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Voto de Chris Jiménez:
8
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8
8.0
10,561
Drama. Cine negro
Charles Tatum es un periodista sin escrúpulos que atraviesa una mala racha a causa de su adicción al alcohol, razón por la que se ha visto obligado a trabajar en un pequeño diario de Nuevo México. Cuando un minero indio se queda atrapado en un túnel, Tatum ve la oportunidad de volver a triunfar en el mundo del periodismo. Entonces, en connivencia con el sheriff del pueblo, no sólo convierte el caso en un espectáculo, sino que, además, ... [+]
22 de octubre de 2017
22 de octubre de 2017
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
En muchos aspectos una nueva etapa va a iniciarse en el cine de Billy Wilder; después de rasgar hasta los hígados del propio Hollywood con su demoledora "Sunset Boulevard", que irónicamente ha sido una sensación en la ceremonia de los Oscar.
Aquél se separa de su magnífico colaborador Charles Brackett y va a prepararse para ejercer de productor además de guionista, dado que el tremendo éxito de su anterior obra le dio la suficiente confianza como para exigir un control creativo total sobre la producción...
Pero ésta va a estar plagada de problemas, y desde el principio, desde que Victor Desny confecciona una historia basada en la tragedia de William F. Collins, explorador que en 1.925 quedara atrapado en la cueva de Sand Cave y el incidente se convirtiera en uno de los fenómenos periodísticos más grandes de todos los tiempos al convertirse su rescate, por desgracia fallido, en todo un circo. Un ejemplo más acerca de la falta de dignidad de los medios de comunicación que aseguraron al director el pilar para la recreación de aquellos hechos, un borrador adquirido sin permiso y que le costaría una demanda judicial.
Aquél se separa de su magnífico colaborador Charles Brackett y va a prepararse para ejercer de productor además de guionista, dado que el tremendo éxito de su anterior obra le dio la suficiente confianza como para exigir un control creativo total sobre la producción...
Pero ésta va a estar plagada de problemas, y desde el principio, desde que Victor Desny confecciona una historia basada en la tragedia de William F. Collins, explorador que en 1.925 quedara atrapado en la cueva de Sand Cave y el incidente se convirtiera en uno de los fenómenos periodísticos más grandes de todos los tiempos al convertirse su rescate, por desgracia fallido, en todo un circo. Un ejemplo más acerca de la falta de dignidad de los medios de comunicación que aseguraron al director el pilar para la recreación de aquellos hechos, un borrador adquirido sin permiso y que le costaría una demanda judicial.

En un acuerdo con Warner los de Paramount consiguen a Kirk Douglas, quien da vida a Charles, reportero distinguido por su carácter agresivo y afición al alcohol. Wilder se esfuerza por perfilar a este personaje desde su violento cinismo y cada línea de diálogo, palabra o gesto que profiere lo corrobora, y sobresale nada más llegar a la nueva oficina de Alburquerque donde termina trabajando después de perder su empleo original en New York. Pero atento a cuanto le rodea y a la posibilidad de hallar una noticia de alcance nacional que reverdezca sus viejos laureles profesionales, cree haber encontrado su salvación.
Porque en el transcurso de un reportaje de rutina sobre ciertas costumbres locales descubre que un tipo, Leo Minosa, ha quedado atrapado en una vieja mina. Y aquí es donde el director se levanta feroz en su descarnada crítica al negocio del periodismo sensacionalista, haciendo de "Ace in the Hole" el vehículo perfecto con el que denostar desde la razón y la indignación a esa modalidad de supuestos informadores y a la biempensante sociedad íntimamente confundida por astutos charlatanes habituados a enardecer los instintos más primarios y encantada de figurar como colaborador necesario y pasivo de las trampas de sus protagonistas.
Porque en el transcurso de un reportaje de rutina sobre ciertas costumbres locales descubre que un tipo, Leo Minosa, ha quedado atrapado en una vieja mina. Y aquí es donde el director se levanta feroz en su descarnada crítica al negocio del periodismo sensacionalista, haciendo de "Ace in the Hole" el vehículo perfecto con el que denostar desde la razón y la indignación a esa modalidad de supuestos informadores y a la biempensante sociedad íntimamente confundida por astutos charlatanes habituados a enardecer los instintos más primarios y encantada de figurar como colaborador necesario y pasivo de las trampas de sus protagonistas.

Kirk Douglas & Robert Arthur
A cuya cabeza se sitúa Charles, paradigma del manipulador y trasunto de William Miller, quien cubrió el rescate de Collins (como él, también aspira a ganar el Pulitzer). Pero éste no acapara la exclusividad de la maldad humana expresada con malicia por Wilder, pues para él esta es la visión de un mundo del periodismo que, lejos de informar remitiéndose a la crudeza desnuda de los hechos, los retuerce y falsea a su antojo. Y con el propósito de generar una expectativa basada en el morbo y traducida simplemente en el beneficio económico de quienes participan en el progreso, en este caso el entusiasta y en principio idealista compañero de viaje (Herbie) y la esposa lujuriosa de Minosa (Lorraine).
