Sonata otoñal
8,0
8.278
Drama
Charlotte es una famosa concertista de piano que ha estado tan volcada en su carrera que no ha visto a su hija Eva en siete años. Eva, que vive con su marido, un pastor protestante, y con una hermana gravemente incapacitada, mantiene con su madre una relación de amor-odio. Después de tantos años, Charlotte decide ir a visitarlos, pero el encuentro pronto se convertirá en un tenso duelo entre madre e hija. (FILMAFFINITY)
25 de marzo de 2014
25 de marzo de 2014
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine de Ingmar Bergman siempre fue muy personal…, en este siglo XXI en el que reina el videoclip, la violencia extrema, el 3D y los efectos digitales por ordenador, el universo del cineasta sueco o suena a momia jurásica, o es denostado por su lenguaje cinematográfico, ajeno al cine de brincos, parpadeos y frenesí. Ningún espectador de “Spiderman” “El ataque de los clones” o “Los cuatro fantásticos” aguantaría en la butaca la claustrofóbica psicología Bergmaniana: los largos planos de los cielos plomizos de “El silencio”, la charla eterna de la pareja en crisis que se canibaliza moralmente en “Secretos de un matrimonio”, la agonía sin palabras de la mujer en “Gritos y susurros”. Todo eso pertenece a un tiempo en el que estaba prohibido comer palomitas en las salas donde un público respetuoso y atento interpretaba las imágenes desde los códigos eternos de la cultura, el arte y el pensamiento.
Un tiempo en el que Bergman escribió las mejores páginas de un cine cuya mayor aventura consistía en explorar con metáforas visuales los recovecos donde se esconden los secretos más profundos del alma. El maestro murió, cansado y escéptico, siempre fue un cascarrabias, pero los años y la melancolía acentuaron la distancia respecto a sí mismo, como si le dolieran hasta las huellas de su propia estela de genio, rabia y talento. “Sonata de otoño” pertenece a esta última etapa de su vida, donde tenía la oportunidad de trabajar con Ingrid Bergman en un drama intimista y sórdido, la actriz sueca realiza un trabajo asombroso sin desmerecer del resto del reparto. Hacía muchos años que no la había visto, aunque guardaba un grato recuerdo, y me ha vuelto a emocionar.
Un tiempo en el que Bergman escribió las mejores páginas de un cine cuya mayor aventura consistía en explorar con metáforas visuales los recovecos donde se esconden los secretos más profundos del alma. El maestro murió, cansado y escéptico, siempre fue un cascarrabias, pero los años y la melancolía acentuaron la distancia respecto a sí mismo, como si le dolieran hasta las huellas de su propia estela de genio, rabia y talento. “Sonata de otoño” pertenece a esta última etapa de su vida, donde tenía la oportunidad de trabajar con Ingrid Bergman en un drama intimista y sórdido, la actriz sueca realiza un trabajo asombroso sin desmerecer del resto del reparto. Hacía muchos años que no la había visto, aunque guardaba un grato recuerdo, y me ha vuelto a emocionar.

Ingmar Bergman & Ingrid Bergman
La película se centra en la relación tempestuosa entre una famosa pianista, Charlotte (Ingrid Bergman) y su hija Eva, a la que ésta ha dejado de lado a causa de su carrera profesional. Tiene dos hijas: Eva (Liv Ullman) y Helena que está gravemente incapacitada desde hace muchos años. Eva, la hija mayor, cuida a su hermana para olvidar la pérdida de su único hijo ahogado en un accidente. Está casada con Viktor, pastor en una pequeña parroquia de pueblo. Eva, que no ha visto a su madre en casi siete años, la invita a su casa. Una historia sincera y amarga, cruel y realista que aborda los temas recurrentes del cineasta, el egoísmo, la familia, la angustia, el rencor, la insatisfacción personal, la soledad y la redención. Narrada con la sencillez habitual del cineasta y con una fotografía en color espléndida de su operador habitual, Sven Nykvist, la música de Bach y Chopin. Un “tour de forcé” de dos actrices colosales que le otorgan a la película una notable calidad. Un gran trabajo del más lucido de los cineastas existencialistas.
5 de septiembre de 2015
5 de septiembre de 2015
10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Primero que nada decir que Ingrid Bergman y Liv Ullmann están las dos magníficas en este duelo interpretativo entre la sueca y la noruega. Entre nórdicos anda el juego. Los silencios de Bergman durante la reprimenda de Ullmann lo dicen todo sin necesidad de decir nada y las frías lágrimas de Ullmann transmiten más que con lo que habla. Bravo por ellas.
