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Heimat - La otra tierra

Drama Precuela de la trilogía "Heimat", que Edgar Reitz realizó para televisión en 1984, 1993 y 2004, en donde sigue la historia de Alemania en el siglo XX a través de un ficticio pueblo alemán. Ambientada en el 1842, sigue a la familia Simon en Hunsrück, que busca escapar de la pobreza y el hambre empezando una nueva vida en Brasil. Johann es el padre y trabaja como herrero, Margaret la madre, Lena la hija mayor que se ha fugado porque ... [+]
Críticas 12
Críticas ordenadas por utilidad
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9
21 de abril de 2016 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al lado de tanto bodrio como aparece en esta página -junto a grandes cosas, todo hay que decirlo- extraña tan pocas críticas de esta película inmensa, también en lo larga, en blanco y negro, ambientada perfectamente en un pueblo renano de mediados del XIX, con unos intérpretes sencillamente maravillosos, de una seca elocuencia.
El blanco y negro, con los pequeños toques de color, hace que a veces, junto a la miseria, se cuele lo onírico y se llegue a momentos de gran poesía.
El guión es excelente, bien pensado, sin mucha palabrería pero certero casi siempre.
Hay que verla, claro, en el idioma original y ver a ese formidable Jakob embelesado con las lenguas de los indígenas brasileños y enseñando a decir frases a la que quiere y nunca tendrá, por aciagos sucesos que sería muy largo contar.
Son los años anteriores a una época crítica, 1848, cuando empezó por fin a cambiar lo que lleva siglos siendo el dominio de unos pocos sobre muchos. Aquí hay una revolución a pequeña escasa que, como era de esperar, fracasa.
8
23 de septiembre de 2015 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bajo ese manto de cine "como el de antes", con todas sus ínfulas (ventajas e inconvenientes, como su largo metraje...) Edgar Reitz construye más que refleja en imágenes, toda una oda de una familia de campesinos a lo largo de varias décadas. Como era de esperar, sus sufrimientos, amores, desamores, hijos, muertes, enfermedades y demás acontecimientos de la vida misma, para que el espectador se sienta plenamente identificado, a pesar de la distancia temporal y cultural de la cinta. Algunos intérpretes son un tanto fríos, distantes, para todo lo que se cuenta en imágenes, pero el calado sentimental de la obra llega más allá que la pureza del blanco y negro, con destellos de color en algunos detalles significativos. A pesar de sus minutos, no se hace larga y, si se va preparado a verla, es toda una "película río". Sin grandes sorpresas pero buenos hallazgos. Es el cine de antes, traído a 2015, para aquellos que disfruten del cine en toda la extensión del término. Lo hizo mejor Bergman con "Fanny y Alexander", por ejemplo, pero no deja de ser una obra muy notable.
8
10 de noviembre de 2015 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
De vez en cuando los directores se lanzan a realizar obras mastodónticas y de duración XXL para su proyección. Algunas han pasado a la historia como “Novecento” de Bernardo Bertolucci o “Siberiada” de Andrei Konchalovsky pero con la que más similitud tiene este nuevo trabajo del alemán Edgar Reitz – en duración y trama- es la maravillosa “Los emigrantes” de Jan Troell.
“Heimat, la otra tierra” tiene varios puntos a su favor. El primero de ellos son los diez años que ha tardado su director en realizar el film que nace de su serie de cincuenta horas para televisión titulada “Heimat” (en alemán Patría). Como si de un cuaderno del rodaje se tratará, Edgar Reitz pule su idea a fuego lento, ambientándola en un pueblo ficticio de la Alemania de mediados del siglo XIX. Allí sus protagonistas conviven con la tiranía de los señores feudales, con las enfermedades, con los sueños, con la vida, la primavera, el invierno y con la muerte.
El segundo es el sueño de encontrar una vida nueva en el Nuevo Mundo en aquellos años y que hoy día aún está muy presente en pleno siglo XXI. Ese es el sueño de Jakob Simons (el protagonista) viajar a Brasil a conocer todas las aventuras que describen los libros sobre ese país tropical y tener una vida mejor.
El tercero es como está filmada la película, en blanco y negro presentando puntos de color cuando en la historia aparece algo diferente. Como si enlazara capítulos de una serie o cada vez que nos presenta a algún personaje nuevo que cambia el ritmo de la historia.
El cuarto punto es su duración, casi cuatro horas que pasan desapercibidas. Aquí su director Edgar Reitz ha trabajado como un auténtico orfebre del cine y la ha pulido como si fuera un diamante. Ha sacado de ella el brillo a pesar de lo duro y miserable de la historia que nos cuenta.
El quinto punto a su favor, es que demuestra su realizador no hacer falta efectos especiales para atraer la atención del espectador. La actuación creíble de sus actores que se meten de lleno en sus personajes, la puesta en escena y la sencillez con que te engatusa lo que está contando hace que te metas en ella de lleno.
En definitiva “Heimat, la otra tierra” es un trabajo redondo que no hay que perderse.
8
7 de octubre de 2015 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Heimat - La otra tierra

