finalmente Patty Hearst se une al grupo, podemos observar que lo hace por pura supervivencia. A pesar de que acaba desarrollando una dependencia con el grupo, la vemos poco presente en sus celebraciones, articulando discursos sin convencimiento y contestando lo que se espera de ella. Por momentos parece más implicada, contagiada por la histeria colectiva y su hibris adolescente.
Paul Schrader hace un buen trabajo al no embellecer al ESL: no se nos presentan ni como bondadosos idealistas, ni como estrategas revolucionarios, ni siquiera como amenazadores villanos. Por el contrario, sus miembros resultan tristemente patéticos, pasivos ante su abusivo líder, atrapados por una retórica hueca y contradictoria. Tratando de pelear contra el sistema, reproducen sus propias lógicas de poder y opresión; sus motivaciones parecen absurdas y superficiales, y sus intentos por implantar su revolución, caóticos e ineficaces.
Creo que Schrader nos muestra su desencanto con la juventud de los setenta. Estos jóvenes universitarios, atrapados en esta representación esperpéntica y autoparódica de los grupos terroristas que abundaban en la época, son el retrato del fracaso de la contracultura de los sesenta. Entregada a la superficialidad del hedonismo despreocupado, a la espectacularización de la violencia y a la mitificación de líderes revolucionarios como el Che Guevara, esta juventud se nos muestra incapaz de realizar una verdadera transformación. Y Patty Hearst aparece como una trágica figura atrapada en medio de esta absurda vorágine.
Para mí, la película ofrece también una interesante reflexión sobre la construcción de la identidad. Patty es incapaz de liberarse de las experiencias que vivió y que la transformaron. A pesar de haber estado sometida a circunstancias extremas, creo que su historia es un buen reflejo de cómo funcionan los condicionamientos sociales en circunstancias ordinarias.
¿Cuánto de lo que damos por correcto y que cimienta nuestra sociedad puede ser fruto de la presión del grupo y de la propia crianza? Como destaca el crítico Roger Ebert, para Patty, adoptar su nueva personalidad podría no ser más que un acto de "buenos modales".
¿Hasta qué punto las relaciones sociales no se sostienen sobre el conformismo y la resignación hacia el statu quo? ¿Hasta qué punto los—y que se me perdone la expresión—instintos sociales de Patty, que tanto habían facilitado su felicidad pasada, burdamente manipulados por la secta, la predispusieron para asumir su nueva identidad en el ESL?
Puede que las formas de condicionamiento habituales nos resulten más veladas o sutiles que las empleadas por los miembros del ESL, pero no por ello son menos efectivas. Al fin y al cabo, el instinto social más poderoso es el de supervivencia.
Miguel Otero Albor
Febrero de 2025
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