Testigo en peligro
6.9
40,046
Intriga. Thriller. Drama. Romance
En su primer viaje a Philadelphia, el pequeño Samuel Lap (Lukas Haas), un niño de una comunidad amish, presencia por casualidad el brutal asesinato de un hombre. John Book (Harrison Ford) es el policía encargado de proteger al chico y a su madre Rachel de quienes quieren eliminar a Samuel, unico testigo del homicidio. (FILMAFFINITY)
13 de octubre de 2010
13 de octubre de 2010
23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alterada estoy aún por la maravillosa pareja que forman Ford y McGillis. Qué manera de mirarse, de estar el uno frente al otro, qué atractivo uno y otra, aun en sus trajes de Amish. Mi valoración es prácticamente gracias a ellos, que me han enamorado, me han emocionado y me han hecho reír.
Y cómo no, Peter Weir, que realmente no sé cómo lo hace, pero tiene una forma de crear cine que es pura estética y delicadeza. Maravillosa la parte de la convalecencia de Book, por ejemplo, y pura tensión sexual en el baile que se marcan en el granero.
En definitiva, muy entretenida, bien hecha, buena banda sonora, pesonajes muy bien construidos y con la dosis justa de sensualidad, amor y acción; además de plantear ideas interesantes relacionadas con el deber, la violencia o la tolerancia.
Y cómo no, Peter Weir, que realmente no sé cómo lo hace, pero tiene una forma de crear cine que es pura estética y delicadeza. Maravillosa la parte de la convalecencia de Book, por ejemplo, y pura tensión sexual en el baile que se marcan en el granero.
En definitiva, muy entretenida, bien hecha, buena banda sonora, pesonajes muy bien construidos y con la dosis justa de sensualidad, amor y acción; además de plantear ideas interesantes relacionadas con el deber, la violencia o la tolerancia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Frustrada con el final. Siempre pensaré que Book vuelve a por ella y son felices para siempre.
12 de octubre de 2020
12 de octubre de 2020
20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
El pasado mes de febrero celebré el quince aniversario de mi inscripción en FilmAffinity publicando una reseña sobre “Érase una vez en Hollywood”. Hoy, 13 de octubre de 2020, soplo las mismas velas por lo que se refiere a la primera crítica que publiqué en esta página, que dediqué a “Los comulgantes”, de Bergman. Desde entonces, con mayor o menor periodicidad, no ha habido un solo año en blanco y quiero festejar esta larga e ininterrumpida historia de amor escribiendo sobre mi historia de amor favorita de la historia del cine.
La cosa viene de lejos. Tanto la película, como la protagonista femenina, Rachel (la hermosísima Kelly McGillis) y su romance con el policía Book (Harrison Ford), ya me marcaron a fuego en su estreno en los cines y mi estreno en la adolescencia. Pero a diferencia de otros primeros y fugaces amores que el tiempo olvida, mi fascinación ha permanecido intacta, revisión a revisión, a lo largo de la edad adulta. En el último visionado, hace menos de un año, percibí con mayor clarividencia que nunca la delicadísima orfebrería fotográfica que ilumina el rostro de Kelly McGillis, así como su antológico recital interpretativo en primer plano. De una manera exquisitamente sutil, le basta una fugaz mirada o el gesto más levísimo para expresar toda una profunda gama de emociones y sentimientos. Durante el baile en el granero (vuelvo a mi lista de favoritos: en mi podio, la más sensual y erótica escena del cine, seguida del baile de la Novak y Holden en “Picnic”) hay un momento en el que la cámara efectúa una aproximación a la actriz, y ahí late, al ritmo de su respiración y como jamás se haya visto, la más pura representación del descubrimiento del deseo.
La cosa viene de lejos. Tanto la película, como la protagonista femenina, Rachel (la hermosísima Kelly McGillis) y su romance con el policía Book (Harrison Ford), ya me marcaron a fuego en su estreno en los cines y mi estreno en la adolescencia. Pero a diferencia de otros primeros y fugaces amores que el tiempo olvida, mi fascinación ha permanecido intacta, revisión a revisión, a lo largo de la edad adulta. En el último visionado, hace menos de un año, percibí con mayor clarividencia que nunca la delicadísima orfebrería fotográfica que ilumina el rostro de Kelly McGillis, así como su antológico recital interpretativo en primer plano. De una manera exquisitamente sutil, le basta una fugaz mirada o el gesto más levísimo para expresar toda una profunda gama de emociones y sentimientos. Durante el baile en el granero (vuelvo a mi lista de favoritos: en mi podio, la más sensual y erótica escena del cine, seguida del baile de la Novak y Holden en “Picnic”) hay un momento en el que la cámara efectúa una aproximación a la actriz, y ahí late, al ritmo de su respiración y como jamás se haya visto, la más pura representación del descubrimiento del deseo.

