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España España · Santa Coloma de Gramenet
Críticas de Chacal
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Críticas 143
Críticas ordenadas por utilidad
Road to the Stars
MediometrajeDocumental
Unión Soviética (URSS)1958
6,3
39
Documental, Intervenciones de: Georgi Solovyov
5
14 de enero de 2017
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Este año, dentro de los Sitges classics, han realizado un ciclo llamado "Red planet Marx" dedicado al desconocido cine de ciencia ficción ruso; toda una delicia para los amantes del género e investigadores de curiosidades como éstas.
Nosotros pudimos asistir a la doble sesión en el cine Prado de "Doroga k zvezdam"(Road to the stars) de 1958 y "El Planeta de las tormentas" (Planeta Bur"), de 1962. Dos piezas dirigidas por Pavel Klushantsev verdaderamente sorprendentes y curiosas realizadas en Rusia en plena Guerra Fría, donde la lucha encarnizada con Estados Unidos por la conquista espacial estaba en pleno apogeo.
Doroga k zvezdam (Road to the stars) es un falso documental en donde se especula ya con viajes interplanetarios. La primera parte del mediometraje va sobre el fundador de la cosmonáutica, Konstantin Tsiolkovsky, la historia de los cohetes y las perspectivas del desarrollo de la astronáutica.
La segunda parte es una película de ciencia-ficción, donde se fantasea sobre cómo será la vida del hombre en el espacio profundo.
Como he dicho, una curiosidad fascinante dentro del cine de la época y un ejemplo de cine ruso donde se vanaglorian los descubrimientos científicos propios. Sirve muy bien como clase de ciencia pero no deja de ser una curiosidad y un ejemplo del cine propagandístico de la época.

(https://orientparadiso.blogspot.com/)
Chacal
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6
5 de mayo de 2021
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La trilogía animada de Godzilla, distribuida en todo el mundo por la todopoderosa Netflix, ha levantado polvareda y polémica entre los fans del saurio. La causante: su tono frío, historia a primera vista aburrida y pretensiones filosóficas que la alejan totalmente del espectáculo festivo de monstruos gigantes y destrucción. Dichas pretensiones más complejas y profundas las cuales rompen con cualquier expectativa hacia un producto de carácter más clásico es precisamente lo que, a opinión personal, la ha hecho muy interesante por resultar inédito y diferente en la larga serie del saurio. Una trilogía comandada por Hiroyuki Seshita y Kobun Shizuno, donde se ha ido denotando a medida del paso de las entregas un peso cada vez mayor de las ideas e intenciones del segundo (Shizuno no le interesaban en demasía las cintas de monstruos) en contrapartida a Seshita quien quería llevar a la trilogía hacia un concepto más clásico. Godzilla: El planeta de los monstruos (2017) servía bien como introducción al universo de la trilogía, con unos conceptos muy interesantes que la acercaban a la ciencia ficción pura amén de un tramo final lleno de acción y sorpresas monstruosas que la convertían en una aceptable película a pesar de sus personajes poco interesantes y animación 3D extraña. La trilogía se encara con Godzilla: City on the edge of battle (2018) expandiendo su universo de manera interesante, profundizando algo más en personajes y explorando conflictos morales convirtiendo este episodio en un film oscuro, nihilista y de desesperanzador clímax.

La conclusión llega con Godzilla: The Planet Eater (2018), un más dificil todavía de cara al espectador llevando al límite las pretensiones filosóficas y religiosas de Shizuno en un film complicado y oscuro pero fascinante. Lo podríamos resumir como un episodio de Neon Genesis Evangelion (por su fuerte carga y simbolismo religioso) convertido en un film de Godzilla. El film sigue donde lo dejó la anterior, tras el fallido intento de destruir a Godzilla por parte de los Bilosaludos usando el Nanometal, la aparente inmunidad de algunos humanos a la contaminación de este elemento les hace creer que se trata de un acto divino y abrazan la religión Exif. Aunque la clave para acabar de una vez por todas con Godzilla llegue con el avenimiento de "Dios" a la Tierra.

