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11 de noviembre de 2015
11 de noviembre de 2015
18 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
He de reconocer que Medem tiene una cierta habilidad para plasmar fotogramas y un cierto estilo en el manejo de la cámara que se agradece en el panorama cinematográfico actual. Sin embargo, como guionista podía echarse a un lado. Si en otras obras como "Lucía y el sexo" te deja frío, conseguir esa misma temperatura con una historia potente en el plano sentimental es para hacérselo mirar.
Es cierto que me esperaba un juego sensible al estilo "Lo Imposible", pero tenía mis esperanzas puestas en un buen argumento que tratara sobre la superación humana, el sufrimiento cotidiano, los vínculos familiares...y puede que toque todos estos temas, pero de forma tan horrenda, vacía y distante, que llegas por muchos momentos a desconectar de la película. El montaje es bueno, pero la calidad narrativa es nula. Las historias, se suceden sin lógica alguna sobre la pantalla, donde el espectador se nota lejano debido al surrealismo de muchas escenas y lo irreal del argumento.
Es cierto que me esperaba un juego sensible al estilo "Lo Imposible", pero tenía mis esperanzas puestas en un buen argumento que tratara sobre la superación humana, el sufrimiento cotidiano, los vínculos familiares...y puede que toque todos estos temas, pero de forma tan horrenda, vacía y distante, que llegas por muchos momentos a desconectar de la película. El montaje es bueno, pero la calidad narrativa es nula. Las historias, se suceden sin lógica alguna sobre la pantalla, donde el espectador se nota lejano debido al surrealismo de muchas escenas y lo irreal del argumento.

Luis Tosar & Penélope Cruz
Por lo tanto, a Medem le queda una obra pretenciosa reconstruida a última hora con pegamento, dando lugar a un producto incompleto que te dejará completamente helado. La película no te sumerge, no te hace partícipe, no te incomoda, no te alienta, y puede que emocione, pero a pequeños rasgos. Hasta Luis Tosar parece empaparse de tan poca conexión en un papel desaprovechado, que como todo el film, puede ser enorme, pero transmite muy poco. No sé si el director en algún momento se percató de ello, porque llena el largometraje de primeros planos de Penélope Cruz, y resulta ser lo más salvable -junto a la niña rubia-, de "Ma Ma".
5 de noviembre de 2017
5 de noviembre de 2017
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
O la patria es el refugio de los cobardes, que diría Kirck Douglas. “Novecento” se adentra en los años 70 como la octava película de Bertolucci, para narrarnos los acontecimientos históricos que tuvieron lugar durante la primera mitad del Siglo XX en Italia, especialmente en su franja rica y norteña. Son muchas las razones para disfrutar de esta obra maestra de género humanístico, político, dramático, romántico, social…injustamente denostada mediáticamente, pues como ya saben, la revolución jamás será televisada.
El eje central de la historia gira en torno al eterno conflicto de la estratificación social desde una perspectiva rural, contada de forma poética e inteligente a través de los ojos de dos amigos protagonistas al más puro estilo Ben-Hur contra Mesala, que nos conducirán siguiendo la trayectoria de su relación a través de los cambios sociales y políticos del país. Quizá estemos ante la película protesta filmada con más sabiduría, tomando como partida el neorrealismo italiano y utilizando esa objetividad para demostrar las relaciones entre los privilegiados (patrones) y campesinos (obreros) sin dejarse nada en el tintero, sin caer en la tediosidad, mostrando las diferentes etapas históricas sin la necesidad de autoexplicarse permanentemente pese al excesivo metraje final de la cinta. Al fin y al cabo esto no es cine, es ¡lucha de clases!
El eje central de la historia gira en torno al eterno conflicto de la estratificación social desde una perspectiva rural, contada de forma poética e inteligente a través de los ojos de dos amigos protagonistas al más puro estilo Ben-Hur contra Mesala, que nos conducirán siguiendo la trayectoria de su relación a través de los cambios sociales y políticos del país. Quizá estemos ante la película protesta filmada con más sabiduría, tomando como partida el neorrealismo italiano y utilizando esa objetividad para demostrar las relaciones entre los privilegiados (patrones) y campesinos (obreros) sin dejarse nada en el tintero, sin caer en la tediosidad, mostrando las diferentes etapas históricas sin la necesidad de autoexplicarse permanentemente pese al excesivo metraje final de la cinta. Al fin y al cabo esto no es cine, es ¡lucha de clases!

Paolo Pavesi & Roberto Maccanti
El reparto y las interpretaciones, simplemente soberbias: Robert de Niro – que aquí no es uno de los nuestros -, nos pondrá de manifiesto que el obrero es el tipo duro (no Sony), y aparecerá como abanderado para comprender que el éxito burgués radica en dar la vuelta a su egoísmo ante la solidaridad obrera, contando con la ventaja de mantener enfrentados a los esclavos mientras yacen sumergidos en la ignorancia.
Un neorrealismo que no se funde en artificio, rodada bajo sol, nieve, cadáveres cayendo a pecho descubierto sobre la lluvia y escenas sobrecogedoras e inquietantes que caminan entre la ilusión y los sueños hacia la desesperanza tornada en pesadilla. Cada imagen, brutalmente poderosa, con alucinantes movimientos de cámara, planos secuencia, travelling, y amplias perspectivas con impresionantes giros de 360º que enmarcan a los personajes – y a los innumerables extras -, en marcos con múltiples significados y llenos de matices que trasladan mensajes que logran dotar al largometraje de una simbología sin igual.
Un neorrealismo que no se funde en artificio, rodada bajo sol, nieve, cadáveres cayendo a pecho descubierto sobre la lluvia y escenas sobrecogedoras e inquietantes que caminan entre la ilusión y los sueños hacia la desesperanza tornada en pesadilla. Cada imagen, brutalmente poderosa, con alucinantes movimientos de cámara, planos secuencia, travelling, y amplias perspectivas con impresionantes giros de 360º que enmarcan a los personajes – y a los innumerables extras -, en marcos con múltiples significados y llenos de matices que trasladan mensajes que logran dotar al largometraje de una simbología sin igual.

Werner Bruhns & Dominique Sanda
Por si faltara poco, Sturaro pone la fotografía y Morricone la partitura en una narrativa que va desde los cayos de la siega a los bautizos de vino, derrochando cine a raudales. Sin embargo, no olvidemos que la historia es cíclica y cruel, por mucho que aún podamos escuchar el sonido de la internacional por las vacías calles italianas ante un final apoteósico y emocionante que parece reivindicar como Renoir que esta tierra es mía…y para el que la trabaja.
11 de noviembre de 2015
11 de noviembre de 2015
13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
El ser humano ha sido siempre el mismo desde sus inicios. El hombre, está destinado a padecer por aquellas cosas que le importan, y a transcurrir indiferente ante los detalles menores sin darse cuenta de que precisamente su apego es lo que le impide disfrutar de las cosas que le conmueven, dejando la duda sobre si todo aquello que nos apasiona nos obliga a sufrir o por el contrario simplemente nos hace felices. Eustache nos adentra en esa simbiosis interna a través de su obra maestra “La Mamá y la Puta”, el último fotograma abandonado de la “novelle vague” que había sobrevivido con la cabeza muy alta a Mayo del 68. Hablamos de una obra que recoge el legado de toda una generación francesa y la retoca con una técnica muy depurada, asistiendo al mayor festival de diálogos y frases legendarias de los que jamás mis sentidos se hubiesen lucrado. Respetando su pasado y con la mirada fija en el futuro, los temas políticos, sociales, laborales…son entremezclados con gran audacia con auténtica joyas reflexivas sobre el cine, la música, la vida y el amor.

Para cuando te has sumergido ya en su aventurado metraje de 215 minutos de éxtasis cinematográfico, te das cuenta de que estás inmerso en un poema constante, en movimiento, del que ya no puedes evadirte, adentrándote en su juego y comenzando a participar en sus conclusiones. Recomiendo ver en la más absoluta soledad, con tranquilidad, en versión original y con el pretexto de activar tus sentimientos, esos que pretende remover el director a lo largo del film mandándonos un mensaje al existencialismo. Quizá vivamos rodeados de tantas personas y situaciones que nos sentimos realmente solos y tratar de encontrar resquicios de esperanza entre la mediocridad que nos rodea, puede ser, como para el protagonista de la película, tarea sumamente complicada. La incomprensión, el desaliento de sucumbir ante la banalidad diaria y dejarse llevar hacia la superficialidad como recurso de supervivencia, hace que nos sintamos más pequeños, más mediocres, tan insignificantes como Alexandre, que solo encuentra aire fresco con el que llenar sus pulmones en conversaciones interesantes ante las personas de su entorno, por las cuales hace mucho tiempo que dejo de tener sentimientos. Pero el ser humano, como huido de toda lógica, responde de forma diferente a lo pretendido, y Alexandre atrae a esas mujeres fascinadas por su diferencia, por huir de las vulgaridades comunes que arrastran al resto de seres humanos, y por la ausencia de aprovechamiento en sus acciones, agudizada por la idea principal de que nada merece la pena, simplemente basta con otorgar a los demás lo que a él siempre le ha faltado.

Así Alexandre dejó de sufrir, se libró de las cadenas que al principio del metraje vemos que le mantienen atado a sus más hondos deseos, cambió sus cartas, no forzó un cambio al destino, dejó que el destino se transformara en soledad mientras él, observaba, participando sutilmente en los cambios y en las relaciones interpersonales que se funden en un extraordinario paralelismo literario al reflejo social que en los años 70 estaba aconteciendo en las calles de París. Ahora mandan las interacciones con el sexo opuesto, el respeto, los valores, los principios, la cultura, la atención y el saber estar. Estamos hablando de 1973. Definitivamente, debemos de haber involucionado a lo largo del tiempo hacia todas las cosas que critican sin pudor los personajes a lo largo de la obra.
Y finalmente la soledad, la soledad como principio y fin de nuestra existencia, marcado por el amor, amor que deriva en sexo y sufrimiento…pero no hay sensaciones sin amor.
Y finalmente la soledad, la soledad como principio y fin de nuestra existencia, marcado por el amor, amor que deriva en sexo y sufrimiento…pero no hay sensaciones sin amor.
20 de noviembre de 2017
20 de noviembre de 2017
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando se nos habla de un melodrama romántico encuadrado en una base militar norteamericana, se olvida el destacado concepto que realiza el film de Zinnemann sobre el honor, el orgullo y el éxito colectivo a través del empuje individual. Sería un error pasar por alto el toque elegante que dota a una historia desarrollada por una serie de personajes “perdedores” que tratan de redimir su culpa de modo diferente, en un enaltecimiento de la dignidad que ya pudimos ver en “Solo ante el peligro”, que había rodado solo un año antes.
Adulterio, prostitución, violencia callejera…forman parte del conglomerado armamentístico que retroalimenta el subsuelo de una historia que va mas allá de lo que intenta aparentar. No hay lugar para desengaños en las escenas filmadas con tal pasión que son capaces de transmitir a su vez las emociones más arraigadas de unos personajes interpretados con gran acierto por un elenco de alta alcurnia, pues, tal y como nos indica Robert E. Lee Prewitt: “nadie miente cuando habla de la soledad”. Porque la película es más que amor y guerra. En realidad, son toques de corneta resonando en barracones, besos apasionados en la arena de la playa, tragos de whisky barato en clubs de alterne, o consejos de guerra que se pierden en el tiempo como señales de Pearl Harbor que indican el final del enamoramiento.
Adulterio, prostitución, violencia callejera…forman parte del conglomerado armamentístico que retroalimenta el subsuelo de una historia que va mas allá de lo que intenta aparentar. No hay lugar para desengaños en las escenas filmadas con tal pasión que son capaces de transmitir a su vez las emociones más arraigadas de unos personajes interpretados con gran acierto por un elenco de alta alcurnia, pues, tal y como nos indica Robert E. Lee Prewitt: “nadie miente cuando habla de la soledad”. Porque la película es más que amor y guerra. En realidad, son toques de corneta resonando en barracones, besos apasionados en la arena de la playa, tragos de whisky barato en clubs de alterne, o consejos de guerra que se pierden en el tiempo como señales de Pearl Harbor que indican el final del enamoramiento.

