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8
4 de noviembre de 2009
4 de noviembre de 2009
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Realmente esta película me ha sorprendido gratificantemente. La vi con la idea de que sería una típica copia de "2001: una odisea del espacio" y me encontré con una película que no tiene nada que ver.
Con un gran guión consigue enganchar al público a la vez que sorprender cada vez más a medida que avanza la película, hasta llegar a un resultado final que sorprende y de muy buena manera. A falta de acción el director mete una pizca de carga emotiva y otra pizca de suspense que lleva al espectador a desear que llegue el final para ver lo que ocurre.
Para finalizar cabe destacar la cuidadísima fotografía y la genial actuación de Sam Rockwell.
Altamente recomendable para amantes y "no amantes" de este género
Con un gran guión consigue enganchar al público a la vez que sorprender cada vez más a medida que avanza la película, hasta llegar a un resultado final que sorprende y de muy buena manera. A falta de acción el director mete una pizca de carga emotiva y otra pizca de suspense que lleva al espectador a desear que llegue el final para ver lo que ocurre.
Para finalizar cabe destacar la cuidadísima fotografía y la genial actuación de Sam Rockwell.
Altamente recomendable para amantes y "no amantes" de este género
2006Animación, Voz: Hugh Jackman, Kate Winslet ...
5
23 de diciembre de 2009
23 de diciembre de 2009
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
La acabo de ver, es una película simpática, mas bien una parodia, con un humor bastante inteligente pero un poquillo escaso que juntado con algunos fantásticos gags y chistes la hacen muy divertida para los mas pequeños. No me ha convencido mucho aunque a ratos me he reido pero iba tan rapido la película que a veces me perdía.
Lo mejor: las babosas cantarinas y las parodias a otras películas escondidas.
Lo peor: la historia vista tropecientas veces y la rapidez de la película.
Lo mejor: las babosas cantarinas y las parodias a otras películas escondidas.
Lo peor: la historia vista tropecientas veces y la rapidez de la película.
4 de febrero de 2013
4 de febrero de 2013
46 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil
El género de terror debe reinvertarse. Fantasmas, apariciones, muertos vivientes, voces del más allá, asesinos en serie, profecías o asesinatos sin explicación son algunos de los muchos tópicos que nos bombardean la cartelera en la actualidad. En cada nueva película que ve la luz se guarda la esperanza de que pueda aportar algo nuevo, pero en contadas ocasiones esto finalmente se cumple. Aunque la taquilla refleje lo contrario, la fórmula de dar sustos a diestro a siniestro está empezando a agotar sus recursos y a cansar al espectador mínimamente exigente. Una idea española apadrinada por Guillermo del Toro hecha película de terror con caras famosas y, a priori, novedosa que alcanza la primera posición en la taquilla de USA. ¿Qué mas se puede pedir? Pensarán algunos. Otros en cambio, pedimos mucho más…
En 2008 Andrés y Barbara Muschietti presentaban un cortometraje de terror, donde, en tan sólo 3 minutos era capaz de crear y mantener la atención. Sus armas eran pocas, pero efectivas, y su dirección dejaba ver una promesa de futuro. Que la idea era buena no había duda, pero que su escasa duración dejaba con ganas de más, tampoco. Por desgracia, su salto a la gran pantalla produce la sensación contraria. Y es que la duración parece venirle grande a la historia original, llevándola a alargarse hasta volverse repetitiva y aburrida. Esto es problema del guión, cuya parte intermedia deja un completo vacío en lo que debería de ser el nudo y convierte la mitad de la película en una sucesión de escenas en las que la trama se estanca recurriendo al truco de mantener la atención y hacer saltar al espectador mediante algún que otro susto, que a pesar de la injustificación argumental de los mismos, amenizan con un poco de diversión el vacío de acción, aunque no es suficiente cómo para lograr que olvidemos la torpeza de su libreto.
