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Críticas de Chris Jiménez
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Críticas 2.217
Críticas ordenadas por fecha (desc.)
7
25 de mayo de 2024
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Hoy en día igual de actual que cuando fue publicada hace ya 55 años, en "The Andromeda Strain" el peligro se siente real a pesar de hallarse contenido en ese laboratorio supersecreto, superestéril y superprotegido bajo las ardientes arenas de Nevada.
Una especie de mejunje llegado de las estrellas que mantiene entre la incertidumbre y la confusión a cuatro eminentes científicos a los que algo se les escapa para poder aniquilarlo. Tú estás allí atrapado también, y aunque al final la historia se invente una recompensa para acallar ese pánico la duda y el miedo persisten.

Nelson Gidding tenía desde luego que esforzarse para adaptar el complejo "best-seller" de Michael Crichton de la forma más fiel posible tras hacerse Universal con los derechos, aunque peor sería para el equipo de Robert Wise, pues plasmar el imaginario científico que aquél describía, tan avanzado y futurista y a la vez tan preciso y realista no era cosa fácil; y sin embargo Will Tuntke (a la dirección artística), Boris Leven (al diseño de producción) y Douglas Trumbull (a los efectos especiales) realizan un trabajo impecable. La historia, por otra parte, sigue de cerca los hechos del libro, cuyos cuatro actos relataban los días de una crisis que podría haber exterminado la vida en La Tierra...
El inicio engancha con facilidad: seguimos a unos militares de la Fuerza Aérea ante el aterrizaje de un satélite cerca de un pueblo de Nuevo México (Arizona en las páginas), para desgracia de sus gentes, ya que ahora están todos muertos; Wise crea una imagen perfecta del terror a lo desconocido, los cadáveres alfombrando el lugar, los buitres devorándolos y en una de las casas el satélite abierto por un doctor ignorante. Y así se da la alarma entre militares y poco a poco se reúnen los científicos de un proyecto que estudia las formas biológicas espaciales.

Pero pese al pedigrí extraterrestre sustituyendo a la intriga de espionaje y conspiración toda esta 1.ª parte recuerda a "The Satan Bug" de Alistair S. MacLean (también adaptada al cine): una amenaza vírica de gran mortalidad y una estación secreta del Gobierno en medio de ninguna parte que se nos expone exhaustivamente creyendo en su máximo despliegue de seguridad...pero si la historia es de Crichton fiarse lo menos posible de algo creado por científicos es lo mejor que se puede hacer. Este primer tramo de la historia es bastante emocionante, sí, terrorífico a menudo, pero por desgracia sucede lo mismo que en el libro: que su extrema rigurosidad acaba transformada en seca frialdad.
Así lo escribió Crichton, así lo adaptó Gidding y así lo plasma Wise. Al desarrollarse el 80% de la acción bajo tierra y entre instalaciones computerizadas y monitores la atmósfera es tan asfixiante que pesa hasta la extenuación y domina una frialdad cercana a la de "2.001". De esa frialdad estéril hablamos. En su traslado a las imágenes el director respeta el método científico de Crichton a rajatabla; estamos inmersos en una lucha a contrarreloj por investigar y controlar un ser del Espacio portador de bacterias nunca vistas...pero el tono es tan académico y áspero que uno nunca se involucra con los protagonistas, simplemente les observa desde lejos.

El inteligente cuarteto de doctores, por otra parte, sufre una pequeña variación, el microbiólogo Leavitt es convertido en mujer, Ruth, que curiosamente será el personaje más interesante de toda la película; el único que, sin contar a los pacientes rescatados del pueblo (un anciano y un bebé) añade algo de carisma, de matiz humano. No es que el reparto no haga milagros con el material tan complejo que deben encarar, pero Kate Reid termina por acaparar toda la atención; mientras, tras una tediosa 2.ª parte de mera exposición de las instalaciones y del ser espacial, la historia quiere desatar otras intrigas en el exterior. ¿Pero es esto correcto?
La verdad es que no. Ya que la trama va a respetar el desarrollo del libro, que avanza a base de procesos científicos, hipótesis y experimentos en escenarios claustrofóbicos, también debería permanecer en el interior de la estructura; se supone que los militares van a lanzar una bomba sobre el pueblo para exterminar lo que quede del virus espacial (luego sabremos por qué esto es un error; los norteamericanos, como siempre, han de bombardear algo para estar tranquilos...), pero esto deberíamos saberlo al mismo tiempo que los protagonistas, no ser expuesto ante nosotros con escenas independientes.

