Críticas ordenadas por nota
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7
1 de marzo de 2021
1 de marzo de 2021
2 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Méjico, como otros territorios de Latinoamérica, es un país complicado, con una corrupción en algunas ramas del poder y de la policía desesperante, porque poco hay tan terrible como la impunidad, como que sean las propias instituciones las que te pegan el tiro en la cabeza. ¿Puede haber mayor desamparo? Y Méjico, por todo ello, es un país de valientes, con periodistas y activistas asesinados cada año, los únicos referentes en algunas zonas del país de una idea de justicia. Mueren sabiendo que iban a morir. Lo mismo que aquellos jueces sicilianos, Falcone, Borsellino, Chinnici, Terranova, que enfrentándose a la Cosa Nostra, sabían a ciencia cierta que les iban a matar, y aún así siguieron haciendo su trabajo (recomiendo el documental "La fotógrafa de la mafia", que retrata con atino el espíritu de aquellos hombres valientes que lucharon solos). Todo esto enlaza con aquel sermón tan acertado y contundente de un pastor de la Alemania de la postguerra, haciendo un ejercicio de autocrítica, que deberíamos gravar en la memoria: primero vinieron a por los comunistas y no dije nada porque no era comunista; después vinieron a por los sindicalistas y no dije nada porque no era sindicalista; luego vinieron a por los judíos y no dije nada porque no era judío; luego vinieron a por mí y ya no quedaba nadie para decir nada.

No quiero hacer spoiler, pero esta película, bajo una superficie impactante en la acción y el ritmo y en la angustia, en lo obviamente político, va más allá, dispara cual francotirador: va de esos que son buenos de corazón pero viven alegremente en connivencia con sistemas podridos sin decir nada, cómodamente asentados en tal sistema, arrancándose con obras caritativas en una ingenuidad, más o menos real, que solo sirve para sanar el propio sentimiento de culpa, o mostrando una preocupación ingenua que es completamente estéril. Para mí la esencia de la película, está en el personaje de Marianne. Ese posicionamiento de la película, acaso poco evidente en el barullo de violencia (convido a la reflexión respecto a ello) la convierte en una película valiente, porque nos dice que el culpable eres tú, somos todos nosotros, aquellos buenos de corazón que miramos hacia otro lado hasta que ya no tiene remedio, hasta que la podredumbre alcanza incluso a los inalcanzables, a los que no son ni judíos, ni negros, ni homosexuales, ni pobres, ni desheredados. Si se le deja, el lobo, al final se te come a ti.

Me impresionó mucho, hace un tiempo, esas mujeres en Chile, Argentina y luego en todo el mundo, que en una coreografía tan sencilla como escalofriante, se plantaban por centenares frente a ayuntamientos y otros edificios públicos para gritar unos versos que culminaban en una frase impactante, señalando a las ventanas de los edificios: ¡el violador eres tú!. Aquello nació en el contexto de "me too", pero es válido igualmente en este caso, porque todo va de lo mismo. El culpable de todo lo que pasa en esta película eres tú.
7
14 de diciembre de 2020
14 de diciembre de 2020
46 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
Debo recomendar que para el visionado de esta película se opte por desconocer totalmente su argumento. Adentrarse en el misterio. El efecto emocional se redobla, la angustia se multiplica, la empatía..., y con ello el miedo, verdadero terror. Pocas veces me ha aterrado tanto una película.
La fuerza de sugestión en el espectador, el buen aprovechamiento de la capacidad de la imagen y del montaje para manipular los sentidos del receptor, es el gran elemento efectista de la película. No nos engañemos, esta película es un truco. Y funciona muy bien, y perturba. Bergman nos lo contaba en "Persona": todo lo que veis es mentira, es un juego de engaños, es ilusionismo para que el espectador viva la experiencia emocional por la que ha pagado. Ese es el vehículo, pero el cine es mucho más que un truco, en tanto trasciende. ¿Qué hay en The Father debajo del truco?
Afortunadamente, lo que subyace es pura humanidad, son personajes, seres de carne y hueso, con lo que el ilusionismo tiene una razón de ser, es el vehículo útil de un drama que quizá nunca ha percutido tanto como en esta película. El propósito, la humanidad y la honestidad convierten esta función en una buena película.