En 2008 Andrés y Barbara Muschietti presentaban un cortometraje de terror, donde, en tan sólo 3 minutos era capaz de crear y mantener la atención. Sus armas eran pocas, pero efectivas, y su dirección dejaba ver una promesa de futuro. Que la idea era buena no había duda, pero que su escasa duración dejaba con ganas de más, tampoco. Por desgracia, su salto a la gran pantalla produce la sensación contraria. Y es que la duración parece venirle grande a la historia original, llevándola a alargarse hasta volverse repetitiva y aburrida. Esto es problema del guión, cuya parte intermedia deja un completo vacío en lo que debería de ser el nudo y convierte la mitad de la película en una sucesión de escenas en las que la trama se estanca recurriendo al truco de mantener la atención y hacer saltar al espectador mediante algún que otro susto, que a pesar de la injustificación argumental de los mismos, amenizan con un poco de diversión el vacío de acción, aunque no es suficiente cómo para lograr que olvidemos la torpeza de su libreto.

Jessica Chastain
Dos niñas son encontradas en el bosque tras haber pasado varios años desaparecidas desde que su madre fuera asesinada. Su tío decide acogerlas en su casa junto a su mujer para cuidar de ellas, las cuales aún se muestran “salvajes” tras su estancia en solitario. Nadie se explica cómo pudieron sobrevivir tantos años solas, aunque la pregunta tiene su respuesta en un “fantasma” al que llaman Mamá y que aún sigue detrás de ellas. De esta forma se presenta lo que podría haber sido una buena historia, con una buena ambientación, pero que por el contrario se ve demasiado afectada por lo estándares Hollywoodienses (es lo que tiene proyectar una cinta así internacionalmente) convirtiéndose en “una más” de tantas, que ni da miedo a los que busquen asustarse, ni entretiene a los que busquen divertirse. El excesivo número de clichés y tópicos del genero acaban incluso resultando molestos, y por momentos, algunas escenas rozan el patetismo, el cual coge su forma final en el malogrado desenlace. A pesar de todo esto, la factura técnica de la cinta es altamente destacable, desde la fotografía hasta la banda sonora, pero sobretodo, donde todas las miradas acaban centrándose; Jessica Chastain, tan espléndida (en todos los sentidos) como siempre, que convierte toda oportunidad de verla en pantalla en algo muy a tener en cuenta.

Jessica Chastain
Una película torpe, larga, aburrida y mal resuelta, que ni presenta nada nuevo, ni consigue causar la más mínima impresión al espectador. Siempre produce tristeza ver cómo proyectos que podían haber dado grandes frutos acaban cayendo en la mediocridad, pero en este caso, no es la primera vez que Guillermo del Toro desaprovecha una oportunidad así. Esperemos que a partir de ahora lo tenga más en cuenta a la hora de colocarse detrás de un proyecto, porque últimamente no levanta cabeza…
2 de noviembre de 2013
2 de noviembre de 2013
13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues sí. Algo pasa en el cine español. Supongo que tendrá algo que ver con los malos momentos que vive la industria, o con los malos momentos que vive el país, o posiblemente por una mezcla de ambas cosas, pero que las cosas están cambiando en el cine español es algo innegable. Tampoco es innegable que la gran mayoría de cosas están cambiando para mal, pero, como dijo un sabio (no sabemos si acertadamente), detrás de cada cosa mala viene una buena. Cineastas forzados a experimentar con nuevos medios, modelos de producción alternativos, una ruptura en los modos tradicionales de exhibición… son algunas de las cosas - supuestamente – buenas, en las que ‘Al final todos mueren’ sería un ejemplo a seguir de cómo afrontar la llegada de un apocalipsis industrial en el que, esperemos, al final no mueran todos…
4 jóvenes realizadores se unen en un proyecto común. El tema: el fin del mundo. Quedan pocos días para el fin de la humanidad a causa de un meteorito que impactará sobre la tierra. Esto no es una película americana, ningún héroe con exceso de testosterona intentará salvar a la especie humana de la catástrofe. Y es que al final todos mueren, ya lo dice el título. Con estas bases puestas desde el principio, asistimos a 4 historias, supuestamente conectadas entre sí, con una serie de protagonistas que encarnan distintas maneras de afrontar el fin del mundo en una mezcla de géneros que van desde el terror más oscuro, a la comedia más absurda. El resultado: una película curiosa e interesante, pero también extremadamente irregular.
