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6,4
48.892
7
23 de febrero de 2015
23 de febrero de 2015
25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Que Clint Eastwood es una leyenda viva del séptimo arte es una realidad que no debería sorprendernos a nadie. Su talento para narrar historias está fuera de cualquier atisbo de duda, y es uno de los realizadores que mejor saben enlazar la dimensión más dramática y emocional del relato con la vertiente más comercial, consiguiendo de ese modo congraciarse con la crítica y con el gran público a partes iguales. Por eso, cada estreno suyo es recibido con cariño, respeto y admiración, lejos de ideas preconcebidas y juicios de valor anticipados.
Sin embargo, este año, muchos fueron los que clamaron al cielo cuando llegó a nuestras pantallas "Jersey Boys", el biopic musical sobre Frankie Valli y los Four Seasons, en el que el longevo director se asomaba a un nuevo género con resultados que no satisfacieron a todo el mundo, lo que llevo a los falsos profetas del apocalipsis cinematográfico a vaticinar el declive en la carrera del hombre que parió "Sin Perdón". Pese a que un servidor, como melómano que es, disfruto de aquel título, si percibió síntomas de agotamiento en el tono empleado en aquella película, motivo por el que la llegada a nuestras pantallas de ese "American Sniper", suponía un salto de fe para recuperar la confianza en uno de mis directores más queridos.
Avalada por su arrollador éxito en el mercado norteamericano, y por el reconocimiento de la crítica en forma de nomaciones a los premios de la Academia, nos frotábamos las patitas como moscas acechando lo nuevo de Eastwood. Y una vez disfrutado el regalo que nos ha hecho el bueno de Clint, hay que reconocer que el que tuvo, retuvo.
Es cierto que no estamos ante una joya dentro de la filmografía del director. Sin embargo, muchos de los elementos que uno busca encontrarse en uno de sus títulos, asoman la cabeza sin miedo en este biopic del soldado de los Seals, Chris Kyle. Eastwood aporta su talento para construir una narración que avanza a saltos entre el cine bélico y el drama familiar sin que la historia se resienta en su ritmo ni en su sentimiento. Con esa capacidad que tiene para mezclar la violencia, con la condena de la misma en un ambiguo juego de intenciones que funciona como crítica a la crueldad del ser humano, Eastwood confirma su gusto por la acción a la vez que consigue plasmar detalles antibelicistas en una cinta que, por otra parte, termina abogando por un espíritu patriótico que, en cierta medida, resta lustre al mensaje que pretende trascender la pantalla, convirtiendo las balas lanzadas contra ese juego estúpido que es la guerra, en metralla al servicio de la causa de su nación, motivo por lo que algunos no han tardado en acusarla de propagandística. Algo que creo que se consigue esquivar gracias al desarrollo psicológico que se lleva a cabo del personaje de Kyle, que resulta bastante completo, aunque no arrollador, en esa muestra del efecto que el ideal puede ejercer sobre el individuo si consigue superponerse a él, destrozando su psique en un juego emocional que consigue, en la figura de Bradley Cooper, componer un personaje complejo cuya presencia en pantalla consigue imponer su fuerza emocional a su imponencia física.
Todo ello con un despliegue de medios al servicio de la historia que consiguen plasmar muchos momentos de gran cine de acción para una cinta que sabe jugar sus puntos fuertes con un ritmo constante y en continuo crescendo. El sonido, los efectos visuales y los digitales saben convivir al lado de el perfil más sentimental de la trama, demostrando la magia de un director que en esto del séptimo arte, no es para nada un novato. Una cinta que pese a su remanente patriótico, se disfruta por lo que es, y por lo que implica: que aún tenemos Eastwood para rato.
Sin embargo, este año, muchos fueron los que clamaron al cielo cuando llegó a nuestras pantallas "Jersey Boys", el biopic musical sobre Frankie Valli y los Four Seasons, en el que el longevo director se asomaba a un nuevo género con resultados que no satisfacieron a todo el mundo, lo que llevo a los falsos profetas del apocalipsis cinematográfico a vaticinar el declive en la carrera del hombre que parió "Sin Perdón". Pese a que un servidor, como melómano que es, disfruto de aquel título, si percibió síntomas de agotamiento en el tono empleado en aquella película, motivo por el que la llegada a nuestras pantallas de ese "American Sniper", suponía un salto de fe para recuperar la confianza en uno de mis directores más queridos.