La fuerza de sugestión en el espectador, el buen aprovechamiento de la capacidad de la imagen y del montaje para manipular los sentidos del receptor, es el gran elemento efectista de la película. No nos engañemos, esta película es un truco. Y funciona muy bien, y perturba. Bergman nos lo contaba en "Persona": todo lo que veis es mentira, es un juego de engaños, es ilusionismo para que el espectador viva la experiencia emocional por la que ha pagado. Ese es el vehículo, pero el cine es mucho más que un truco, en tanto trasciende. ¿Qué hay en The Father debajo del truco?
Afortunadamente, lo que subyace es pura humanidad, son personajes, seres de carne y hueso, con lo que el ilusionismo tiene una razón de ser, es el vehículo útil de un drama que quizá nunca ha percutido tanto como en esta película. El propósito, la humanidad y la honestidad convierten esta función en una buena película.

Anthony Hopkins
No puedo dejar de elogiar a los actores. A todos ellos, aunque destaco la interpretación de Anthony Hopkins (que la verdad no me gusta demasiado y que desde que hizo de Lecter se quedó con tics que ya no se saca de encima), que me ha desgarrado. Por favor, escuchen un último consejo: véanla en versión original subtitulada.
25 de mayo de 2020
25 de mayo de 2020
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la primera lectura, da la sensación de que esta película más bien debería estar expuesta en un museo de arte contemporáneo, ya que tiene un mensaje tan directo como una instalación artística. El final es explícito en este sentido. Ello, quizás, pueda ser criticado, en el sentido de que la película, la obra, pueda ser interpretada como excesivamente discursiva y aleccionadora. El valor, a mi criterio de la película, está en que, existiendo ciertamente ese punch directo a la consciencia del espectador, hay al mismo tiempo algo más complejo y más difícil de verbalizar, una reflexión más amplia y acaso más interesante que ese obvio discurso contra la xenofobia que puede considerarse como políticamente correcto. No me parece que la cosa vaya por ahí exactamente.
Se construye un personaje que termina cayéndonos como el culo, alguien que en su defensa de lo foráneo - eso que da tanto miedo a las comunidades, en cualquier parte del mundo -, en su batalla contra los aires de intolerancia que se respiran en una sociedad en principio culta construida en base a valores europeos, termina convirtiéndose en un personaje intolerante también, viajando al extremo, juzgado y censurando, a pesar de que se define a sí misma como un personaje inmoral. Esto último hace que no haya nada que reprochársele, que a pesar de su conducta, en muchos sentidos caprichosa y soberbia, no haya nada que pueda serle censurado, pues se comporta tan inmoralmente como afirma ser. Un personaje consecuente, arrogante, despreciativo, egoísta, que busca en el fondo algo muy simple, mantenerse anclada a la vida y a lo que resulta grato de ella, que no es otra cosa que la juventud, el recuerdo que tiene de ella (esa música antigua, el viento en la cara en su descapotable, un amorío provocativo, esa irreverencia tan adolescente). Una ficción de juventud que no se molesta en ocultar, una arrogancia dañina para otros, sin que ello despierte en ella el menor remordimiento.
Se construye un personaje que termina cayéndonos como el culo, alguien que en su defensa de lo foráneo - eso que da tanto miedo a las comunidades, en cualquier parte del mundo -, en su batalla contra los aires de intolerancia que se respiran en una sociedad en principio culta construida en base a valores europeos, termina convirtiéndose en un personaje intolerante también, viajando al extremo, juzgado y censurando, a pesar de que se define a sí misma como un personaje inmoral. Esto último hace que no haya nada que reprochársele, que a pesar de su conducta, en muchos sentidos caprichosa y soberbia, no haya nada que pueda serle censurado, pues se comporta tan inmoralmente como afirma ser. Un personaje consecuente, arrogante, despreciativo, egoísta, que busca en el fondo algo muy simple, mantenerse anclada a la vida y a lo que resulta grato de ella, que no es otra cosa que la juventud, el recuerdo que tiene de ella (esa música antigua, el viento en la cara en su descapotable, un amorío provocativo, esa irreverencia tan adolescente). Una ficción de juventud que no se molesta en ocultar, una arrogancia dañina para otros, sin que ello despierte en ella el menor remordimiento.

