Un pequeño mundo
6,9
3.072
23 de abril de 2024
23 de abril de 2024
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Parece ser que últimamente el cine belga goza de buena salud, nos lo está demostrando con buenas películas, y lo que es más importante con una cantera bien surtida de jóvenes promesas de la dirección como es el caso de la realizadora Laura Wandel. Con su ópera prima "Un monde", titulada para ser exhibida en las salas españolas como "Un pequeño mundo", ha conseguido según mi opinión tratar de manera tan delicada como magistral un tema tan peliagudo como es el del acoso escolar o bullying.
La película también recibió el reconocimiento de la crítica cinematográfica, concretamente el de la prensa especializada que le otorgó un más que merecido premio FIPRESCI en el Festival de Cannes. Además, "Un pequeño mundo" fue nominada a los Premios del Cine Europeo y seleccionada para representar a su país, Bélgica, en la carrera hacia los Oscars.
El estilo cinematográfico de Laura Wandel tiene evidentes influencias del de sus paisanos los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne. Un pequeño mundo también me recuerda, aparte de por su temática infantil, al cine de la realizadora francesa Céline Sciamma en películas como "Tomboy" (que ya os recomendé desde esta mismas página) o la más reciente "Petite maman", en la que incluso la duración del metraje y el cartel que se hizo para la película son muy similares en los dos casos.
La película también recibió el reconocimiento de la crítica cinematográfica, concretamente el de la prensa especializada que le otorgó un más que merecido premio FIPRESCI en el Festival de Cannes. Además, "Un pequeño mundo" fue nominada a los Premios del Cine Europeo y seleccionada para representar a su país, Bélgica, en la carrera hacia los Oscars.
El estilo cinematográfico de Laura Wandel tiene evidentes influencias del de sus paisanos los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne. Un pequeño mundo también me recuerda, aparte de por su temática infantil, al cine de la realizadora francesa Céline Sciamma en películas como "Tomboy" (que ya os recomendé desde esta mismas página) o la más reciente "Petite maman", en la que incluso la duración del metraje y el cartel que se hizo para la película son muy similares en los dos casos.

Desde el comienzo, Laura Wandel nos mete de lleno en la historia presentándonos una situación que todos hemos vivido, la misma que la pequeña Nora, una niña de siete años que llora desconsolada mientras se aferra fuertemente a su padre ante la tesitura de enfrentarse sola a su primer día de colegio. Su hermano mayor Abel intenta calmarla con la promesa de que se verán en el recreo. A partir de entonces viviremos de primera mano las tribulaciones de Nora en ese nuevo, gigantesco y desconocido mundo que va a ir descubriendo y en el que va a tener que intentar encontrar su lugar.
Cámara en mano y siempre a la altura de los ojos de Nora, la directora nos muestra la mirada entre inocente y temerosa de la pequeña. Los abruptos a veces movimientos de la cámara reflejan los vaivenes emocionales de la protagonista que intenta asimilar todo lo que le pasa a ella y a su entorno. La mayor parte de las imágenes se centran en los juegos o las clases. Los profesores, los padres, e incluso el propio colegio aparecen en contadas ocasiones e incluso desenfocados, dándonos a entender quizás lo alejados que están cuando se presenta el problema del bullying. Los primeros planos son mayoritariamente para Nora, interpretada por la pequeña Maya Vanderbeque en una de las actuaciones más memorables que yo recuerde en muchos años. La mirada de Nora, o sus cada vez más «adultas» reflexiones, conmueven, emocionan y producen un efecto devastador en cualquiera que vea la película. Está claro que, aparte de la valía de la niña, Laura Wandel ha sabido dirigirla a la perfección.
Cámara en mano y siempre a la altura de los ojos de Nora, la directora nos muestra la mirada entre inocente y temerosa de la pequeña. Los abruptos a veces movimientos de la cámara reflejan los vaivenes emocionales de la protagonista que intenta asimilar todo lo que le pasa a ella y a su entorno. La mayor parte de las imágenes se centran en los juegos o las clases. Los profesores, los padres, e incluso el propio colegio aparecen en contadas ocasiones e incluso desenfocados, dándonos a entender quizás lo alejados que están cuando se presenta el problema del bullying. Los primeros planos son mayoritariamente para Nora, interpretada por la pequeña Maya Vanderbeque en una de las actuaciones más memorables que yo recuerde en muchos años. La mirada de Nora, o sus cada vez más «adultas» reflexiones, conmueven, emocionan y producen un efecto devastador en cualquiera que vea la película. Está claro que, aparte de la valía de la niña, Laura Wandel ha sabido dirigirla a la perfección.

