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España España · Marte
Críticas de Gort
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Críticas 32
Críticas ordenadas por fecha (desc.)
1
19 de noviembre de 2007
15 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Reconozco que al principio no entendí lo que pasaba, ya que dijeron que me castigarían. Me encerraron en un estrecho cubículo, a oscuras, apenas con una simple cuchara, una silla y un almohadón mullido sobre el que poder recostarme. No sabría decir cuánto tiempo llevaba allí dentro -de sobras es conocida la confusión temporal que tales reclusiones comportan- cuando una de las paredes del cubículo pareció ceder y dar paso a una pantalla en blanco, iluminando tenuemente mi celda. Lo siguiente que vi fue la imagen de un dormitorio en el que una pareja retozaba alegremente. Bajo el signo de la más intensa excitación no perdí detalle de tan magnífica cópula; cuando el clímax llegó, la pantalla volvió al blanco inicial y luego se apagó: fue la culminación de la relación y el inicio de mi pesadilla.
Pasó cierto tiempo hasta que la pantalla volvió a iluminarse. Allí volvían a estar los dos jóvenes en el mismo dormitorio. No era una repetición de la misma relación que contemplé la primera vez, sino una mucho más tórrida. Y esta vez, además, no hubo fundido en negro al final de ésta, sino que simplemente hubo un pequeño corte y otra vez un plano del mismo dormitorio, esta vez desde un ángulo diferente, con la insoslayable pareja fornicante. Pude ver como cuatro o cinco de estos cortes (la memoria, para estas cosas, es imperfecta y tiende a juntar y confundir lo que le resulta parecido) hasta que la pantalla volvió al fundido en negro. Aún y así, la oscuridad de aquella celda fue insuficiente para aplacar las reverberaciones de aquella danza acoplatoria: entre aquellos cortes me pareció ver una secuencia en una habitación diferente, tal vez de un hotel, en la que se colaba una luz mortecina que quise creer que era la de Venecia; confundido y mezclado entre los sollozos y los gemidos me pareció reconocer un nombre ("David") y alguna palabra en el idioma que creí de los amantes. La trampa había sido preparada y yo ya había caído en ella.
-(Sigue en espoiler, no revelo nada porque toda la película va de lo mismo).-
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Gort
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10
6 de septiembre de 2007
80 de 100 usuarios han encontrado esta crítica útil
Consideremos una partida de póker en cualquiera de sus modalidades. Todos los jugadores poseen las mismas cualidades técnicas (son capaces de reconocer cuándo llevan o no una buena mano) y una cantidad pareja de fichas. En estas circunstancias, en el caso de que alguna entidad pudiera ver las cartas de todos los jugadores, se daría cuenta de que no siempre ganaría la partida aquel que tuviera la mejor mano de la mesa sino que factores ajenos a los naipes determinan la resolución de las manos: el timorato escaldado se arruga ante una fuerte apuesta a pesar de llevar dobles parejas, el que perdió una mano que consideraba suya arriesgará más de la cuenta para exponer al que cree farolero, etc.
Consideremos ahora una partida de póker descubierto en la que los jugadores ven las cartas de los demás. Por supuesto, nadie va contra la apuesta más tímida del que tiene ful de Jotas y cincos. ¡Qué risa cuando Marianito mete todas sus fichas dentro con sólo pareja de sietes! Esta modalidad, aunque esclarecedora y meridiana, es totalmente inviable y sólo se practica entre notarios y otro tipo de ilusos. Diferente es cuando los jugadores se presentan a la partida ataviados con cualquier tipo de máscara, sin ningún tipo de rasgo que nos permita identificarlos: por supuesto que siempre habrá alguien que apostará fuerte con dos cuatros bien visibles sobre la mesa, pero en este caso no podremos identificar al autor de tal apuesta (aunque siempre sospechemos que es Marianito); aún y así, es esta una modalidad igual de inviable que la anterior y no reconocida oficialmente por ninguna federación internacional.
Ahora bien, la modalidad de juego que presenta el Sr. Kubrick en esta película introduce el factor decisivo que permite una total jugabilidad: si el problema es que todos los jugadores saben a qué atender porque ven las cartas sobre la mesa entonces éstos deberán simplemente cerrar los ojos con la fuerza que cada uno de ellos crea conveniente dependiendo de la fe que tengan en sus cartas y en su juego. Sólo de esta manera, y no con el póker encubierto de toda la vida (una simple entelequia), se consigue una normalidad regularizada absoluta, ¡¡y no me vengan con que no saben jugar a los naipes!!
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Gort
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