La dificultad de los métodos y el difícil lenguaje también hace imposible la implicación real del público, y eso es un problema para asegurar su entretenimiento. Wise, aun así, también sabe elevar esa tensión que en la novela hacía despertar al lector en sus últimas páginas. El terror al conocer las propiedades asombrosas del ser del Espacio, que desafía la inteligencia humana, la lucha del dr. Hall para averiguar cómo neutralizarlo, el temor de que en el exterior la bacteria siga extendiéndose, las sospechas de conspiración gubernamental que surgen sobre el proyecto, y en especial la desesperada (y desesperante) misión de desconectar la bomba para salvar la instalación.
No obstante, y para disgusto personal, el guión respeta tanto al libro que acaba precipitándose en su resolución (de repente nos convertimos en Hall y preguntamos "¿Pero qué ha pasado aquí?") e incluso acepta su optimismo, cuando este tipo de historia pide un desenlace pesimista a gritos. Lo más seguro es que, de suceder en la realidad, la bacteria supiera adaptarse al medio y proliferar en él de algún modo, así que la incertidumbre continúa y ni científicos ni gobiernos pueden hacer nada por salvar a La Tierra del desastre.

Esta casi "epidemia de Andrómeda" fue el preámbulo de muchas...
Chris Jiménez
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6
24 de mayo de 2024
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Una es más amarga que la muerte, cuyo corazón es una red y sus brazos cadenas para apresar todo lo que está a su alcance. El otro es más despiadado que el odio, cuya podrida alma nació para devorar todo lo que se movía frente a él.
Tal para cual. Sam y Helen, Helen y Sam.

Por alguna razón que quizás nunca logre entender, el sr. James Edward Gunn siempre introducía un personaje en sus guiones: la mujer fatal. Mujeres corruptas, infieles, codiciosas y lo suficientemente atractivas y convincentes para echar el lazo a cualquier imbécil que no tuviese cuidado. Ríase usted de la famosa Phyllis Dietrichson. Pero antes de introducirse en la industria del cine, en sus años de universidad y con tan sólo 22 años, había escrito un libro hoy casi completamente perdido, donde ya desarrollaba largo y tendido estas ideas.
"Deadlier than the Male", publicado en 1.942, es una auténtica maraña que hace daño y fascina a partes iguales, contrastando su escritura simple y sus descripciones exageradas hasta la parodia y, sobre todo, haciendo gala de una bajeza moral terrible a través de un áspero sentido del humor. El desafío definitivo a Cain y Hammett. Herman Schlom, de la RKO, quiso llevarlo a la gran pantalla y a ello siguió una producción con retrasos, cambios de guionistas y otros tantos en el mismo guión, dirigida por un joven Robert Wise que demuestra una audacia muy peculiar para tratar el género. "Nacido para Matar", como su fuente de origen, es algo a tener en cuenta.