Nos llega con cierto retraso esta monumental obra que el alemán Edgar Reitz realizó en 2013 (como precuela de otras tres que forman la serie Heimat) y sus cuatro horas de metraje no hacen sino prolongar el suculento banquete al que nos invita este hábil realizador.
Es el año de 1842, casi a mediados de siglo, el que marca el inicio de su película en un puebecito imaginario llamado Schabbach en las olvidadas tierras rurales de la antigua Prusia, hoy Alemania.
Corren malos tiempos en una Europa sufriente, desolada, devastada; la hambruna y la miseria se hacen notar con mayor virulencia en las zonas campesinas; los buitres insaciablede la aristrocracia aún picotean ávidos sobre la espalda encorvada de sus siervos en feliz contubernio con las omnipresentes religiones -católica y protestante- que siembran el odio entre iguales separando familias de diferentes credos.
Reitz da vida a la familia Simon dotando a sus personajes de tal realismo que por momentos nos hace dudar de si lo que nos muestra en la pantalla son actores o personajes de un documental.
Cuando la pura supervivencia del día a día es en sí misma una prioridad urgente, acentuada además por una época de atroz depresión, no caben sentimentalismos ni retóricos gestos afectivos.
Sin embargo la compasión, el dolor, la tristeza y la solidaridad de estos desgraciados están presentes en toda su admirable grandeza. Seres que no se resignan a su triste y miserable condición, luchan denodadamente por cambiar el rumbo de su destino. No existe dolor más grande que el de enterrar a tus hijos pequeños inmolados por las epidemias, el hambre, la suciedad y ni aún así esa dolorosa herida logra empañar sus sueños.
Aspiran a un mundo mejor y tras el gran océano aparece la promesa de un Nuevo Mundo donde las cosechas se dan pródigas dos veces al año y la nieve no cae en invierno. Brasil se alza ante su ingenua y desbordante imaginación como la Tierra Prometida. Y si partir a tan incierta aventura -cuando la posibilidad de volver algún día era muy improbable- supone el desgarro de cercenar de cuajo las raices que te atan a tu tierra, tu pueblo y tu gente, es su extrema desesperación la única fuerza que les impulsa.
He visto, en definitiva, una obra solvente, sólida, paciente, realizada sin las prisas que hoy atenazan nuestras vidas, de imágenes poderosas, estéticamente impecable e iluminada por una sublime fotografía en blanco y negro que Reitz colorea con puntual elegancia para destacar con vivos rojos los frutos de un cerezo, el pálido azul de la flor de lino o los infinitos ocres de una geoda traspasada por la tenue luz de una fría mañana de invierno.
Un filme, en fin, sobre la emigración que nos viene como anillo al dedo si, tan sólo, nos hace reflexionar sobre la realidad lacerante que contemplamos cada día cómodamente sentados frente al televisor o nos ayuda a entender y aproximarnos a la inenarrable tragedia que abrasa a muchos de nuestros hermanos.

Emilio Castelló
8
26 de octubre de 2015 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El muy estimable cineasta germánico Edgar Reitz lleva más de treinta años de carrera mostrando la vida pasada de la sociedad alemana con su trilogía Heimat, que se completa con esta espécie de precuela que se mueve en la Alemania rural del siglo XIX.

Tras las dos primeras partes rodadas expresamente para televisión, Reitz presenta en cines este capítulo éxodo sobre la Alemania del siglo XIX. El filme se mueve en el terreno de otros ambiciosos proyectos similares a la novela río como la enorme Novecento de Bertolucci.

A nivel de evolución narrativa se mueve en bases tradicionales, como la lucha por el amor de la chica por parte de los hermanos de la família protagonista o la vital presencia de la matriarca familiar.

Reitz presenta esta extensa y clásica historia en un bellísimo blanco y negro, moviendo la cámara con una gracia indescriptible y formalizando en su puesta en escena la evidencia de estar ante un filme grande en todos sus sentidos. La larga duración cercana a las cuatro horas y su más que predecible poca distribución no ayudarán a tener la posibilidad de disfrutar para muchos de esta bella historia sobre una familia y sobre la Alemania del siglo XIX.

El Crítico Inquilino
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