Avalada por su arrollador éxito en el mercado norteamericano, y por el reconocimiento de la crítica en forma de nomaciones a los premios de la Academia, nos frotábamos las patitas como moscas acechando lo nuevo de Eastwood. Y una vez disfrutado el regalo que nos ha hecho el bueno de Clint, hay que reconocer que el que tuvo, retuvo.
Es cierto que no estamos ante una joya dentro de la filmografía del director. Sin embargo, muchos de los elementos que uno busca encontrarse en uno de sus títulos, asoman la cabeza sin miedo en este biopic del soldado de los Seals, Chris Kyle. Eastwood aporta su talento para construir una narración que avanza a saltos entre el cine bélico y el drama familiar sin que la historia se resienta en su ritmo ni en su sentimiento. Con esa capacidad que tiene para mezclar la violencia, con la condena de la misma en un ambiguo juego de intenciones que funciona como crítica a la crueldad del ser humano, Eastwood confirma su gusto por la acción a la vez que consigue plasmar detalles antibelicistas en una cinta que, por otra parte, termina abogando por un espíritu patriótico que, en cierta medida, resta lustre al mensaje que pretende trascender la pantalla, convirtiendo las balas lanzadas contra ese juego estúpido que es la guerra, en metralla al servicio de la causa de su nación, motivo por lo que algunos no han tardado en acusarla de propagandística. Algo que creo que se consigue esquivar gracias al desarrollo psicológico que se lleva a cabo del personaje de Kyle, que resulta bastante completo, aunque no arrollador, en esa muestra del efecto que el ideal puede ejercer sobre el individuo si consigue superponerse a él, destrozando su psique en un juego emocional que consigue, en la figura de Bradley Cooper, componer un personaje complejo cuya presencia en pantalla consigue imponer su fuerza emocional a su imponencia física.
Todo ello con un despliegue de medios al servicio de la historia que consiguen plasmar muchos momentos de gran cine de acción para una cinta que sabe jugar sus puntos fuertes con un ritmo constante y en continuo crescendo. El sonido, los efectos visuales y los digitales saben convivir al lado de el perfil más sentimental de la trama, demostrando la magia de un director que en esto del séptimo arte, no es para nada un novato. Una cinta que pese a su remanente patriótico, se disfruta por lo que es, y por lo que implica: que aún tenemos Eastwood para rato.

5,4
18.243
7
31 de agosto de 2013
31 de agosto de 2013
25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay nombres que a lo largo de la historia han hablado por sí solos dentro de su mundo. Buster Keaton, o Charles Chaplin son nombres propios del cine mudo; Hitchcock escribió con letras mayúsculas los cánones del suspense; John Ford esculpió el western; Coppola o Kubrick elevaron a la perfección el lenguaje cinematográfico. Todos son nombres propios que marcaron una época que durará hasta la eternidad. Dentro del siglo XXI, el cine tal y como lo conocíamos ha cambiado en pos de la búsqueda del más grande y el más espectacular. La coherencia se esconde tras toneladas de ruido y artificio. Y si nos fijamos en el humor, la ironía y el sarcasmo han muerto sepultadas por el histrionismo y lo grotesco.
Existen, no obstante, algunos nombres propios que llevan más de una década intentando dignificar esto del humor dentro de la gran pantalla con mejores y peores resultados. Buscando la comunión perfecta entre la originalidad, la calidad, y por que no, la escatología y el mal gusto, para de esta manera, contentar a todos los públicos. "Juerga hasta el fin", con la batuta de Evan Goldberg y Seth Rogen, reunen a muchos de esos nombres propios ya sea en papeles principales o en hilarantes cameos. Ver en pantalla nuevamente a los "supersalidos" Jonah Hill, Michael Cera y Christopher Mintz-Plasse, o a los "freeks" por excelencia James Franco, Seth Rogen y Jason Segel, demuestra por donde van los tiros de esta película. Una reivindicación del humor más salvaje que se ha visto desde finales de los 90 hasta la actualidad.
Pero es que "Juerga hasta el fin" va más allá. Coge a todos esos actores, y muchos más, los patea, los ridiculiza, los ultraja, los sodomiza, y los deja listos para recoger las lágrimas de risa del respetable. Porque pese a quien le pese, en este engendro cinematográfico parido por Goldberg y Rogen, hay espacio para todo, pero sobre todo, para un excelente sentido de la autocrítica por parte de TODO su reparto (incluidos más de un sorprendente cameo). Hay gags mordaces, chistes burdos, escenas hilarantes, momentos de relleno, y diálogos de lo más absurdo que recuerdo en la comedia más reciente.