A Helen la conocíamos en las páginas gracias a una exposición tan colorida en toda su extravagancia que ya nos ponía sobre aviso de lo deseable que es el peligro, encarnado en ella. Que el film empiece en un motel con unas desagradables mujeres declarando a viva voz su poder sobre los hombres ejemplifica la prudente distancia con la figura de la venenosa "femme fatale" (hoy día un modelo femenino corriente a seguir, por desgracia). Aquello que dispara el enredo no varía: el asesinato de la joven Laury (Laura en el libro) y su novio por el indeseable Sam, amante de ella también, que será presenciado por Helen, quien decide no complicarse.
El guión decide acortar caminos, eliminar a varios personajes de la historia y añadir algún otro, pero esa sensación de mala ostia que desprendía la prosa de Gunn también está impregnada en el asfixiante blanco y negro de Robert DeGrasse. Aquí Helen encuentra primero a Sam en lugar de hacerlo su inocente y adinerada hermanastra Georgia, a la que odia pero no duda en mangonear, y entre Claire Trevor y Lawrence Tierney saltan chispas desde su encuentro en el casino; se lanzan frases secas como cuchillos aunque permiten que les corten la piel y les lleguen al corazón, los muy sadomasoquistas. El frío descaro de ella se hinca en la seguridad psicótica de él.

Una lástima que sea el inexpresivo Tierney quien la enfrente, cuyo carisma es el de una estatua de yeso; con Dan Duryea o John Payne habría sido distinto, pero RKO le tenía aprecio al chico por lo que les había hecho ganar gracias a "Dillinger", aun así parece encajar bien en este papel, y su vida privada, llena de altercados con la ley y de alcoholismo, también. Lo que acontece son las consecuencias de una atmósfera donde se dan de la mano la indecencia, la ambición y la lujuria; Georgia y Fred, seres idiotas de la alta sociedad, son destripados por Sam y Helen a partes iguales, ávidos de riqueza.
Las elipsis se llevan por delante un periodo de noviazgo corto y se detiene en la boda-pantomima de la primera y el tercero. A todo esto la sra. Kraft, única amiga de la difunta Laury, está dispuesta a encontrar al asesino después de cerrar la policía el caso; en el libro lo hacía ella misma, aquí se contrata a un detective con el que la película también echa por tierra a esta figura del "noir", un detective seboso que cita a sus clientes en bancos públicos y al que sólo le preocupa el dinero. No hay ni un alma con la que se pueda simpatizar aquí (tal vez Georgia, pero es imbécil y aparece muy poco tiempo como para prestarle atención, una lástima...).

No es necesaria la presencia del asqueroso psiquiatra de Sam o de su hermana Billie, que liaban aún más la cosa en el libro, para sentir una profunda repulsión por el cuadro humano presente. Aunque aquí la dueña del motel quiera capturar al criminal no deja de ser una alcohólica grotesca, y el amigo de Sam, Marty (Elisha Cook, secundario que no puede faltar), de quien se puede intuir era su manager pues se habla de su época de boxeador, es una sabandija rastrera. Lo malo es que al dirigir estos miserables la trama a partir de sus impulsos y corrupción moral lo incomprensible campa a sus anchas y acaba por desconcertar al espectador que vaya en busca de un atisbo de razón.
No se entienden los ardides de este sucio melodrama. El empeño de Helen de proteger a Sam cuando lo lógico sería que utilizara la información del detective en su contra, lo que por otro lado puede echar a perder su matrimonio; el empeño de Sam de ponerse una soga al cuello al ir tras Helen si ya tiene una bella esposa de la que poder aprovecharse; el empeño del detective de tentar a la suerte y cruzarse con Sam. Todo es un sinsentido de grandes proporciones salpicado de cruda violencia, guerra de sexos y traición gratuita que no puede sino conducir a un desenlace apocalíptico, y eso lo sabemos desde que la pareja protagonista se cruza en el casino al principio...

Pero también está claro que nadie, absolutamente, puede obtener la redención, ni perdón, ni nada de nada. Aquí no queda nada salvo la incógnita de por qué todo el mundo fue tan subnormal; eso sí, el guión me debe lo que el detective se merecía (yo quise verle con la garganta retorcida, demonios).
Por desgracia la mala fama de Tierney y la enorme controversia sobre la inmoralidad de la película (adelantada a su época, desde luego) empañaron sus resultados en taquilla. Y es que pocas veces el cine negro tuvo un apelativo tan literal y adecuado como aquí.
Chris Jiménez
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8
23 de mayo de 2024
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"Hill House se alzaba en soledad frente a las colinas, acumulando oscuridad en su interior. Llevaba así 80 años. Las paredes mantenían su verticalidad, los ladrillos se entrelazaban limpiamente y las puertas permanecían cuidadosamente cerradas; el silencio empujaba incansable contra la madera y la piedra, y lo que fuera que caminase allí dentro...caminaba solo".

