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Críticas 148
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
7
13 de octubre de 2008
136 de 145 usuarios han encontrado esta crítica útil
He visionado las dos películas, y ciertamente el argumento es el mismo, los diálogos en la mayoría de las situaciones son muy parecidos, aunque también es evidente que James Mangold, han introducido más fuerza y acción, más vitalidad y mucho más dramatismo. A mí modesta opinión, resultan dos películas iguales (por temática), y a la vez diferentes (por el desarrollo).

La mayoría de opiniones que he leído comparan: Crowe//Ford, Bale//Heflyn, y realmente en éste ultimo caso, la interpretación de Christian Bale (tiene mucha fuerza dramática, más matices, solamente las personas que han pasado por situaciones parecidas, pueden entender su forma de actuar), la interpretación de Van Heflyn, es muy inocua y sin inflexiones, ni registros interpretativos. Todas estas variaciones son obra de James Mangold. Aparte de lo comentado, hay que tener en cuenta los nuevos personajes introducidos, y las características de algunos de éstos, lo que da un desarrollo a la película totalmente diferente.
Christian Bale
1.- El Charlie Prince de Ben Foster (inmenso trabajo, el de éste actor), no tiene comparación al realizado por Richard Jaeckel.
2.- La introducción del cazador de recompensas, interpretación de Peter Fonda (impagable).
3.- La banda de forajidos que nos presentó Delmer Daves, son unos angelitos, comparados con la pinta de individuos que nos trae James Mangold.
4.- Es muy cierto que existen fallos, pero también existen en la otra versión. La procesión del enterramiento del mayoral asesinado, en la primera versión, deja mucho que desear, pues su finalidad es que el hermano del difunto, pueda enfrentarse a Ben Wade.
5.- El final es mucho más dramático.
Por todo lo comentado, para mí es una película de Notable. Ojalá muchos otros Directores se atreviesen a realizar remakes, eso si bien realizados.
1 de abril de 2009
135 de 144 usuarios han encontrado esta crítica útil
Magnífico trabajo de director John Frankenheimer, que recoge un episodio sobre el expolio que Alemania quería someter a Francia a finales de la segunda guerra mundial. Basada en el libro “Le front de l´Art” de Rose Valland, responsable del museo Jeu de Paume, lugar donde se almacenaban las obras de arte que los alemanes habían saqueado de Museos y colecciones privadas de Francia antes de su traslado a Alemania, guionizada por Franklin Coen y Frank Davis (consiguieron un Oscar en el apartado de Mejor guión adaptado), espléndida música del malogrado Maurice Jarre y con la excelente fotografía de Jean Tournier & Walter Wottitz.

Como en otras películas bélicas, Frankenheimer utilizó el rodaje en blanco y negro para transmitir la idea del tono documental. En cuanto a la ambientación es más que aceptable, aunque mucho del material pesado que podemos ver es norteamericano.

Sin duda se trata de la mejor película de su director, y cuenta con un gran reparto: Burt Lancaster, en el papel “Labiche” inspector de trenes y que intentará recuperar el botín. Paul Scofield, como el coronel alemán “Von Waldheim” que intentará por todos los medios hacer llegar el tren a Berlín. Michel Simón “Papa Boule”, Jeanne Moreau “Christine”, Suzanne Flon “Miss Valland”, Wolfgang Preiss, Albert Remy, etc.
Burt Lancaster
La película es una obra imprescindible de ritmo vivísimo y precisión casi matemática, el magnífico trabajo de dirección y la enorme capacidad de Frankenheimer para sugerir emoción y riesgo con una gran limitación de medios. Con unas interpretaciones sobresalientes y una acción magníficamente rodada, que junto con un guión espléndido y un estilo vibrante y emocionante que no da respiro. Incluso vista hoy, cuarenta y pico años después de su rodaje, es imposible no resaltar la espectacularidad e impresionante magnitud de la película.

