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John Wick 2: Un nuevo día para matar

Acción. Thriller El legendario asesino John Wick (Keanu Reeves) se ve obligado a salir del retiro por un exasociado que planea obtener el control de un misterioso grupo internacional de asesinos. Obligado a ayudarlo por un juramento de sangre, John emprende un viaje a Roma lleno de adrenalina estremecedora para pelear contra los asesinos más peligrosos del mundo. (FILMAFFINITY)
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5
29 de abril de 2017
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
John wick 2 no me ha convencido demasiado. Tampoco puedo decir que sea mala pero el centro se me hizo muy largo y John y la acción se me hicieron muy forzados (claramente los malos entrenan con los storm troopers de star wars). Ni nos han dado realmente una trama nueva ni grandes escenas de acción ni más Lore sobre la sociedad de asesinos después del comienzo (lo cual, ojo, me parece un acierto porque el misterio juega a su favor). En general​ entretiene pero me parece claramente por debajo de la primera, especialmente el centro de la película.
1
26 de agosto de 2017
18 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sucesión de tiros y tiros, da la impresión que lo único que pretende el director es batir el record de película con más muertos de la historia del cine. Un protagonista que parece inmortal ante cientos de enemigos y que además tiene la puntería más precisa del universo. Por supuesto el argumento es banal. Totalmente prescindible.
8
28 de abril de 2017
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace tres años, John Wick recorrió un frío camino, no por la calidez que le esperaba al final de él, sino por el recuerdo de esa calidez.
En una sociedad de asesinos precisos y calculadores, el sacrificio del propio Wick por eso, agitando los cimientos de su mundo, parecía el acto de amor más desinteresado del que alguien como él sería capaz.
Y todo por "un puto perro" como alguno de sus recién ganados enemigos no paraba de recordarle.

'John Wick: Pacto de Sangre' empieza justo donde lo dejó la anterior.
Y, lejos de acomodarse, establece que el viaje de John tan sólo acaba de empezar, y el único camino es hacia abajo: hacia un infierno de conexiones criminales y poderosas, que dominan nuestras vidas en la sombra, donde una regla vale las balas con las que se está dispuesto a defenderla.
La excusa parece tan accesoria como necesaria, en forma de deuda que Wick dejó sin resolver, y a la cual su fría furia posibilitó un vacío legal para cobrarse. Lo más complicado que tenía esta secuela es volver a poner al Baba Yaga en marcha, y es lo primero que se quita de encima, sin repetir fórmula alguna, confiando perfectamente en actorazos que hacen valer cada misteriosa palabra que pronuncian.
Keanu Reeves
A partir de ahí, es el festín de tiros y muertes que todo el mundo esperaba, pero con agradecidos matices: después de cada tormenta llega la calma, condensada en cada brutal asesinato y cruel ejecución.
John Wick organiza una lucha sin cuartel contra su propio mundo, el mismo que en un pasado le aclamaba, y por el camino recoge los rastros de admiración rota, o incluso se permite ser piadoso con la dignidad de los que solo pueden aspirar a una muerte noble (*).
Vemos con sorpresa a esa sociedad que en la primera película parecía implacable, mostrando sentimientos porque sabe que sus días pueden estar contados, y el Hombre del Saco parece el primero que va a destrozar unas reglas irrompibles. Esta es la única calidez que se encuentra en este segundo capítulo, de parte de asesinos que no confunden lo personal con los negocios.

Lo más valiente quizá sea no establecer salida fácil, sino seguir hasta el final: por decirlo simple, allá donde otras películas de acción se acojonan, 'John Wick: Pacto de Sangre' continúa, tanto en argumentos y muertes, como en enfrentamientos y coreografías.
Keanu Reeves
Dando breves pinceladas de una sociedad que no conocemos en toda su extensión, siguiendo a un hombre del que no conocemos todo, pero sí lo suficiente como para ir con él hasta el final.