La película avanza de un realismo cinematográfico al uso - con toques un tanto abruptos de cine plástico, casi felliniano - hacia una concepción cada vez más figurada, donde todo tiene un sentido político explícito, a veces generando contradicciones que son en sí mismas parte del mensaje, y haciéndolo más complejo. Si bien todo, al final, es bien sencillo. ¿Merece ese ser en muchos sentidos despreciable ser encadenado, silenciado, vapuleado? Vemos al fin que no se defiende una idea a través del personaje, de un héroe, pues su concepción del mundo es muy discutible, sino que esta idea se defiende a través de la censura que sufre. Todas las ideas pueden ser defendidas, todas merecen respeto, incluso las más abominables. En esencia, esta es una película que nos recuerda que "democracia" significa respetar incluso las ideas que no nos gustan, especialmente estas. También las políticamente incorrectas, que hoy en día son las más detestadas.
Supongo que Jacek Borcuch aprovecha para despacharse a gusto, y más siendo de Polonia. Supongo que él, como muchos cineastas y creadores de nuestro tiempo, están hartos de lo políticamente correcto, que ha terminado por ser un yugo censurador insoportable cuando cualquier idea distinta puede ser interpretada según el selecto paladar del tertuliano de turno, los nuevos gurús de nuestro tiempo, generando una horda linchadora. Yo también estoy harto. Me parece una obra valiente, posiblemente simplificada erróneamente, con un discurso más difícil de digerir de lo que en apariencia parece. Mi crítica, que no censura, es que acaso debió ser más valiente todavía, y ser más explícito al apuntarnos sin tapujos a todos nosotros, espectadores, cómplices inquisidores, pues no nos engañemos: todos hubiéramos encerrado a esa imbécil durante un rato.
Supongo que Jacek Borcuch aprovecha para despacharse a gusto, y más siendo de Polonia. Supongo que él, como muchos cineastas y creadores de nuestro tiempo, están hartos de lo políticamente correcto, que ha terminado por ser un yugo censurador insoportable cuando cualquier idea distinta puede ser interpretada según el selecto paladar del tertuliano de turno, los nuevos gurús de nuestro tiempo, generando una horda linchadora. Yo también estoy harto. Me parece una obra valiente, posiblemente simplificada erróneamente, con un discurso más difícil de digerir de lo que en apariencia parece. Mi crítica, que no censura, es que acaso debió ser más valiente todavía, y ser más explícito al apuntarnos sin tapujos a todos nosotros, espectadores, cómplices inquisidores, pues no nos engañemos: todos hubiéramos encerrado a esa imbécil durante un rato.
23 de diciembre de 2019
23 de diciembre de 2019
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
A nivel de sensaciones, esta película tiene un algo teatral, no tanto en la concepción espacial de las escenas, sino en otros detalles, como por ejemplo, en el peso de las palabras dichas, de los silencios, en la presencia de los personajes al entrar en una habitación, en las jerarquías que ostentan, que se trasladan a lo que dicen y hacen. Es solo una sensación personal, porque me ha recordado en algún momento a "Tío Vania en la calle 42".
Quien sepa lo mínimo en historia, se situa fácilmente tras ver el cartel al inicio de la película, "Leningrado. Primer otoño después de la guerra". Lo nazis dejaron morir de hambre y de frío a miles de personas al sitiar y cerrar la ciudad durante más de dos años. El surimiento de aquellas gentes, no puede llegarse ni a imaginar, arribaron a extremos de desesperación que se tradujeron en episodios de crimen y canibalismo y llevaron al ser humano a una degradación absoluta. Sabemos eso desde el principio, pero eso no percutiría por si solo, no basta para ubicarnos emocionalmente. El cine es un lenguaje puntilloso, si no vemos, si no comunicamos, no sentimos. Y de ello es plenamente consicente el director Balagov. Esta película no es una lección de historia, sino de humanidad.
Quien sepa lo mínimo en historia, se situa fácilmente tras ver el cartel al inicio de la película, "Leningrado. Primer otoño después de la guerra". Lo nazis dejaron morir de hambre y de frío a miles de personas al sitiar y cerrar la ciudad durante más de dos años. El surimiento de aquellas gentes, no puede llegarse ni a imaginar, arribaron a extremos de desesperación que se tradujeron en episodios de crimen y canibalismo y llevaron al ser humano a una degradación absoluta. Sabemos eso desde el principio, pero eso no percutiría por si solo, no basta para ubicarnos emocionalmente. El cine es un lenguaje puntilloso, si no vemos, si no comunicamos, no sentimos. Y de ello es plenamente consicente el director Balagov. Esta película no es una lección de historia, sino de humanidad.

