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Voto de Shinboneniná:
6
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6
Acción. Bélico. Aventuras. Fantástico Adaptación del cómic de Frank Miller (autor del cómic 'Sin City') sobre la famosa batalla de las Termópilas (480 a.C.). El objetivo de Jerjes, emperador de Persia, era la conquista de Grecia, lo que desencadenó las Guerras Médicas. Dada la gravedad de la situación, el rey Leónidas de Esparta (Gerard Butler) y 300 espartanos se enfrentaron a un ejército persa que era inmensamente superior. (FILMAFFINITY)
29 de mayo de 2008
5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Soy de los que piensan que, por fortuna, una cosa es la Historia (casi siempre un cúmulo de datos convenientemente manipulados por aquellos que se llevaron la mejor parte de un pasado más o menos lejano), y otra muy distinta, el cine. Por eso, intentar buscar fidelidad histórica en un episodio ocurrido hace más de dos mil años, mitificado y manipulado hasta la saciedad, a través de una aproximación inspirada, ni más ni menos que en un cómic de Frank Miller, me parece una broma.
Cualquiera que intente aplicar criterios de verosimilitud a este ataque de testosterona pierde el tiempo. Se trata, simplemente, de un film de estética impactante, en el que se pueden rastrear influjos que van desde “Gladiator” a “El señor de los anillos”, pasando por “La pasión de Cristo”, “Braveheart”, y si me apuran, hasta por “Priscila, reina del desierto”. Es una orgía de sangre y violencia que no tiene por qué ser especialmente perniciosa, si uno es consciente de que está ante un puro entretenimiento.
Eso no es óbice para dejar de señalar que la ideología que transmite el film es sumamente retrógrada, cargada de clichés antediluvianos y de un maniqueísmo que asusta. Hubiera sido una de las que el tío Adolf habría disfrutado de lo lindo en su Guarida del Lobo; o el propio Sabino Arana, o cualquiera de los nacionalistas mitómanos y obtusos que en el mundo han sido. Por un lado, el pueblo elegido, el líder mártir y la defensa heroica, a costa de la propia vida, de unos valores que se identifican con la patria y la libertad. Por otro, el invasor, informe, degenerado y carente de valores, liderado por un déspota perverso y traidor. Pureza racial por un lado, frente a indeseable conglomerado de cien naciones por otro (con una pinta de sátrapas wahabbitas mezclados con ninjas venidos a menos, que quita el hipo). Hasta el propio Efialtes, como los depravados éforos, es un repugnante y deforme traidor que escapó de la eugenesia espartana. Sin embargo, se obvia que la cultura griega heredó su esencia de Mesopotamia y Egipto, culturas ambas orientales. En definitiva, el Bien y el Mal, Ahura Mazda frente a Ahriman. Occidente frente a Oriente. Así habló Zaratustra. Menos mal que la opción “por mis huevos que te mato” en ocasiones ha sucumbido ante el sentido común.
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