Lo malo, apenas una minucia, es que el viaje debe continuar, justo cuando más épico se vuelve.
A por ellos, John. Venga ese Capítulo 3.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
(*) Ya vemos al inicio que, incluso en el frenesí de la muerte, es capaz de ofrecer un brindis al hermano de su antiguo jefe, dejando claro que no hay nada personal en sus métodos, y sí trágicas bajas de una vendetta que nunca debió haber ocurrido.
3
6 de julio de 2017
12 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rojo y negro. Rojo (llena de sangre la arteria aorta) y negro (oscuro como una covacha de chapuceras cucarachas).
Esta película es un acontecimiento. Un hito. Supone la culminación, como río caudaloso y muy dificultoso que va a dar a la mar más embravecida, de muchos proyectos que murieron justo a punto de llegar a la meta. Es la suma de todos los esfuerzos de muchos valientes que se quedaron a las puertas de la ciudad amurallada y tan fortificada. Gente como Kubrick (lo tenía en mente, como posible película), von Trier, Bertolucci, Despentes, Winterbottom, Adele..., todos esas obras y pioneros, y tantos otros, que nadaron y casi perdieron la vida en procelosas, reprimidas e hipócritas aguas.
Es, seamos claros y directos, surco en la nieve del tiempo, la primera película porno como gran estreno comercial. Así, (lo decimos) a lo bruto, sin ambages ni coartadas.
Con dos grandes virtudes. Su inadvertido contenido, evidente pero ocultado por las fuerzas del bien que rigen nuestras vidas con mano de hierro, lo cual es bueno, disimular para mejor poder contrariar; y su autoría formal, su apuesta de gran calado, su gran arte del vacío, la nada y la exposición quirúrgica de los cuerpos y las almas de todos nosotros a través de un trampantojo esmerado, metálico y perfecto, copado por maniquíes bellamente coreografiados (danza de la muerte) y arteramente expurgados (de toda humanidad o sentido), emasculados y despojados.
Keanu Reeves & Chad Stahelski
Sí, no os echéis las manos a la cabeza, sexo o muerte, da igual. Eros o Tánatos, idéntica vorágine, la misma hambre voraz. Las diferencias son tan débiles y sus fronteras tan invisibles que forman parte de la misma materia líquida y abstracta, además de carnal y espuria. Qué importa si semen o sangre, si balas (en el cine sonaban como bolas de cañón o motores a reacción) o gemidos, si desnudos o muy bien vestidos. Qué más da si la combinatoria es tan similar, si las posibilidades son tan infinitas, tanto monta el "Kamasutra" como "El arte de la guerra", al fin y al cabo números, matemáticas. La representación es equivalente, el baile es calcado; brazos, piernas, fluidos, miradas, choques, embestidas, caídas, subidas, erecciones, palpitaciones, estertores, heridas, aberturas... La misma manufactura u obertura. Hasta igual estructura. En ambos casos, en el que ahora toca como en el caso más oficialmente pornográfico, las historias corren con el mismo tono o sino, esa deriva, de la misma manera; la clave son los diálogos, personajes y guion; lo accesorio, transitorio y despreciable son los momentos de violencia o afecto, de exterminio o cópula. Valen más la escritura y la dramatización de ideas y sentimientos que el triste relleno mortuorio sanguinolento o físico charcutero calenturiento.
Keanu Reeves & Riccardo Scamarcio
Es más, follar y matar son hijos del mismo Dios corrupto y montaraz, avatares hermanos, siameses inseparables. Se trata de fornicar a todo dar. Y si no se puede empujar, por lo menos hay que aniquilar. Y si por lo que fuera eres tan desgraciado, poco habilidoso, un incapaz o no estás lo suficientemente preparado para acometer cualquiera de esas dos hermosas empresas, si es desgraciadamente así, vete entonces a sublimar, sin tardar, al cine (que es la mayor máquina de sublimación que se ha inventado jamás), en un suspirar. De esa forma, a la mañana siguiente, en lugar de masacrar a todos tus compañeros de trabajo, a los que ya no soportas más, y sin olvidarnos de los odiosos amigos, esposa, amante y la posible horrible descendencia, con la recortada que te compraste cuando estuviste en Nueva York (visitando el MoMA) o el hacha con la que cortas la leña para la chimenea de la mansión, te detendrás, meditarás y decidirás cambiar, mejorar, repartirás, por lo tanto, amor, a diestro y siniestro, estarás por fin satisfecho y relajado, completo, habrás dormido tranquilo como un lago suizo, así será después de haber purificado tu alma enquistada, angustiada, con el cine más adecuado.
Lo digo como si fuera un entomólogo, desapasionadamente, es solo la constatación brutal de un hecho esencial.
Buenas noticias: es una obra sin motivo ni excusas, ni moralina, monsergas o chorradas. Todo es porque sí. Sin causa ninguna ni motor primero. Ateísmo rotundo. Como piedra en lo profundo.
Malos augures: si por lo que sea no pones de tu parte o no vas muy salido y sediento de sangre al cine, el espectáculo abismal poco te dirá, será como poner el sillón delante de una escalera mecánica, asistir a una operación a corazón abierto, ascender el Kilimanjaro de rodillas inclinado, presenciar a un albañil con su perforadora o una colisión de trenes en la selva negra. Algo frío, robótico, como la música de las esferas, el sonido del silencio o la honradez de un gerifalte. Nada por aquí, nada por allá.
Homenajes: "La dama de Shanghai" y "Conan, el destructor" por el juego de espejos o la cristalería desarmada; "El corazón del ángel" por el descenso a los infiernos en ascensor con mirilla (como de sacristía); "Soy leyenda" por el hombre y el perro solitarios; "La ley del silencio" por las palomas en la azotea.
Parecidos razonables: el maloso Santino es una mezcla bastarda del triunvirato formado por Rufus Sewell, Alain Delon (Dios me perdone) y Jordi Mollá. El negro ¿recepcionista? del Hotel Continental (existencial, limbo o embajada diplomática de algún país austral) es, además de cancerbero del averno, el hijo secreto del mítico actor fordiano Woody Strode.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Se confirma mi intuición, lo que nadie me creyó cuando yo lo decía, todos los que nos rodean forman parte de una gran farsa, son actores y asesinos potenciales a la espera de la orden. Tenemos las horas contadas. No nos queda nada.
La única pega es la cojera. Después de recibir mil balazos, hondonadas de hostias, varios descabellos y atropellos, uno no se vuelve rengo de un día para otro como si tal cosa, está inmunizado, eso sí que no, es más bien al revés, andarás recto como una escoba, enhiesto como un abeto, erguido como una vela, duro y perfecto como un soneto, a sabiendas del orgullo que te contempla.
Acabo con unos pocos versos escogidos para todos los públicos:
Piensan que es la muerte algunos;
otros, viendo su rigor,
le llaman el día del juicio,
pues es total perdición.
P.D.: Aunque así lo parezcan, estas líneas magistrales con las que corono este bello y enjundioso escrito no son mías, se las debo al sin par Quevedo, un mítico actor porno ya muerto pero de talla parecida a Rocco Siffredi, el potro italiano, o al más nacional, y brutal, Nacho Vidal. Más o menos igual. El mismo rango sideral.
5
19 de mayo de 2017 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película aporta bastante poco de su antecesora, claramente no creará nuevos fans como lo era yo de Jhon wick, esta bien ver de nuevo las hazañas de wick pero poco más, entretenida sin más
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