Críticas ordenadas por utilidad
Movie added to list
Movie removed from list
An error occurred
9
28 de marzo de 2019
28 de marzo de 2019
92 de 118 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando en el año 2015, con “Bone Tomahawk”, S. Craig Zahler nos regalaba uno de los mejores y más interesantes westerns de los últimos años renovando de manera feroz las claves del género, ya entonces podíamos apreciar a un autor con una mirada muy personal, al igual que su excelente gusto por lo grotesco y por diálogos extensos y sensacionalmente escritos. Repetiría fórmula en 2017 con el thriller carcelario “Brawl in Cell Block 99”. Una locura neo-noir gore deliciosamente excesiva y mucho más oscura que su predecesora.
Con “Dragged Across Concrete”, Zahler consigue algo mayor. Una cocción a fuego lento tan políticamente incorrecta, violenta y rodada con un pulso narrativo tan vibrante y sin ningún tipo de complejo, que no queda otra que rendirse a ella por completo. Es un extraño y soberbio ejercicio de estilo de más de 2 horas y media de metraje, que se convierte en una maravilla de cine negro contemporáneo, una buddy movie de atracos donde se vuelve a tomar su tiempo para implicar al espectador en la trama y empaparle de una tensión latente, que va in crescendo a medida que avanza el film hasta que llega a su último tercio para cerrar la función con un espléndido y previsible festín de disparos. Todo es fascinante, desde la pausada pero vibrante presentación de personajes, hasta la hipnótica manera en la que Vince Vaughn se come un bocadillo en una de sus interminables vigilancias. Acompañada de una banda sonora maravillosamente seleccionada con viejos temas de soul, al más puro estilo “Jackie Brown” (Quentin Tarantino, 1997), pero amando por encima de todo los silencios o el implacable sonido ambiente que rodea cada escena.
Con “Dragged Across Concrete”, Zahler consigue algo mayor. Una cocción a fuego lento tan políticamente incorrecta, violenta y rodada con un pulso narrativo tan vibrante y sin ningún tipo de complejo, que no queda otra que rendirse a ella por completo. Es un extraño y soberbio ejercicio de estilo de más de 2 horas y media de metraje, que se convierte en una maravilla de cine negro contemporáneo, una buddy movie de atracos donde se vuelve a tomar su tiempo para implicar al espectador en la trama y empaparle de una tensión latente, que va in crescendo a medida que avanza el film hasta que llega a su último tercio para cerrar la función con un espléndido y previsible festín de disparos. Todo es fascinante, desde la pausada pero vibrante presentación de personajes, hasta la hipnótica manera en la que Vince Vaughn se come un bocadillo en una de sus interminables vigilancias. Acompañada de una banda sonora maravillosamente seleccionada con viejos temas de soul, al más puro estilo “Jackie Brown” (Quentin Tarantino, 1997), pero amando por encima de todo los silencios o el implacable sonido ambiente que rodea cada escena.

Mel Gibson, Jordyn Ashley Olson & Laurie Holden
El reparto está estupendo y todos lucen de manera muy precisa en su papel, pero Mel Gibson ¡está que se sale! y no es para menos, es un gran actor, de esos que ya no quedan, con un físico y un carisma que recuerdan una época de Hollywood anterior. Zahler lo sabe y le echa el lazo en su mejor momento para transmitir todo lo que su personaje requiere, y todo aquel que se asome para ver lo que hay detrás de su crepuscular mirada, verá un alma torturada que sabe que cualquier tiempo pasado fue mejor, pues han ido cayendo en el olvido (si es que los ha tenido) los buenos momentos vividos por alguien que con el paso y peso de los años ha perdido, y es que al final la gente tiende a ser gente, la esperanza en el ser humano.
Una preciosa joya de cine policiaco con aroma clásico. Puro estilo. Cine puro.
Una preciosa joya de cine policiaco con aroma clásico. Puro estilo. Cine puro.