Burt Lancaster & Deborah Kerr
Todo ello nos muestra un film cuidado técnicamente, que escenifica encuadres de interior capaces de decir más de lo que muestran, para terminar exprimiendo todo su potencial en las tomas exteriores con el ataque japonés. Bajo un inteligente uso del zoom, aún le da tiempo a exponer el machismo estructural del ejército, denunciar sus abusos y añadir intriga a la figura femenina, que se desvanece en las aguas del pacífico como las ilusiones de aquellos que alguna vez se atrevieron a soñar cuando no debían hacerlo, cada cual a su manera: no subiendo al ring, evitando un divorcio, abdicando de un ascenso, ingresando en prisión, o vengando la muerte de un amigo hasta el punto de renunciar al amor por culpa del deber. Porque todo tiene un límite en una obra que parece no albergarlos.
11 de noviembre de 2015
11 de noviembre de 2015
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tengo un amigo que siempre dice que las cosas no son siempre blancas o negras, que todo es gris. Y gris es el mundo en el que nos sumerge Polanski en cada una de sus obras cúlmen del terror o drama psicológico. El genio polaco se adentra de nuevo en los miedos que atesora el ser humano en su interior, derivando siempre en una esquizofrenia paranoide, más propia del origen del hombre, que los estigmas a los que vivimos atados.
Y es que Roman con los años parece decirnos que si existimos es gracias a nuestras inquietudes, tanto que vivimos con unos demonios dentro que, ignorándolos, nuestra vida parece mucho más sencilla y llevadera, aunque quizá menos real. Este doble paralelismo se integra en el Quimérico Inquilino, aunque la película no deja de tener influencias (por otra parte positivas) de Lunas de Hiel, y en mayor medida, de La Semilla del Diablo.
Más notable será el gran peso del film sobre futuros largometrajes del género, de sobra conocidos por todos. Polanski, mete el dedo en la llaga sobre el control de uno mismo, ya que nuestro ego quizá no sea del todo limpio, y mucho menos al aplicarlo a las demás personas con las que convivimos. Un talento surrealista que pasará a la historia del cine, aunque tal vez sea más real de lo que parece. Todos tenemos nuestros propios fantasmas y uno lucha siempre contra sí mismo, y no contra los demás: como en la pelicúla. No pierdan su propia identidad.
Y es que Roman con los años parece decirnos que si existimos es gracias a nuestras inquietudes, tanto que vivimos con unos demonios dentro que, ignorándolos, nuestra vida parece mucho más sencilla y llevadera, aunque quizá menos real. Este doble paralelismo se integra en el Quimérico Inquilino, aunque la película no deja de tener influencias (por otra parte positivas) de Lunas de Hiel, y en mayor medida, de La Semilla del Diablo.
Más notable será el gran peso del film sobre futuros largometrajes del género, de sobra conocidos por todos. Polanski, mete el dedo en la llaga sobre el control de uno mismo, ya que nuestro ego quizá no sea del todo limpio, y mucho menos al aplicarlo a las demás personas con las que convivimos. Un talento surrealista que pasará a la historia del cine, aunque tal vez sea más real de lo que parece. Todos tenemos nuestros propios fantasmas y uno lucha siempre contra sí mismo, y no contra los demás: como en la pelicúla. No pierdan su propia identidad.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Excelente la escena del balcón, donde todos los vecinos acuden a animar a Trelkovski para que salte por la ventana.
Es el mejor papel de Polanski como actor, muy involucrado en la historia del personaje en la trama…un polaco en París.
Sublime Isabelle Adjani, la proyección de su personaje no deja indiferente a nadie. Morboso.
Es el mejor papel de Polanski como actor, muy involucrado en la historia del personaje en la trama…un polaco en París.
Sublime Isabelle Adjani, la proyección de su personaje no deja indiferente a nadie. Morboso.
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