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Dominion - Precuela del exorcista

Terror. Thriller El Cairo, 1949. Lankester Merrin ha abandonado el sacerdocio y malvive como puede gracias a su reputación como arqueólogo. Un coleccionista privado lo contrata para que robe una imagen sagrada de un templo cristiano recién descubierto en África Oriental. Cuando Merrin acude al lugar, descubre que los hechos inexplicables que rodean el hallazgo podrían tener un origen sobrenatural. (FILMAFFINITY)
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6
17 de septiembre de 2006 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Prácticamente nos cuenta la misma historia de la película exhibida en los cines. Pero esta opta por una manera menos fantástica de contarla, menos maquillaje para e personaje poseído, que aquí no es la chica como en la exibida en los cines, sino un joven con retardo mental. Es una película que fundamentalmente quiere transmitir como el encuentro cara a cara con el mal acabó con la fuerte crisis de fe del padre Merrin.
En definitiva este “comienzo” del exorcista no aporta nada nuevo a la historia, y eso sí, llama poderosamente la atención la penosa calidad de los efectos especiales.
6
23 de marzo de 2010 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
No la puedo comparar con la versión de Harlin, así que me ceñiré a esta.
Schrader habla de los problemas de la fe del padre Merrin, de ahí de que se rodara la versión estrenada en cines, pues esta película no es un film de terror al uso del espectador, si no que es un drama con toques de terror, aunque confieso que hay algún momento en que yo pase alguna tensión.

¿Entonces porque el titulo de la critica es ese?, sencillo porque a pesar de ser un film decente, puede aburrir y tiene un aire a película televisiva que tira para atrás, pero esas carencias se compensan gracias al buen trabajo de los actores y absorbente (que a veces amenaza con aburrir) historia.
Todos los actores son buenos, excepto Clara Bellar.
4
29 de septiembre de 2015 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entre esta y la otra precuela no vi mucha diferencia en cuanto a calidad, ambas estuvieron regulares, no fueron malas pero tampoco fueron entretenidas, si fueron buenas, eso creo pero algo aburridas y sin nada de misterio ni terror y se supone que esta es una película de terror.

Esta película y Exorcist: The Beginning tienen ambas cosas interesantes, cosas buenas pero ambas fallan en lo mismo, entretienen poco y no producen ni una pizca de terror. Y Stellan Skarsgård no terminó de convencerme en su papel en ninguna de las dos películas.
21 de enero de 2023 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para rastrear los primeros síntomas degenerativos neuronales (y olfativos) en la cúpula de Warner Bros que les ha llevado a la bancarrota y la absorción corporativa actual no hay que instalarse en eventos recientes ni relacionados con supermachotes en mallas.
A la fotografía Vittorio Storaro. A la música Angelo Badalamenti. Caleb Carr metiendo mano en el guión. Y Paul Schrader, partiendo de la fértil mitología que ofrece el enclave africano -como los de John Boorman para la primera secuela, o los aprovechados por él mismo en 'El beso de la Pantera'- excavó, literalmente, en una iglesia enterrada (que no desaparecería con la reinterpretación de Harlin) como un pretexto para soterrar metafóricamente -además de al mal, obviamente- la batalla entre los demonios interiores y la fe renqueante pujando disyuntivamente contra las convicciones del padre Lankester Merrin -Stellan Skarsgärd, que lo interpretaría en las dos versiones-: otro Merrin de pedigrí bergmaniano y llegado de Suecia con experiencias fortuitas previas en la ficción guerramundialista antes que ésta.
Hasta que una sentencia judicial le diera la razón a Schrader y obligase a los estudios a estrenarla, Warner Bros la guardó en un cajón, rodándola nuevamente con Renny Harlin en una más accesible y ruidosa cinta de la que sólo recuerdo a Izabella Scorupco ('Goldeneye') bufando y pataleando como un toro bravo con la caracterización clásica de Linda Blair endemoniada y preparándose para embestir a Stellan Skarsgärd. La parisina Clara Bellar incluso puede dar gracias por ahorrarse pasar por ese trámite transformista con el que sí le tocaría apechugar al cantante Billy Crawford.
La mejor era ésta. No hay vómitos verdes. No hay caras rajadas -bueno, un poco- ni tampoco una adulta poseída dando lenguetazos a lo Gene Simmons. Esto va de horror espiritual, gore dosificado (aunque cuando aparece es generosamente cruel), religión, angustia y traumas reanudados tras el holocausto bajo un acento incisivo de crítica colonialista, ¿qué menos cabría esperar de un Schrader??
Lo que sí está claro es que la recreación digital de animales no figuraba entre sus prioridades o no pudo pulir según qué detalle en óptimas condiciones de posproducción.
Y sin embargo, la prefiero.
5
14 de junio de 2014 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paul Schrader había de ser el director de la cuarta entrega (en realidad una precuela) de la saga que inauguró el director William Friedkin en el 1973 con The Exorcist y en realidad llegó a dirigir una versión, pero que finalmente fue rechazada por los ejecutivos de la Warner Brothers, que decidieron que la película no tenía una salida comercial efectiva, y acabaron relegando el proyecto a otro director, el mediocre Renny Harlin, que finalmente acabaría dirigiendo el proyecto que sería estrenado en las salas de cine, con The Exorcist: The Begining (El Exorcista: El comienzo, 2004), una película mucho más efectista y ridícula que la película de Schrader. Esta última fue enviada directamente al circuito doméstico (En DvD) en el 2005. Finalmente se tituló Dominion: Prequel to the Exorcist (El Exorcista: El comienzo. La versión prohibida, 2005).