La inexistencia de límites y la capacidad para estirar el absurdo hasta proporciones insospechadas convierten "Juerga hasta el fin" en una obra que no se toma en serio nada, ni lo pretende. Su máxima pretensión es la diversión pura y dura en una fiesta apocalíptica en la que todos estamos invitados... y creedme que esta bacanal, merece la pena.
Existen, no obstante, algunos nombres propios que llevan más de una década intentando dignificar esto del humor dentro de la gran pantalla con mejores y peores resultados. Buscando la comunión perfecta entre la originalidad, la calidad, y por que no, la escatología y el mal gusto, para de esta manera, contentar a todos los públicos. "Juerga hasta el fin", con la batuta de Evan Goldberg y Seth Rogen, reunen a muchos de esos nombres propios ya sea en papeles principales o en hilarantes cameos. Ver en pantalla nuevamente a los "supersalidos" Jonah Hill, Michael Cera y Christopher Mintz-Plasse, o a los "freeks" por excelencia James Franco, Seth Rogen y Jason Segel, demuestra por donde van los tiros de esta película. Una reivindicación del humor más salvaje que se ha visto desde finales de los 90 hasta la actualidad.
Pero es que "Juerga hasta el fin" va más allá. Coge a todos esos actores, y muchos más, los patea, los ridiculiza, los ultraja, los sodomiza, y los deja listos para recoger las lágrimas de risa del respetable. Porque pese a quien le pese, en este engendro cinematográfico parido por Goldberg y Rogen, hay espacio para todo, pero sobre todo, para un excelente sentido de la autocrítica por parte de TODO su reparto (incluidos más de un sorprendente cameo). Hay gags mordaces, chistes burdos, escenas hilarantes, momentos de relleno, y diálogos de lo más absurdo que recuerdo en la comedia más reciente.
La inexistencia de límites y la capacidad para estirar el absurdo hasta proporciones insospechadas convierten "Juerga hasta el fin" en una obra que no se toma en serio nada, ni lo pretende. Su máxima pretensión es la diversión pura y dura en una fiesta apocalíptica en la que todos estamos invitados... y creedme que esta bacanal, merece la pena.
13 de enero de 2012
13 de enero de 2012
26 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tan sólo han pasado dos años de la llegada a los cines de las películas basadas en la célebre trilogía de Stieg Larsson. Las adaptaciones suecas de la saga Millenium, dejaron fríos a los fans de las novelas no por sus paisajes helados e invernales, sino por ser incapaces de reconstruir el universo creado por el autor. Y dos años después, con muy poco tiempo para evitar las comparaciones con su predecesora, Hollywood nos hace llegar el remake de la primera de aquellas películas, y probablemente la mejor.
Para ello, Columbia Pictures ha elegido al que probablemente sea el director que mejor domina la intriga y los ambientes de la actualidad. David Fincher, acuciado por las prisas de los estudios, ha vuelto al thriller, el género que le hizo grande, y en su versión, no se notan las prisas de una mano inexperta, sino la calidad de un genio que cada vez sorprende un poco más.
Fincher, se erige como conocedor perfecto del libreto de Larsson, y convierte en imágenes las palabras del tristemente fallecido autor sueco, modelando con su cámara una atmósfera fría e inquietante cargada de angustia y dolor, de rabia y de venganza, de injusticias y maltratos. Su película es fiel reflejo de un libro oscuro, lleno de aristas que el director de "Seven" sabe sortear y hacer que jueguen a su favor. Con un dominio espléndido de los primeros planos y de los movimientos de cámara, y una gran influencia de Hitchcock, desarrolla una trama in crescendo desde unos créditos iniciales espectaculares, hasta el desenlace que merecía esta película para enlazar perfectamente con sus posteriores entregas.
Por si fuera poco, David Fincher tiene de su parte a Rooney Mara, que aunque a priori tenía el papel más complicado por las inevitables comparaciones que surgirían con Noomi Rapace (y su fabulosa interpretación de Lisbeth Salander), consigue hacer olvidar el gran trabajo de la actriz sueca, ofreciéndonos un personaje nuevo, capaz de desprender de su mirada odio o ternura con una facilidad que apabulla. Pero ella no es la única que luce, en un reparto que se sabe en manos de un gran director, y que explota su potencial al servicio de la película, como es el caso de un Daniel Craig caradura y lleno de carisma al mejor estilo "Kalle Bloomkvist de los cojones". Todo ello, aderezado con una banda sonora a cargo de Atticus Ross y Trent Reznor (ganadores del Óscar por la B.S.O. de "La red social"), capaz de templar los nervios o crisparlos al ritmo de su partitura y sus atmósferas cargadas de desasosiego.