Este pasaje legendario inicia "The Haunting of Hill House", un viaje a mundos desconocidos donde las pesadillas crean senderos por los que es muy fácil perderse, asimismo un lugar donde la psique se fragmenta, se deja manipular y engaña los sentidos. Como bien se menciona un poco más adelante, "Hoy en día resulta difícil encontrar creyentes, escépticos; quizás las ociosas costumbres de la vida victoriana se plegaran mejor a las necesidades de la investigación psíquica", no obstante Shirley Jackson te hace creer en lo que aparentemente no debería haber, gracias a una rica prosa y meticulosa narrativa que dota a lo espectral de una inquietante belleza.
No tardas demasiado en convertirte en la frágil Eleanor y sentir como un repentino frío se abalanza sobre tí y te pellizca. Tampoco es de extrañar que el sr. Robert Wise se sintiera atraído por esta novela única, a pesar de que su interés ya había germinado tras leer una crítica sobre ella en la magazine Time; y se dispondría a trasladarla a la gran pantalla en lo que fue un camino algo tedioso, ya que en United Artists rechazaron su proyecto y después de ser aceptado en la MGM tuvo que mudarse a Inglaterra para llevarlo a cabo. Pero esto también generó cosas positivas como tener a las maravillosas actrices Julie Harris y Claire Bloom en el reparto y contar con el imponente Ettington Park de escenario principal.

Ese siniestro toque británico que tanto puede recordar al de la Hammer se aprecia desde el primer fotograma. Las absorbentes palabras de Jackson cobran vida y también la mansión que imaginó, elevándose sobre las colinas en la penumbra, un lugar de tinieblas y silencio asfixiante; el problema es que para llegar hasta la historia propiamente dicha hemos de sobrevivir al prólogo que Nelson Gidding sitúa antes que nada y que es una torpísima sobreexposición de los horribles eventos que han marcado la morada de Hugh Crain hasta ser tachada de maldita.
Wise filma estas secuencias con un alarde visual innovador, por desgracia todo se sucede a la velocidad del rayo y bajo la pesada voz del filósofo Markway (Montague en la novela)...y lo peor es que no tendrá relación con el resto de la película. Lo adecuado habría sido profundizar poco a poco en las vidas de quienes residieron en Hill House, y no mostrarlo en esos rápidos "flashbacks"; la trama seguirá entonces por donde realmente empieza el libro: la presentación de su protagonista, Eleanor, que Harris borda expresando la melancolía, opresión, inestabilidad emocional y anhelo de libertad que la embargan (el que la actriz sufriera depresión durante el rodaje ayudó bastante).

Esta parte trae inevitables recuerdos de la fuga hacia lo desconocido de "Psicosis", a la que Jackson se adelantaría. Las intenciones en ambas mujeres pueden ser distintas pero sí escucharemos repetidamente los pensamientos de Eleanor igual que los de Marion, y sus destinos serán dos oscuras moradas habitadas por la presencia del Mal; dicho detalle también es un impedimento para disfrutar del desarrollo, y la culpa no es sólo de Gidding, porque ya se venía arrastrando desde el libro. Así es, la realidad se describe desde la perspectiva de este personaje un tanto insoportable, débil, poco fiable, infantil y no muy comprensible.
¿Por qué habría decidido la autora mantener tal punto de vista único? Porque básicamente ella era Eleanor; el guión debió haber corregido esto y dividir el protagonismo entre el resto de personajes. Un grupo que no deja de tener sus peculiaridades en las páginas y aquí: una especie de médium (Theo), el joven idiota heredero de la mansión (Luke) y el profesor responsable de reunirlos, sin contar al matrimonio de celadores Dudley, que la guardan y que merecían más escenas porque son impagables (en especial la inquietante y "hitchcockiana" ama de llaves interpretada por Rosalie Crutchley).