Kelly McGillis & Harrison Ford
O después, cuando en una de las más bellas y pictóricas composiciones del film, ofrece mientras se baña su carnalidad ante los ojos de Harrison Ford (el cual ofrece a su vez, mi opinión, su mejor trabajo ante las cámaras). Permítanme en este momento divagar en un meandro personal: a pesar de las innumerables veces que he visto la película, he de confesar que en esta última, al llegar a dicha escena estaba absolutamente convencido de que Rachel aparecía completamente desnuda, cuando en realidad solo lo está de cintura para arriba. Esto demuestra hasta qué punto la memoria es capaz de crear el recuerdo de una imagen que nunca existió, pero que sin embargo expresa diáfanamente que la pulsión que el instante desata en mí es pareja a la que desata en el personaje de Book.
Y, por supuesto y como siempre, únicamente cabe aplaudir el maravilloso trabajo de puesta en escena por parte de Peter Weir, un cineasta de pura cepa visual que había demostrado con anterioridad en la fantástica (por género y por calidad) “Picnic en Hanging Rock” que sabe filmar lo intangible. Si Velázquez en “Las Meninas” pintó el aire, Weir en “Único testigo” filma el enamoramiento. Sin más. Fluyendo entre los fotogramas. Sin que los personajes tengan que pronunciar en ningún momento una sola palabra sobre él. Con la cámara siempre a la distancia adecuada, pudorosa y tímida cuando nace, o temblorosamente a flor de piel en el momento de máxima exaltación. O, en un desenlace que ya es historia para los estudiosos de la gramática del cine por la significancia del uso del plano-contraplano, los fondos y el silencio (qué lejos estamos de la anticuada e impostada artificiosidad del parloteo de Bogart en “Casablanca”) y que además, junto al de “Los puentes de Madison”, se convierte para mí en el más lirico, conmovedor y emotivo del romanticismo cinematográfico.
Y, por supuesto y como siempre, únicamente cabe aplaudir el maravilloso trabajo de puesta en escena por parte de Peter Weir, un cineasta de pura cepa visual que había demostrado con anterioridad en la fantástica (por género y por calidad) “Picnic en Hanging Rock” que sabe filmar lo intangible. Si Velázquez en “Las Meninas” pintó el aire, Weir en “Único testigo” filma el enamoramiento. Sin más. Fluyendo entre los fotogramas. Sin que los personajes tengan que pronunciar en ningún momento una sola palabra sobre él. Con la cámara siempre a la distancia adecuada, pudorosa y tímida cuando nace, o temblorosamente a flor de piel en el momento de máxima exaltación. O, en un desenlace que ya es historia para los estudiosos de la gramática del cine por la significancia del uso del plano-contraplano, los fondos y el silencio (qué lejos estamos de la anticuada e impostada artificiosidad del parloteo de Bogart en “Casablanca”) y que además, junto al de “Los puentes de Madison”, se convierte para mí en el más lirico, conmovedor y emotivo del romanticismo cinematográfico.
12 de enero de 2006
12 de enero de 2006
25 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gran película del director australiano Peter Weir ("El show de Truman", "El club de los poetas muertos") de genero variable, entre policíaco y dramático. Harrison Ford consigue una de las mejores interpretaciones de su carrera encarnando a John Book, un policía que debe proteger a un niño y a su madre de de la propia policía con una oscura corrupción como telón de fondo. La fotografía, la hermosa banda sonora, la dirección, el guión y las interpretaciones hacen de esta película una de las mejores de los años 80.
Consiguió 8 nominaciones (Película, director, actor principal, banda sonora, montaje, fotografía, sonido y guión original) a los oscar en 1985 de los cuales consiguió los pertenecientes al mejor guión original y al mejor montaje.
Consiguió 8 nominaciones (Película, director, actor principal, banda sonora, montaje, fotografía, sonido y guión original) a los oscar en 1985 de los cuales consiguió los pertenecientes al mejor guión original y al mejor montaje.
30 de enero de 2008
30 de enero de 2008
18 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Único testigo es una de esas películas que nunca me canso de visionar, disfruto siempre de ella, es una de mis favoritas.
A parte de que soy un fiel fan de Harrison Ford, ( algunos ya me condenan por eso ), la historia que se cuenta aquí me parece fantástica e incluso podría pasar por verídica. Se aprovechan de un magnífico guión, ( de sobra merecido oscar ), para envolvernos en un thriller algo diferente, donde se nos traslada a otra época...donde habitan los amish.
Una comunidad religiosa con sus costumbres y sus creencias, donde lo más natural a ojos del mundo...representa un pecado para ellos. ( ver spoiler 1 ).