En suma, una obra maestra imperecedera, recomendable al cien por cien, sobre todo por las múltiples lecturas humanas, políticas e históricas que abre.

Siguen comentarios en el “Spoiler”
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“El tren” nos sumerge en el clima contradictorio de la época: unos alemanes que se saben derrotados pero que se resisten a dejar de seguir provocando daño, una resistencia que prefiere sacrificar vidas humanas antes que perder obras de arte que considera parte del orgullo nacional, imagen de la identidad francesa (aunque entre los pintores los haya no franceses como Picasso, por ejemplo, cuyo nombre aparece múltiples veces en las cajas de embalaje, también nos encontramos con nombres como Matisse, Cezanne, Degas, Gaugin y otros).

Y también el combate físico y moral, de Paul Scofield y Burt Lancaster soberbios y majestuosos en sus respectivos papeles, el primero como hombre al que no le importa que sus tropas mueran por conservar las obras, el segundo, como defensor de la vida, reticente a perderla por la defensa de unos lienzos cubiertos de garabatos, que no obstante terminará poniéndose en riesgo para salvarlas cuando comprende el poder simbólico que encierran más allá de la calidad o del gusto.
Michel Simon & Burt Lancaster
Finalmente, la mayor parte del presupuesto se gastó en trenes. El tren con las obras de arte es el mismo tren que usaba el equipo de producción para llevar material de una localidad a otra. Y el "choque de trenes" es totalmente auténtico.
3 de agosto de 2011
133 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película de Alan Parker “El expreso de medianoche”, es un durísimo y amargo drama penitenciario, basado en un excelente guión Oliver Stone sobre “un hecho real”, la cinta nos relata todas las vicisitudes por las que pasó Billy Hayes, ciudadano norteamericano, por su inmenso error (querer pasar dos kilos de droga pegados alrededor de la cintura), lógicamente al ser detenido por la policía turca cuando intentaba subir al avión que lo trasladaría a su país, empieza su verdadero y particular infierno.

Evidentemente toda la culpa es suya ya que nadie le obligó a realizar tal acción, y cuando la policía turca le detiene, como su delito es considerado muy grave según la justicia local y las relaciones con su país de origen son casi inexistentes, se nos despliega a los espectadores una serie de sensaciones de gran crudeza, derrota y desasosiego. Cualquier ser humano llegaría a la locura, si realmente llegara a experimentar todas esas experiencias vejatorias por las que pasa Billy Hayes (gran interpretación de Brad Davis), envuelto en una atmósfera desagradable y rodeado de personajes enloquecidos, drogadictos histriónicos (magnífico John Hurt), y perseguido por un asqueroso y obeso director de la penitencia (correcto Paul Smith).
En la película no faltan escenas conmovedoras, las visitas de su padre impotente delante de la situación en que se encuentra su hijo, y aún más conmovedoras son las escenas con su novia. Excelente la partitura de Giorgio Moroder, en una perfecta sincronía con cada fotograma y particularmente en la escena final de la cinta.

“Nunca hagas lo que no debes, y mucho menos en país que no conoces”.
18 de marzo de 2009
133 de 142 usuarios han encontrado esta crítica útil
De las manos de René Clément "A pleno sol", llegó a convertirse en un clásico del cine noir europeo, ésta versión de una de las novelas más celebradas de la norteamericana Patricia Highsmith, un modelo seguido e imitado por muchos, pero ninguno de ellos lo ha conseguido plasmar en la pantalla, tan magníficamente como Clément, que pocos años después consiguió el Oscar de la Academia por la película “Juegos prohibidos".