(CONTINÚA LA CRÍTICA EN ZONA SPOILER)

El gran problema de esta adaptación es que no sabe mejorar los problemas que tenía la novela. La aparición repentina y absolutamente innecesaria de la esposa del profesor, el empeño en no ofrecer ninguna explicación sobre los antiguos habitantes de la mansión y dejar la historia en un confuso suspenso, en una ambigüedad casi ridícula, ¿porque al final todo esto para qué ha servido?
Y lo peor: centrarse únicamente en un personaje tan débil y poco carismático como Eleanor cuando Theo era claramente la más interesante del grupo y acaba desaprovechadísima...y a pesar de ello pocas veces una película de terror me provocó tantos escalofríos en la columna vertebral con tanta eficacia e ingenio. Es inevitable no ser absorbido en las podridas entrañas de la casa de la colina, donde el silencio empuja incansable contra la madera y la piedra, y lo que fuera que caminase allí dentro caminaba solo...
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Chris Jiménez
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7
22 de mayo de 2024
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Si no conocemos hay que rechazar, y si se tercia destruir, porque para eso fue creada la raza humana al parecer. El visitante que recorrió millones de años luz lo comprueba en sus propias carnes: la primera respuesta que recibe de un terrícola es un disparo mortal.
No es extraño que nos precipitemos a nuestra destrucción...

Eso es exactamente lo que le pasa al ser imaginado por Hiram Gilmore Bates en "Farewell to the Master", publicada en la mítica Astounding Science-fiction, y que no deja de ser una narración interesante a pesar de sus confusas intenciones; parece que este escritor que tachaba de mediocres a la mayoría de los cuentos sobre alienígenas de su época quiso dar un paso adelante y proponer ciertas ideas serias y reflexiones con respecto a qué son en realidad los invasores. ¿Son ellos los enemigos o nosotros? El pobre Klaatu sólo tiene la oportunidad de decir unas palabras antes de ser asesinado a tiros.
Si bien presentaba a los seres del Espacio exterior de un modo benévolo, esta historia se ampara en la curiosidad, el misterio y la ausencia total, quizás premeditada, de no querer dar ninguna explicación acerca de nada...pero bastó para interesar a Julian Blaustein y convertirse en la base de un importante proyecto de la Fox, aunque la adaptación de Edmund North sólo utilizara el 10% o menos de la fuente original. Mientras tanto Robert Wise, interesado siempre en la ciencia-ficción, tiene la virtud de engancharnos desde el primer minuto, como es habitual en él.

Y es que uno de los mayores aciertos es no presentar la trama desde de la perspectiva de un protagonista humano. En una secuencia inicial, espectacular para la época, todos los pueblos del Mundo son testigos de la llegada del platillo volante, una masa impersonal llevada por la sorpresa o el pánico ante lo desconocido; Bates situaba a un periodista, Sutherland, en el centro del relato y todo se contaba desde su punto de vista, algo muy típico, pero en la adaptación el protagonista es Klaatu. La razón es que no le interesa acabar con él a las primeras de cambio a pesar del disparo de un soldado.
La reacción es la misma en el cuento y en el film, pero el visitante no muere al instante y se le confiere una atractiva personalidad (gracias al carisma de Michael Rennie, al que Darryl Zanuck, gracias a Dios, eligió en lugar de Spencer Tracy), un propósito, un deseo de contactar de manera amistosa para lanzar un mensaje a todas las naciones (al principio un secreto pero se sabrá). Y esto derriba el concepto en el que la ciencia-ficción se lleva apoyando desde hacía tiempo, porque desde siempre si los alienígenas llegaban a nuestro planeta sólo era para destruirnos, someternos, etc., etc., y presentando físicos inquietantes y grotescos...