Por otra parte, el curso del 2004-2005 fue una etapa peculiar y potente en cuanto a este subgénero de terror. A el furor que causó la película de Renny Harlin se le sumó una nueva obra que trataba otra vez el tema del exorcismo, como fue The Exorcism of Emily Rose (El exorcismo de Emily Rose, 2006), película que paradójicamente volvía a dar una visión católica (afirmando, como el Exorcista, que el diablo existía y que era un mal a erradicar; con más inri incluso que la película de Friedkin, porque en la obra de Derrickson la película giraba en torno al cura que había tratado el exorcismo y que era condenado por sus conductas ) que haría renacer al subgénero con otros filmes de calidad ciertamente discutible, como The Haunting in Connecticut (Exorcismo en Connecticut, 2009) o The Last Exorcism (El último exorcismo, 2010).
Paul Schrader nos ofrece una película con un ritmo mucho más pausado que la película de Harlin, lo que probablemente explica el porqué los ejecutivos de la Warner desecharon la película. Ambientada a mediados del siglo pasado, la película nos sitúa la acción en Egipto, en plena etapa colonialista, donde un grupo de personajes, junto al ejército británico, están realizando una serie de expediciones arqueológicas. Uno de los protagonistas es el padre Merrin (el mismo personaje que aparecería en la película de Friedkin), interpretado por Stellan Skarsgård, que representa a un antiguo sacerdote que ha ido perdiendo paulatinamente la fe, mientras que otro personaje, aún más joven, interpretado por Gabriel Francis, contrarresta la pérdida de fe, pues nos encontramos con un joven y ferviente cura. La película repite pues esta pareja de sacerdotes, uno joven y otro más anciano, que en realidad ya nos encontrábamos en la película original de El Exorcista.

La secuencia inicial con la que se inicia la película ya nos introduce bastante la esencia que Schrader trata de desarrollar en el film. La película se retrae a los años de la segunda guerra mundial, mostrándonos un pelotón de ejecución que finalmente asesinará de manera despiadada a diversos aldeanos que no tenían ninguna culpa. Esta secuencia será posteriormente recreada pero con diversos bandos, y el significado de ambas es bastante evidente. El mal no se encuentra en figuras como el diablo en la mayoría de ocasiones, sino que viene de la propia naturaleza humana.
En este sentido, y al igual que la película de Friedkin, el filme desarrolla una interesante reflexión en torno al miedo instintivo y primario (como lo prueban las secuencias del sacrificio por parte de los indígenas africanos, el propio asesinato por parte de los alemanes o el temor reverencial al diablo).

Desgraciadamente, y puede que sea porque el propio Schrader (escritor de diversos guiones de películas de Martin Scorsese) no encontramos una verdadera idea desarrollada en la película. Es cierto que el autor se nota en la concepción de una película mucho más clásica que la obra de Harlin (e incluso que la El Exorcista original), elaborada con pocas estridencias y tratando de desarrollar otros ámbitos, que sin embargo no acaban de cuajar en la película.

Por ejemplo, uno de los aspectos más tratados en la película es el choque de civilizaciones, africana y británica, que sin embargo nunca cobra una dimensión importante. Pero sobre todo lo observamos en el sentimiento de culpa del personaje de Merrin, uno de los debates centrales del film que sin embargo sale esbozado de manera poco delineada a lo largo de la película.

También y esto evidentemente no es culpa de Schrader, se nota las deficiencias económicas de la película. Pero además seguramente el film no se acabó de terminar definitivamente, porque los efectos digitales de posproducción cantan bastante. También es cierto que la reconstrucción de lugar religioso que cobra una especial importancia a lo largo de la película está bien construida, con una interesante escenografía que realiza un ejercicio sincrético para mostrar una serie de imágenes bastante conseguidas.

http://neokunst.wordpress.com/2014/06/14/el-exorcista-el-comienzo-la-version-prohibida-2005/
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