Godzilla: The Planet Eater (2018) acierta en introducirse en terreno oscuro e inhóspito llevándolo en una dirección no visto en la saga del saurio. Si la tecnología no ha funcionado hasta ahora contra Godzilla y frente a la desesperación de los pocos supervivientes la religión y la espiritualidad se abre paso. Cobra un mayor protagonismo la raza extraterrestre de los Exif y su capataz Metphis quien convierte a Haruo, nuestro héroe, en un elegido divino, el nuevo avenimiento de Jesucristo nada menos. Además de engatusar a los pocos supervivientes con que "Dios" está detrás de la curación milagrosa del "Nanometal" en sus cuerpos llevándolos a la locura religiosa. Se profundiza así en la comunidad de los Hontuas (la civilización que descubrimos en la 2a parte y que sobrevive bajo tierra) y se siguen presentando ideas suculentas como son sus capacidades curativas o su propia sexualidad.

Frente a la desasogante conclusión de Godzilla: City on the edge of battle, The Planet eater no da tregua al espectador concentrando potencia dramática, un ambiente desolador y apocalíptico que no hace sino aumentar la angustia de la historia. Frente a los ambientes metálicos y tecnológicos de la segunda parte, los escenarios del presente film son terrenales y naturales. Espacios abiertos reforzando la espiritualidad opresiva presente en la historia. Respecto a los monstruos, su conceptualización es acertada utilizándolos como catalizadores de las ideas del film. En concreto Godzilla es presentado más que nunca como una creación divina caído en la Tierra como castigo a la arrogancia de la humanidad. Y frente al fin del mundo todo es dejado en manos de "Dios", convocado por medio del sacrificio humano y que no es otro que un irreconocible Ghidorah, emparentado en su aspecto con el clásico dragón chino (una de las influencias para la creación del dragón tricéfalo en los 60) pero protagonizando momentos espectaculares a nivel visual como su primera aparición atacando la nave espacial de los personajes. La llegada a la Tierra del dragón dorado recuerda visualmente al clásico infravalorado de Ishiro Honda, Dogora, the Space Monster (1964) y resulta impresionante su encuentro con Godzilla rodeándole a éste en una especie de campo gravitacional. El clímax final pondrá contra las cuerdas a Haruo quien deberá tomar una decisión final que afectará el destino del mundo.

Godzilla: The Planet Eater es sorprendente llevando al monstruo gigante hacia terrenos insólitos e inéditos en su mitología. Aplaudo la capacidad que ha tenido la presente trilogía para romper nuestras expectativas, utilizando a los monstruos como excusa para tratar conceptos elevados. Ahora bien, el film tiene varios problemas como su densidad temática, fascinante si, pero que puede ser todo un inconveniente de cara al espectador impaciente. La poquísima caracterización y fondo de los monstruos no ayuda. La presencia en la historia de Mothra en forma de alucinación (o no) de Haruo y que le ayuda en sus decisiones finales me parece innecesaria por ser algo más que anecdótico siendo únicamente un guiño de cara al fan clásico. Así también, la conclusión de la historia y la decisión final de Haruo me pareció algo brusca y precipitada.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Chacal
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6
12 de julio de 2017
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras el tremendo éxito de la trilogía noventera de Gamera realizada por Shusuke Kaneko y que supuso la cima del Kaiju Eiga, la tortuga agigantada tardó algunos años en volver a aparecer por las pantallas japonesas, quizás temerosos de realizar una entrega que tuviera que estar a la altura de la trilogía de Kaneko.
Para 2006, Godzilla había finiquitado su saga tras el desplome taquillero de Godzilla: Final Wars (2004). La Daiei decidió hacer regresar a Gamera con una entrega que se dirigiera hacia otros terrenos para así crear distancia con las entregas de Kaneko. Para desgracia de los fans, el camino a seguir sería volver a los terrenos infantiles que arruinaron la saga de la tortuga allá por los años 60. Una noticia algo decepcionante para el apasionado de los terrenos tan serios, dramáticos y espectaculares de las entregas de los 90, quizás esperanzados aún con la aparición de un Gamera 4. El encargado de dirigir este nuevo proyecto sería Ryuta Tazaki, un director que ya tenía experiencia en el género con la realización de diversos episodios de los Power Rangers y Kamen Rider. Una elección para un proyecto que provocó aun más resquemor al filtrarse las primeras imágenes del diseño de este nuevo Gamera, totalmente en línea con el tono infantil de los inicios clásicos de la saga.
En el film: en 1973, el legendario Gamera, murió tras destruir a los Gyaos que estaban atacando un pueblo. Uno de los sobrevivientes era un niño, que hoy ya creció y es propietario de un restaurante en Iseshima y tiene un hijo llamado Toru. Toru encuentra una tortuga aparentemente inofensiva, pero que resulta ser un descendiente de Gamera e irá creciendo de tamaño hasta alcanzar casi 60 metros de altura...

Para sorpresa de un servidor, Gamera: the brave, no resulta tan mala como cabía esperarse. Para empezar, se plantea como un reboot de la saga y del personaje omitiendo a las entregas de los 90 y entroncando sutilmente con la saga clásica de los 60. Se nos presenta un mundo en paz y libre de monstruos gigantes tras el sacrificio de Gamera en 1973. El film se inicia espectacularmente con un guiño a la trilogía de Kaneko con un Gamera autodestruyéndose en su batalla con los Gyaos.
Después nos adentramos en terrenos del puro telefilm con las solitarias vivencias del niño de turno traumatizado por la reciente muerte de su madre. Al poco se encontrará con una pequeña tortuga y entablará amistad con ella. Todo este primer tercio bebe directamente del E.T. de Spielberg con la tortuguita de marras demostrando curiosas habilidades voladoras y que harán las delicias del niño protagonista y su grupo de amigos. El problema pasa con que la tortuga comienza a crecer de forma desmesurada por lo que al niño le resultará imposible mantenerla en su habitación por más tiempo. Para rematar la faena, aparece de improviso otro Kaiju descomunal y maligno denominado Zedus y que pondrá en jaque al ejército japonés.
El infantilismo del film no resulta tan estomagante como podría haber sido y gracias al ligero tono del metraje el film pasa con agrado y de forma entretenida. El apartado técnico es muy notable con unas maquetas espectaculares y un enemigo formidable similar en su diseño a un Godzilla con rastas. Algo que puede servir de consuelo al deseadísimo, por los fans, Godzilla vs Gamera. El problema pasa por el risible diseño de Gamera, con una cara de atontado y de teleñeco y que rechina en muchos momentos.
En la segunda mitad del film se entra en los terrenos más puramente Kaiju (destrucción y batallas) y donde se logran conseguir momentos muy destacables y emocionantes. Es en este tramo final donde algunos momentos dramáticos están fuera de lugar y no dejamos de echarnos las manos a la cabeza viendo al grupo de niños de rigor aventurándose en lugares que un padre ni en un millón de años permitiría hacer (a ver, ¿el niño insiste en entrar en un edificio en ruinas con Gamera dentro y el padre ayuda a su propio hijo a meterse dentro?). Patrones del género y que el fan acostumbrado aceptará sin problemas y se reirá con ello. Pese a todo, la escena en la que el grupo de niños se van pasando la piedra mágica que revivirá a Gamera resulta conmovedora y de gran fuerza.
Gamera: the brave (2006) es un entretenido reboot para la tortuga. Entendiendo que era imposible superar a la trilogía de los 90, la saga regresa a la vertiente infantil de las entregas de los 60, aproximación a priori interesante pero que peca de los mismos fallos de aquellas con un guion haciendo aguas, unos niños insoportables (a ratos), unas situaciones imposibles y un Gamera recién salido de Barrio Sésamo. Pese a todo, el conjunto no es tan malo como pueda parecer, goza de unos muy notables efectos especiales y excelentes momentos de destrucción y batallas además de algún que otro momento dramático destacable. Además le rodea un aura muy entrañable y sirve como un cariñoso homenaje a ese cine de evasión infantil con monstruos imposibles y que invadieron los cines japoneses en los años 60. Este reboot no destacó precisamente en la taquilla japonesa por lo que las intenciones de continuar con nuevas entregas de esta renacida y “valiente” Gamera se cancelaron, desgraciadamente. Por el momento, es la última entrega de la saga de la tortuga, aunque tras el empujón y revitalización del género que ha supuesto Shin Godzilla (2016) se planea relanzar a la tortuga gigante con Katsuhito Ishii (El sabor del té) encargándose de la dirección de este enésimo reinicio. Por el momento, el fan puede conformarse visionando un teaser lanzado hace unos meses y que sirve de presentación de dicho proyecto, aunque su aire de puro videojuego me eche bastante para atrás.

(https://orientparadiso.blogspot.com/)
Chacal
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