Raros son los casos en los que una película consigue ponerse a la altura de un gran libro. Sólo unos pocos agraciados son capaces de conseguirlo, y David Fincher lo ha conseguido. Ha creado 160 minutos del más sórdido thriller para dejarnos con ganas de más... y por que no soñar, mejor.
Para ello, Columbia Pictures ha elegido al que probablemente sea el director que mejor domina la intriga y los ambientes de la actualidad. David Fincher, acuciado por las prisas de los estudios, ha vuelto al thriller, el género que le hizo grande, y en su versión, no se notan las prisas de una mano inexperta, sino la calidad de un genio que cada vez sorprende un poco más.
Fincher, se erige como conocedor perfecto del libreto de Larsson, y convierte en imágenes las palabras del tristemente fallecido autor sueco, modelando con su cámara una atmósfera fría e inquietante cargada de angustia y dolor, de rabia y de venganza, de injusticias y maltratos. Su película es fiel reflejo de un libro oscuro, lleno de aristas que el director de "Seven" sabe sortear y hacer que jueguen a su favor. Con un dominio espléndido de los primeros planos y de los movimientos de cámara, y una gran influencia de Hitchcock, desarrolla una trama in crescendo desde unos créditos iniciales espectaculares, hasta el desenlace que merecía esta película para enlazar perfectamente con sus posteriores entregas.
Por si fuera poco, David Fincher tiene de su parte a Rooney Mara, que aunque a priori tenía el papel más complicado por las inevitables comparaciones que surgirían con Noomi Rapace (y su fabulosa interpretación de Lisbeth Salander), consigue hacer olvidar el gran trabajo de la actriz sueca, ofreciéndonos un personaje nuevo, capaz de desprender de su mirada odio o ternura con una facilidad que apabulla. Pero ella no es la única que luce, en un reparto que se sabe en manos de un gran director, y que explota su potencial al servicio de la película, como es el caso de un Daniel Craig caradura y lleno de carisma al mejor estilo "Kalle Bloomkvist de los cojones". Todo ello, aderezado con una banda sonora a cargo de Atticus Ross y Trent Reznor (ganadores del Óscar por la B.S.O. de "La red social"), capaz de templar los nervios o crisparlos al ritmo de su partitura y sus atmósferas cargadas de desasosiego.
Raros son los casos en los que una película consigue ponerse a la altura de un gran libro. Sólo unos pocos agraciados son capaces de conseguirlo, y David Fincher lo ha conseguido. Ha creado 160 minutos del más sórdido thriller para dejarnos con ganas de más... y por que no soñar, mejor.
8
25 de diciembre de 2012
25 de diciembre de 2012
23 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
No esperaba encontrarme con esto. Como las grandes sorpresas de la vida, aparecen sin avisar. Dejan su sello y se van. Y al revivirlas en la memoria, se descubre la grandeza de algo simple y sencillo, que se ha construido a base de sentimientos.
Entre las escenas de "Paperman", se esconden lineas de vida. Su historia no desarma, pero si golpea por su simpleza y sinceridad. "Paperman" es amor. Es un cruce de miradas... una lucha contra los elementos... y un dejarse llevar por el destino. Sin palabras, sólo con amor, así avanza esta historia... al igual que muchas cosas en la vida, en las que sobran las palabras y sólo se necesita amor.
"Paperman" se sabe romántico, y sentimental, y explota su vena por derroteros ya conocidos, pero bellamente compuestos con unas imágenes que hablan por sí solas. Al final, con los créditos finales, uno se siente desarmado ante una historia mágica y vital que en su preciosista forma y en su sentido fondo busca la perfección que no le queda tan lejos.
Entre las escenas de "Paperman", se esconden lineas de vida. Su historia no desarma, pero si golpea por su simpleza y sinceridad. "Paperman" es amor. Es un cruce de miradas... una lucha contra los elementos... y un dejarse llevar por el destino. Sin palabras, sólo con amor, así avanza esta historia... al igual que muchas cosas en la vida, en las que sobran las palabras y sólo se necesita amor.
"Paperman" se sabe romántico, y sentimental, y explota su vena por derroteros ya conocidos, pero bellamente compuestos con unas imágenes que hablan por sí solas. Al final, con los créditos finales, uno se siente desarmado ante una historia mágica y vital que en su preciosista forma y en su sentido fondo busca la perfección que no le queda tan lejos.