Javier Botet es el encargado de abrir la veda con una enfermiza y dramática historia. El propio director se pone en la piel del asesino protagonista para desarrollar un relato inteligente cuyo oscuro tono, sin embargo, no se adecua al tono global que se espera de la cinta ni a su predecesor prólogo (brillante Javier Fesser). Un relato de terror sencillo e interesante que, sin embargo, resulta completamente fallido. Por suerte, Roberto Pérez Toledo se ocupará de levantar el decaído transcurrir de la cinta dando paso a la comedia romántica juvenil y preguntándose algo tan sencillo cómo qué pasaría si ante el fin del mundo todos empezaran a ofrecer en masa sus verdaderos sentimientos amorosos. Con esta premisa de lo que denomina “los románticos del fin del mundo” el director construye un relato muy acorde a su marcado estilo, cuyas bases ya ha ido dejando sentadas en sus cortometrajes y su ópera prima 'Seis puntos sobre Emma'. Un tono optimista y elegante que remonta con creces el pesimismo extremo del anterior relato y que demuestra, una vez más, el talento del director para el retrato eficaz y objetivo de las relaciones humanas.
Sin embargo, este tono alegre y (des)comprometido no durará mucho. Pablo Vara nos presenta la que probablemente sea la peor y más aburrida historia. Un relato denso lleno de caras conocidas que nos devuelve el pesimismo sacando a relucir las conductas humanas más primitivas e instintos de supervivencia que la presencia cercana de la muerte arrastra consigo. La propuesta, eso sí, interesante en un principio, no es capaz de evitar caer en la pretenciosidad. Pero como todo lo bueno se hace esperar, la llegada de David Galán Galindo también acarreará la llegada, a tiempo, de la historia más original y divertida de toda la película. Una historia construida únicamente con 2 personajes donde se enfrentan la esperanza y las ganas de vivir con el pesimismo y la muerte. El relato, lleno de referencias frikis, hará las delicias de todo el que buscaba en la película la comedia más absurda, y a su vez inteligente.
En conjunto, ‘Al final todos mueren’ es una cinta que a pesar de su cantidad de altibajos e irregularidades consigue, con éxito, demostrar que la falta de medios técnicos a veces se puede remontar con grandes ideas. Una película que sirve además de manera efectiva cómo plataforma de lanzamiento para la forja de 4 nuevos directores que, sin duda alguna, o ya han dado, o darán de que hablar en este – oscuro - futuro cinematográfico que nos espera.
4 jóvenes realizadores se unen en un proyecto común. El tema: el fin del mundo. Quedan pocos días para el fin de la humanidad a causa de un meteorito que impactará sobre la tierra. Esto no es una película americana, ningún héroe con exceso de testosterona intentará salvar a la especie humana de la catástrofe. Y es que al final todos mueren, ya lo dice el título. Con estas bases puestas desde el principio, asistimos a 4 historias, supuestamente conectadas entre sí, con una serie de protagonistas que encarnan distintas maneras de afrontar el fin del mundo en una mezcla de géneros que van desde el terror más oscuro, a la comedia más absurda. El resultado: una película curiosa e interesante, pero también extremadamente irregular.
Javier Botet es el encargado de abrir la veda con una enfermiza y dramática historia. El propio director se pone en la piel del asesino protagonista para desarrollar un relato inteligente cuyo oscuro tono, sin embargo, no se adecua al tono global que se espera de la cinta ni a su predecesor prólogo (brillante Javier Fesser). Un relato de terror sencillo e interesante que, sin embargo, resulta completamente fallido. Por suerte, Roberto Pérez Toledo se ocupará de levantar el decaído transcurrir de la cinta dando paso a la comedia romántica juvenil y preguntándose algo tan sencillo cómo qué pasaría si ante el fin del mundo todos empezaran a ofrecer en masa sus verdaderos sentimientos amorosos. Con esta premisa de lo que denomina “los románticos del fin del mundo” el director construye un relato muy acorde a su marcado estilo, cuyas bases ya ha ido dejando sentadas en sus cortometrajes y su ópera prima 'Seis puntos sobre Emma'. Un tono optimista y elegante que remonta con creces el pesimismo extremo del anterior relato y que demuestra, una vez más, el talento del director para el retrato eficaz y objetivo de las relaciones humanas.