30 de enero de 2017
30 de enero de 2017
49 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
A diferencia de otras películas de este director, en “Split” podemos observar a un M. Night Shyamalan mucho menos contenido de lo habitual, mostrándonos por momentos lo que esperamos que nos muestre (no es una crítica, es solo una observación). No juega con la misma sutil intensidad de “El protegido” o “El bosque” donde en diferentes situaciones nos enseña en el mínimo continente el máximo de contenido, aquí es más visceral pero no por ello es menos genial. “Split” es una muy buena película que, acompañada en todo momento (como es costumbre en este autor) de una espectacular puesta en escena, nos muestra al que posiblemente sea el Shyamalan más oscuro y perturbador hasta la fecha.
Aunque la premisa pueda parecerlo, no es una película más de secuestros ¿Cómo iba a serlo teniendo en cuenta quien la dirige? Es un thriller psicológico sobre secuestros, si, pero también es un drama sobre secuestros, es una reconceptualización dentro del subgénero sobre como los traumas del pasado marcan a las persona que seremos en el futuro. Porque si algo diferencia a Shyamalan del resto, no solo es la manera en la que filma, la cámara acaricia, lo que diferencia a este genio único, a este profanador de lo cotidiano, es la forma, la rareza y la elegancia para subvertir todos los convencionalismos con los que estamos familiarizados, y ver al mismo tiempo como podemos cambiar el concepto de lo que es una sesión de terapia.
Aunque la premisa pueda parecerlo, no es una película más de secuestros ¿Cómo iba a serlo teniendo en cuenta quien la dirige? Es un thriller psicológico sobre secuestros, si, pero también es un drama sobre secuestros, es una reconceptualización dentro del subgénero sobre como los traumas del pasado marcan a las persona que seremos en el futuro. Porque si algo diferencia a Shyamalan del resto, no solo es la manera en la que filma, la cámara acaricia, lo que diferencia a este genio único, a este profanador de lo cotidiano, es la forma, la rareza y la elegancia para subvertir todos los convencionalismos con los que estamos familiarizados, y ver al mismo tiempo como podemos cambiar el concepto de lo que es una sesión de terapia.

Las interpretaciones de Anya Taylor Joy y de Betty Buckley son estupendas y necesarias, pero el trabajo que realiza James McAvoy va más allá del elogio.
Hay algo a lo que nuestro director nos tiene mal acostumbrados, y son sus giros finales, algo que es ya marca de la casa y que le pasó factura hace tiempo. Nadie debería de ir a ver una película suya pensando en cual será el final con el que nos sorprenderá esta vez, y ver quien es el más listo de la clase por ser el primero en pillarlo. Hay que dejarse llevar por la belleza que radica dentro de sus historias, criticadas muchas veces por los más timoratos.
Shyamalan es por mérito propio el sacrílego de arquetipos de este siglo, y también del pasado, mirando por el objetivo de la cámara como no lo hace ningún otro director, agitando nuestras rutinas y cambiando los muebles de sitio. Por momentos, incomprendido por marcar él mismo las reglas del juego sin ceñirse a lo que cualquier otro haría, criticado por una sociedad hipócrita, pero admirado en el futuro como un genio único e inevitablemente influyente.
Hay algo a lo que nuestro director nos tiene mal acostumbrados, y son sus giros finales, algo que es ya marca de la casa y que le pasó factura hace tiempo. Nadie debería de ir a ver una película suya pensando en cual será el final con el que nos sorprenderá esta vez, y ver quien es el más listo de la clase por ser el primero en pillarlo. Hay que dejarse llevar por la belleza que radica dentro de sus historias, criticadas muchas veces por los más timoratos.
Shyamalan es por mérito propio el sacrílego de arquetipos de este siglo, y también del pasado, mirando por el objetivo de la cámara como no lo hace ningún otro director, agitando nuestras rutinas y cambiando los muebles de sitio. Por momentos, incomprendido por marcar él mismo las reglas del juego sin ceñirse a lo que cualquier otro haría, criticado por una sociedad hipócrita, pero admirado en el futuro como un genio único e inevitablemente influyente.
Y como pasa en casi todas las obras de este autor dentro de la industria, esta también ganará más en posteriores visionados. Hay que darle tiempo y ya veréis como va mutando la criatura.
6
17 de octubre de 2016
17 de octubre de 2016
25 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante y notable thriller que consigue mantener la tensión durante su hora y media de duración.
