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Caravana de valientes

Western. Aventuras Travis y Sandy, dos jóvenes tratantes de caballos, aceptan la oferta de guiar a un grupo de mormones que se dirigen a California para cultivar las fértiles tierras del valle del río San Juan. En medio de las dificultades del viaje se encuentran con un trío de artistas ambulantes que siguen su mismo camino: se trata de una pareja madura y la joven Denver, de quien Travis se enamora. Pero su encuentro con los Clegg, unos forajidos a los ... [+]
Críticas 35
Críticas ordenadas por utilidad
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3
11 de noviembre de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
"Una de las obras maestras de Ford menos apreciadas" manifiesta el crítico esclavo del momento, servidor del sistema convencional y sobre todo que hablar mal de una película de Ford es sacrílegio para estos puristas y los vende biblias de F.A y el cine clásico.
Pues mira me resulto pesada, tostón, con una narrativa de serial moderna o antigua, una historieta de folletín.
Desde el minuto 1, van sucediéndose los acontecimientos y corta el plano y seguimos con la aventura de las carretas suceda lo que suceda, maten a uno, violen a una o amago de ello, azoten a otro, etc, etc.
El guión no me gusta nada, así que me la chupe el afamado guionista de un porrillo de títulos de Ford, Frank S. Nugent, tales como "Centauros del desierto" "Fort Apache" "El hombre tranquilo" entre otras.
Dos tratantes de ganado llegan a un pueblucho del oeste versión Hollywood y sin nada mejor que hacer guían unas carretas con un montón de mormones a la tierra prometida por el señor de las miserias, se les va uniendo gente por el camino para que la sosería no decrezca en exceso, así como los socorridos indios.
El desenlace es para mi gusto de lo peor de la función, precipitado y chapucero a más no poder, (No hay spoiler)
Te parece poco, ¡pues sí! sobre todo por la forma de contarnos la odisea, el tono elegido tan querido por el del parche, tragicomedia y melodrama a la usanza de la época.
Reconozco que la vi doblada y el doblaje era malo y afeaba la historia y a sus actores entre los que destaco un habitual en el cine de Ford, Ward Bond, como el mormón de sangre caliente, polvorilla y el gran actor Ben Johnson, que siempre recordaré en "La huida" de Peckinpah y en "Muerde la bala" de Richard Brooks.
Pasable para mí es ser demasiado generoso con la vaca sagrada del oeste, sobre todo por el estrepitoso final que destroza la ya mediocre historia.
Disfrute con planos generales del oeste, como de algunas secuencias donde las carretas eran las protagonistas, rodadas con estilo y clase.
PD
Cuando toca la especie de cuerno la tipeja vieja mormona esa es para taparse los oídos (lo interpreto como un toque de humor grotesco de alta calidad)
10
20 de marzo de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Es frecuente que un grupo humano en el que reina la concordia se vea contaminado por integrantes que actúan como elementos perturbadores. Esto sucede en Caravana de paz, donde la banda de los Clegg (trasunto de los Clanton de Pasión de los Fuertes) se incorpora a un convoy de mormones que se dirigen al valle del río San Juan, en California, simulando inicialmente una conducta pacífica (se ocultan de un comisario y su posse) para tensar progresivamente las relaciones de los colonos. Dos actores, Ben Johnson y Harry Carey Jr., habituales de la troupe Ford, son los protagonistas. Joviales y despreocupados, se desempeñan como guías de la caravana que dirige el líder mormón interpretado por un irascible pero entrañable Ward Bond, y los tres estarán muy atentos a sus peligrosos invitados. Filmada con la belleza plástica habitual en la obra del maestro, Caravana de paz es una película deliciosa, una crónica que no solo describe las circunstancias y las anécdotas del viaje sino que logra también captar el espíritu de esperanza y fe de los colonos. La violencia se circunscribe a dos únicas escenas, rápidas y discretas, que no rompen la armonía del conjunto. Caravana de paz es un filme muy representativo del cine de John Ford y contiene muchas de sus características: la combinación de lirismo y épica, el enaltecimiento de la comunidad, el humor burlón, la limpidez moral…
7
20 de junio de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Cuando se menciona el nombre de John Ford, la memoria cinéfila suele viajar inmediatamente hacia grandes epopeyas del Oeste pobladas por caballería, pistoleros legendarios y paisajes monumentales. Sin embargo, Caravana de paz (Wagon Master), estrenada en 1950, representa una de las obras más íntimas y personales de toda su filmografía. Alejada de los grandes héroes individuales y de los conflictos épicos, la película encuentra su fuerza en algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo: el retrato de una comunidad en movimiento que busca un lugar donde echar raíces.