La versión de Patricia Highsmith, se convirtió en manos de Clément, en un film luminosamente siniestro, con un memorable trabajo de sus principales actores, empezando por un estupendo Maurice Ronet (En el papel del playboy Philippe Greenleaf, perfecto), y un poco por encima un Alain Delon, en estado de gracia (que realiza a la perfección el papel de Tom Ripley), un siniestro personaje, con una gran capacidad calculadora, maquiavélico, y que al verse despreciado una y otra vez, no dudará ni un instante en llevar a cabo su plan. “A pleno sol”, tiene además en el reparto a la hermosa Marie Laforet, una cantante de la que nunca se supo con claridad si lo es mejor que actriz.
Marie Laforêt
“A pleno sol”, es sin duda un argumento apasionante, que René Climent sabe llevar a la pantalla con frialdad y distancia, sin efectismo baratos y practicando un psicologismo basado en el análisis de los pequeños detalles. Una más que recomendable película que en su día demostró que Europa, podía arrebatar a Estados Unidos, la hegemonía del género negro, es una lastima, que hoy en día dicha película no sea más revisada.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hay escenas impagables, en el film.

1.- La salida en barco de los tres amigos, con las repetidas escenas de menosprecio de Phillippe hacia Tom, que finaliza con el asesinato de Philippe por parte de Tom, ésta escena está realizado con una rapidez memorable.

2.- La frialdad que demuestra Tom, después de asesinar al amigo norteamericano de Philippe, se pone tranquilamente a comer, teniendo el cadáver al lado. Así como la bajada por las escaleras de dicho cadáver, haciendo ver que está borracho.

3.- La escena en la que Tom Ripley, se está probando la ropa de Greenleaf, y cuando éste le descubre sigue como si tal, escuchado lo que le dice Philippe “por mucho que te los pruebes nunca podrás llevar ésta ropa, no es de tú estilo”.

4.- La escena cumbre y final, cuando enganchado en ancla del barco, se encuentra el cadáver de Philippe Greenleaf, mientras Tom se está tomando tranquilamente una bebida refrescante en un bar del puerto.
15 de junio de 2011
129 de 137 usuarios han encontrado esta crítica útil
A los occidentales se nos hace difícil comprender el alma rusa, para ello es preciso, ante todo, darse cuenta del medio social, moral y físico donde nace y se desenvuelve esta alma. A través de la música de sus grandes compositores, se puede percibir la sensibilidad que se desprende de sus músicas, y los que hayan leído ó visto representado en cine a sus grandes autores, seguro que también les habrá llegado la profunda tristeza y melancolía que emanan sus obras, no importa de que autor se trate ya que en todos ellos siempre habrá personajes que nos lleguen a conmover. El pueblo ruso de siempre ha sido el más desgraciado, el más oprimido y el más avasallado de la tierra. Sus más grandes escritores han sido maltratados, sus obras han sido tachadas y corregidas, si no prohibidas y han tenido que soportar los más duros silencios, las purgas y deportaciones más degradantes.

Boris Pasternak, premio Nobel de literatura, y autor la de épico-romántica novela “El Doctor Zhivago”, no podía ser la excepción, y ante el temor de perder a su familia, renunció al galardón de la academia sueca. Pero todo ello en vez de acallar su obra, la encumbró hacia las más altas cotas que jamás se hubiera esperado. El argumento de “El doctor Zhivago” es un inmenso retrato de la historia y el alma rusas (de la que antes ya he mencionado), y que pone a prueba los límites de la literatura para hablar de todo aquello que convulsiona el alma humana: amor y pasión, ideología, historia, religión, naturaleza, y que apela a la poesía como uno de los últimos y más dignos de los refugios.
David Lean con su habitual maestría y a pesar de aquellos que le consideraban acabado, consiguió plasmar en la pantalla “Doctor Zhivago”, con la colaboración del guionista Robert Bolt, y entre los dos consiguieron la hazaña de condensar una de las obras literarias más complejas y quizás de las menos adaptables. Con un reparto sobresaliente (todos los interpretes rozan la perfección), una música genial de Maurice Jarre y unos escenarios soberbios y magistralmente fotografiados por Freddie Young, sin cuyo trabajo la película no sería lo que es.

David Lean nos legó una de las más hermosas películas de la historia del cine.
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