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España España · Barcelona
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Voto de Mauri:
6
Voto de Mauri:
6
Intriga. Fantástico Mamántula es el chico que todos desean, pero también es, secretamente, una tarántula gigante travestida de humano, engendrada durante un breve encuentro en un paraíso lejano. En un presente alternativo de saunas brutalistas, interminables pasillos de metro y detectives con gabardina y sombrero, cada uno de los amantes de Mamántula cae víctima de su insaciable lujuria de sangre y semen; un hilo más en la tela de araña estelar que está ... [+]
30 de mayo de 2025 0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bienvenidos a una galaxia muy, muy cercana: la de Ion de Sosa. En Mamántula, el director donostiarra nos invita a un viaje sin retorno al corazón del cine que se atreve. Una criatura alienígena en forma humana que chupa más que energía vital y deja cuerpos como trapos. Dos policías en modo reality. Un montaje que parece lanzado desde una centrifugadora. Y una estética que grita “¡hazlo tú también!” desde el rincón más kitsch del universo queer. Esto no es cine para todos. Es cine para los que tienen ganas de mirar donde no suele enfocarse la cámara.

De Sosa no busca la corrección, ni el prestigio, ni el confort del espectador. Busca, sencillamente, lo que pocos: hacer lo que le da la gana con estilo propio. Su criatura de 45 minutos es una mezcla bastarda de giallo, softcore, telediario trash y ciencia ficción de baratillo. Una oda a lo viscoso, lo mutante, lo camp. Cine de guerrilla formal con alma de cómic experimental. ¿El guion? Irrelevante. ¿Los efectos? Una maravilla de cartón piedra. Lo importante aquí es la potencia del gesto: Mamántula dice “sí” al placer, a la rareza, a la impureza, al colapso de géneros y al sexo como imagen política.
¿Se sostiene como relato? No del todo. ¿Hace falta que lo haga? Tampoco. Mamántula no quiere contar una historia, quiere generar un estado, provocar la risa nerviosa, el asco estético, la reflexión incómoda y, si hace falta, el cabreo de los guardianes del buen gusto. Acierta en algo esencial: no subestima nunca al espectador que sabe leer entre los fluidos. Porque sí, aquí hay ideas, y no pocas. Desde la crítica a la homofobia disfrazada de thriller, hasta la celebración de un cuerpo libre y mutante que se apropia de todos los géneros —narrativos y sexuales— para dinamitar las etiquetas.

Por eso Mamántula es valiosa. Porque arriesga sin pedir permiso. Porque no quiere gustar a todos. Porque tiene el valor de ser ridícula antes que mediocre. Porque en un panorama saturado de “historias bien contadas”, esta es una mal contada con convicción, con deseo, con una falta de pudor que ojalá se contagiara más.
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