6,0
19.353
8
15 de junio de 2013
15 de junio de 2013
22 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Da igual la fortaleza física, la energía vital o la calidad moral de una persona. Cuando nuestra mente se derrumba, se lleva por delante todo lo demás. Pocas cosas ofrecen un abanico de posibilidades tan infinito como el de la psicología humana y sus vastos y escarpados mapas. Un terreno abonado de brillantes y oscuros caminos del que aún no conocemos todo su potencial. Recurriendo al mito del 10% de empleo de nuestrocerebro... ¿qué se ocultará en el 90% restante?
A traves de Goya y su obra, Danny Boyle compone un soberbio lienzo que se disfraza de Macguffin, con un arranque que nos devuelve, por momentos al genial director de "Trainspotting". Sin embargo, Danny Boyle va un paso más allá. El británico tiende su genialidad hacia el mayor maestro del séptimo arte que dieron las islas angloparlantes, Alfred Hitchcock, ofreciendo un thriller neo-noir que reinventa todos los elementos del género que el director de "La soga" elevó a la categoría de maravilla. Con el Macguffin servido, el trío protagonista se vertebra siguiendo los cánones clásicos: el simpático perdedor en la figura de James McAvoy; el malvado criminal que toma el rostro de Vincent Cassel; y la femme fatale más espectacular que se recuerda en los últimos años del universo cinematográfico, en una espectacular Rosario Dawson, que sin duda demuestra en "Trance" todo su potencial como actriz.
Y hasta aquí merece la pena leer. Lo demás, es mejor experimentarlo por uno mismo. Porque Danny Boyle saca a relucir su maestría para dotar de ritmo y vida a una cinta que se sumerge en las profundidades de la psicología de esos personajes hasta ahora tan convencionales, ofreciendo una perspectiva de ellos abrumadora. Un rompecabezas vertebrado alrededor de un juego de psicología y tensión, que confunde paisajes reales y oníricos, despistando y jugando con el espectador, a la vez que se plasma en la pantalla el talento de un realizador con letras mayúsculas.
Todo lo demás, mejor reservarlo para el patio de butacas. Porque "Trance" es un sugestivo juego de manos que gana enteros cuando menos se conoce de él. Como si de un ejercicio de regresión colectiva se tratara, esta soberbia muestra de buen cine, adquiere poderes sobrenaturales cuando el espectador se relaja en la butaca, abre bien los ojos, agudiza los sentidos y se deja hipnotizar por una de las cintas que, sin duda, más merecen la pena en lo que va de 2013.
A traves de Goya y su obra, Danny Boyle compone un soberbio lienzo que se disfraza de Macguffin, con un arranque que nos devuelve, por momentos al genial director de "Trainspotting". Sin embargo, Danny Boyle va un paso más allá. El británico tiende su genialidad hacia el mayor maestro del séptimo arte que dieron las islas angloparlantes, Alfred Hitchcock, ofreciendo un thriller neo-noir que reinventa todos los elementos del género que el director de "La soga" elevó a la categoría de maravilla. Con el Macguffin servido, el trío protagonista se vertebra siguiendo los cánones clásicos: el simpático perdedor en la figura de James McAvoy; el malvado criminal que toma el rostro de Vincent Cassel; y la femme fatale más espectacular que se recuerda en los últimos años del universo cinematográfico, en una espectacular Rosario Dawson, que sin duda demuestra en "Trance" todo su potencial como actriz.
Y hasta aquí merece la pena leer. Lo demás, es mejor experimentarlo por uno mismo. Porque Danny Boyle saca a relucir su maestría para dotar de ritmo y vida a una cinta que se sumerge en las profundidades de la psicología de esos personajes hasta ahora tan convencionales, ofreciendo una perspectiva de ellos abrumadora. Un rompecabezas vertebrado alrededor de un juego de psicología y tensión, que confunde paisajes reales y oníricos, despistando y jugando con el espectador, a la vez que se plasma en la pantalla el talento de un realizador con letras mayúsculas.
Todo lo demás, mejor reservarlo para el patio de butacas. Porque "Trance" es un sugestivo juego de manos que gana enteros cuando menos se conoce de él. Como si de un ejercicio de regresión colectiva se tratara, esta soberbia muestra de buen cine, adquiere poderes sobrenaturales cuando el espectador se relaja en la butaca, abre bien los ojos, agudiza los sentidos y se deja hipnotizar por una de las cintas que, sin duda, más merecen la pena en lo que va de 2013.
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