Viktoria Miroshnichenko
Es la crónica de una cicatrización, de un proceso de cura, no completo, ni mucho menos, porque las secuelas son numerosas y permanentes. Los personajes sangran de vez en cuando, porque sus heridas no han acabado de cicatrizar del todo todavía. Una bonita metáfora que participa de la fiesta cromática que es esta película. Rojo, verde, el blanco de la nieve - que retrotrae al sufrimiento del sitio -, el color carne de los cuerpos desnudos lavándose. Todo conduce a ideas y sensaciones. Los personajes son seres circunspectos, un poco pasmados, lo que debe de quedar de un ser humano cuando el dolor emocional le lleva más allá del grito más fuerte. Son seres terriblemente maltratados que han sobrevivido. Sin embargo, ello no les gratifica, no chulean de ello. Da la sensación de que hubieran preferido haber muerto porque cuesta mucho vivir con tantas cicatrices, pero a la vez, sienten que tras todo lo vivido, tras todo lo sufrido, habiendo sobrevivido, no tienen derecho a renunciar a la vida, están atrapados, obligados a vivir.

Viktoria Miroshnichenko
Los personajes que vemos son el resultado de lo que han vivido, de lo que han padecido. Masha, por ejemplo, siempre sonríe, porque durante la guerra es su sonrisa lo que la mantiene con vida. Ahora no puede librarse de ella, ni siquiera cuando le pasan cosas horribles. Su relato al final, es tremendo. Eso vale para cualquiera, porque todos tienen un relato tremendo. Y en esa catatonia en la que todos han quedado, congelados en una expresión de falsa alegría o de miedo incontrolable, en el caso de Iya, que la inmoviliza, tratan todos de seguir adelante, de ir más allá, y para ello a algo deben aferrarse. He dejado reposar un día la película, y el efecto se va multiplicando. Es verdaderamente emocionante, analizado ahora, un día despues de verla, observar el drama de estos personajes, que atinan tan poco en sus desenfocados intentos por rehacer sus vidas. Parte el corazón.
Sin duda, la madurez en el conocimiento del ser humano que demuestra tener este joven director de cine, indica que tiene una sensibilidad notable, o acaso que ha sufrido mucho en su joven vida. Parece que se cumple el tópico, el alma rusa encierra indefectiblemente sufrimiento y poesía, y ello se perpetua a lo largo de los tiempos. Chejov y Balagov, tan lejos y tan cerca.
Sin duda, la madurez en el conocimiento del ser humano que demuestra tener este joven director de cine, indica que tiene una sensibilidad notable, o acaso que ha sufrido mucho en su joven vida. Parece que se cumple el tópico, el alma rusa encierra indefectiblemente sufrimiento y poesía, y ello se perpetua a lo largo de los tiempos. Chejov y Balagov, tan lejos y tan cerca.
10 de julio de 2015
10 de julio de 2015
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tiene mucho mérito esta película en muchos aspectos. De entrada, es una película de aire gansteril que consigue desprenderse de muchos de los tópicos de un género que desde que Martin Scorsese metiera brillantemente sus manos en él, parecía hecho del mismo molde una y otra vez, siempre con los mismos personajes violentos e imprevisibles, con las mismas vidas desesperadas que caen al vacío presas de excesos, con el mismo aire estético y temático. Chandor ha apartado sin pudor todo eso de su película, y ha construido ladrillo a ladrillo un drama humano contenido, siempre expectante, en el que la tensión proviene del argumento y no de personajes disparados por la coca.
Puede que en realidad sea un salto al pasado, una revisión de clásicos de los setenta, con personajes más fríos, que dejan el histrionismo para los hechos de los que son víctimas. Pienso en "French conexion" de William Friedkin o en "El principe de la ciudad" de Lumet. Volvemos a calles sucias de suburbios, a coches enormes, a los abrigos ochenteros que definen a quienes los llevan. La mirada de este director es impecable y preciosa, aun cuando muestra la cara más fea de la ciudad. La visión que muestra es menos ambiciosa que los clásicos mentados, es esta una película mucho más básica, mucho más íntima. Aunque ello no impide que aparezcan verdaderas audacias de dirección, cual indicios de un talento innegable.
