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Vigilante

Acción. Drama Un ex-policía frustrado se toma la justicia por su mano en una inmensa ciudad, por ese motivo crea un grupo de vigilantes que se dedican a mantener la ley y el orden en las calles. Al mismo tiempo, el hijo y la mujer de su mejor amigo Eddie Marino son atacados por una banda local en su propia casa, acabando con la vida del pequeño. (FILMAFFINITY)
Críticas 3
Críticas ordenadas por utilidad
1 de septiembre de 2016
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Está "Vigilante" (1983) es un título menor, pero sin duda es mucho más grande de lo que se piensa, la 'venganza' en las calles llegó con Charles Bronson y sus "Death Wish" ("El Justiciero De La Ciudad" (1975), "Yo, Soy La Justicia" (1982) o "Al Filo De La Medianoche" (1983) entre otras menores) con la 'justicia por su propia mano', donde no llega la ley legislativa, llega la propia rabia de un 'ajuste de cuentas' propio, y está es una de sus mejores propuestas.

Dirigida por William Lusting, director de culto por pelís como "Maniac" (1980), sórdido 'slasher psicotico' de asesino demente, versionada con Elijah Wood recientemente, además de "Maniac Cop" (1988), cine de acción, suspense y terror de 'Serie b' bendecida por miles de fans, profundizó en una 'revancha' más severa que nuestro amigo Bronson, con un dardo a la corrupción judicial, dramáticamente un hombre la pasará 'canutas' (Robert Foster), y su ira no se hará esperar con la ayuda de sus compañeros de trabajo que tienen montada una 'patrulla vecinal' contra cualquier violador, traficante de drogas o maleante que cruce la línea.

El resultado es eficaz, a pesar que su filmación pueda parecer algo vetusta, pero el primer contador de segundos con Fred Williamson (gran 'héroe de acción' de los 70 y la 'blaxplotation') con: (...) 'Yo no se vosotros amigos, pero yo... ¡estoy más que harto! (con un ademán de 'corta cuellos')' (...) lo deja todo claro.

6/10 - Una de las mejores del genero de 'venganzas'.
Misterazul
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19 de junio de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se registran más de 60 asesinatos cada día, más de 160 agresiones cada hora, más de 10 violaciones cada segundo; está ocurriendo ahora, en el mismo instante en que se escriben estas líneas.

Es un hecho el cómo la existencia de muchas producciones viene determinado por una fecha, lugar o fenómeno sociológico concreto de la Historia, como la obra ante la que nos encontramos. Corrían los '80 y uno de los principales objetivos de Ronald Reagan era combatir el comunismo, la violencia civil y las drogas, y sus conservadoras y moralizantes intenciones eran tan efectivas que muchos lo expresaron así en la ficción, de ahí que en la cartelera (la de los cines de barrio) se agolparan títulos que trataban por la senda más dura estos problemas tan actuales, pero que resultaban algo tabú en la realidad.
Si "Yo soy la Justicia", "Impacto Súbito" o la disparatada "Calles Salvajes" ejemplificaban lo de tomarse la justicia por su mano ante un sistema corrupto e ineficaz, "Vigilante" (estrenada más o menos en las mismas fechas) no se alejaba de esta tendencia, un producto exclusivamente de su época fruto de la colaboración entre el productor Andrew Garroni, el autor Richard Vetere ("El Tercer Milagro") y William Lustig, conocido dentro de los círculos de la serie "B" gracias a "Maniac" o el posterior clásico del "grindhouse" "Maniac Cop".

Las obras de Eastwood y Winner expresaban su discurso por medio de las acciones físicas de sus escarmentadores protagonistas; "Vigilante" no espera, y su arranque, en el que un grupo de ciudadanos recibe expectante las palabras del descontento Nick ya es toda una declaración de intenciones. Aleccionadora introducción de Lustig y Vetere, quienes, en una jugada maestra, evitan la exaltación del espectador y logran su acérrima participación al presentar el asalto y asesinato de una joven que tranquilamente salía de su piso por un malnacido que burla a la policía y al día siguiente ya está andando por la calle.
¿Qué deseamos? ¡Verle muy muerto!, y cuanto antes. Y de ello se encarga el grupo de justicieros de Nick que opera desde el anonimato, un literal bofetón en la cara a los desastrosos procederes de un sistema corrupto, de una policía confusa y excesivamente temerosa, tanto como esos pobres que llegada la noche han de refugiarse en sus casas. Pero, según Eddie, también un bofetón a los derechos humanos y a la ética, pues, si al final todos matamos, ¿en qué nos diferenciamos?, ¿quién ha cruzado la línea y quién no? Una prostituta asesinada accidentalmente será la imagen perfecta de esta elucubración...