La historia sigue a un grupo de mormones que emprende una larga travesía a través de territorios inhóspitos con la esperanza de alcanzar un futuro mejor. Dos jóvenes vaqueros aceptan guiarlos durante el viaje, iniciando así una odisea marcada por los encuentros inesperados, los peligros del camino y los lazos que se forman entre personas obligadas a compartir destino. Lo extraordinario es que Ford convierte una premisa aparentemente simple en una reflexión conmovedora sobre la solidaridad, la convivencia y la construcción de una sociedad.
Harry Carey Jr. & Ben Johnson
Desde sus primeras imágenes, la película transmite una serenidad poco habitual dentro del western clásico. No existe una gran amenaza que domine constantemente la narración ni una sucesión interminable de enfrentamientos armados. Lo que importa aquí son las personas. Ford observa a sus personajes con una ternura extraordinaria, interesado en sus costumbres, sus celebraciones, sus miedos y sus pequeñas alegrías cotidianas. El viaje físico es importante, pero el auténtico recorrido es humano.

Visualmente, la película es una muestra magistral del talento de Ford. Los paisajes del Oeste aparecen filmados con una belleza casi espiritual. Las montañas, los desiertos y las extensiones infinitas no funcionan únicamente como escenarios espectaculares; representan la inmensidad de una tierra todavía por conquistar y la fragilidad de quienes intentan abrirse camino en ella. Cada encuadre parece cuidadosamente compuesto para transmitir una sensación de armonía entre el ser humano y el entorno.
Uno de los grandes logros de Caravana de paz es su tono. Ford combina humor, emoción y aventura con una naturalidad admirable. Las secuencias festivas, especialmente aquellas en las que la música y el baile unen a los personajes, poseen una vitalidad contagiosa. Son momentos que revelan la enorme fe del director en la capacidad de las personas para crear comunidad incluso en las circunstancias más difíciles.

La película también destaca por su visión coral. No existe un protagonista absoluto que monopolice la atención. Cada miembro de la caravana aporta algo esencial al conjunto, reforzando la idea de que el verdadero héroe de la historia es el grupo. Esta elección narrativa dota al filme de una calidez poco común y convierte al espectador en un compañero más de viaje.

Vista hoy, Caravana de paz conserva intacta buena parte de su magia. Puede parecer menos espectacular que otros westerns célebres de Ford, pero precisamente en esa modestia reside su grandeza. Es una obra que sustituye la épica de la violencia por la épica de la convivencia, la cooperación y la esperanza.

El resultado es uno de los westerns más puros y emotivos jamás filmados. Una película que avanza con la misma calma que sus carretas, pero que deja una huella profunda gracias a su humanidad, su belleza visual y la extraordinaria sensibilidad con la que John Ford contempla a sus personajes y al mundo que los rodea.

https://nuevoimagenesdeactualidad.blogspot.com/
10
11 de junio de 2023 1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de la trilogía de caballería rodó esta obra maestra.
Ben Johnson en esos papeles que le hicieron grande, con una Joanne Dru no muy conocida en unos de sus primeros papeles, con Harry Carey Jr., y con el siempre magnífico Ward Bond. Con una Jane Darnell muy en el papel que la toca, una clásica de Ford.
Viaje, trayecto, destino, redención... la dureza de la nueva vida.
Me ha encantado Ward Bond, me parece un actor excelente.
Tiene algo de épica, que magnificencia, de misión que cumplir, de gran epopeya. Me ha encantado.
Entra mi hijo por la puerta y le pregunto: ¿de quién es esta película?. Y responde: John Ford, sin dudarlo. Me encanta que gana una buen cultura cinematográfica.
Es un niño estupendo, siempre estudiando, siempre aprendiendo. Con sus cosas.
3
18 de abril de 2022
2 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
En su día, no triunfó, y comento esto, porque ahora está muy bien valorada, e incluso la crítica de ahora, comenta que es una de sus mejores películas. Yo me quedó con la crítica de entonces, y no me ha entusiasmado.

Para el empezar, el humor que le quiere meter nada más empezar la película (bueno, después de los créditos), no me encaja, y no me termina de cuadrar. La historia, está bien, pero no sé que le pasa (o soy yo) que no le acabo de coger el ritmo. Y es por eso, que para mí, esta no es una de las mejores de John Ford.

Eso sí, tiene puntos muy buenos, como el principio, donde hay un prólogo de pocos minutos, y una vez acabado, empiezan los créditos. Si no me equivoco, es una de las primeras películas en cambiar un poco el orden del principio.

Tampoco hay actores muy famosos, y más en este tipo de películas, que esperas a un actor principal conocido, como los típicos de aquella época: John Wayne o Henry Fonda.
Kathleen O'Malley
Según parece ser, quería una película de una comunidad, que casi nadie resaltara, si no que fuera más una comuna que se enfrenta a miles de peligros.

Otro punto que sí que me gustó, es que no tachan a los indios como malos. Entre finales de los 40 y por lo que parece ser, en el año 50, cambian un poco las tornas, y no aparecen como los malos típicos que estamos acostumbrados.
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