Se busca madre inmadura y egoísta e hija insegura y rencorosa para temporada invernal en una casita en el campo. Decía Freud, y yo lo comparto ciegamente, que la mentira es necesaria en sociedad. La gente se ralla mucho cuando he comentado esto en público pero se rallarían mucho más si vieran «Sonata de otoño», aunque quizá comprenderían entonces que los humanos vivimos entre mentiras, unas sanas y otras malsanas. El difícil equilibrio mental y emocional para distinguir unas de otras es lo que marca la diferencia entre salud y enfermedad en un sentido amplio de ambas palabras. Las personas callamos muchas cosas y esas cosas que callamos pueden producirnos un trastornos existencial imborrable. De eso va poco más o menos «Sonata de otoño».
Se busca madre inmadura y egoísta e hija insegura y rencorosa para temporada invernal en una casita en el campo. Decía Freud, y yo lo comparto ciegamente, que la mentira es necesaria en sociedad. La gente se ralla mucho cuando he comentado esto en público pero se rallarían mucho más si vieran «Sonata de otoño», aunque quizá comprenderían entonces que los humanos vivimos entre mentiras, unas sanas y otras malsanas. El difícil equilibrio mental y emocional para distinguir unas de otras es lo que marca la diferencia entre salud y enfermedad en un sentido amplio de ambas palabras. Las personas callamos muchas cosas y esas cosas que callamos pueden producirnos un trastornos existencial imborrable. De eso va poco más o menos «Sonata de otoño».

Liv Ullmann
Lo que no se han dicho madre e hija durante treinta años se lo dirán a la cara en una noche de insomnio. La pianista Charlotte, brillante como profesional, es un fracaso como madre y sus hijas han padecido las consecuencias. Lo que vives en la infancia te marca para toda la vida (de nuevo Freud), así que nos podremos imaginar que la sensible pero desapasionada Eva tiene mucho que reprocharle a su querida y odiada madre. El problema es realista, los diálogos no son espesos en su mayoría, aunque con alguno que otro se les va un pelín la berborrea, el desenlace es coherente y el retrato humano tiene sentido, pero «Sonata de otoño» resulta monótona, sin recorrido argumental y por algún motivo artificiosa en su conjunto. Dado un conflicto, la historia se limita a dar vueltas alrededor de él sin salirse de reproches personales.
Tiene su interés.
Tiene su interés.
16 de julio de 2014
16 de julio de 2014
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Madre e hija. Piano y violonchelo. Madurez e infancia. Dos melodías que crean una sonata de resultado complicado. Dos tonalidades condenadas a enfrentarse.
En "Sonata de otoño" Bergman plantea el drama familiar de las relaciones maternales y nos introduce en el torbellino de palabras calladas, de inseguridades, de carencias afectivas y de egos altivos en el que se encuentran ambas protagonistas. Por un lado encontramos a una hija que invita cordialmente a su madre a su casa después de siete años sin que ambas se reencuentren y con un pasado de silencios a sus espaldas. Por el otro, tenemos a una madre, pianista profesional y para la que la familia no parece ser una prioridad.
Dicha situación actúa como punto de partida para que ambas se enfrenten a sus carencias y a su pasado, a sus miedos que son similares pero en momentos diferentes. El filme de Bergman es una composición que empieza pausada y que poco a poco adquiere un ritmo frenético que alcanza su clímax orquestal cuando la hija relata sus momentos más duros de la infancia y nos deja ver las carencias afectivas a las que estuvo expuesta. Los silencios de esta melodía a dos voces se quiebran y el espectador solo puede esperar con impaciente tristeza la respuesta de una madre que se enfrenta a su más difícil interpretación.
En "Sonata de otoño" Bergman plantea el drama familiar de las relaciones maternales y nos introduce en el torbellino de palabras calladas, de inseguridades, de carencias afectivas y de egos altivos en el que se encuentran ambas protagonistas. Por un lado encontramos a una hija que invita cordialmente a su madre a su casa después de siete años sin que ambas se reencuentren y con un pasado de silencios a sus espaldas. Por el otro, tenemos a una madre, pianista profesional y para la que la familia no parece ser una prioridad.