Éste es realmente el protagonista, pues el asunto del grupo de ciudadanos justicieros no convencía a Vetere por sí solo, o quizás le resultaba demasiado ambiguo y controvertido, así que el encarnizado ataque contra las lacras de la sociedad vendrá a justificarse alrededor del asalto a la familia de Eddie por una banda de sádicos delincuentes; una repugnante invasión al seno del hogar que deja tres víctimas: una mortal (el hijo), otra hospitalizada (la esposa) y otra encarcelada, el propio Eddie por enfrentarse al juez que dicta la injusta sentencia en una escena harto crispante y poco creíble con el fin de poner al espectador completamente de parte de la película, sus protagonistas y sus creadores.
Pero esto se convierte en un traspiés para el argumento, que a raíz de la condena de Eddie (lo que traslada la crítica sobre la situación en la calle al también precupante entorno carcelario) se dividirá de manera torpe intentando reparar con total equilibrio en el drama de este cabeza de familia de vida rota y arrastrado a los infiernos por culpa del irracional sistema legal y en los esfuerzos del equipo de Nick por limpiar la ciudad...cosa en lo que sin duda fallará. Vetere, con su particular sentido de la aspereza, apoyado en el gusto por esa violencia directa y abrasiva de Lustig, no duda en retomar los principios de "El Justiciero de la Ciudad" y más aún de "Yo soy la Justicia", sus principales influencias.

Aunque la potencia de su discurso remite a aquellas feroces peyorativas lanzadas por el Harry Callahan de Don Siegel (cuyo estilo Lustig no duda en imitar) contra ese sistema más preocupado por los daños materiales que por los humanos y por los derechos de los delincuentes y asesinos más que por los de las víctimas. Por desgracia el tan intenso clímax, ya con Eddie como protagonista absoluto de la película, que es esa persecución rodada así adrede para que recordemos la de "Bullitt", conducirá a un final de lo más chapucero e insatisfactorio (que detallaré en Zona Spoiler).
Un dúo tan efectivo como el que forman ese magnético Robert Forster y el simplemente monumental Fred Williamson, encabeza un reparto correcto donde destaca la presencia de Joe Spinell (que además de aparecer en "Maniac" lo haría con el primero en "Al Filo de la Navaja"), Rutanya Alda y Don Blakely. Una cosa es cierta: cada segundo de cada secuencia de "Vigilante" supura chorros de la más pura, grasienta, sucia y sangrienta serie "B", cuyas carencias (de presupuesto, sobre todo) suple el director gracias a su nervio para filmar la acción y la violencia, la cual logra que resulte veraz y visceral en todo momento ante la cámara.

Las imágenes, las texturas, la estética, la casposa música de Jay Chattaway, y sobre todo y por encima de todo, su espíritu reaccionario, adusto, contradictorio y ambiguo conforman un deleite para cualquier fan del cine más "grindhouse" y violento de los '80; no se le puede pedir más a una obra como ésta (¿o tal vez sí?).
En resumen, la clase de película que jamás se estrenaría hoy día, ni tan siquiera consideraría en el seno de un estudio, y eso, señoras y señores, porque al final se ha concedido más voz a aquellos a quienes ni deberían contar con el privilegio de poseer unos derechos. ¿Derechos humanos? Válgame Dios que no haré por recordarlos si algún día asaltan mi hogar, violan a mi mujer y matan a mi hijo...
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Chris Jiménez
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13 de octubre de 2014
4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director de culto William Lustig dirigió esta mediocre variante de las películas sobre justicieros que tan de moda estaban en los setenta y ochenta. Se trata de una versión todavía más cutre que las que protagonizó Charles Bronson en el final de su carrera. De argumento sencillo la película pretende denunciar la delincuencia y la inoperancia de la policía en las grandes ciudades americanas. Un grupo de ciudadanos anónimos decide tomarse la justicia por su mano y se convierten en justicieros que se encargan de liquidar a toda la chusma que los jueces sueltan a la calle independientemente de los delitos cometidos. Robert Forster se unirá a ellos cuando una banda mate a su hijo y asalte la casa de su mujer.

La historia pretende justificar el comportamiento de tales individuos con argumentos poco sólidos y bastante burdos, sirva de ejemplo la escena en la que el juez deja libre al líder de la banda responsable de la muerte del chaval. En este sentido la película más seria y que mejor denunciaba los fallos de la ley para atajar la delincuencia es Los los jueces de la ley. El resto, incluidas las de Bronson, no son más que vulgares pretextos para justificar orgías de acción y violencia que rezuman fascismo por los cuatro costados.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Harold Angel
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