Sin embargo, este tono alegre y (des)comprometido no durará mucho. Pablo Vara nos presenta la que probablemente sea la peor y más aburrida historia. Un relato denso lleno de caras conocidas que nos devuelve el pesimismo sacando a relucir las conductas humanas más primitivas e instintos de supervivencia que la presencia cercana de la muerte arrastra consigo. La propuesta, eso sí, interesante en un principio, no es capaz de evitar caer en la pretenciosidad. Pero como todo lo bueno se hace esperar, la llegada de David Galán Galindo también acarreará la llegada, a tiempo, de la historia más original y divertida de toda la película. Una historia construida únicamente con 2 personajes donde se enfrentan la esperanza y las ganas de vivir con el pesimismo y la muerte. El relato, lleno de referencias frikis, hará las delicias de todo el que buscaba en la película la comedia más absurda, y a su vez inteligente.
En conjunto, ‘Al final todos mueren’ es una cinta que a pesar de su cantidad de altibajos e irregularidades consigue, con éxito, demostrar que la falta de medios técnicos a veces se puede remontar con grandes ideas. Una película que sirve además de manera efectiva cómo plataforma de lanzamiento para la forja de 4 nuevos directores que, sin duda alguna, o ya han dado, o darán de que hablar en este – oscuro - futuro cinematográfico que nos espera.
5 de septiembre de 2012
5 de septiembre de 2012
24 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Que José Luis Garci es un hombre chapado a la antigua no es nada nuevo. En su faceta cómo director no hace otra cosa que demostrar una y otra vez que, para él, cualquier tiempo pasado fue mejor. Y ya si entre medias está su querida patria, no puedo imaginármelo si no es con la cara llena de lágrimas de nostalgia. Incluso cuándo tiene que remontarse a la España de finales del XIX, cuándo vivíamos en un completo atraso respecto a los grandes países Europeos, Garci saca el pecho y muestra, orgulloso, una nación exótica. Esta es la España de los toros, del cocido, las castañuelas… y de la corrupción y la especulación.
Porque lo que comienza en una declaración de amor del director a su nación, acaba convirtiéndose en un análisis de los inicios de la corrupción política que se alarga hasta nuestros días, dónde el director parece lamentarse de esa cara oculta, aunque lo único que consigue es navegar entre varios flancos ideológicos, confundiendo al espectador en lo que un servidor definiría cómo un corte de mangas a sus detractores. Todo esto mostrado a través los inocentes ojos de un par de extranjeros cultos, en este caso encarnados por la pareja creada por Conan Doyle (aunque bien podrían haber sido unos cualquieras) que, tras la pista de Jack el Destripador llegan a las madrileñas y oscuras calles de finales del XIX.
El problema es que ni cómo película de detectives, ni cómo análisis social la cosa acaba de funcionar. Quizás sea porque el motivo principal de la historia se acaba convirtiendo en una estupidez sin interés, o quizás porque los diálogos no dicen absolutamente nada… sea lo que sea, solamente hay que oír al propio Garci contando los problemas que tuvo a la hora de calificar el género de la película, para hacerse una idea de que ni él mismo sabe si es una comedia, un thriller detectivesco o un popurrí de todo ello en un drama de época. Al menos el director sigue fiel a su estilo. Muchas palabras que no dicen nada, personajes planos y acción mínima. Eso sí, algo tendrá que siempre consigue encandilarme con esos interminables planos fijos, esos encuadres perfectos y ese fundido encadenado que derrochan cine en estado puro, ese cine “extinto” de ritmo pausado que muchos echamos de menos, aunque valiéndose de recursos arriesgados y fáciles de criticar.