Dicha situación actúa como punto de partida para que ambas se enfrenten a sus carencias y a su pasado, a sus miedos que son similares pero en momentos diferentes. El filme de Bergman es una composición que empieza pausada y que poco a poco adquiere un ritmo frenético que alcanza su clímax orquestal cuando la hija relata sus momentos más duros de la infancia y nos deja ver las carencias afectivas a las que estuvo expuesta. Los silencios de esta melodía a dos voces se quiebran y el espectador solo puede esperar con impaciente tristeza la respuesta de una madre que se enfrenta a su más difícil interpretación.

Ingrid Bergman & Liv Ullmann
Pero esta pieza no está compuesta de excesos, Bergman se sirve de una sobria puesta en escena para orquestar la situación. Abundan los primeros planos, el peso de las situaciones recae sobre unos diálogos interpretados con fuerza y ambas actrices se convierten en los instrumentos perfectos para hablarnos de la infancia, del miedo al fracaso, de las consecuencias del éxito y de cómo pueden apresar los lazos sanguíneos. A medida que se acerca el final, la composición de Bergman nos deja un sabor agridulce, nos encierra un grito en la garganta al igual que le ocurre a Helena, mientras aparecen perfiladas con maestría dos de las máximas del cine de Bergman: la incomunicación y el silencio.
Una sonata compuesta de silencios cuyo final nos hace dudar. Una estructura cíclica que nos recuerda que, evidentemente, el invierno sigue al otoño y que no sabemos si eso puede ser positivo o negativo. Casi como por arte de magia, después de la tormenta, volvemos donde comenzamos ¿ha cambiado algo? ¿hay lugar para el perdón o nos encontramos ante la mejor interpretación de una pianista que repite sin cesar la pieza que mejor conoce? Presenciamos con resignación ese viaje en tren, mientras nos preguntamos si la carta que inició está sonata puede dar lugar a otra, una nueva en la que ambas melodías sean armónicas.
Una sonata compuesta de silencios cuyo final nos hace dudar. Una estructura cíclica que nos recuerda que, evidentemente, el invierno sigue al otoño y que no sabemos si eso puede ser positivo o negativo. Casi como por arte de magia, después de la tormenta, volvemos donde comenzamos ¿ha cambiado algo? ¿hay lugar para el perdón o nos encontramos ante la mejor interpretación de una pianista que repite sin cesar la pieza que mejor conoce? Presenciamos con resignación ese viaje en tren, mientras nos preguntamos si la carta que inició está sonata puede dar lugar a otra, una nueva en la que ambas melodías sean armónicas.
[Más críticas en http://tegustarasitegusta.wordpress.com / @TeGustaraSi]
13 de marzo de 2022
13 de marzo de 2022
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues eso. Que me ha parecido un "dramón".
Sé los temas de este director, pero eso no quiere decir que a mí me convenza la película. Me ha parecido sobrecargada y grandilocuente. Abusando de las "escenas" lacrimosas y bastante incoherente en su final.
Me ha aburrido pero sobre todo me ha cansado tanta lágrima por minuto.
Sé los temas de este director, pero eso no quiere decir que a mí me convenza la película. Me ha parecido sobrecargada y grandilocuente. Abusando de las "escenas" lacrimosas y bastante incoherente en su final.
Me ha aburrido pero sobre todo me ha cansado tanta lágrima por minuto.
8 de febrero de 2009
8 de febrero de 2009
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una historia de culpa y perdón, de amor, odio, incomprensión, revelación y obsesión. Un caso clínico: Eva (Liv Ullman) descubre a su madre Charlotte (Ingrid Bergman), todo su sufrimiento de niña ya crecida y melancólica, neurótica. El drama es muy intenso y las actuaciones deslumbrantes de dos verdaderas estrellas del cine, la diosa Ingrid y la talentosa Liv. Otros personajes completan el elenco: la hermana de Eva, Helena (Lena Nyman), aquejada de una enfermedad degenerativa y el pastor, el marido de Eva, Viktor (Halvar Bjork) que es como el remanso de sabiduría y de amor, aquel que puede poner en palabras la gran pregunta que surge de la historia: ¿Cómo se entiende y cómo se supera el sufrimiento en la vida? De una época en que a menudo los padres eran acusados y culpables de todas las desdichas, consecuencia indeseada, diría yo, del psicoanálisis. Perfecta sucesión de bellas escenas y de diálogos significativos entre madre e hija; un drama inolvidable de dos personajes singulares, una obra maestra.
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