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19 de septiembre de 2020
19 de septiembre de 2020
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En 1803 un barco inglés cargado de convictos llega a Tasmania. Cincuenta años más tarde no quedaba más que solo un aborigen al que se dio muerte y con cuya piel el gobernador victoriano mandó hacerse una maleta.
El tigre de Tasmania, el mayor marsupial carnívoro del mundo, se dio por desaparecido alrededor de 1930. Dicen que se aparece regularmente, quizá como símbolo, seguramente como fiel fantasma y mito de la isla maravillosa.
En la película, Willem Dafoe, magnífico en su papel y en su físico, llega a un paisaje irremediablemente cautivador pagado por una multinacional para cazar al último ejemplar vivo. Pero antes debe acomodarse en el seno de una familia ecologista, ingenua, post hippie y sentimental y plantar cara a los oportunistas arrimados de siempre y a los madereros.
Entabla una relación hipnótica con el niño un poco autista o probablemente Asperger y sale a un bosque salvaje, muy bien filmado y recogido en la cinta, -aunque un poco tramposamente, mezclando paisajes de varios parques autóctonos-, a encontrar al único tigre que no es de papel, y a sí mismo.
Y no diré más para no reventar el final, eso que los youtubers más encallecidos y amanerados llaman spoiler, pero al final casi todo cuadra, el cazador, y no el último, como han añadido aquí estúpidamente los productores, encuentra su reverso más luminoso y se reconcilia con el niño, con la naturaleza y con los animales.
Es decir, con lo único que merece la pena en este aciago mundo... Y lo del niño, me lo pensaría.
El tigre de Tasmania, el mayor marsupial carnívoro del mundo, se dio por desaparecido alrededor de 1930. Dicen que se aparece regularmente, quizá como símbolo, seguramente como fiel fantasma y mito de la isla maravillosa.
En la película, Willem Dafoe, magnífico en su papel y en su físico, llega a un paisaje irremediablemente cautivador pagado por una multinacional para cazar al último ejemplar vivo. Pero antes debe acomodarse en el seno de una familia ecologista, ingenua, post hippie y sentimental y plantar cara a los oportunistas arrimados de siempre y a los madereros.
Entabla una relación hipnótica con el niño un poco autista o probablemente Asperger y sale a un bosque salvaje, muy bien filmado y recogido en la cinta, -aunque un poco tramposamente, mezclando paisajes de varios parques autóctonos-, a encontrar al único tigre que no es de papel, y a sí mismo.
Y no diré más para no reventar el final, eso que los youtubers más encallecidos y amanerados llaman spoiler, pero al final casi todo cuadra, el cazador, y no el último, como han añadido aquí estúpidamente los productores, encuentra su reverso más luminoso y se reconcilia con el niño, con la naturaleza y con los animales.
Es decir, con lo único que merece la pena en este aciago mundo... Y lo del niño, me lo pensaría.
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