Pues en un viaje de unos miembros de la comunidad, mientras esperan a su tren, uno de sus componentes observa un asesinato, ( ver spoiler 2 ) a partir de aqui se convierte en el único testigo.
Una forma muy intertesante la de conducir el film a una trama de corrupción, donde el poli que protege al niño debe huir con ellos a su comunidad...por su propia protección y por la del niño...con todas las consecuencias de esa nueva vida.
A parte de que soy un fiel fan de Harrison Ford, ( algunos ya me condenan por eso ), la historia que se cuenta aquí me parece fantástica e incluso podría pasar por verídica. Se aprovechan de un magnífico guión, ( de sobra merecido oscar ), para envolvernos en un thriller algo diferente, donde se nos traslada a otra época...donde habitan los amish.
Una comunidad religiosa con sus costumbres y sus creencias, donde lo más natural a ojos del mundo...representa un pecado para ellos. ( ver spoiler 1 ).
Pues en un viaje de unos miembros de la comunidad, mientras esperan a su tren, uno de sus componentes observa un asesinato, ( ver spoiler 2 ) a partir de aqui se convierte en el único testigo.
Una forma muy intertesante la de conducir el film a una trama de corrupción, donde el poli que protege al niño debe huir con ellos a su comunidad...por su propia protección y por la del niño...con todas las consecuencias de esa nueva vida.

Lukas Haas
No solo disfruto del thriller en sí, sino de todo lo que envuelve al film, la historia de amor que surge entre los protagonistas, aún sabiendo que no sería aceptada. La rivalidad naciente entre otro pretendiente de Rachel, todo esto le dan una consistencia y una calidad al film, que la hace convertirse en el magnífico producto final que nos encontraremos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
( spoiler 1 )
El simple hecho de tener botones, representaba prominencia. La música estaba considerada algo diabólico...realmente asombroso.
( spoiler 2 )
Realmente impresionante como reflejan el asombro del niño con todo lo que es nuevo para el, el bebedero de agua...y en especial la tensión que nos ofrece las escena en la que después de presenciar el asesinato del policía, Danny Glover va mirando puerta por puerta. ¡ genial !
A destacar:
1- La escena en la comisaría en la que el niño descubre la foto del policía corrupto, no hay diálogos, simplemente las miradas lo dicen todo. ¡ fantástica escena !
2- Aprovechamiento del director en las labores de construcción del establo para lucimiento de Harrison Ford...antiguo carpintero antes de su época de actor.
3- Aunque muy predecible, todo el que ve la película da un puñetazo literalmente al imbecil que se mete con Harrison Ford...¡ bien merecido el puñetazo !
El simple hecho de tener botones, representaba prominencia. La música estaba considerada algo diabólico...realmente asombroso.
( spoiler 2 )
Realmente impresionante como reflejan el asombro del niño con todo lo que es nuevo para el, el bebedero de agua...y en especial la tensión que nos ofrece las escena en la que después de presenciar el asesinato del policía, Danny Glover va mirando puerta por puerta. ¡ genial !
A destacar:
1- La escena en la comisaría en la que el niño descubre la foto del policía corrupto, no hay diálogos, simplemente las miradas lo dicen todo. ¡ fantástica escena !
2- Aprovechamiento del director en las labores de construcción del establo para lucimiento de Harrison Ford...antiguo carpintero antes de su época de actor.
3- Aunque muy predecible, todo el que ve la película da un puñetazo literalmente al imbecil que se mete con Harrison Ford...¡ bien merecido el puñetazo !

Harrison Ford & Kelly McGillis
4- Los amish dan una lección de unión cuando en la escena donde posteriormente después de tocar las campanas, se reunen todos y rodean al poli, vaya ejemplo de humanidad.
5- Excepcional el final, cada uno regresa al mundo que realmente le corresponde y en el cual se siente cómodo, y en la escena final ese relevo de pretendientes de Rachel.
5- Excepcional el final, cada uno regresa al mundo que realmente le corresponde y en el cual se siente cómodo, y en la escena final ese relevo de pretendientes de Rachel.
15 de agosto de 2016
15 de agosto de 2016
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
A lo tonto la volví a ver anoche, quizá por cuarta o quinta vez. Siempre me digo: la veré un rato y luego la dejo, pero al final acabo atrapado hasta el final. Aparte de ser un magnifico y original thriller, lo que realmente acaba uno recordando de esta película -aparte de su pintoresca y atractiva ambientación en la comunidad Amish- es la maravillosa y emocionante historia de amor imposible (sublimada por la muy sugestiva banda sonora de Michael Jarre) entre los dos protagonistas. Y en especial las increíbles miradas, llenas de arrobamiento, timidez, a veces determinación, de una bellísima y fascinante Kelly McGillis.
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