En tan sólo 70 minutos y en una manera de rodar que a veces se asemeja a un documental, Un pequeño mundo nos muestra la lacra del acoso escolar desde un punto de vista novedoso, sin querer juzgar nada ni a nadie, simplemente mostrándonos los hechos, pero sobre todo haciéndonos partícipes de cómo son las emociones que viven en su interior las víctimas. La sensación de terror, claustrofobia, indefensión, soledad o asfixia son palpables a cada momento en un ambiente hostil, opresivo y lleno de tensión desde el primer instante.
La directora sabe jugar también la baza del sonido, ya que prescinde totalmente de una banda sonora al uso. Utiliza por ejemplo el estridente y molesto vocerío de los alumnos en el recreo como una especie de terrorífica alarma que avisa a la protagonista de que se ponga en guardia. Al contrario, el efecto del sonido amortiguado en la profundidad de la piscina provoca en ella una especie de colchón de paz interior. Esto la aleja durante unos segundos de la realidad que le toca afrontar en cuanto vuelva a salir a la superficie.
Os aconsejo que veáis "Un pequeño mundo" en versión original, junto a vuestros hijos, es más, desde ya esta película debería ser de obligada proyección en todos los centros escolares.
Accattone
www.abretedeorejas.com
Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura
La directora sabe jugar también la baza del sonido, ya que prescinde totalmente de una banda sonora al uso. Utiliza por ejemplo el estridente y molesto vocerío de los alumnos en el recreo como una especie de terrorífica alarma que avisa a la protagonista de que se ponga en guardia. Al contrario, el efecto del sonido amortiguado en la profundidad de la piscina provoca en ella una especie de colchón de paz interior. Esto la aleja durante unos segundos de la realidad que le toca afrontar en cuanto vuelva a salir a la superficie.
Os aconsejo que veáis "Un pequeño mundo" en versión original, junto a vuestros hijos, es más, desde ya esta película debería ser de obligada proyección en todos los centros escolares.
Accattone
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Artículo incluido en la publicación Compromiso y Cultura
13 de julio de 2024
13 de julio de 2024
Sé el primero en valorar esta crítica
Es una película conmovedora que te mete en los zapatos del acoso escolar desde la visión del menor.
Hace un uso muy eficaz de planos cortos, contrapicados desde la altura de la niña y secuencias cámara en mano.
Sin mostrar violencia la tensión y la atmósfera con la que te hace conectar es muy intensa.
A nivel técnico será un deleite para cualquier estudiante de cine.
Hace un uso muy eficaz de planos cortos, contrapicados desde la altura de la niña y secuencias cámara en mano.
Sin mostrar violencia la tensión y la atmósfera con la que te hace conectar es muy intensa.
A nivel técnico será un deleite para cualquier estudiante de cine.
6 de diciembre de 2022
6 de diciembre de 2022
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Después de tres cortos más que prometedores la directora belga, a sus 36 años se estrena en el largo (más bien corto con sus 72 m.) con esta joyita que bucea a ras de mirada infantil (en todos los sentidos) en el acoso escolar ( bullying ) que en definitiva no viene a ser otra cosa que uno de los primeros estadios del abuso de poder, endémico en la naturaleza humana agravado por unos u otros motivos.
La cosa se repite en fases de la pubertad y adolescencia, hoy día potenciado por la tecnología y las redes sociales, continua con las "novatadas" en los colegios mayores y universidades (perenne en el extinto servicio militar) y por supuesto en la edad adulta, en el mundo empresarial y con múltiples ramificaciones y variantes: racismo, machismos, y un largo y lamentable etc.
El influjo en la narrativa formal de "El hijo de Saúl" (László Nemes/2015) es evidente. Aquí el patio del colegio se convierte en el alter ego, salvando las infinitas distancias, de lo que era el campo de concentración en la cinta de Nemes.
La cosa se repite en fases de la pubertad y adolescencia, hoy día potenciado por la tecnología y las redes sociales, continua con las "novatadas" en los colegios mayores y universidades (perenne en el extinto servicio militar) y por supuesto en la edad adulta, en el mundo empresarial y con múltiples ramificaciones y variantes: racismo, machismos, y un largo y lamentable etc.
El influjo en la narrativa formal de "El hijo de Saúl" (László Nemes/2015) es evidente. Aquí el patio del colegio se convierte en el alter ego, salvando las infinitas distancias, de lo que era el campo de concentración en la cinta de Nemes.

Estos hermanos que están obviamente afectados por la disfuncionalidad familiar con la ausencia materna por las causas que fueren se ven afectados en su relación por los abusos que sufre el hermano mayor y las consecuencias derivadas en el estatus social de la pequeña con sus compañeras. No es otra cosa que el reflejo del peor comportamiento social humano que se repite en bucle.
La actuación prodigiosa de la niña Maya Vanderbeque nos encoge el corazón y nos llena de empatía hacia su ingenua pureza que no entiende nada que este por encima del amor que siente por su hermano, aunque en un momento dado le recrimine su actitud en cuanto le perjudica a ella misma en sus relaciones.
Es cierto que el timing (tiempo en el que suceden las cosas) no es realista, pero eso no impide que esas mismas cosas ocurran. Por otro lado, pudiera parecer que determinadas actitudes, sobre todo en el patio, se escapen al control de los docentes. Sin entrar a valorar los múltiples problemas que padece el colectivo, mi propia experiencia me dice que no es nada descabellado.
La actuación prodigiosa de la niña Maya Vanderbeque nos encoge el corazón y nos llena de empatía hacia su ingenua pureza que no entiende nada que este por encima del amor que siente por su hermano, aunque en un momento dado le recrimine su actitud en cuanto le perjudica a ella misma en sus relaciones.
Es cierto que el timing (tiempo en el que suceden las cosas) no es realista, pero eso no impide que esas mismas cosas ocurran. Por otro lado, pudiera parecer que determinadas actitudes, sobre todo en el patio, se escapen al control de los docentes. Sin entrar a valorar los múltiples problemas que padece el colectivo, mi propia experiencia me dice que no es nada descabellado.
cineziete
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