Puede que en un principio la trama nos resulte algo familiar, como habíamos visto en “El sótano del miedo” (Wes Craven 1991) un grupo de ladrones entra a robar en una casa pensando que será un golpe fácil, pero lo que allí se encontrarán será algo tan terrorífico que su principal objetivo ya no será el botín, sino salir de allí con vida. Un telón de fondo muy similar en ambas películas, pero lo que aquí Fede Álvarez nos propone es algo muy distinto, en esta casa se juega más con la oscuridad y con un claustrofóbico y aterrador silencio donde todo eso cambia a mitad de película para presentarnos a su ocupante de una manera mucho más macabra de lo que pensábamos hasta ese instante.
La tensión no decae en ningún momento y eso es gracias a su director que parece haber asistido a una reposición de clásicos de terror de los 70 y 80 para traernos una visión actualizada, al igual que ya había hecho con “Evil dead” (2013), se presenta como un lúgubre orfebre de temáticas espeluznantes y desagradablemente singulares. Buena nota también al trabajo que realizan sus protagonistas encabezado por un estupendo Stephen Lang.
Puede que en un principio la trama nos resulte algo familiar, como habíamos visto en “El sótano del miedo” (Wes Craven 1991) un grupo de ladrones entra a robar en una casa pensando que será un golpe fácil, pero lo que allí se encontrarán será algo tan terrorífico que su principal objetivo ya no será el botín, sino salir de allí con vida. Un telón de fondo muy similar en ambas películas, pero lo que aquí Fede Álvarez nos propone es algo muy distinto, en esta casa se juega más con la oscuridad y con un claustrofóbico y aterrador silencio donde todo eso cambia a mitad de película para presentarnos a su ocupante de una manera mucho más macabra de lo que pensábamos hasta ese instante.
La tensión no decae en ningún momento y eso es gracias a su director que parece haber asistido a una reposición de clásicos de terror de los 70 y 80 para traernos una visión actualizada, al igual que ya había hecho con “Evil dead” (2013), se presenta como un lúgubre orfebre de temáticas espeluznantes y desagradablemente singulares. Buena nota también al trabajo que realizan sus protagonistas encabezado por un estupendo Stephen Lang.
Entretenimiento de altura que gustará a los fans del género, ya que es mejor que la gran mayoría de thrillers que se estrenan en las salas de cine casi a diario.
5
13 de mayo de 2016
13 de mayo de 2016
19 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pretencioso film, entretenido sin más. No tiene nada nuevo que añadir al género salvo un gran agujero dentro de un guión más simple que el mecanismo de un chupete. Desde el principio nos damos cuenta de que su director prefiere repetir una jugada vista ya tantas veces en este tipo de películas que ampliar el campo de batalla, pero siempre es mejor que te birlen la cartera con cierta gracia y no que te sometan a una tortura de letargo sin fin.
Durante sus casi dos horas de metraje, su director juega con un reparto de rostros conocidos y no faltos de talento con el propósito de que su trabajo se tome en serio y parezca un proyecto de peso, pero durante sus primeros diez minutos nos damos cuenta sin necesidad de ser muy observadores que no solo remite al cine referencial, sino que además concretamente a una obra poderosamente vanguardista, extravagante e inteligente, un peliculón de los que hacen época como es “Heat”. Pues no se le parece ni de lejos, aquí su realizador prefiere quedarse en la sombra sin llamar la atención y realizar un film que contenga mucho ruido pero con una terrible ausencia de nueces. Que mate la sed pero que no quite el hambre. Nos quedamos con la sensación de que apenas araña la superficie de una historia en la que si se escarbase un poquito más, podríamos sacar petróleo.
Durante sus casi dos horas de metraje, su director juega con un reparto de rostros conocidos y no faltos de talento con el propósito de que su trabajo se tome en serio y parezca un proyecto de peso, pero durante sus primeros diez minutos nos damos cuenta sin necesidad de ser muy observadores que no solo remite al cine referencial, sino que además concretamente a una obra poderosamente vanguardista, extravagante e inteligente, un peliculón de los que hacen época como es “Heat”. Pues no se le parece ni de lejos, aquí su realizador prefiere quedarse en la sombra sin llamar la atención y realizar un film que contenga mucho ruido pero con una terrible ausencia de nueces. Que mate la sed pero que no quite el hambre. Nos quedamos con la sensación de que apenas araña la superficie de una historia en la que si se escarbase un poquito más, podríamos sacar petróleo.