Puede que en realidad sea un salto al pasado, una revisión de clásicos de los setenta, con personajes más fríos, que dejan el histrionismo para los hechos de los que son víctimas. Pienso en "French conexion" de William Friedkin o en "El principe de la ciudad" de Lumet. Volvemos a calles sucias de suburbios, a coches enormes, a los abrigos ochenteros que definen a quienes los llevan. La mirada de este director es impecable y preciosa, aun cuando muestra la cara más fea de la ciudad. La visión que muestra es menos ambiciosa que los clásicos mentados, es esta una película mucho más básica, mucho más íntima. Aunque ello no impide que aparezcan verdaderas audacias de dirección, cual indicios de un talento innegable.

Esta película cuyas señales apuntan a la violencia (ya desde el título), parece huir de ella constantemente, como huye de los excesos, y esa lucha interna que libra para lograrlo se contangia a todo, a la forma y al fondo resultando a la postre una película de una violencia subyacente y próxima, invisible, como un ente que rodea y asfixia a los personajes y que, aun ausente, dispara la tensión. Los espacios escogidos, incluso los interiores (exceptuando la barbería, un homenaje al cine puro de gangsters algo vulgar), incentivan visualmente esa ausencia inquietante. Vease la casa en la que vive la pareja, de pasillos y puertas difíciles de ubicar, o el bosque despoblado de hojas que rodea la casa.
Oscar Isaac hace un papel extraordinario, se carga la película a las espaldas con su porte calmado, su voz suave y su mirada penetrante. Convence al espectador como convence a los que trabajan para él, a pesar de su visión heróica de la vida, a pesar de sus objetivos, que parecen imposibles en un mundo sucio hasta la saciedad. Ese personaje duro y a la vez algo quijotesco le da una humanidad a la película que consigue activar las emociones en los suburbios helados. Esta película pertenece a Oscar Isaac, como le pertenece al señor Morales aquello que defiende en las calles del Nueva York de 1981, el año más violento de la historia reciente de la ciudad.
Oscar Isaac hace un papel extraordinario, se carga la película a las espaldas con su porte calmado, su voz suave y su mirada penetrante. Convence al espectador como convence a los que trabajan para él, a pesar de su visión heróica de la vida, a pesar de sus objetivos, que parecen imposibles en un mundo sucio hasta la saciedad. Ese personaje duro y a la vez algo quijotesco le da una humanidad a la película que consigue activar las emociones en los suburbios helados. Esta película pertenece a Oscar Isaac, como le pertenece al señor Morales aquello que defiende en las calles del Nueva York de 1981, el año más violento de la historia reciente de la ciudad.

Jessica Chastain & Oscar Isaac
La radio nos habla de crímenes que no vemos. Las elipsis sostienen estructuralmente esta película, como los engarces del collar de perlas de los que hablaba el maestro en "Cautivos del mal". Un mes y tres días. Eso es todo. En invierno. Jessica Chastain, que está estupenda, acompaña esta historia añadiendo su dosis de violencia invisible. Es una pantera rabiosa, con un ADN criminal, agazapada a la espera de dar un zarpazo. Los zarpazos aparecen aquí y allá avisando del terremoto. Solo los ojos tranquilos del señor Morales nos calman en esta jungla de asfalto. Las situaciones aquí abedecen a su contexto, y no siempre tienen consecuencias, son explosiones que no vienen del argumento, sino de los personajes, que avanzan y retroceden, que tratan de mantener sus convicciones hasta el final, pero que dudan y a veces claudican, fingiendo que no es así.
Vence quien tiene que vencer en una película en la que, quiero pensar (simplemente porque me encanta el personaje), no hay tanto un alegato sobre la corrupción, sino el sobrio y apasionante relato de 33 dias cruciales en la vida de un hombre. 33 días que cambiarán su vida para un lado o para el otro. El drama puede que resida en una sutil ironía final: aquello que buscas es precisamente aquello de lo que huyes.
Vence quien tiene que vencer en una película en la que, quiero pensar (simplemente porque me encanta el personaje), no hay tanto un alegato sobre la corrupción, sino el sobrio y apasionante relato de 33 dias cruciales en la vida de un hombre. 33 días que cambiarán su vida para un lado o para el otro. El drama puede que resida en una sutil ironía final: aquello que buscas es precisamente aquello de lo que huyes.
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