Garci recorre las calles de Madrid entre las fiestas de alta nobleza, las sobremesas culturales y los espectáculos de variedades dejando de lado el misterio y la intriga para crear una historia dónde los personajes se acaban convirtiendo en lo más destacable. Y si algo que el madrileño cuida muy bien es su reparto, en esta ocasión encabezado por un Gary Piquer que parece no saber muy bien cual es su papel, y un fantástico José Luis García Pérez alejado del Watson al que nos tienen acostumbrados. Eso sí, que nadie espere ni el estereotipo de Sherlock Holmes al que estamos acostumbrados, ni el héroe de acción de Ritchie, ni el fantástico sabelotodo de Moffat, porque aquí de intriga, acción o misterio hay más bien poco.
Puede que ‘Holmes & Watson: Madrid Days’ duerma y aburra al público convencional, resultando pretenciosa y completamente vacía al público más exigente, pero está claro que el cine actual “forma parte del centro comercial” y no nos tiene acostumbrados a películas como éstas, dónde disfrutar de las imágenes, el ambiente y los diálogos es lo importante. Una película que convencerá a los fans del director y a los que busquen algo más clásico. Garci está seguro de que el séptimo arte ha muerto, y cómo solución reclama salas de cine en los museos donde “exponer” las grandes obras maestras. Una pena que su nueva cinta no vaya a ser una de ellas…
Porque lo que comienza en una declaración de amor del director a su nación, acaba convirtiéndose en un análisis de los inicios de la corrupción política que se alarga hasta nuestros días, dónde el director parece lamentarse de esa cara oculta, aunque lo único que consigue es navegar entre varios flancos ideológicos, confundiendo al espectador en lo que un servidor definiría cómo un corte de mangas a sus detractores. Todo esto mostrado a través los inocentes ojos de un par de extranjeros cultos, en este caso encarnados por la pareja creada por Conan Doyle (aunque bien podrían haber sido unos cualquieras) que, tras la pista de Jack el Destripador llegan a las madrileñas y oscuras calles de finales del XIX.
El problema es que ni cómo película de detectives, ni cómo análisis social la cosa acaba de funcionar. Quizás sea porque el motivo principal de la historia se acaba convirtiendo en una estupidez sin interés, o quizás porque los diálogos no dicen absolutamente nada… sea lo que sea, solamente hay que oír al propio Garci contando los problemas que tuvo a la hora de calificar el género de la película, para hacerse una idea de que ni él mismo sabe si es una comedia, un thriller detectivesco o un popurrí de todo ello en un drama de época. Al menos el director sigue fiel a su estilo. Muchas palabras que no dicen nada, personajes planos y acción mínima. Eso sí, algo tendrá que siempre consigue encandilarme con esos interminables planos fijos, esos encuadres perfectos y ese fundido encadenado que derrochan cine en estado puro, ese cine “extinto” de ritmo pausado que muchos echamos de menos, aunque valiéndose de recursos arriesgados y fáciles de criticar.
Garci recorre las calles de Madrid entre las fiestas de alta nobleza, las sobremesas culturales y los espectáculos de variedades dejando de lado el misterio y la intriga para crear una historia dónde los personajes se acaban convirtiendo en lo más destacable. Y si algo que el madrileño cuida muy bien es su reparto, en esta ocasión encabezado por un Gary Piquer que parece no saber muy bien cual es su papel, y un fantástico José Luis García Pérez alejado del Watson al que nos tienen acostumbrados. Eso sí, que nadie espere ni el estereotipo de Sherlock Holmes al que estamos acostumbrados, ni el héroe de acción de Ritchie, ni el fantástico sabelotodo de Moffat, porque aquí de intriga, acción o misterio hay más bien poco.
Puede que ‘Holmes & Watson: Madrid Days’ duerma y aburra al público convencional, resultando pretenciosa y completamente vacía al público más exigente, pero está claro que el cine actual “forma parte del centro comercial” y no nos tiene acostumbrados a películas como éstas, dónde disfrutar de las imágenes, el ambiente y los diálogos es lo importante. Una película que convencerá a los fans del director y a los que busquen algo más clásico. Garci está seguro de que el séptimo arte ha muerto, y cómo solución reclama salas de cine en los museos donde “exponer” las grandes obras maestras. Una pena que su nueva cinta no vaya a ser una de ellas…
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