Película entretenida y simple a partes iguales.
25 de junio de 2018
25 de junio de 2018
42 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director Ari Aster desde su “comienzo en miniatura” y un prólogo brillante en forma y fondo, aborda la historia siendo plenamente consciente de que eso es lo único pequeño que vamos a ver durante todo el metraje, haciéndonos testigos del nacimiento de un clásico cinematográfico instantáneo y un refrescante y delicioso trago en el género, donde todo es destacable. Desde su excelente iluminación y su milimetradamente intimista y perturbadora puesta en escena, hasta sus (y digo sus porque hay más de uno) extraordinarios giros de guión que hacen de ella, no sólo una obra maestra del género de terror, sino una experiencia cinematográfica disfrutable a todos los niveles.
Las imágenes de angustia no permiten concesiones, se suceden ante nosotros sin darnos apenas tiempo de articular lo que acabamos de ver y no se limita a una vulgar ducha de sustos en la que se necesita echar mano de un portazo cada treinta segundos para provocar sobresaltos baratos. Este tipo de horror es comparable a un virus que va infectando lentamente cada milímetro de tu cuerpo, provocando una parálisis completa de pies a cabeza mientras asistimos a una experiencia única, imprevisible, bizarra y completamente perturbadora que llega hasta el tuétano golpeándote por dentro y arrastrándote al abismo de forma despiadada para hacer que te sobrecojas justo en el momento en que nuestro director se propone que lo hagas. Me vienen a la memoria películas como “La semilla del diablo” de Polanski o “El Resplandor” de Kubrick, hay aun más referencias a este último. Desde su interpretación subjetiva de lo que vemos y su cámara fija que se acerca lentamente haciendo zoom sobre un punto, hasta su angustiosa banda sonora que funciona como perfecto hilo narrativo aumentando aun más los decibelios. Aunque no estaría bien compararla con ninguna otra película porque esta busca su propio camino para que podamos tomarla como referencia dentro de muchos años.
Las imágenes de angustia no permiten concesiones, se suceden ante nosotros sin darnos apenas tiempo de articular lo que acabamos de ver y no se limita a una vulgar ducha de sustos en la que se necesita echar mano de un portazo cada treinta segundos para provocar sobresaltos baratos. Este tipo de horror es comparable a un virus que va infectando lentamente cada milímetro de tu cuerpo, provocando una parálisis completa de pies a cabeza mientras asistimos a una experiencia única, imprevisible, bizarra y completamente perturbadora que llega hasta el tuétano golpeándote por dentro y arrastrándote al abismo de forma despiadada para hacer que te sobrecojas justo en el momento en que nuestro director se propone que lo hagas. Me vienen a la memoria películas como “La semilla del diablo” de Polanski o “El Resplandor” de Kubrick, hay aun más referencias a este último. Desde su interpretación subjetiva de lo que vemos y su cámara fija que se acerca lentamente haciendo zoom sobre un punto, hasta su angustiosa banda sonora que funciona como perfecto hilo narrativo aumentando aun más los decibelios. Aunque no estaría bien compararla con ninguna otra película porque esta busca su propio camino para que podamos tomarla como referencia dentro de muchos años.

No puedo olvidarme de mencionar el espléndido trabajo a nivel actoral, donde sus protagonistas dan a sus personajes una profundidad psicológica de una precisión quirúrgica. Pero lo de Toni Collette son palabras mayores. El Pavor que evoca un primer plano suyo, vale más que carreras enteras de otros intérpretes.
Un consejo pues: No te la pierdas. Puede que dentro de muchos años cuentes a tus hijos que fuiste al cine para ser testigo de este clásico de terror del que todo el mundo ya siempre hablará. ¡No has visto nada igual!
Un consejo pues: No te la pierdas. Puede que dentro de muchos años cuentes a tus hijos que fuiste al cine para ser testigo de este clásico de terror del que todo el mundo ya siempre hablará. ¡No has visto nada igual!
Más sobre Ángel Moreira
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
US
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana



