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6,4
37.152
7
26 de mayo de 2018
26 de mayo de 2018
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras el éxito de las dos cintas de terror de James Wan (Expediente Warren; y Expediente Warren: El caso Enfield); la Warner Bros. continúa apostando por un cine de terror con identidad, apostando así por prevalecer la mirada del autor casándola bien con las señas de identidad del blockbuster. Esta vez ponen sobre la mesa la adaptación del libro IT del escritor súper ventas Stephen King (ni es un reboot ni es un remake del telefilme de los 90), dirigida por Andrés Muschietti. Si en su debut, Mamá, el cineasta argentino trataba con más interés las relaciones familiares que los sustos, en IT plasma victorioso la fortaleza de la amistad (he aquí la verdadera influencia de Stranger Things, la serie para televisión de Netflix).
Y con esa plasmación de la amistad, la relación entre los niños destaca por encima de otras películas de terror por la pulida construcción de los personajes, empatizando con cada uno de ellos como excusa para servir una sucesión de sustos previsibles pero efectivos (el Pennywise de Bill Skarsgard es convincentemente inquietante). Pero no solo destacan los niños aquí, sino otra presencia igual o más potente: la del espacio. Muschietti se sirve de la nostalgia ochentera para colar pequeños easter eggs en cada plano que puede (los pósters de Gremlins y Beetlejuice; la proyección en los cines del barrio de Batman y Pesadilla en Elm Street); además de un cuidado diseño de producción en el que desfilan casas inhóspitas, alcantarillas y paisajes naturales que recuerdan al Cuenta Conmigo de Rob Reiner. Todo esto contribuye a enriquecer el contenido de la película, consiguiendo así darle alma e identidad a ésta.
Se abusa de los efectos digitales en el diseño de algunos personajes y sorprende el cómo la comedia casi acaba por sepultar el terror (tanta sucesión de chistes roza lo irritante) sólo para que los espectadores jóvenes de poca concentración que solo van al cine en raras ocasiones al año para ver un blockbuster no se aburran. Aun así, Muschietti y Warner Bros. apuestan y ganan gracias a la (muy) entretenida sucesión de sustos con una película de estudio con su propia identidad, colocándose además en una de las mejores adaptaciones al cine de la mente de Stephen King.
Y con esa plasmación de la amistad, la relación entre los niños destaca por encima de otras películas de terror por la pulida construcción de los personajes, empatizando con cada uno de ellos como excusa para servir una sucesión de sustos previsibles pero efectivos (el Pennywise de Bill Skarsgard es convincentemente inquietante). Pero no solo destacan los niños aquí, sino otra presencia igual o más potente: la del espacio. Muschietti se sirve de la nostalgia ochentera para colar pequeños easter eggs en cada plano que puede (los pósters de Gremlins y Beetlejuice; la proyección en los cines del barrio de Batman y Pesadilla en Elm Street); además de un cuidado diseño de producción en el que desfilan casas inhóspitas, alcantarillas y paisajes naturales que recuerdan al Cuenta Conmigo de Rob Reiner. Todo esto contribuye a enriquecer el contenido de la película, consiguiendo así darle alma e identidad a ésta.
Se abusa de los efectos digitales en el diseño de algunos personajes y sorprende el cómo la comedia casi acaba por sepultar el terror (tanta sucesión de chistes roza lo irritante) sólo para que los espectadores jóvenes de poca concentración que solo van al cine en raras ocasiones al año para ver un blockbuster no se aburran. Aun así, Muschietti y Warner Bros. apuestan y ganan gracias a la (muy) entretenida sucesión de sustos con una película de estudio con su propia identidad, colocándose además en una de las mejores adaptaciones al cine de la mente de Stephen King.

6,1
43.821
8
26 de mayo de 2018
26 de mayo de 2018
8 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
No importa si es por dinero, si es por los beneficios o por el marketing de esa Disney que ríete tú de la Estrella de la Muerte. Revitalizar una franquicia, un fenómeno popular con la ilusión y el amor de las primeras tres entregas después de treinta años es de agradecer. A pesar de una subtrama que cae en interés, los ciento cincuenta minutos de Los últimos jedi constituyen un entretenimiento rápido con un ritmo frenético.
Hay sorpresas y constantes giros de guion que se quitan el polvo de las películas precedentes para así reinventarse, limpiándose las manos de caminar con la pesada carga que supone las expectativas de los fans, aparcando la nostalgia para avanzar (eso que El despertar de la fuerza no supo hacer). Hay planos que valen oro en esta entrega y desafíos visuales que demuestran la apuesta de un Rian Johnson que no quiere ser solo un director de paso. Está aquí para marcar la diferencia. Y eso además lo demuestra equilibrando las características de cada personaje (tanto la generación vieja como la nueva mantienen el mismo interés). Todos ellos nos conducen a dos horas y media que hacen referencia a un "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" enlazando todos los cabos y solucionando conflictos.
Si esperabas respuestas que satisficieran a tus preguntas y expectativas, abandónalas para abrazar decisiones no del todo satisfactorias pero justas y valientes, tomadas por un director creativo que golpea con belleza visual y determinación narrativa. Hay una sensación de estar ante un trabajo coherente y arriesgado que es egoísta en cuanto a sus valores para continuar con la expansión del universo Star Wars en su narración.
Hay sorpresas y constantes giros de guion que se quitan el polvo de las películas precedentes para así reinventarse, limpiándose las manos de caminar con la pesada carga que supone las expectativas de los fans, aparcando la nostalgia para avanzar (eso que El despertar de la fuerza no supo hacer). Hay planos que valen oro en esta entrega y desafíos visuales que demuestran la apuesta de un Rian Johnson que no quiere ser solo un director de paso. Está aquí para marcar la diferencia. Y eso además lo demuestra equilibrando las características de cada personaje (tanto la generación vieja como la nueva mantienen el mismo interés). Todos ellos nos conducen a dos horas y media que hacen referencia a un "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" enlazando todos los cabos y solucionando conflictos.
Si esperabas respuestas que satisficieran a tus preguntas y expectativas, abandónalas para abrazar decisiones no del todo satisfactorias pero justas y valientes, tomadas por un director creativo que golpea con belleza visual y determinación narrativa. Hay una sensación de estar ante un trabajo coherente y arriesgado que es egoísta en cuanto a sus valores para continuar con la expansión del universo Star Wars en su narración.

5,1
2.506
9
26 de mayo de 2018
26 de mayo de 2018
6 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quizás la premisa de la película de esta directora debutante (en la dirección, pues fue la encargada de escribir "Pitch Perfect") suena a comedia facilona o a esas pertenecientes al subgénero «pa no pensar», pero nada más lejos de la realidad. Una definición que podría darle sería «comedia social» o «comedia reivindicativa». A primera vista estos términos pueden parecer antónimos, pero en cambio Kay Cannon consigue crear una simbiosis perfecta que para muchos era inalcanzable. Esto es porque consigue que el público se tronche de la risa haciendo una comedia feminista, antirracista y pro LGTB. Y no, por si cabía alguna duda, esto no se hace pesado, y mucho menos inorgánico; es más, está empastado de una forma tan natural que nos hace olvidar eso de «es que ya no se puede hacer humor con nada». Sí, es posible: estuve en una sala bastante llena (es lo que tiene la fiesta del cine) de personas de diferentes edades, generaciones y sexos y podía distinguir carcajadas de todas ellas.
Se está produciendo un cambio en el cine, un cambio necesario. ¿A qué se debe esto? ¿Por qué estamos viendo películas tan diferentes? Creo que en gran medida es porque estamos contemplando el nacimiento de una especie de Nouvelle Vague femenina en distintos géneros cinematográficos: Julia Ducournau con Crudo, Carla Simón con "Estiu 1993", Maysaloun Hamoud con "Bar Bahar": entre dos mundos, etc. El cine está cambiando y eso en parte es porque son otras personas las que están detrás de las cámaras. Estamos tan acostumbradas a ver tras el cristal de los hombres que se nos había pasado por alto que existen otras monturas, muy diversas, enriquecedoras y que hasta la fecha, estaban olvidabas al final de un cajón sin fondo. Películas como Una noche fuera de control, de Lucia Aniello, o películas como la que aquí nos presenta Cannon es lo que necesitábamos, una película bajo la mirada de una mujer que hace humor no solo sin ofender a ningún colectivo, sino defendiéndolos a capa y carcajada. ¡Qué bonito es ver un grupo de chicas adolescentes cuyo lema es la sororidad!
Se está produciendo un cambio en el cine, un cambio necesario. ¿A qué se debe esto? ¿Por qué estamos viendo películas tan diferentes? Creo que en gran medida es porque estamos contemplando el nacimiento de una especie de Nouvelle Vague femenina en distintos géneros cinematográficos: Julia Ducournau con Crudo, Carla Simón con "Estiu 1993", Maysaloun Hamoud con "Bar Bahar": entre dos mundos, etc. El cine está cambiando y eso en parte es porque son otras personas las que están detrás de las cámaras. Estamos tan acostumbradas a ver tras el cristal de los hombres que se nos había pasado por alto que existen otras monturas, muy diversas, enriquecedoras y que hasta la fecha, estaban olvidabas al final de un cajón sin fondo. Películas como Una noche fuera de control, de Lucia Aniello, o películas como la que aquí nos presenta Cannon es lo que necesitábamos, una película bajo la mirada de una mujer que hace humor no solo sin ofender a ningún colectivo, sino defendiéndolos a capa y carcajada. ¡Qué bonito es ver un grupo de chicas adolescentes cuyo lema es la sororidad!

6,4
16.898
8
26 de mayo de 2018
26 de mayo de 2018
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que sorprende de la última película de Manuel Martín Cuenca su rareza. A través de la sobriedad de la puesta en escena, del humor que tiene y del cuidado que se pone al mostrar el desarrollo de un proceso creativo, no sabes si estás viendo una comedia no pretendida o un análisis del comportamiento humano en clave de suspense. El autor es una película de la que a veces te distraes (la presencia de una María León descafeinada es uno de los motivos) pero que nunca traiciona su estilo para tirar a la definición más demostrable de un género o de otro. Además, se sirve de una construcción de personajes que funciona como marco generacional de una España rota y jodida.
Cuenca propone un cine que va despacio y que es intenso, en la que la interpretación de los actores (Javier Gutiérrez y Antonio De La Torre están increíbles, aunque la que destaca es la primeriza Adelfa Calvo), la complejidad del guion y lo personal del apartado visual se equilibran de una estupenda manera. Lástima que el desenlace no esté a la altura del desarrollo de la historia que opta por una resolución de brocha gorda. Pero el director pone los huevos en la mesa y apuesta y gana, proponiendo así una de las películas más curiosas y llamativas del cine reciente.
Cuenca propone un cine que va despacio y que es intenso, en la que la interpretación de los actores (Javier Gutiérrez y Antonio De La Torre están increíbles, aunque la que destaca es la primeriza Adelfa Calvo), la complejidad del guion y lo personal del apartado visual se equilibran de una estupenda manera. Lástima que el desenlace no esté a la altura del desarrollo de la historia que opta por una resolución de brocha gorda. Pero el director pone los huevos en la mesa y apuesta y gana, proponiendo así una de las películas más curiosas y llamativas del cine reciente.

6,2
2.181
7
29 de mayo de 2018
29 de mayo de 2018
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las ansias de ser madre de Eva coinciden con la visita del mejor amigo de Kat. En este momento arranca una historia que, lejana de clichés entre una pareja de mujeres y un hombre, avanza de forma correcta y concreta.
Estamos acostumbradas a ver escenas de una pareja homosexual de mujeres donde, en cuanto aparece el hombre, todo se desequilibra y una de ellas acaba enamorándose de este. Lejos de esta trama prototípica, asistimos a una bonita historia coral donde cada uno de los personajes tiene su voz en el momento adecuado. En todo momento sabemos qué siente cada uno de los personajes y de forma innata sentimos empatía por ellos.
Oona Chaplin, Natalia Tena y David Verdaguer nos regalan una dosis de naturalidad que nos harán querer vivir en un barco, aunque nos harán replantearnos si esto de los tríos sale rentable.
Estamos acostumbradas a ver escenas de una pareja homosexual de mujeres donde, en cuanto aparece el hombre, todo se desequilibra y una de ellas acaba enamorándose de este. Lejos de esta trama prototípica, asistimos a una bonita historia coral donde cada uno de los personajes tiene su voz en el momento adecuado. En todo momento sabemos qué siente cada uno de los personajes y de forma innata sentimos empatía por ellos.
Oona Chaplin, Natalia Tena y David Verdaguer nos regalan una dosis de naturalidad que nos harán querer vivir en un barco, aunque nos harán replantearnos si esto de los tríos sale rentable.
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