Pero con su aspecto tranquilo, afable y sobre todo corriente, Rennie da vida a uno que puede pasar desapercibido y ganarse la simpatía de cuantos le rodean, y también del espectador; en aquel 1.951 "El Enigma de Otro Mundo" mostraba una situación arquetípica donde los militares debían unirse para destruir a un monstruo que era de todo menos pacífico. Aquí la postura es la diametralmente opuesta. En realidad nada inédito, ya que unos meses antes de estrenarse "Ultimátum a La Tierra" fue "El Ser del Planeta X" la que dio un paso vital evidenciando la crueldad y desconfianza de los humanos cuando se trata de enfrentar lo desconocido.
Sin embargo la obra de Edgar Ulmer era demasiado pequeña. Wise termina, con su superproducción, de definir y establecer la idea de que no todos los alienígenas tienen que ser criaturas destructivas, así se desarrolla la trama cuando la histeria general y el gran despliegue de medios han pasado: desde el drama y el suspense, lo que lleva también a cierta pérdida de ritmo y tensión. Klaatu, huido de los militares, se oculta en un motel bajo otro nombre (Carpenter, ¿metáfora cristiana planeando sobre esta historia en la que el personaje podría ser fácilmente comparado con Jesucristo?), cual fugitivo del cine "hitchcockiano".

(CONTINÚA LA CRÍTICA EN ZONA SPOILER)

No se implora acabar con las guerras, no se pide paz en La Tierra, se insta a hacerlo proponiendo un castigo aún más violento y destructor, porque como la violencia es el único lenguaje que entienden los humanos esta es ya la única forma de proceder, ni más ni menos. Una postura dudosa que invita a la reflexión: ¿hasta qué límites llegaremos enfrentándonos unos contra otros para finalmente ser todos exterminados?
Desgraciadamente también permanece la sensación del miedo a una amenaza exterior aún mayor; así que lo que simboliza el protagonista al principio, una raza extraterrestre pacifista, se pierde por completo. Por culpa de este sinsentido y otros errores considerar a "Ultimátum a La Tierra" de obra maestra es imposible, pero sí de punto y aparte en la ciencia-ficción con mensaje político.
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Chris Jiménez
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6
21 de mayo de 2024
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"El mundo astral contiene muchos planos, niveles y esferas que reciben a las almas que abandonan los cuerpos al morir...". En algún rincon de alguna realidad desconocida aguardaba el espíritu de Audrey, deseando vivir de nuevo. Por desgracia otra niña nació en el momento menos adecuado.

Tanto por su forma de narrar, clara y bien estructurada, como por su algo gélido estilo, Frank DeFelitta creó con "Audrey Rose" (o "El Cristal Ardiente" en las versiones en castellano) una curiosa pieza del género de suspense y terror psicológico de los años '70. El sorprender a su hijo pequeño tocando el piano o pintando de un modo realmente inusual para su edad, y tras revelar un médium la posibilidad de permanecer en él recuerdos de una vida anterior (a lo mejor el niño era superdotado y ya está...), empezó a imaginar una historia cuyo tema principal era la reencarnación, idea que expone en su libro con gran fascinación.
Y él escribiría la adaptación, que acabó llamando la atención de Robert Wise debido a su interés en los fenómenos sobrenaturales; de todos modos en aquellos finales de los '70, con la fuerte presencia que tuvieron otros personajes infantiles/adolescentes en el cine de terror (Damien y su "yo" demoníaco, Regan y sus exorcismos, Carrie y su furia telequinética), ¿habría sitio para Audrey Rose? Al menos el director logra absorbernos desde el primer minuto en esta historia, iniciada igual que "Al Final de la Escalera" unos años después: con el terrible accidente de coche que le cuesta la vida a Audrey y su madre...