Una auténtica "femme fatale" que cambia su decisión de abandonarle a él y a sus pobres negocios por una más que complaciente recogida de beneficios constantes. Sin olvidar por supuesto a ese representante local de la ley y el orden (Kretzer), más interesado en su permanencia en el cargo que en salvar la vida de uno de sus conciudadanos, y pasando por una pléyade de individuos más o menos respetables que obtienen un lucro directo o indirecto al convertirse su pequeño pueblo en el foco de interés de todo el país, pues en pocos días lo que hubiese sido una misión casi rutinaria de salvamento se ha transformado en un gran espectáculo.
Un espectáculo de masas que hace a la película estar ordenada de manera gradual, como si el guión emulara las fases de creación y crecimiento casi ilimitado de la gran bola de nieve informativa. Así, mientras a lo largo del metraje nos preguntamos perplejos hasta dónde puede llegar la perfidia de todo este asunto, sólo nos resta abandonarnos a la crudeza de un señor director que se regocija en la amoralidad del más alto orden, pues los personajes implicados que contemplamos ejercen la maldad, se nutren de ella, como monstruos indignos, despojados de toda ética.
Y al final nadie en absoluto puede apelar al beneficio de la redención, proyectando la sombra enfermiza de una sociedad ávida de emociones fuertes, tan hipócrita, silenciosa y manipulable como peligrosa, y que de manera sistemática ignoran el sufrimiento de aquellos que les son más cercanos. Unos y otros pueden ser responsables en última instancia de la muerte de un pobre tipo cuyo único error consiste en encontrarse con su destino en un momento equivocado. Este es el entorno de mohosas esquinas donde hemos de aparcar nuestras sensibilidades.
Interiores asfixiantes de oscuridad total (destacando esa caverna cada vez más privada de oxígeno) y exteriores áridos en cuya tierra se derrama el nihilismo en forma de pegajosos efluvios sudorosos, ambientes que Wilder compone gracias a la inestimable ayuda de los genios Charles Lang (a la fotografía) y Earl Hedrick (a la dirección artística). Si bien esta es una obra donde todas las virtudes técnicas son necesarias para sumergirnos en sus registros visuales y sonoros, de gran carga emocional (pero emociones viscerales y truculentas que ponen a prueba la fuerza de nuestra mente y espíritu).
"Ace in the Hole" fue un audaz aldabonazo en la conciencia de una sociedad que acepta como algo natural la perversión de los más elementales rasgos de humanidad, y resiste el paso del tiempo sin perder un ápice de fuerza y cinismo.
Una auténtica "femme fatale" que cambia su decisión de abandonarle a él y a sus pobres negocios por una más que complaciente recogida de beneficios constantes. Sin olvidar por supuesto a ese representante local de la ley y el orden (Kretzer), más interesado en su permanencia en el cargo que en salvar la vida de uno de sus conciudadanos, y pasando por una pléyade de individuos más o menos respetables que obtienen un lucro directo o indirecto al convertirse su pequeño pueblo en el foco de interés de todo el país, pues en pocos días lo que hubiese sido una misión casi rutinaria de salvamento se ha transformado en un gran espectáculo.
Un espectáculo de masas que hace a la película estar ordenada de manera gradual, como si el guión emulara las fases de creación y crecimiento casi ilimitado de la gran bola de nieve informativa. Así, mientras a lo largo del metraje nos preguntamos perplejos hasta dónde puede llegar la perfidia de todo este asunto, sólo nos resta abandonarnos a la crudeza de un señor director que se regocija en la amoralidad del más alto orden, pues los personajes implicados que contemplamos ejercen la maldad, se nutren de ella, como monstruos indignos, despojados de toda ética.
Y al final nadie en absoluto puede apelar al beneficio de la redención, proyectando la sombra enfermiza de una sociedad ávida de emociones fuertes, tan hipócrita, silenciosa y manipulable como peligrosa, y que de manera sistemática ignoran el sufrimiento de aquellos que les son más cercanos. Unos y otros pueden ser responsables en última instancia de la muerte de un pobre tipo cuyo único error consiste en encontrarse con su destino en un momento equivocado. Este es el entorno de mohosas esquinas donde hemos de aparcar nuestras sensibilidades.
Interiores asfixiantes de oscuridad total (destacando esa caverna cada vez más privada de oxígeno) y exteriores áridos en cuya tierra se derrama el nihilismo en forma de pegajosos efluvios sudorosos, ambientes que Wilder compone gracias a la inestimable ayuda de los genios Charles Lang (a la fotografía) y Earl Hedrick (a la dirección artística). Si bien esta es una obra donde todas las virtudes técnicas son necesarias para sumergirnos en sus registros visuales y sonoros, de gran carga emocional (pero emociones viscerales y truculentas que ponen a prueba la fuerza de nuestra mente y espíritu).
"Ace in the Hole" fue un audaz aldabonazo en la conciencia de una sociedad que acepta como algo natural la perversión de los más elementales rasgos de humanidad, y resiste el paso del tiempo sin perder un ápice de fuerza y cinismo.
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