La trama tiene dos partes, bien distintas, a su vez también la 1.ª, y este prólogo no se aleja mucho del de "El Exorcista", pero cambiando el hogar roto de Regan por una familia, los Templeton, muy unida; en su guión DeFelitta abandona un poco la descripción de las costumbres modernas a las que quieren adaptarse Bill y Janice y se centra en la atmósfera de misterio que nace de la aparición de un individuo inquietante siempre al acecho de Ivy, la hija de éstos. Es un tiempo que Wise dilata como se dilataba en las páginas, para que sintamos esa atmósfera de opresión constante sobre los protagonistas.
Y que dicho individuo, Hoover, se exponga ante ellos, no elimina la extraña sensación, reforzada por el horror que se le echa encima a Ivy en forma de violentas pesadillas, y mientras la jovencita Susan Swift se mete de maravilla en su sufrido personaje, Anthony Hopkins, con su manera de hablar, de moverse y sobre todo de mirar, consigue que creas en el suyo al instante, en este padre que perdió a su esposa e hija y que, por una serie de hechos sorprendentes, está convencido de que la última se ha reencarnado en Ivy. Al igual que la presencia de la niñera en "La Profecía", que pese a proteger a Damien suponía un peligro para su familia, Hoover será considerado una amenaza por los Templeton.

DeFelitta no sólo usa el pánico hacia un ser desconocido que pareciera desear romper la quietud de un hogar, sino hacia unas creencias (la reencarnación) que definitivamente rompen con las costumbres conservadoras. Pero si bien el padre es incapaz de creer en las palabras de Hoover, y ni siquiera se permite a sí mismo buscar otra explicación que la enfermedad mental ante los ataques de histeria de su hija, él al menos sabe defender sus convicciones; la madre, sin embargo, es un personaje aún más extraño que el propio Hoover. Resulta imposible comprender a Janice (cuya Marsha Mason se sentía disgustada por el modo en que estaba descrita) y sus cambios continuos de opinión, de la aceptación de la realidad a la rápida negación...
Pero tras tanta tensión acumulada alrededor de Ivy y de un repentino secuestro que está claro no iba a acabar bien, nos metemos de cabeza en un "thriller" judicial donde se pondrá en discusión la veracidad de la creencia en la reencarnación para determinar quién es el padre de la chica. Este desvío es el mismo que el del libro y tal vez el más raro e inadecuado que se le pudo ocurrir a DeFelitta, porque aparte de plantear nuevos caminos argumentales que no tienen ni pies ni cabeza en la película se evidencia incluso más cómo los personajes pierden su peso y carisma y la trama se desinfla poco a poco.

A las grandes elipsis usadas en el guión que entorpecen el desarrollo de ésta y una tensión que se ha diluido dejando paso sólo a un confuso tedio se suma lo equivocado de quitarle el protagonismo a Hoover y Bill y dárselo a la inútil de Janice y de precipitar la historia hacia terrenos que despojan a la atmósfera de su misterio y horror sobrenatural originales. Todo esto es una jugada terrible, desconcertante. William P. Blatty acertaba al demostrar cómo el inspector Kinderman, voz de la razón y el pensamiento lógico, resultaba poco menos que un absurdo estorbo contra las fuerzas del Mal que acorralaban a Regan.
DeFelitta se empeña en ir al extremo contrario, en querer anteponer la certeza al misterio y la razón a lo que debería permanecer inexplicable, y puede que el director aún tenga tiempo para sorprender con algunas secuencias poderosas como el incidente en el internado o esa sesión de hipnosis donde Swift termina ofreciendo una lección de interpretación magistral que nada tiene que envidiar a Linda Blair o Sissy Spacek, pero eso es lo único que son: secuencias aisladas que poco mejoran a un conjunto echado a perder desde hace tiempo y cuyo remate no será menos satisfactorio (¿en qué demonios se convierte el personaje de Hopkins?, ¿qué quiere demostrar realmente?).

Por todo esto se entiende el fracaso de taquilla de "Audrey Rose" y por qué la Historia la ha acabado enterrando en el olvido mientras otros títulos de similares estilos y propuestas siguen manteniéndose en tan buena forma como en el momento de su estreno...
Chris Jiménez
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